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Full text of "Antología de poetas líricos castellanos desde la formación del idioma hasta nuestros días"

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ANTOLOGÍA 



DE 



POETAS LÍRICOS CASTELLANOS 



N 



BIBLIOTECA OLASÍOA 

TOMO CCV 



J\ IN J. v^ Jmí V^ vJ 1 /\. -^w .....^»^.. ■ .1 ui, I 



DE 






DESDE li FORMACIÓN DEL IDIOMA HASTA NUESTROS DÍAS 

ORDENADA POR 

D. UECEUIÍO IMÉNDEZ T FEITO 

De la Real Academia Española. 



TOMO VII 



MADEm 

LIBRERÍA DE HERNANDO T G.^ 

Calle del Arenal, núm. ix. 

i898 



r 



ES PBOPIEDAD 



Imprenta de Hernando y C.^, Quintana, 33. 



ADVERTENCIA PRELIMINAR 



Con este séptimo volumen termina la exposi- 
ción de la lírica erudita y artística de los tiempos 
medios. Las últimas manifestaciones de esta es- 
cuela dentro de la literatura del siglo xvi, y su 
resistencia contra la invasión del gusto italo-clá- 

> 

sico, serán oportunamente estudiadas cuando lle- 
guemos á tratar de la edad de oro. 

Como las poesías selectas de los autores & quie- 
nes nos referimos en este tomo han sido ya im- . 
presas en los anteriores , nos limitamos á aña- 
dir, á título de mera curiosidad bibliográfica, la 
imitación ó paráfrasis de las Bucólicas de Virgilio 
hecha por Juan del Enzina, la cual sólo se halla 
en las primitivas ediciones de su Cancionero, to- 
das ellas rarísimas. 



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rtB 



\ 



PRÓLOGO 



Por el número y variedad de sus producciones; por 
el feliz consorcio que en muchas de ellas hicieron la 
musa popular y la erudita; por su doble carácter de 
poeta y preceptista; por su importancia en la historia 
del arte lírico-musical, y, finalmente, por su venerable 
representación en los orígenes de nuestra escena, es 
Juan del Enzina el ingenio más digno de estudio entre 
cuantos florecieron en tiempo de los Reyes Católicos. 
No pretendemos abarcar en este bosquejo los múltiples 
aspectos de tan interesante figura. Sólo á título de 
poeta lírico figura en esta antología Juan del Enzina, y 
á tal consideración habremos de subordinar nuestro 
trabajo, donde sólo inciden talmente pueden entrar los 
demás merecimientos artísticos que hacen el nombre de' 
Enzina tan recomendable. 

La biografía de este preclaro varón, casi ignorada 

hasta nuestros días, á pesar de los loables conatos de 

D. Gregorio Mayans en su Noticia de los traductores 

'de Virgilio; de D. Leandro Pernández de Moratín en 

su obra clásica sobre los Orígenes de nuestro teatro; de 

Tomo VII. 1 



II LÍRICOS CASTELLANOS 

m 

Gallardo en sus inestimables cédulas bibliográficas, y 
de Fernando Wolf en un breve artículo de la Encielo^ 
pedia de Grüber, va recibiendo en estos últimos años 
inesperada claridad por virtud de los felices hallazgos 
y de las doctas inducciones de varios eruditos y afi- 
cionados (1). Quedan, sin embargo, muchos vacíos y 
no pocos puntos opinables, que sólo en una monogra- 
fía podrían tratarse á fondo. 

Ateniéndonos á lo más cierto y averiguado, comen^ 
zaremos por decir que no hay duda en cuanto al año 
del nacimiento del poeta, aunque pueda haber alguna 
en cuanto á su patria. Nació en 1469, puesto que tenía 
cincuenta años cumplidos al emprender su peregrina- 
ción á Jerusalén, en 1519, según él mismo declara, en 
pésimos metros, en su Trivagia (2). Fué hijo de la ciu- 
dad de Salamanca, ó de un lugar cercano llamado En- 
cina, según opinaba D. Bartolomé Gallardo, fundándo- 
se en estos versos de un villancico suyo: 



(1) Cañete (D. Manuel): Teatro completo de Juan del £nzina, 
publicado por la Academia Española ea 1893, con adiciones del 
Sr. Barbieri. 

Asenjo Barbieri (D. Francisco): Cancionero musical español de 
los siglos XV y XV J^ publicado por la Academia de San Fer- 
nando en 1890. 

Gotarelo (D. Emilio): Juan del Enzina y los orígenes del Tea- 
tro español (articules publicados en La España Moderna^ 1894); 

Mitjana (D. Bafael): Sobre Juan del Enzina^ músico y poeta. 
Nuevos datos para su biografía. Málaga, 1895. 

(2) Los años cincuenta de mi edad cumplidos, 



Terciado ya el año de los diez y nu€ve, 
Después de los mil v quinientos encima 
Y el fin ya llegado de la vera prima. 
Que el día es prolijo, la noche muy breve; 
Mi cuerpo y mi alma de Eoma se mueve, 
Tomando la vía del santo viaje- 



PRÓLOGO lll 

¿Es quizá vecina 
De allá, de tu tierra? 
—Yo soy del Encina, 
Y ella es' de la sierra... 

Á lo cual paede añadirse este paso, todavía más sig- 
nifícativo, en que el poeta parece distinguir entre su 
nacimiento en la aldea y su crianza en la Universidad 
salmantina: 

Aunque sos destos' casares 
De aquesta silvestre encina, 

Tú sabrás dar melecina 

I 

A mis cuitas j pesares, 
Pues allá con escolares 
Ha sido siempre tuerto... 

De los alegres tiempos de su vida estudiantil queda 
memoria en el Auto del Repelón, primero aunque rudí- 
simo esbozo del entremés castellano. Puede conjeturar^ 
se que fué en Humanidades uno de los primeros discí* 
pulos del maestro Nebrija, puesto que la doctrina mé- 
trica que en su Arte de la poesía castellana expone está 
substancialmente conforme con la que aquél había en- 
señado en su Qramátka Castellana, Es sabido que Ne- 
brija volvió de Italia en 1473, y qu6 la primera edición 
de su Arte latino se hizo en 1481, que es aproximada- 
mente la fecha en que Juan del Enzina debía contarse 
entre la regocijada turba escolar de Salamanca, que be- 
bía de los labios del ilustre filólogo andaluz la enseñan- 
za y el espíritu del Renacimiento. Entonces adquirió 
Enzina la cultura clásica de que da muestra en su ele- 
gante paráfrasis de las Bucólicas virgilianas, y que le 
fué útil hasta para sus ensayos dramáticos, donde se 
nielan las reminiscencias de la antigua poesía pasto- 



IV líricos castellanos 

ríl con la tradición del drama litúrgico y popular de 
los tiempos medios. 

La vocación poética, asi cómo la musical, se desarro- 
lló muy pronto en Juan del Enzina. La mayor parte 
de las obras de su Cancionero^ según él añrma en la 
dedicatoria á los Reyes Católicos, «fueron hedías desde 
los catorce años hasta los veinte y cinco»\ por lo cual in- 
voca en su favor el privilegio de menor edad. Proba- 
blemente como músico, más bien que como poeta, entró 
muy joven al servicio del duque de Alba D. Fadrique 
Alvarez de Toledo, acaso por recomendación de su 
hermano D. Gutierre, cancelario de la Universidad de 
Salamanca en los mismos años en que Enzina estudiaba. 

La época de mayor actividad literaria de nuestro 
poeta puede fijarse entre 1492, iecha de su imitación 
de las églogas de Virgilio, y 1496, en que por primera 
vez aparecieron sus obras recopiladas en un Cancione" 
ro, que, además de la parte lírica (poco aumentada, y 
aun mermada, en las ediciones sucesivas), contiene ya 
ocho de sus piezas dramáticas, cuyas rúbricas nos in- 
forman de las circunstancias de la representación, que 
fué puramente doméstica, tomando parte en ella el au- 
tor mismo, que hace frecuentes alusiones á los sucesos 
de su tiempo, por lo cual es fácil casi siempre la deter- 
minación de las fechas. Aderezábanse estas sencillas 
representaciones, ora sagradas, ora profanas, con la 
música y letra de los villancicos que el mismo Juan 
del Enzina componía para solaz de sus nobles patro- 
nos, y que en gran parte se encuentran asonados en el 
Cancionero musical de la biblioteca de Palacio, que des- 
cifró é ilustró Barbieri. 

La más antigua de estas composiciones escénicas. 



PROLOGO V 

qae es una égloga de noche de Navidad representada 
eu 1492, nos permite fijar la feclia en que Juan del 
Enzina entró como familiar en el castillo de Alba de 
Termes, paesto que en. ella se maestra muy alegre é 
ufano, porque sus señorías le habían ya recebido por 
suyo. Fué sin duda el director dé espectáculos, el ar- 
bíter elegantiarum de su palacio, lo mismo en las rego- 
cijadas noches de antruejo ó Carnestolendas, que en 
aquellos días en que devotamente se conmemoraban la 
Pasión ó la Resurección de Nuestro Señor Jesucristo. 

De una de las églogas de Juan del Enzina consta 
que fué representada en presentsia del príncipe Don 
Juan, que debe contarse entre los mecenas de nuestro 
poeta, puesto que á él está dedicada la traducción de 
las bucólicas virgilianas. La inesperada muerte de 
aquel príncipe en 1497 itispiró al vate salmantino una 
que llamó Tragedia trovada, sin duda por lo doloroso 
del asunto; pero que nada tiene de dramática, siendo 
meramente un poema en coplas de arte mayor, confor- 
me al estilo de Juan de Mena. 

De 1498 es una égloga, comúnmente llamada la de 
las grandes lluvias, por aludirse en ella á las copiosísi- 
mas que cayeron en dicho año. De ella se infiere que 
Juan del Enzina pretendió inútilmente por aquello^ 
días una plaza de cantor, vacante en la catedral de Sa- 
lamanca (1). 



(1) Juan. 

Y acuntió que en aquel día 
Era muerto un sacristán. 

ROBBIOAOHO. 

¿Qué sacristán era, di? 

Juan. 
ün huerte canticador. 






VI líricos castellanos 



Quizá el fracaso de esta pretensión suya fué lo que le 
indujo á buscar fortuna en Italia como profesor de su 



Antón. 
¿El de Ift igreia mayor? 

J(7AN. 

Ese mesmo- 

RODKIGAOUO. 

¿Aquese? 

Joan. 

Sí. 

BODRIOAOHO. 

. Jaro á mí 
Que canticaba muy bien. 

MiOUBLLEJO. 

¡Oh, Dios lo perdone, amén! 

Antón. 
Hágante cantor á ti. 

RODRIQAOHO. 

El diabro te lo dará, 
Que buenos amos te tienes; 
Que cada que vas é vienes, 
Con ellos muy bien te va. 

MiOUELLEJO. 

No están ya 

Sino en la color del paño; 
Más querrán cualquier extraño 
Que no á ti que sos d'allá- 

RODRIGACHO. 

Dártelo han, si son sesudos. 

Juan. 

Sesudos é muy devotos; 
Mas hanlo de dar por votos. 

'RoDKIGACHO. 

Por votos no, por agudos. 
Aun los mudos 
Habrarán que te lo den. 



PEÓLOGO Vil 

divino arte. Del largo periodo en que residió en Eoma, 
y que fué sin duda capital para el desarrollo de su ta- 
lento artístico en el doble concepto de la música y de la 
poesía, tenemos muy obscuras, vagas y contradictorias 
noticias, algunas délas cuales deben rechazarse en ab- 
soluto, como la de haber sido Juan del Enzina, en tiem- 
po de León X, maestro de la Capilla Pontificia; cargo 
honorífico que entonces, y aun mucho después, no se 
concedía más que á obispos y altos personajes eclesiásti- 
cos, como oportunamente recuerda Barbieri. Pudo ser, 
y es verosímil que fuese, cantor de la capilla del Papa; 
pero ni aun eso se ha probado hasta ahora con docu- 
mento fehaciente. 

Muy natural parece que influyesen en el gusto de 
Juan del Enzina los primeros conatos de 1& Talía ita- 
liana, como influyeron poco después' en Torres Naha- 
rro; pero lo cierto es que la única pieza de nuestro sal- 
mantino que con certeza conste haber sido compuesta 
en Boma, la Égloga de Plácida y Victoriano (que el 
autor del Diálogo de, la lengua prefería á todo lo restan- 
te de sus obras], aunque más larga que cualquiera otra 



JVÁS. 

Mía fe, no lo sabes bien; 
Machos hay de mí sañudos. 

Los unos no sé por qué? 
E los otros no sé cómo, 
Ningún percundio les tomo, 
Que nunca lie lo pequé. 

MlQUBLLKJO. 

Á la fe. 

Unos dirán que eres lloco, 
Los otros que vales poco- 
Juan. 
Lo que dicen bien lo sé. 



YHI fr LÍRICOS GASTULLAKOS 

de SUS farsas, sagradas 6 profanas, nada presenta en 
su artificio que substancialmente la distinga de las anter 
riores; y si alguna inñaencia coetánea puede reeono- 
oerse en ella es la de la famosa novela de Diego de San 
Pedro, Cárcel de amor, en lo que* toca al suicidio del 
héroe; y la de las irreverentes parodias de G-arci Sán- 
chez de Badajoz en la Vigilia de la enamorada muerta, 
que fué probablemente la principal razón que tuvo el 
Santo Oficio para poner esta égloga en su índice. 

Lo que no puede dudarse es que algunas de las pie- 
zas de Juan del Enzina fueron representadas en Boma 
y ante un auditorio, si por una parte muy aristocráti« 
co, por otra nada ejemplar en. sus costumbres y di- 
versiones. Así lo prueba un curiosísimo documento na 
citado todavía por los eruditos españoles, aunque di* 
vulgado ya entre los italianos. Stazio Gádio, escribién* 
do al Marqués de Mantua desde Eoma, le describe una 
cena que en la noche del 10 de Agosto de 1513 había 
dado el Cardenal su primo, á la cual había asistido el 
marquesito Federico Gonzaga, qú^ ¿ la sazón no pa- 
saba de los diez años; siendo los demás comensales el 
Cardenal de Aragón, el Cardenal Sauli, el Cardenal 
Coniaro , algunos obispos y caballeros y la cortesana 
Albina, El jueves anterior la recreación había sido en 
casa del Cardenal de Arbórea, donde se había recitada 
en español una comedia de Juan.de la Enzina, asistien- 
do á ella piú puitane spagnuole che uomini italiani (1), 
Ambas fiestas fueron verdaderas orgías, y todavía se 



(1) A. jSraf, Atfraverao il Cinquecenio (Torino, 1888), pági- 
nas 264-265, refiriéndose á la carta publicada por Luzio en su Me- 
moria sobre Federico Gonzaga oatagio alia corte di Giulio II 
(en el Are. della R. Societá Romana di storia patria). 



PROLOGO IX 

refieren otras más escandalosas en la correspondencia 
del mismo agente mantuano (1). 

Faede afirmarse casi con seguridad qae la comedia 
representada en el banquete del Cardenal de Arbórea 
fué la de Plácida y Vitoriano, que Juan del Enzina com- 
puso en Roma, según termiDántemente afirma Juan de 
Valdés, y de la cual Moratin cita una edición romana 
de 1514, que no ha sido descubierta hasta ahora, pero 
que debe de existir, puesto que su fecha concuerda ad- 
mirablemente con los datos transcritos. Y como no ea 
de suponer que á tan ilustres personajes como los que 
realzaron el esplendor de aquel fastuoso sarao se les 
fuesen á servir manjares fiambres, creemos sin escrú- 
pulo que la égloga fué escrita ad hoc y representada por 
primera (y aaaso única vez) en los primeros días de 
Agosto de 1613. 

Y aquí la imaginación puede darse libre camino, re^ 
construyendo á su placer aquella pagana fiesta, con 
cuyo tono cuadraban á maravilla los chistes más que 
deshonestos de Eritea y Falgencia, que debieron de ha- 
cer^ morir de risa al Cardenal Cornaro, no menos que 
á la signara Albina. 

Para entonces la fortuna ñiostraba mejor semblante 



(1) Por ejemplo, la cena de 11 de Enero d^l xnismo año 1513, 
también en caca del Cardenal de Ma&tua, y en la caal, ademán, 
de los comensaleA ya citados (entre los cuales no falla, por su- 
p^nesto, la famosa Albina), estavíeron el Arzobispo de Salerno» 
el de Spalatro, el Obispo de Ficarico, Bernardo da Bibblena (que 
fué después cardenal, autor de la desvergonzadísima comedia 
Calandria, una de las más antiguas del teatro italiano) y el bufóa 
de León X^ Fr. Mariano, que hizo k la mesa sus acostumbrados 
caprichos^ Por final, dice candorosamente el narrador: Dopo cena 
iasao Judicar á Tf. Ex, che 9i fece. 



< 



X líricos castellanos 

á Juan del Enzina, acaso por inflajo de algún Mecenas 
desconocido, que bien pudo ser el Cardenal de Aragón. 
Obtuvo» pues, sucesivamente, aun antes de ser clérigo 
de íuisa, varios beneficios y prebendas eclesiásticas que, 
según era frecuente en la relajada disciplina de aque- 
llos tiempos, tuvieron más de nominales que de efec- 
tivos, salvo en lo de cobrar las rentas, puesto que de 
la residencia se curó poco ó nada, pasando la mayor 
parte del tiempo in curia. 

Según noticias que un curioso del siglo pasado ex* 
tracto en el archivo de la Santa Iglesia de Salamanca, 
y que desde aquella ciudad fueron comunicadas en 1 867 
á D. Manuel Cañete, cuando se ocupaba en preparar su 
edición del teatro de Enzina (1); el Papa Alejandro VI, 
en 15 de Septiembre de 1502, hizo merced á nuestro 
poeta de una ración de la catedral de Salamanca, va- 
cante por muerte de Antonio del Castillo. En la Bula 
se llama á Enzina Clérigo salmantino, Bachiller, fami- 
liar de S. S. y residente en la curia romana. 

Seis años después había ascendido de la categoría 
de racionero á la dignidad de' arcediano de Málaga. 
El archivo capitular de aquella iglesia, explorado 
en buena hora por el ínleligente aficionado musical 
D. Baíael Mitjana, nos ofrece interesantes y copio- 
sos datos sobre esta época de su vida. Extractaremos 
lo más esencial. 



(1) El docamonto original no ha sido encontrado aiin, por 
haber cambiado de nameración los legajos de aqael archivo, 
pero no parece qne pnede dudarse de sa existencia, pnesto que 
lo qae se^ cita de su contenido nada afirma qae sea inverosímil, 
y qne no encaje perfectamente con todo lo demás qae sabemos 
de la vida de Enzina. 



PKÓLOGO Xí 

£q el acta del cabildo celebrado el día 1 1 de Abril 
de 1509 consta: que el honrado Pedro Rermosüla, veci- 
na desta dicha cibdad, exhibió una preaentación firma- 
da del Bey D. Fernando, dando conocimiento al ca- 
bildo de que el Nuncio de S. S., con asentimiento del 
obispo de Málaga D. Diego Ramírez de Yillaescusa, 
había hecho colación y canónica institución al licenciado 
/>. (sic) Juan del jEnzina, clérigo de la diócesis de Sa- 
lamanca, del Arcedianazgo Mayor y calongia á él 
anexa, desta dicha iglesia y cibdad de Málaga, por 
renuncia que había hecho en «ud manos el licenciado 
D. Bodrígo de Enciso, maestro en Sagrada Teología 
y último poseedor de aquella dignidad. Tomóse jura- 
mento y dióse posesión al mencionado Pedro de Her- 
mosilla, como procurador de Juan del Enzina, firman- 
do el acta Gonzalo Pérez, notario apostólico y secreta- 
rio del Cabildo. 

Hasta el 2 de Enero de 1510 no consta que Juan 
del Enzina residiese en Málaga, ni se lee su nombre 
en ninguna acta capitular. En Marzo de dicho año fué 
comisionado por su Cabildo para ir á la corte, junta- 
mente con el canónigo D. Gonzalo Pérez, para que 
cparesciesen ante SS. MM. el Bey y la Beina, y ante 
su Conseio é Contadores mayores, y practicasen cuan- 
tas diligencias fuesen conducentes sobre la Dotación y 
Privilegio destfi Santa iglesia y de su mesa capitular. » 
Acompaña á esta acta una «Nómina é Instrucción de 
los documentos que se entregaron á los dichos señores 
y de lo que habrán de solicitar, y particulares que ha- 
brán de tener presente» , documento de gran valor, 
porque al pie de él se conserva el único autógrafo 
hasta ahora conocido de la firma y rúbrica de Juan 



¿ 



XII LÍRICOS CASTELLANOS 

del Enzina, archiñiaconuB malacítanus. En 14 dé Oc- 
tubre fué llamado por los señores del Cabildo, y en 20 
de Noviemjbre daba cuenta del feliz resultado de su 
comisión. 

A todo esto el arcediano poeta continuaba sin orde- 
narse, de lo cual sus émulos se valieron para excluirle 
del Cabildo, á lo naenos por algún tiempo, y reducir á 
la mitad los emolumentos de su prebenda. En 14 de 
Julio de 1511, «se expuso por el señor Arcediano Don 
Juan del Enzina, que había llegado á su conocimiento 
que el Cabildo había ordenado ciertos estatutos en qtte 
se mandaba que el presidente que por derecho fuese 
en la dicha iglesia, no pudiese convocar á Cabildo sin 
expreso mandato de todo él. Que dicho señor, como 
presidepte, derogaba y contradecía el citado estatuto, 
por quanto era en perjuicio de los demás presidentes y 
le quitaba su libertad de presidencia. Se acordó que se 
le oía y que se le daría respuesta, y se le mandó salir 
fuera del Cabildo. — Luego se trató y platicó por el Ca- 
bildo que niogán canónigo lii dignidad que no fuese 
ordenado tw sacris, no debe ser admitido á Cabildo ni 
ser recibido su voto, así por lo que disponen los cáno- 
nes, como por el estatuto de esta Santa Iglesia. Y asi 
se acordó que se notificase al dicho señor Arcediano de 
Málaga, y al licenciado Pedro Pizarro, canónigo, que 
mientras aquéllos no eran ordenados in sacris, se abs- 
tengan del ingreso en dicho Cabildo si no fuese por su 
mandado. » Y en el acta de 2 1 de Agosto se previno 
que «al señor Arcediano se le diese la mitad del pan 
que le cabía por el repartimiento, por quanto por na 
estar ordenado de sacerdote según derecho, no debía 
percibir más de la mitad de su prebenda». 



PRÓLOGO XflI 

Asi y todo, Juan del Encina debía de ser personaje 
de mncha cuenta en su iglesia. Lo prueba el haber 
llevado su representación en el Concilio Provincial de 
Sevilla. Consta en el acta de I."" de Enero de 1512, que 
se le concedió «poder para que pareciese ante el Reve- 
rendo Sr. Arzobispo de Sevilla en el Concilio Provin- 
cial que se hacia; en nombre de este ilustrísimo Cabil- 
do, y su mesa capitular, para que solicite las cosas que 
le convengan y fueren en pro y utilidad deste Cabildo, 
y apele de las que contra éste se dieren. » Y del cum- 
plimiento de la comisión testifican varios libramientos 
á favor de Enzina por cuenta de los gastos de su viaje 
á Sevilla. 

Pero como siempre tenia puestos los ojos en Boma, 
centro de sus añciones artísticas, pronto halló medio 
de volver á visitarla, aunque sin abandonar el cuidado 
de lo^ negocios de su Cabildo. En 7 de Mayo de 1512, 
solicitó y obtuvo que los capitulares le concedieran to- 
dos los días que le cupiesen de recles, para ir á Roma 
y otras partes donde dijo tener necesidad de ir. En 15 
de Noviembre seguía allí, puesto que se le encomendó 
la diligencia de traer el privilegio de coiifirmación de 
su iglesia, «por cuanto era persona hábil y entendida 
y se hallaba al presente en aquella ciudad». 

Allí compuso la Égloga de Plácida y Vitoriano, 
pero no creo que pudiese dirigir la representación ni 
saborear los vítores con que Ínter pocula la celebrarían 
los alegres comensales del Cardenal de Arbórea, por- 
qae en 1 3 de Agosto (el mismo mes en que se repre- 
sentó) estaba ya de vuelta y asistía á un cabildo en 
Málaga. Su residencia fué cortísima, como siempre. 
Primero la eludió con una comisión en la corte de 



■\ 



XIV LÍRICOS CASTELLANOS 



Castilla sobre cierto pleito (acta de 7 de Octubre^ y 
luego no pensó más que en volver á Eroma, donde te^: 
nía altos protectores granjeados sin duda con su talen- 
to de músico y poeta. En 31 de Marzo de 1514, anun-. 
ció á sus compañeros de coro que estaba ya de cami- 
no, y les requirió formalmente para que se le abonaran 
todos los días de recles. Esta vez el Cabildo no quiso 
pasar por ello, y le castigó privándole de parte de su 
beneficio. Pero los tiempos eran de tal laxitud canóni- 
ca, y tan bien quisto andaba en la curia romana el cas- 
tigado Arcediano, que no le fué difícil obtener antes 
del 14 de Octubre «ciertas bulas» del Papa León X, 
«sobre la diligencia de su ausencia, para que estando 
fuera de su iglesia, en corte de Roma, por suya pro- 
pria cabsa ó ajena, ño pudiese ser privado, molestado 
ny perturbado, no obstante la institución, erección ó 
estatutos de la dicha iglesia». 

Y en efecto, todo el año de 1515 permaneció en la 
alma ciudad^ á la sombra del gran Mecenas de los 
literatos y artistas del Renacimiento. Pero apenas 
había vuelto' á poner el pie en tierra española, el 2J 
de Mayo de 1516, recibió una carta en que el Obispo 
de Málaga, D. Diego Ramírez de Villaescusa, Presi- 
dente que había sido de la Chancillería de Vallado- 
lid, y á la sazón Capellán Mayor de la Reina Doña 
Juana, le intimaba, bajo pena de excomunión y de 
privación del beneficio, comparecer en la dicha villa 
de Yalladolid, donde entonces se hallaba la Corte, 
para tratar con él de ciertos negocios, que ignoramos 
cuáles fuesen, pero que seguramente no le pararon 
perjuicio, quizá porque continuaba escudándole la pro- 
tección del Papa Médicis, á quien debió por aquellos 



PBÓL060 XV: 

días el nombramiento de «Sub- Colector de Espolios de 
la Cámara Apostólica»» cargo lucrativo y holgado, que 
le permitió continaar faltando á la residencia todo 
aqtiri año y el siguiente, y librarse finalmente de ella,. 
mediante permuta que hizo con D. Juan de Zea, del 
Arcedianazgo Mayor de Málaga, por un beneficio 
»mple de la iglesia de Morón. Asi se notificó al Ca- 
bildo en 21 de Febrero de 1519, con presentación de 
una carta real de Doüa Juana y D. Carlos, autorizan* 
do la permuta, y una bula del Papa León X confír> 
mandola. 

Kesignó Juan del Enzina el Arcedianazgo en ma- 
nos de S. S., pero no consta que tomase posesión del 
beneficio de Morón, ni apenas hubiera tenido tiempo 
para ello, puesto que en Marzo del último año había 
sido ya agraciado por el Papa con el Priorato mayor 
de la iglesia de León, del cual se posesionó por procu- 
rador el día 14 del expresado mes, constando en el 
acta capitular que seguía residiendo en Boma (1). 



(t) Dice acii esta acta, descubierta por D. Juan López Cas* 
trillón y comunicada por él á Barbieri, que la dio á luz en 'sa 
Cancionero Musical (pág. 29) : 

«En el cabildo alto de la iglesia de León, lunes, catorce dias 
»del mes de marzo de mil é Quinientos ó diez é nueve años, 
«estando los señores en su cabildo, seyendo primiciero el revé 
»^endo señor D. Felipe Lista, chantre de la dicha iglesia, es- 
otando el señor Antonio de Obregón, canónigo en nombre é 
ooomo procurador del señor Juan» del En'zina, residente en la 
«corte de Boma, presentó ante los dichos señores una bulla é 
«presentación del Prityrazgo de la dicha iglesia, fecha al dicho 
«.Tuan del Encina por nuestro muy santo padre por resignación 
»de mi señor Gttrcia de Gibraleón* é por virtud de lA cual é del 
«juramento fulminado pidió é requirió & los dichos señores que 
«le diesen la possesión, é laego los dichos señores le dieron la 
«dicha possesión é le asignaron locación in capitulo et choroi e 



XVI LÍRICOS CASTELLANOS 

' Por entonces se había verificado ana mutación ra- 
dical en su espirita, frivolo y mundano hasta aquella 
hora, entregado no sólo á los deleites artísticos, sino á 
otros menos espirituales. Su edad, que ya pasaba de 
los cincuenta años, y sin duda desengaños y pesadum- 
bres que la vida no perdona á nadie, habían abierto 
su ánimo á ideas de devoción y de reforma moral, y 
empezaban á labrar en su interior un^ hombre nuevo. 
Qaería ser verdadero sacerdote y prepararse á tan su- 
blime ministerio con ayunos, limosnas, romerías y pe- 
regrinaciones. Así lo anuncia, en versos más píos que 
elegantes, al principio de la Trivagia: 

Los años ciacaenta de mi edad cumplidos, 
Habiendo en el Mundo yo ya jubilado^ 
Por ver todo el resto muy bien empleado, 
Retraje en mí mesmo mis cinco sentidos, • 

Que andaban muy sueltos, vagando perdidos. 
Sin freno siguiendo la sensualidad. 
Por darles la vida confoime á la edad. 
Procuro que sean mejor ya regidos. 

Agora que el vicio ya pierde su fuerza. 
La fuerza perdiendo por fuerza su vicio, 
Conviene á la vida buscar ejercicio, 
Que vaya muy recto, y acierte, y no tuerza. 
El libre albedrío, que á vicio se esfuerza, 
Al tiempo que tiene su flor juventud, 
Gran yerro sería, si á la senectud, 
Que le es necesario, virtud no le fuerza. 

Con fe protestando*mudar de costumbre, 
Dexando de darme á cosas livianas. 



))jaró en forma de ánima de su parte de observar sus estatutos 
\)et conauetudinet. Testigos los señores Francisco de Robles é 
»Matheo de ArgüeUo ó Alonso García, canónigos.» 



PROLOGO XVf { 

Y á com{)OQer obras del Mundo ya vasas: 
Mas tales que puedan al ciego dar lumbre. 

• •••«•«•••'•>••'•••••*•••••••■•••■•••••••••• 

¡Oh voluntad mía! ¿Qué quieres obrar 
Agora en tal tiempo, sino romerajes, 
Ayunos, limosnas y peregrinajes, 
Que á tal tiempo debes orar y velar: 

;0h Sol de Justicia! alúmbrame el alma, 

Y el cuerpo y la vida me limpia de escoria: 
No puedo sin gracia entrar en la Gloria, 

. ^■i haber la Corona de Triunfo y de Palma. 

Así que ya venga la Gracia, y no tarde, 
Ni tarde la vida de se convertir, 

'Agora no es hora que yo más aguarde. 
Habiendo cumplido los años cincuenta, 
A me preparar, á dar á Dios cuenta, 
Mostrándome pigro al bien y cobarde. 

Bntonces resolvió ir en peregrinación á los Santos 
Lugares y decir allí su primera misa : 

9 ^ 

Tomemos la vía de Jerusalem, 

Do fué todo el precio de tu Redempción. 

Las jornadas pueden seguirse una á una en el itine- 
rario poético que á su vuelta publicó en Roínaen 1521 
con el título de T^-ivagia, obra de devoción más que de 
literatura, pero que ofrece algún interés como viaje y 
se recomienda por lo candoroso y sencillo del relata. 

Eran los unes de la primavera de 1 5 10 cuando Juan 
del Enzina salió de Roma por la puerta del Pópulo y 
tomó la vía dé Ancona, visitando en «1 tránsito la San- 
ta Gasa de Loreto en compañía de tres Dálmatas 

Disformes de traje, mas no ie persona, 
De honestas costumbres, según lo que víaj 
Tomo VII. 2 



T 



XVilI ÚRICOS CASTELLANOS 

Hiciéronme, cierto, baena compañía, 
, Maguer yo pensase ser gente ladrona. 

En Áncóna se embarcó para Venecia con tres frai— 
les flamencos, pero «los vientos contrarios y perversos 
aires» les hicieron desembarcar á media navegación y 
tomar postas hasta Chiozza, de donde pasaron por 
agua á la ciudad reina del Adriático. 

Mucho le deleitó el maravilloso espectáculo de Ve- 
necia, aunque la encontró algo lasÜmada 6 decaída en 
su comercio á consecuencia de los descubrimientos y 
navegaciones de los portugueses, á cuyas manos co- 
menzaba á pasar el tráfico de la especería. El trozo en 
que canta las grandezas de la ciudad de las laguna» 
es uno de los más felices que tienp el poema : 

ciudad excelente, del Mar rodeadaí 
En agua zanjada, de zanja tan fina, 
Tan única al mundo, y tan, peregrina, 
Que cierto parece ser cosa sonada .i 

No sé quién la puede saber comparar, 
Según el extremo que en olla se encierra, 
Que estáis en la mar, y andáis por la tierra, 
Y estáis en la tierra, y andáis por la mar: 
Las más de la^ calles se pueden andar 
Por mar y por tierra, por suelo y por agua: 
De Palas es trono, de Marte gran fragua, 
Que bien cien galeras, y aun más puede armar. 

Aquel mesmo día, no harto y cansado 
De ver y rever tan gran maravilla, 
Topé con personas de nuestra Castilla, 
Que cierto me. bebieron muy mucho alegrado... 

Estos castellanos le dieron nuevas de la llegada, po- 
cos días antes, de un ilustre peregrino que también se 
encaminaba á Jerusalén, D. Fadrique Enriquez, Mar- 






PRÓLOGO XIX 

qués de Ribera y Adelantado Mayor de Andalucía 

1)6 sangre may noble, de ilustre lioaje, 
De quatro costados de generaciones, 
Eoriquez, Riberas, Me ndozas. Quiñones: 
Se&or muy humano, muy llano, en su traje, 
Muy gran justiciero, verídico y saje, 
Más hombre de hecho que no de apariencia... 

Este gran señor, pues, que se hallaba rico de mué- 
bles y herencia y que á su vuelta á Sevilla había de 
«ternizar su nombre juntando las lindezas del arte 
mudejar y los primores del Renacimiento en el maravi- 
lloso ediñcio vulgarmente conocido con el nombre de 
Casa de Pilatos, había salido de la suya de Bomos 
en 24 de Noviembre de 1518 con poco acompañamien- 
to de criados; y, uniéndose á él los demás romeros, fle- 
taron pasaje en dos naves, que se hicieron á la vela 
para Levante el 1.^ de Julio de 1519. En las dos mil 
millas de navegación que hay de Venecia á Jaffa no 
tuvieron accidente alguno de tormenta, viento contra- 
rio ni asalto de corsarios. Pasaron de largo las costas 
de Istria, Esclavon^a, Dalmacia y Albania : se detu- 
vieron dos días en la isla de Rodas, ocupados princi- 
palmente en la contemplación de las devotas reliquias 
que allí había; y sin hacer gran caso de las poéticas 
' islas del Archipiélago 

Con lábulas falsas muy mucho estimadas, 

atravesaron pacíficamente el golfo de Setelías y sur- 
gieron en Joppe ó Jaffa, donde tuvieron que esperar 
en los barcos cinco ó seis días, hasta que se les diera 
salvoconducto y una escolta de guardas y guías mo- 
ros y turcos. Hicieron el viaje en asnos, malas y ca- 



XX . líricos castellanos 

meUos, y el 4 de Agosto llegaron á Jerusalén, donde 
fueron recibidos y aun agasajados, en lo que consentía 
su pobreza, por el guardián y los franciscanos del Mon- 
te Sión. Más de doscientos peregrinos habían salido 
de Venecia, pero antes de llegar al término del viaje 
, habían perecido catorce. Dos 6 tres de ellos habían 
muerto de sed y calor en la terrible siesta que pasaron 
en el desierto de Eamah. 

El aspecto físico ^e la Tierra Santa, no menos que 
el abandono en que yacían iglesias y santuarios, im- 
presionó dolorosamente ál poeta : 

. La tierra es estéril y muy pedregosa... 

Yo, cierto, lo tengo por admiración* 
Que aquella haya sido la de Promisión: 
Con todo la estimo por más que preciosa. 
¡Oh tierra bendita, do Christo nació, 

Do grandes injurias por nos padeció, 
Pasiones, tormentos, y al ñn cruda muerte, 
Mis ojos indignos y apliegan á verte, 
Y á do resurgiendo al Cielo subió! 

A esta cristiana efusión no corresponden desgracia- 
mente las fuerzas de nuestro ingenioso autor, que ha- 
bía nacido para la poesía ligera y no para la sublime, 
y que se encuentra como anonadado bajo el peso de la 
terrible majestad del argumento. Su descripción es un 
puro inventario sin ningún color poético, en versos 
que apenas lo parecen, y que allá se van con la prosa 
rudísima de su compañero de viaje el Marqués de Ta- 
rifa. Tres noches oró y meditó en el Santo Sepulcro 
Juan del Enzina, con pío y contrito corazón, pero sin 
que una centella de poesía bajase á su alma. El carbón 



PRÓLOGO XXI 

de Isaías no encendió sas labios : quizá f aera éste el 
mayor castigo de sus devaneos anteriores. 

En el Monte Sión dijo su primera misa dos dias des- 
pués de llegar : véase de qué modo tan pedestre nos 
da noticia del mayor acontecimiento de su vida espi- 
ritual : 

Dios sea loado, que gracia me dio, 
Que el día primero, que allí dentro entré, 
Con el Marqués mesmo me comuniqué, 
Que un Capellán suyo nos comunicó (1): 
Y aquel fué Padrino, que me administró 
En mi primer Misa, que allá fui ¿ decilla 
Al Monte Sión, dentro en la Capilla, 
A do el Sacramento Christo instituyó... 

En el mismo tono están hechas todas sus descripcio- 
nes, hasta la de Belén, hasta la del Calvario. Tanto 
prosaismo aflige, sobre todo cuando se recuerdan los 
versos profanos del poeta. Acaso la edad, madurándo- 
le el seso, le había agostado la lozanía del iogenio. 



(I) Es decir,- nos dio 'la comunión. 

Este capellán del Marqués de Tarifa, á quien algunos han 
confundido «con Juan del Enzina, se llamaba Juan de Tamayo, 
según consta en un documento del Archivo de la casa de Al- 
calá (hoy de Medinaoeli), dado á luz por Cañete y Baibieri: 

« Yo Gil de Galdiano, canónigo de Tudela, doy fe que confe- 
sé al Sr. D. Fadrique Enríquez de Bibera, Marqués de Tarifa, 
en Jerusalón, dentro en la Iglesia del Santo Sepulcro, sábado 
en la noche seis dias del mes de Agosto de quinientos é diez é 
nueve años, é yo Jvtm de Tamayo, clérigo español, doy feo como 
otro día siguiente, domingo siete del dicho mes de Agosto en la 
mañana, comulgué al dicho señor Marqués dentro en la capilla 
del Santo Sepulcro diciendo misa encima dól con su hábito 
blanco vestido y con la cruz de la orden de Santiago, puesta en 
él, y porque es verdad firmamos aqui nuestros nombres. Fecho 
en Jerusalén, etc., etc.» 



XXtl LÍRICOS CASTELLANOS 

conjefura que se fortalece teniendo en cuenta que la 
Trivagia es la última producción suya que conocemos. 
Por maravilla se registra en sus versos alguna impre- 
sión pintoresca, como el recuerdo de la vega de Gra- 
nada en presencia del valle de Jericó : 

Que propio semeja, si buen viso tengo. 
La..vega en España, que vi de Granada. 

Sobre la vuelta no da pormenor alguno, salvo que 
se embarcaron en Jafa el 1 9 de Agosto, y que em- 
plearon más de dos meses en la travesía, con veintidós 
días de escala en la isla de Chipre, pá.8ando en todo el 
viaje mil penalidades, en que el Marqués de Tarifa dio 
continuo ejemplo de humildad, resignación y fortaleza. 

En Venecia fué la despedida y dispersión de los via- 
jeros, encanfinándose el Marqués á Sevilla, donde en- 
tró en 20 de Octubre, y dirigiéndose Juan del Enzina 
á Roma, donde le placía vivir, y donde imprimió al 
año siguiente la tantas veces citada relación de su viaje 
en 213 coplas de arte mayor (1), la cual, á pesar de su 



(1) Esta primera edición de la Trioagia está citada por Ni- 
colás Antonio; pero no sé que ninguno de los bibliógrafos mo- 
dernos haya llegado á verla. Hay muchas posteriores, entre ellas 
las de Lisboa, 15S0; Sevilla, por Francisco Pérez, 16Q6; Lisboa, 
por Antonio Alvarez, 1603; Madrid, 1733, por Francisco Martine/. 
Abad, y 1786, por Pantaleón Aznar.(que es la más común), con 
el titulo de Viaje y Peregrinación que hizo y escribió en verso 
castellano el famoso poeta Juan del Enzina^ en compañía del Mar- 
gues de Tarifay en que refiere lo más particular de lo sucedido 
en su Viaje y Sanios Lugares de Jerusalem. Algunas de estas 
ediciones llevan unida la relación en prosa del Marqués de Ta- 
rifa, asi encabezada: "Este es el libro de el viaje que hize á Je- 
rusalem, é de todas las cosas que en él me pasaron^ desde que safi 
de mi casa de Bornos, miércoles 24 de Noviembre de Jól8, hasta 



PROLOGO XXKI 

« 

exiguo mérito literario, logró, por su doble carácter de 
libro de viajes y libro de devoción, más popularidad 
que ninguna otra de las obras de Enzina, llegando sus. 
impresiones hasta ñnes del siglo pasado. 

En el preludio de la Trívagia anunciaba el poeta 
una nueva edición de todas sus obras, delante de las 
cuales iba como batidor aquel poema, cuyo número 
de estancias no había querido que llegasen á trescien- 
tas, por no entrar en competencia con Juan de Mena : 

Y porque ya el pueblo de mí nuevas haya, 
Viaje ¡súsl andar: tú sé precursor 
Del advenimiento de aquella labor 
De todas mis obras, que ya están á raya. 
Labor qué es en Lacio nacida y en Roma, 
Vor dar cuenta á todos, y á gloria do Dios. 

Jamás tan gran causa, tan justa y tan buena 
Yo tuve de obrar, como hora me sobra; 
Por tanto yo quiero que vaya mi obra 
En arte mayor que más alto suena: 
Mas no que traspase mi cálamo y pena, 
Poco más ó menos, do coplus docieutas. 
Pues llevan en todo la flor las trecientas, 
Nioguno se iguale con su Joan de Mena. 

Tal compilación quedó en proyecto, y ninguna obra 
de Enzina posterior á la Trivagia ha llegado á nos- 
otros. Es más; tampoco tenemos noticias seguras de lo 



JSO de Octubre de 1520, que entré en Sevilfa, yo Don Fadrique 
JBnrriquez de Ribera, Marqués de Tarifa. No puedo decir si en 
las más antiguas se halla el Romance y suma de todo el viaje de 
Joan del Encina, que comienza : 

Yo me partiera de Roma 
tara Jerusalén ir... 

romance pedestre y de ciego, de cuya autencidad dudan algu- 
nos, no sé con qué fundamento. 



XXIV LiaiCOS CASTELLANOS 

restante de su vida. No consta qae llegase á residir im 
su priorato de León, ni siquiera se sabe cuánto tiempo, 
le conservó. Algunos dicen que fué canónigo de la ca- 
tedral de Salanianca y catedrático de música en su 
Universidad, pero ninguna de estas especies tiene 
comprobación hasta ahora. También es incierta la fe- 
cha de su muerte, que el cronista de Salamanca Gil 
González Dávila (1) pone en 1534, añadiendo que fué 
enterrado en ]a catedral y que allí i^e le erigió un mo- 
numento, de todo lo cual no queda ningún otro ves- 
tigio. 

Afortunadamente la riqueza de las obras de Juan 
del Enzina compensa con creces esta penuria de datos 
acerca de su vida. Son estas obras de dos géneros: mu- 
sicales y literarias. El hallazgo de las primeras, ignora- 
das hasta nuestros días, y que han venido á derramar 
inesperada luz sobre uno de los periodos más obscuros 
é importantes de nuestra evolución artística, se debe ex- 
clusivamente á la pasmosa y feliz diligencia del castizo 
é inolvidable compositor español D. Francisco Asenjo- 
Barbieriy que juntó á los lauros de la inspiración crea- 
dora los del estudio razonado y erudito de la historia 
de su arte. Barbieri tuvo la suerte de descubrir en la 
Biblioteca del Palacio de nuestros reyes un inaprecia- 
ble Cancionero musical de los siglos xv y xvi, le trans- 
cribió en notación moderna, y le ilustró con abundan- 
tes comentarios y notas biográficas de los poetas y de 
los compositores. Entre unos y otros descuella induda» 
blemente Juan del Enzina hasta por el número de sus 



(1; Historia de las antigüedades de la ciudad de Salamanca 
1602, pág. 576. 



PRÓLOGO XXV 

obras, que llega á sesenta y ocho, contándose entre* 
ellas la mayor parte de los villancicos con que termi-r 
nan sus piezas dramáticas, lo cual permitiría hoy mis- 
mo ejecutarlas acompañadas de la música que les puso 
su autor; y es dato que puede servir á los in teligentes 
para penetrar más á fondo el peculiar carácter de esté 
embrión de drama lírico-musical, en el que se hallan los 
más remotos orígenes del espectáculo conocido entre 
nosotros con el nombre de zarzuela. « 

En nuestra incompetencia para juzgar á Juan del 
Enzina como artista musical, nos remitimos al juicio 
de quien lo fué tan eminente. «Cuando todos los com- 
positores de Europa (dice) procuraban en sus obras 
hacer gala de los primores del contrapunto, con des- 
precio casi absoluto del sentido de la letra, hallamos 
en el Cancionero muchas composiciones en las cuales la 
música se subordina de una manera muy notable á la 
poesía. En esto Juan del Enzina se muestra á gran 
altura, siendo sus obras dignas de particular estudio; 
alguna dé ellas se adelanta de tal modo á su siglo, que 
parece escrita en el presente» (1). ' 

Esta eücacia expresiva, esta subordinación de la 
música á la letra, que jaeces tan competentes como 
Barbieri y Pedrell estiman como el carácter más vi* 
^ible de la individualidad artística de Juan del Enzi- 
na, se explica muy naturalmente por su educación lite- 
raria y por su doble condición de músico y poeta. Por 



(1) Véase el Cancionero musical de los siglos XV y XVI, trans- 
crito y comentado por Francisco Asenjo Barbieri^ individuo de nú- 
mero de la Real Academia de Bellas Artes de San Femando. Pu- 
hlicalú la misma Academia. 1890. £1 número total de composiolo- 
nes del Cancionero (todas con letra y música) son 460. 



XXVI . líbicos <24STBLLAN0S 

'QSte inseparable maridaje qne en su mente se estable* 
cía entre las dos artes del sonido, se comprende tam - 
bien que como poeta brillase sobre todo en los villan- 
<:icos y otras composiciones ligeras destinadas á ser 
pnestas en música; y qne sean musicales y no pinto- 
rescas las condiciones que principalmente realzan sus 
versos. 

- Hemos dicho que el mismo poeta, siendo todavía muy 
joven, recogió los que hasta entonces tenía hechos, eñ 
un copioso Cancionero, impreso en Salamanca en 1496,- 
y reimpreso en Sevilla, 1501: Burgos, 1605-, Salamanca, 
1507 y 1509; Zaragoza, 1512 y 1516 (1). Todas estas 



(l) Cancionero tfe las obras de Juan del Enzina, 
Colofón: < Deo gracias. Fué impreso 0% Salamanca á teynte 
dias del mes de Junio de Mill.CCCC. e XC VI años, tí Fol., let. gó- 
tica, 196 hojas, sin incluir el titulo. (Biblioteca de la Beal Aca- 
demia Española. Hay otro en la del Escorial). 

— Sevilla, 1501, por Juanes de Pegnicer y Magno Heibst, 
16 de Enero de 1501. (Biblioteca ducal cíe Wolfembüttel.) 

— Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina^ con otras 
añadidas. 

tFué empremida esta presente obra en la muy nol/le^e muy leal 
cibdad de Baragos por Andrés de BurgoH, por mandado de los hon 
rrados mercaderes Francisco aada e Juan Tliomas Aavario: la qual 
se acabó á xiii dias de Febrero en el año del Señor MHl y quinien- 
tos y cinco, ^ Fol., let. gót., 101 hojas. (Bibliotec:t Nacional; pro- 
cedente de la de Bolh de Faber.) 

— Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina. 

€Fué esta presente obra emprimida por Hans Gysser alemán de 
Silgenstat en la muy noble e leal cibdad de Salamanca: la cual 
acabóse á V, de enero del año de mili quinientos e siete. ^ ^Biblio-^ 
teca de Palacio.) 

— Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina, con las 
coplas de Zambardo, e con el Auto del Repelón... e c(m todas otras 
cosas nuevamente añadidas. ^ 

<Faé esta presente obra emprimida por Hams Gysser, alemán 
de Silgenstat, en la muy noble e leal cibdad de Salamanca: la qual 



PBÓL060 XXVII 

ediciones se caentan entre los libros más peregrinos de 
la bibliografía española, y probablemente habo otras 
que no han llegado á nuestros tiempos. No es igaal el 
contenido de todas ellas, siendo muy notables las aña- 
diduras que en la parte dramática contienen las de Sa- 
lamanca, 1507 y 1509: esta úkima, la más completa, ó 
digámoslo coü propiedad, la menos incompleta de todas. 
Fuera de la colección quedaron siempre otras obras de 
Enzina, como el poema de la Trivagia, no compuesto 
ni impreso hasta 1521, y las églogas de Plácida y 
Viioriano y Cristino y Febea, De varias poesías in- 
sertas en una ú otra de las ediciones del Cancionero, 
como los famosos Disparates trovados^ la Justa de Amo- 
res, y la Tragedia á la muerte del Principe Don Juan, 
se conocen ediciones sueltas; y de seguro hubo más, eii 
esa forma de pliegos sueltos» que fué durante el primer 
tercio del siglo xvi el vehículo principal de nuestra 
poesía popular y popularizada. Ya antes de 1496 co- 
rrían mucho, no sabemoa. si de molde ó de mano, las 
composiciones de Juan del Enzina, y había quienes se 
kís usurpaban y corrompían^ y otros que se burlaban 
de ellas y de su autor. De estos detractores y maldi- 



dicha obra se acabó á 7 del mes de Agosto del año de 1j09 años. > 
Fol , let. gót., 104 hojas. (Biblioteca Imperial de Viena, y Biblio- 
teca particular que faé de D. Pascual de Gayaügos.) 

— Zaragoza, 1512. (Mayáis es el único que cita esta edición.) 

— Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina... 

c Fué imprimido el presente libro llamado Cancionero, por Jor- 
7> Cocí, en ^arago^a. Acabóse a xv dias del mes de deziembre. 
Año de mili e quinientos e deziseys años, Fol., let. gót., 98 hs. do- 
bles. (Biblioteca Nacional. Magnifico ejemplar que perteneció k 
D. Agustín Duran. Salva tuvo otro.^ 

Gallardo (tomo II de su Ensayo, art. Enzina) es quien más 
detalladamente describe la inayor parte de estas ediciones. 







I 



XXVIII líricos castellanos 

cientes se queja él bajo su acostumbrado disfraz de 
pastor, en nna de sus Representaciones^ prometieiido 
sacar para Mayo (de 1496) la copüación de toda$ sus 
obras... por que no pensasen que toda su obra era pasto- 
ril, más antes conociesen que á más se extendía su saber. 

MATEO 

Déjate desas barajas, 
Que poca ganancia cobras: 
Yo conozco bien tus obras: 
Todas no valen dos pajas. 

JUAN 

No has tú visto las alhajas 
Que tengo só mi pellón; 
Esas obras que sobajas, 
Son regojos e migajas 
Que se escuelan del zurrón. 



Aunque agora yo no truyo 
Sino hato de pastores, 
Deja tú venir el .^ayo, 
Y verá» si saco un sayo 
Que relumbren sus colores. 

Sacaré con mi eslabón 
Tanta lumbre en chico rato, 
Que vengan de cualquier hato 
Cada cual por su tizón. 
Darles he de mi montón 
Bellotas para comer; 
Mas algunas tales son, 
Qu en roer el cascarón 
Habrán harto que hacer. 

MATEO 

Pues yo te prometo, Juan, 
Por más ufano que estés. 
Que te dé yo más de tres 



PRÓLOGO XX£X 

Que lo contrario dirán; 
Quó bien sé que mofarán 
. De tus obras é de ti... 

Los contemporáneos sabrían muy bien quiénes eran 
estos émulos literarios de Juan del Enzina, pero nos- 
otros mal podemos^ adivinarlos 4 través de los disfra- 
ces de Juan el Sacristán, de Pravos e/ Gaitero, del Ca- 
rillo de Sorhajos, del Sobrino del Herrero y otros tales 
€on que el poeta los apoda, retándolos con singular 
arrogancia y satisfacción de sí propio ante sus señores 
los Duques de Alba: ^. 

Delante de e&ps señores . 

Quien me quisiere tachar, 
Yo me obrigo de le dar 
Por un error mil errores. 
Tenme por de los mejores; 
Cata que estás engañado; 
Que si quieres de pastores 
O si de trobas mavores, 
De todo sé, ¡Dios loadol 

Y no dudo haber errada 
En algún mi viejo escri 10} 
Que cuando era zagaiito 
Non sabía cuasi nada; 
Mas agora va labrada 
Tai^ por arte mi labor, 
Que aunque sea remirada, 
No habrá cosa mal trobada, 
Si no miente el escritor... . , 

En el prólogo del Cancionero repite estas quejas, 
tanto por lo que toca á la depravación que sufrían los 
partos de su ingenio como respecto de la censura 
agria y descomedida que algunos hacían de ellos: 

«Andaban ya tan corrompidas y usurpadas algunas 



XXX • LÍRICOS GAStBLLANOS 

>>obrecilIas mías que como mensajeras Labia enviado 

> adelante, que ya no mías, mas ajenas se podían Iht^ 
»mar; que de otra manera no me pusiera tan presto á. 
»sumar la cuenta de mi labor- é trabajo. Mas no me 
)>pude sufrir viéndolas tan mal tratadas, levantándo- 
»les falso testimonio, poniendo en ellas lo que ya 
»nunca dije ni me pas<í por pensamiento. Forzáronme 
» también los detractores y maldicientes que publica- 

^»ban no se extender mi saber sino á cosas pastoriles é 
» de' poca autoridad; pues si bien es mirado, no menos 

> ingenio requieren las cosas pastoriles que otras; mas 
» antes yo creía que más. Movíme también á la copila* 
i>ción destas obras por verme ya llegar á perfeta 
:!>edád y perfeto estado de ser vuestro siervo.» 

Antes de entrar en la vasta selva de las poesías de 
Juan del Enzina, conviene decir algo de su doctrina 
literaria, expuesta en un breve, pero muy curioso tra- 
tado, que con el título de Arte de la Poesía Castellana 
encabeza sü CancionerOj y eis la principal, aunque no 
muy lucida muestra, de la preceptiva de fines del si- 
glo XV. Juan del Enzina pertenecía á la escuela de los 
trovadores cortesanos, y su opúsculo está, como no 
podía menos, en la tradición de las artes poéticas pro* 
vénzales, que se remonta basta el siglo xili con la 
Dreita maniera de trabar de Ramón Vidal de Besalú; 
adquiere á ipaediados del xiv proporciones de farrago- 
sa enciclopedia en los Leys d' amors de Guillermo 
Molinier, y pedantesca sanción en el malhadado Con- 
sistorio de Tolosa; recibe aplicación á la lengua cata- 
lana en los diccionarios rítmicos de Jaime March y 
Luis de Aversó, que en tiempo de D. Juan I tras- 
plantan á Barcelona aquella institución ya entonces 



PRÓLOGO XXYI 

anacrónioá y fanesta á los progresos de la legitimv . 
poesía; y logra eco en Castilla merced al candido 
diletiantümo de D. Enrique de Villena en sas trag- 
mentos del Arte de la Gaya Sciencia, y á la varia y cu- 
riosa erudición del Marqués de San tillan a en su céle- 
bre Proenno al condestable de Portugal, Pero si Villena 
es un mero repetidor de las artes métricas de los tolo* 
sanos, Santillana, hombre de mucho más entendimien- 
to y de i)aás selecta y digerida cultera, lector asiduo de 
los clásicos, italianos en su original y de los latinos si- 
quiera fuese en traducciones, se eleva á ciertos concep- 
tos generales acerca de la poesía, no reduciéndola al 
mero artificio de los verbos, y presenta ya, aunque en 
embrión, algunas ideas estéticas. 

Juan del Enzina, venido en edad más adelantada,^ 
cuando ya había triunfado en nuestras escuelas la 
pura noción del Renacimiento, por el esfuerzo de 
aquel gran varón «6¿ dotíssimo maestro Antonio de Le- 
»brixa, el que desterró dé nuestra España los barbaHs- 
»mo5 que en la lengua latina se habían criado», tomó 
por modelo su Arte de romance^ según él mismo con- 
fiesa. Y así como el Nebrisense había creído, algo pre- 
maturamente, que nuestra leugua estaba tan empinada 
épolida, que más se podía temer el descendimiento que 
la subida, así su discípulo salmantino, creyendo con 
toda ingenuidad que (nnutica había estado tan puesta en 
»la cumbre nuestra poesía é manera de (robar», enten- 
dió ser cosa muy provechosa «ponerla en arte é ence- 
»rrarla debajo de ciertas leyes é reglas». El Renaci- 
miento penetra de varios modos en esta Poética; y ante 
todo realzando el concepto del arte por sus orígenes 
semi-divinos (puesto que en verso se dieron los orácu- 



XXXI I LÍRICOS CASTELLANOS 

. ios 7 vaticinios), por su mayor antigüedad sobre la ora • 
toria, por su maravilloso efecto para excitar y aquie- 
tar los ánimos é iüdacirlos y arrastrarlos á la guerra 
ó á la paz, como lo prueban los clásicos ^'emplos de 
Tirteo y de Solón, alegados á este propósito por Enzi- 
na; y, finalmente, por el prestigio y la veneración de 
que le rodearon los antigaos como parte esencial de la 
coas, publica. «Que cierto si no fuera la poesía facultad 
«honesta, no creo que Sófocles alcanzara magistrados, 
>preturas y capitanías en Atenas, madre de las cien- 
»cias de humanidad.» A los ojos de Juan del Enzina 
el título clásico de poeta vale mucho más que el de tro- 
vador, con toda la diferencia que hay de señoí' á esclavo, 
de capitán á hombre de armas suhjeto á su capitáUf de 
música á cantor, de geómetra á pedrero. No cita poeta 
alguno español anterior á Juan de Mena, y declara 
paladinamente que los grandes modelos están en la 
Italia antigua y moderna: «De aquí creo haber venido 
«nuestra manera de ti'obar, aunque no dudo que en 
» Italia floreciese primero que en nuestra España é de 
»alli decendiesse á nosotros, porque si bien queremos 
»con8Íderar según sentencia de Virgilio, allí fué el so- 
plar del linaje latino, é quando Roma se enseñoreó de 
«aquella tierra, no solamente recebimos sus leyes é 
«constituciones : más aún el romance, según su nombre 
»da testimonio: que no es otra cosa nuestra lengua sino 
»latín corrompido... Cuanto más que claramente pare- 
»ce en la lengua italiana haber habido muy más anti- 
9guos poetas que en la nuestra: así como el Dante é 
» Francisco Petrarca é otros notables varones que fue- 
»ron antes, é después, de donde muchos de los uues- 
jtros hurtaron gran copia de singulares sentencias, 



PaOLOGO XXXIII 

i>el cual hurto, como dice Virgilio, no debe ser vitu- 
:»perado, mas diño de mncho loor cuando de una len- 
»gQa en otra se sabe galanamente cometer. Y si que- 
;^remos argüir de la etimología del vocablo, si bien 
>miramos, trovar, vocablo italiano es,, que no quiere 
» decir otra cosa trovar en lengua italiana, sino hallar. 
i» ¿Pues qué cosa es trovar en nuestra lengua sino hallar 
«sentencias é razones é consonantes é pies de cierta 
«medida adonde las incluir é encerrar? Asi que con- 
ocluyamos luego el trovar haber cobrado sus fuerzas en 
«Italia é de allí esparcidolas por nuestra España, 
«adonde creo que ya ñorece más que en ninguna otra 
«parte.» 

Olvida, pues, Juan áél Enzina, no solamente la an- 
tigua poesía narrativa y juglaresca, la cual no cree- 
mos, ain embargo, que mirase con tanto desdén como 
^1 Marqués de Santillana, relegándola á las gentes de 
baja y servil condición, puesto que él mismo hizo ro« 
manees, si bien puramente líricos, y glosó felizmente 
algunos temas de la canción popular; sino la misma 
escuela del Mediodía de Francia, la que fué madre de 
todas en el lirismo cortesano, la que inició á ^españoles 
y á italianos en las artes de trovar. ¡Fenómeno por 
oierto digno de consideración! En esta Poética, que si 
496 atiende sólo á lo que enseña sobre el mecanismo de 
la versificación parece un fruto tardío de la escuela 
tolosana, como que desciende todavía á explicar las 
galas del encadenado, del retrocado, del redoblado^ del 
multiplicado y del reiterado, ni una vez suena A nom- 
bre de los pro vénzales, inven tprQs de tan revesada téc- 
nica. No solamente se habían olvidado ya sus versos, 
sino que tampoco se leían sus poéticas. El artificio de 

Tomo VII. 8 



XXXIV LflllCOS CASTELLANOS 

SU prosodia se había incorporado ya en la métrica de 
naestros poetas palaciegos, y nadie se cnidaba de sa 
origen. 

. Reaparecen también en el Arte de trabar ciertos con-.^ 
ceptos generales de la preceptiva clásica : la distin- 
ción aristotélica entre la ciencia y el arte, deñnida 
como conjunto de observaciones sacadas de la flor dtl 
M90 de varones doctísimos é reducidas en reglas é precep- 
tos; la alianza del ingenio y del estudio, tal como en 
la Epístola á los Pisones se recomienda : « Bien sé 
)>qne machos contenderán para esta facultad ninguna 
»otra cosa requerirse salvo el buen natural, y conceda 
»ser esto lo principal y el fundamento; mas también 
»afírmo polirse y alindarse mucho con las observacio- 
»nes del arte, que si al buen ingenio no se juntase el 
»arte, sería como una tierra frutíferayno bienlabrada»» 
Pero de los críticos antiguos á quien con más frecuen- 
cia cita es á Quintiliano, y en su doctrina sobre la edu^ 
cación del orador se apoya para inculcar al poeta la 
observancia de los preceptos de la elocución pura, ele- 
gante y alta, y el continuo ejercicio de la lectura en loa 
mejores autores latinos y vulgares para formar el esti- 
lo y adquirir copia de sentencias. Y aun en la parte, 
métrica procede con ciertas aspiraciones clásicas, solici- 
tando en el poeta entendimiento, no ya sólo de los gé- 
neros de versos, sino de los pies y de las sílabas y de 
la cuantidad de ellas, si bien en esta parte no va tan 
lejos como el maestro Nebrija, que, asimilando nues- 
tros mStros á los latinos, encontraba en los romances 
tetrámetros yámbicos, y en los versos de arte mayor 
adonices doblados. Juan del £nzina no entra en tan 
eruditas disquisiciones, para las cuales se reconoce fal- 



PRÓLOGO XXXV 

to de saber; y traza un brevísimo arte de versifícación 
enteramente práctico, redaciéndose lo demás del tra* 
lado á algunas observaciones de puntuación y lectura 
. y á otras bastante sensatas sobre las licencias y los 
colores poéticos^ de los cuales dice que no se deben usar 
muy á menudo, porque «el guisado de mucha miel no 
es bueno sin algún sabor de vinagre» (1). 

Más claramente todavía que su Poética (en la cual 
luchan dos inñuencias contrari&s y quedan muchos ves- 
tigios del gusto de la Edad Media) marca la dirección 
de Juan del Enzina en las vías del Renacimiento clá- 
sico, muchos años antes de su ida á Italia, su traduc- 
ción libre, ó más bien adaptación, de las Bucólicas de 
Yirgilio al metro castellano : la más antigua que yo 
sepa que de ningún poeta latino se intentase en esta 
forma. Las traducciones de la Eneida y de las Metamor- 
Josis, de las Heroidas, de la Farsalia y de las Trage - 
dios de Séneca, hechas en el siglo xv, habían sido en 
prosa, generalmente rudísima, calcando groseramente 
el texto al modo de las versiones interlineales, sin 
ninguna atención al sentido poético, y con un hipér- 
baton tan estrafalario y pedantesco que para entender 
la versión es preciso recurrir continuamente al original. 
Juan del Enzina, que era poeta, procedió con las Bu- 
cólicas muy de otra manera que D. Enrique de Ville- 
na don la Eneida ^ y en vez de prosa crespa, dislocada 
y rimbombante, hizo hablar al mantuano en coplas de 
arte menor, muy anacrónicas ciertamente, pero fáciles 



(p He reimpreso dos veoes este tratadito, primero en los 
apéndices al tomo II de la Historia de las ideas estéticas en Es- 
paña, y después en el tomo V de esta Antología. 



XXXVI líricos castellanos 

y graciosas. Interpretó libremente á Virgilio con un 
desenfado que ya degenera en irreverencia y parodia, 
cambiando los asuntos de las églogas, aplicándolas á 
]hs circunstancias históricas de su tiempo, haciendo 
hablar á los pastores arcádicos la lengua de los la- 
briegos del campo de Salamanca: todo esto con brío, 
con desenvoltura, sin romper los odres bastante estre- 
chos de la versificación cortesana, pero derramando en 
ellos, aunque á pequeñas gotas, un licor mucho más 
suave y exquisito que el que antes solían contener. 

No se le ocultaban las dificultades de su empresa: 
lo poco trabajada que estaba todavía nuestra lengua 
poética para tales ensayos, lo que él -llama: «el gran 
»deíeto de vocablos que hay en la lengua castellana 
)>en comparación de la latina; de donde se causa en 
» muchos lugares no poderles dar la propia significa- 
»ción, cuanto más que por razón del metro é conso- 
)>nantes seré forzado algunas veces de impropiar las 
» palabras, é acrecentar é menguar, según hiciese á mi 
»caso, é aún muchas veces habrá que' no se pueda 
»traer al propósito... Mas en cuanto yo pudiere é mi 
» saber alcanzare, siempre procuraré seguir la letra 
» aplicándola á vuestras más que reales personas, y en- 
»derezando parte dellas al vuestro muy esclarecido 
^principe D. Juan. Por no engendrar fastidio á los 
» lectores desta obra (añade en la dedicatoria al Prin- 
»cipe) acordé de la trobar en diversos géneros de me- 
»tro y en estilo rústico, por armonizar con el poeta que 
^introduce personas pastorilea » 

Indicaremos algunas de estas aplicaciones á la his- 
toria contemporánea. En la égloga primera: Melib^... 
«habla en persona délos caballeros que fueron despo- 



PRÓLOGO XXXVff 

»jados de sqs haciendas, por ser, rebeldes, coDJ arando 
>oon el Bej de Portugal que de Castilla fué alzado»; 
y Títiro, en nombre de los arrepentidos, que no perse- 
veraron en su rebeldía y contumacia contra la Reina 
Católica. 

Aun es más singular la transformación de la égloga 
segunda, donde el hermoso Alexis, por quien suspira- 
ba el pastor Coridón,, está transformado en Fernando 
el Católico, á cuyo favor aspira el poeta : 

CoridÓD, siendo pastor 

Trovador, 
May afíciouado al Rey, 
Espejo de nuestra ley. 

Con amor 
Deseaba su favor; 
Mas con mucha cobardía 

No creía 
De lo poder alcanzar. 
Por los montes se salía 

Cada día 
Entre sí solo á pensar... 

La égloga tercera está aplicada «á los privados del 
»señor Key D. Enrique, y á muchos grandes que con 
«envidia dellos, é aun ellos mesmos entre si, sembra- 
»ron gran discordia en nuestra Castilla, é algunos de- 
diles tentaron alzar por Eey al Principe D. Alfonso 
»su hermano... E con esto las maldades tanto se mul- 
»tiplicaron y enjambraron en este reino, que no sola- 
> mente lo de la corona real, mas aun las propias ha- 
»ciendas unos á otros se robaban, é como malos pas- 
atores ordeñaban ajenas ovejas. « 

La pintura de la nueva edad de oro, del restaurado 
imperio de Saturno y Rea, que se profetiza en la églo- 



,> 



XXXVIII LÍRICOS CASTELLANOS 

ga cuarta, el poeta, prescindiendo de la interpretación 
qne era tradicional en las escuelas cristianas, la trae 
al tiempo de los Beyes Católicos, en que «ya los me- 
inores no saben qué cosa es temer las sinrazones é 
> demasías que en otro tiempo los mayores les hacían», 
y en que «la Santa Inquisición va acendrando é cada 
»dia esclareciendo nuestra fe: ya no se sabe en estos 
» reinos qué cosa sean judíos; ya los hipócritas son co- 
^noscidos, é cada uno es tractado según vive...» 

El pastor Dafnis de la égloga quinta es «el muy 
^desdichado príncipe de Portugal», esposo de la in- 
fanta Doña Isabel, hija de los Reyes Católicos.' 

Eñ la égloga séptima, el pastor Coridón (bajo cYiyo 
disfraz se encubre el mismo Juan del Enzina) canta ó 
llora «la soledad que Castilla sentía cuando los reyes 
»iban á Aragón...» 

En la octava (cosa que el más lince no pudiera sos- 
pechar), los amores y hechicerías de la pUaitnaceutria 
sirven para alusiones á la derrota de la Ajarquía ó de 
las lomas de Málaga, y al «crecido amor que nuestro 
» cristianísimo rey D. Hernando tenia en la conquista 
» del reino de G-ranada.» 

Esta colección de trovas ó parodias está general- 
mente versificada en octosílabos de pie quebrado, com- 
binados en estrofas de ocho, nueve, diez, once y doce 
versos. Por excepción, el Sicelides MusoB,á causa de la 
solemnidad de su argumento y estilo, y como si el in- 
térprete obedeciese á la intimación del Paullo maiora 
canamus, está traducido, con mucha valentía, en diez 
y seis coplas de arte mayor. 

El estudio que empleó en esta versión libre y para- 
frástica de las églogas de Virgilio, debió de adiestrar 



PRÓLOGa XXXIX 

á Juan del Enzina en el manejo del diálogo, que luego 
aplicó á sus propias églogas y representaciones, muchas 
de las cuales no tienen más acción dramática que las 
Bucólicas antiguas, y sólo se distinguen de ellas en su 
carácter realista y á las veces prosaico y de actuali- 
dad, y en la menor presencia de elementos descripti- 
vos. Leyendo á Juan del Enzina, no es aventurado 
decir que la égloga de Virgilio tuvo alguna influencia 
en los primeros vagidos del drama español, cuando to- 
davía estaba en mantillas. Para el humanista significa 
poco la traducción de Enzina; mucho para el historia- 
dor de la literatura española. 

Entrando ya en el examen de las poesías originales 
de Juan del Enzina, que re&lmente escribió demasiado, 
según la opinión de Juan de Valdés, y es, sin duda, 
uno de los ingenios más desiguales que pueden encon- 
trarse, empezaremos por advertir que en su Cancione- 
ro las poesías sagradas valen menos que las profanas, 
y las composiciones largas menos que las cortas, y los 
versos de arte mayor mucho menos que los villancicos 
y las glosas. Juan del Enzina había recibido de la na- 
turaleza algunos de los dones poéticos más esenciales : 
oído. musical muy fino, y ejercitado con el cultivo si- 
multáneo de las dos artes; imaginación fresca y viva, 
que reproduce con amenidad, aunque dé un modo su- 
perficial, ciertos aspectos de la naturaleza y de la vida 
rústica; vena cómica fácil é inofensiva; ingenuidad de 
sentimiento ; alma de poeta popular, á veces. Pero le 
faltaron otros dones aun más excelsos, y por eso, más 
que por falta de pulimento y de estudios (puesto que los 
tuvo desde su mocedad, como hemos visto), y también 
por haber nacido en una época de transición á la cual 



XL LÍRICOS €A&TBLLANOS 

sólo un ingenio de primer orden hubiera podido sobre- 
ponerse, no llegó nunca á las alturas de la gran poesía» 
'rara vez mostró verdadera pasión, se contentó con ser 
un poeta agradable, gastó la mejor parte de su talento 
en devaneos y juguetes sin consistencia, y, á pesar de 
sus inconstantes aspiraciones clásicas, continuó perte- 
neciendo á la Edad Media. No fué verdaderamente in- 
novador más que en el teatro , que es su principal 
gloria. 

Las obras á lo divino son siempre la parte más ende- 
ble en los Cancioneros del siglo xv : parecen escritas 
sin devoción y como de compromiso para hacer pasar 
la libertad de las coplas profanas que vienen después» 
No hace excepción á esta regla Juan del Enzina en las 
composiciones, algunas de ellas de formidable exten- 
sión, que dedicó á su señora la Duquesa de Alba (Doña 
Isabel Pimentel) sobre la Natividad de Nuestro Señor^ 
sobre la ñesta de los tres Beyes magos, sobre la Re- 
surrección de Cristo, sobre la Asunción de Nuestra 
Señora y otros teínas piadosos. Su cristiana musa se 
ejercitó también en loor de algunas iglesias nueva- 
mente edificadas en las diócesis de Salamanca y Za- 
mora; y ensayó la versión de algunos salmos, como el 
Miserere; de algunos cánticos de la Sagrada Escritura» 
como el Magníficat y el Nunc dimUtis; de algunos 
himnos, como el Ave Maris Stella, el Quem térra pon- 
tus^ el Vexilla regis, y el Te Deum laudamus; y, final- 
mente, puso en verso el Pater Noster^ el Ave María, el 
Credo y la Salve, Son notables algunas de estas tra- 
ducciones por su fidelidad casi literal; pero ni en ellas 
ni en las poesías originales hay nada que recuerde la 
ternura y la suave efusión de Fray Iñigo de Mendoza 



PRÓLOGO XLI 

y de Fray Ambrosio Montesino, ni menos la robusta 
entonación del cartujano Padilla. Algunos villancicos 
Agradan, no obstante, por su misma sencillez inafecta- 
da; verbigracia, los que principian : 

•Quien tuviere por señora 
La Virffen Reina del Cielo, 
No tenga ningún recelo. 



¿A quién debo ¡yo llamar 
Vida mía. 
Sino á til Virgen María?... 



La música que acompaña á este último es de las 
más lindas y expresivas, según dictamen de Barbieri. 
Pero poéticamente son muy inferiores estas coplas á 
los villancicos profanos, siendo digno de notarse que 
el mismot Juan del Enzima trovó á lo divino algunos deT 
los que antes había compuesto á lo humano. Sirva de 
ejemplo el villancico dialogado que empieza : 

¿Quién te trajo, caballero, 
Por esta montan. i escura? — 
¡Aj, pastor, que mi ventura!... 

T 

Cuya trorva ó parodia á lo divino es esta : 

¿Quién te trajo, Criador, 
Por esta montana oscura? — 
Ay que tú, mi criatura... 

Y tan popular debió de hacerse, que sirvió de tema 
para otras poesías espirituales, entre ellas dos de Fray 
Ambrosio Montesino : 

¿Quién te trajo. Rey de gloria, * 

Por este*valle tan triste?— 



XLII LÍRICOS GASTELLLáNOS 

¡ A.y hombre! tú me trajiste. . . 



¿Quiéo te dió^ Rey, la fatiga 
Desté sudor oxtremadoV— 
¡Ay hombre! que tu pecado... 

Siendo de notar qqe esta última fué escrita por 
mandado de la Reina Católica. 

La visión alegórica, en el estilo de los4mitadores de 
Dante y Petrarca, y en las formas métricas consagra- 
das por Juan de Mena y el Marqués de Santillana, 
contó entre sus más asiduos cultivadores á Juan del 
Enzina; pero tampoco en este género, qué por lo arti- 
ficial y pomposo cuadraba mal con su índole, puede 
decirse que brillara mucho, quedando por de contado 
inferior, no sólo á Juan de Padilla, que á trechos 
muestra condiciones de gran poeta, sino al mismo 
Diego Guillen de Avila, que no pasaba de versificador 
lozano y abundante. Estas obras del vate salmantino 
son, entre otras, el Triunfo de Amor, dedicado al pri- 
mogénito de los Duques de Alba, D. García de Tole- 
do, á quien sus' malos hados destinaban á recibir en 
1510, desventurada, aunque gloriosa muerte, en los 
Gelves; el Triunfo de la Fama, compuesto en 1492 
para celebrar la rendición de Granada; y la Tragedia 
trovada á la dolorosa muerte del príncipe Don Juan, en 
1497 (1). Este funesto suceso, que también lloraron 
con acentos de verdadero y patriótico dolor el Comen- 



(1) Por ser posterior en un año á la primera edición del 
Cancionero^ no pado entrar en él; pero se imprimió aparte, en 
un pliego rarísimo, de letra gótica, cuatro hojas en folio, de 
papel y tipos idénticos á los del Cancionero^ al fin del cual se 
halla encuadernado en el ejemplar de* la Academia Española. 



PRÓLOGO • ' XLUÍ 

dador Homán y otros poetas de entonces, dio pretexto 
á Juan del Enzina para setenta y seis octavas de arte 
mayor, que empiezan de esta pedantesca manera, tan 
impropia de una lamentación : 

Despiertai despierta tus fuerzas, Pegaso, 
Tú que llevabas á Belerofonte; 
Llévame á ver aquel alto monte, 
Muéstrame el agua mejor del Parnaso. 
Do cobre el aliento de Homero y de Naso, 

Y el flato de Maro, y estilo de Anéo; 

Y pueda alcanzar favor sofocléo, 
Cantando en España muy mísero caso... 

Algo más vale el Triunfo de ¡a Fama (escrito poco 
después de haber terminado la versión de las Églo- 
gas de "Virgilio). Y en efecto, era casi imposible que 
tan magno acontecimiento como la consumación de la 
Reconquista dejase de tener algún eco sonoro en la lira 
de un poeta tan nacional, aun cuando usase las formas 
de la poesía cortesana. Pero el maldito artificio alegó- 
rico, reforzado con una erudición indigesta y de mala 
ley, lo estropea todo. Pisando servilmente las huellas 
de sus predecesores, y repitiendo visiones que cada 
vez iban siendo más empalagosas, Juan del Enzina se 

* 

supone transportado á la ñiente Castalia, «á do vio á 
:» muchos poetas beber por cobrar aliento de gran es- 
tilo». Es curiosa la enumeración de los españoles : 

Allí también vi de nuestra nación 
Muy claros varones, personas discretas, 
Acá en nuestra lengua muy grandes poetas, 
Prudentes, muy dotos, de gran perfección: 
Los nombres de algunos me acuerdo que son 
Aquel excelente varón Juan de Mena, 

Y el lindo Guevara, también Cartagena, 

Y el buen Juan Rodríguez, que fué del Padrén... 



XLiv líricos GASTCLLANOS 

Don Iñigo López Mendoza llamado 
Muy noble Marqués que fué en Santillana, 
Aquel que dejó doctrina muy sana, 
También con los otros allí fué llegado: 
Y el sabio Hernán Pérez de Guzmán nombrado, 
E Gómez Manrique también allí vino, 
£ el claro Don Jorge, su noble sobrino, 
E más otros muchos que tengo olvidado. 

Así que después que todos vinieron 
Cercaron la fuente con gran procesión, 
Ta&endo é cantando con mucha afición, 
E todos en orden del agua bebieron: 
Aquesto pasado, de allí se partieron, 
E fuéronse luego por esas montañas, 
Adonde tenían los unos cisibañas, 
Los otros sus cuevas en que se metieron. 

Yo que me estaba muy bien ascendido, 
Metido en la mata ya había gran rato, 
Pasó Juan de Mena, cuando no me cato, 
Tan cerca de mí que luego me vido: 
Después que me tuvo muy bien conocido 
E supo la causa de mi caminar, 
Mandóme en la fuente beber é hartar 
Porque gozase descanso complido. 

Juan de Mena, pues, cuyo Labytiního va remedando 
Enzina en lo que tiene de menos loable, es el guia que 
encamina los pasos del poeta al templo de la Fama, en 
cuyas varias estancias ve figuradas y entalladas la» 
historias de griegos y romanos y las de su propia na- 
ción, entre las cuales atraen principalmente sus ojos 
las glorias de Isabel y de Fernando, que enumera en 
versos no enteramente malos, pero de más entusiasmo 
patriótico que fuerza poética : 

Estaban encima de su real silla 
Pintadas las guerras, batallas venciendo, • 

A los portugueses matando y prendiendo, 



J 



PRÓLOGO XLT 

Lanzándolos fuera de nuestra Castilla: 
lia fuerte- batalla que puso mancilla 
En sus corazones cubiertos de lloro: 
Del todo vencidos allá cabe Toro, 

Y en Cantalapiedra dejaron la viíla. 

Allí vi también que estaban pintados - v . 

Dos mil robadores, ladrones, traidores, 
E de otras maneras otros' malhechores 
Por modos diversos alli justiciados: 
Al un cabo es tamban herejes quemados, 
E al otro la Fe muy mucho ensalzada; 
Por un cabo estaba la Santa Cruzada, 
Por otro salían judíos malvados. 

Vi luegfo pintada después de estas cosas 
La guerra de moros muy bien guerreada 
De todo aquel reino que llaman Granada, 
< Con sus serranías muy mucho graciosas. 



Lo flaco y lo fuerte, por fuerza ó por grado, 
Vasallos ó siervos sujetos quedaban, 
Los unos vencidos, los otros se daban, 

Y allí vi también su Rev cativado. 

y en cabo de todo vi grandes torneos, 

Y justas reales, y canas 3' toros. 
Ganada Granada, llorando los moros, 
Que vían cumplidos ya nuestros deseos* 

Y al Rey y á la Reina con rostros febeos 
Regir Occidente con buenas fortunas 
Desde las viejas hercúleas colunas 
Hasta los altos montes Pirineos.. « 

En esta última estancia el autor se levanta an poco 
«n alas de la grandeza de la materia; y es también un 
rasgo^ poético y feliz el presentar por remate del cua- 
dro histórico á los más famosos maestros de la estatua- 
ria griega, á los Lisipos, Praxiteles y Eidias, labran- 
do el trono del principe D. Juan, 

Gran principe nuestro ^ de principes flor,.. 



XLVr LÍBICOS CASTELLANOS 

troDo que el destino, encarnizado siempre con España 
ann en la cumbre de su poderío, no había de permitir- 
le ocupar; trocando en paños de dolor las vestiduras de 
regocijo, y en elegias los cantos triunfales. 

Si por su interés histórico puede soportarse la lec- 
tura del Triunfo de la Fama, no sucede lo mismo con 
el Triunfo de Amor, que quizá supera en pesadez á 
todos los innumerables Triunfos y Triunfetes. que 
compusieron los malos imitadores del Petrarca. En 
esta insulsa visión, que consta nada menos que de 
1.350 versos, no falta ninguno de los ornamentos pro- 
pios del género: el obligado sueño del poeta («sueña 
con caídas de modorra» que hubiera dicho Gallardo), 
la aparición del Dios Cupido, la descripción de los pa- 
lacios de la Libertad^ de la Razón y de la Ventura; las 
fiestas que se celebraron en el alcázar de Venus, que 
era un castillo de cuatro torres, donde estaba la Sen- 
sualidad de portera; el gran banquete á que asistieron 
la Hermosura y la Prudencia; con otras invenciones 
no menos nuevas y divertidas que éstas, y por supues- 
to con una interminable retahila de nombres históricos 
y mitológicos, puestos unos tras de otros, como en un 
padrón de vecindad. Lo único curioso que este poema 
contiene es una enumeración de los instrumentos mu- 
sicales usados en tiempo del autor. 

Pertenecen igualmente al género más trivial de la 
poesía de los Caucioneros, como ya sus títulos lo indi- 
can, el Testamento de Amores, la Confesión de Amores, 
la Justa de Amores : argumentos, si tal nombre mere- 
cen, tratados antes de él por innumerables trova- 
dores. 

Juan del Enzina, que á juzgar por las confesiones 



PRÓLOGO XLVir 



qae hace en sus obras, debía de ser muy enamoradizo, 
no acertó, como tampoco ningún otro de su escuela, con 
la sincera expresión del sentimiento amoroso, como no 
fuese en alguna de sus églogas dramáticas; pero se lu- 
ció mucho en el discreteo galante, compitiendo con el 
mismo Alvarez Gato, á quien se parece hasta en la irre- 
verente mezcolanza de lo sagrado y lo profano. En este 
género un tanto pecaminoso son una delicia las copias 
á su amiga en tiempo de Cuaresma. 

Para la poesía frivola, vulgarmente llamada de so- 
ciedad, tenía Juan del Enzina especial aptitud. Con 
amenidad y sin esfuerzo la hacia brotar de las circuns- 
tancias más triviales de la vida : coplas á tres gentiles 
mujeres, la una dueña, la otra beata y la otra donce- 
lla, que le demandaron colación, y á las cuales envía 
por burla nn cuarto de carnero, enseñándoles el modo 
de guisarle : coplas, más idéale^ y delicadas, á una se- 
ñora que, paseando por el campo, le dio un manojo de 
alhelíes blancos y morados, con otras flores que se lla- 
man maravillas : coplas á otra dama que le pidió un 
gallo para correr en su nombre. 

Su genio blando é inofensivo, rara vez muestra una 
punta satírica, como en las «coplas hechas en nombre 
»de una dueña á su marido, porque siendo ya viejo te- 
»nía amores con una criada suya.» Sus versos de bur- 
las, que más bien pudieran llamarse de recreación y 
pasatiempo, son de todo punto inofensivos, y parecen 
la expansión de un ánimo regocijado, que sólo se pro- 
pone hacer reir acumulando desatinos é incongruen- 
cias. Tiene en este género tres composiciones bas- 
tante chistosas, la Almoneda^ el Juicio sacado de lo 
más cierto de toda la astrología, y los llamados por an- 



XLVriI LÍBICOS CASTELLANOS 

tonomasia Disparates de Juan del Enziüa. La Almo- 
neda es el inventario del pobre ajuar de un estndiante 

perdido, qne le malbarata para ir á Bolonia: 

• 

Los que quisierea mercar 
Aquestas cosas siguientes, 
Mírenlas é paren mientes, 
Que no se deben tardar: 
Porque después de cenar 
Rl bachiller Babilonia 
Las quiere malbaratar; 
Que se quiere ir á estudiar 
Al estudio de Bolonia. 



Primeramente un Tobías 
E un Catón é un Doctrinal 
Con un Arte manual, 
E unas viejas Homelías: 
E un libro de cetrerías 
Para cazar quien pudiere, 
E unas nuev'as profecías 
Que dicen que en nuestros días 
Será lo que Dios quisiere (I). 

E un libro de las Consejas 
Del buen Pedro de Urdemalas (2), 
Con sus verdades muy ralad 
E sus hazañas bermejas: 
£ unos Refranes de viejas, 
E un libro de sanar potras, 
E un arte de pelar cejas, 
£ de tresquilar ovejas 
E mñs muchas obras otras... 



(1) Estos dos versos puso Qaevedo en la Vitiia de los chif 
Í€8 en boca de Pero Grullo. 

(2) Creo que es la primera vez que se nombra en nuestra 
literatura á este personaje legendario. ¿Habría ya algún libro 
de cuentos relativo á él? 



PRÓLOGO XLIX 



E unas muj^ buenas empalas 
De maroma no muy gorda, 
£ una buena lima sorda 
Para excusar alcabalas^: 
E un azadón é dos palas, 
E un par de ganzúas buenas 
Para poder hacer salas 
E mantener grandes galas 
Con las haciendas ajenas... 

E dos ollas con un jarro, 
E tres cántaros quebrados, 
E cuatro platos mellados 
Cubiertos todos de sarro: 
E un buen salero de barro 
. Con media blanca de sal, 
E una escudilla, é un tarro, 
E por mesa un gran guijarro, 
Por manteles un costal... 

Por este estilo prosigue una larguísima enumeración, 
in la cual figuran, entre otras cosas, 

Un silbato ó cornezuelo 
Para llamar las vecinas, 

...%. 

Unos dados é un tablero 
Para sacudir el cobre. 
Una vihuela sin son... 
Unos naipes sevillanos. 
Rotos ya de mil reniegos... 

Es imposible leer esta f aceda sin que venga inme- 
diatamente ¿ la memoria el Petü Testament de Fran-' 
cisco Villon, compuesto en 1456. La semejanza es visi- 
ble, pero no puede sospecharse relación directa en- 
tre ambos poetas, que trataron, cada uno á su manera, 
y con la libertad propia de su humor respectivo, un lu- 
gar Gomun de la poesía de la Edad Media, cuya forma 

Tomo VII. 4 



L líricos GASTBLbANOS 

más antigna de antor español creo que ha de encon- 
trarse en los versos provenzales inéditos del trovador 
Ser veri de Gerona, contemporáneo del rey don Pe^ 
dro ni. 

El Juicio sacado por Juan iü Enzina de lo má$ cier- 
to de toda la astrologia es la primera muestra que yo he 
visto> de esas composiciones burlescas que con titulo d» 
Juicio del año suelen estamparse en los almanaques. 
Paréceme que en esta donosa burle de las predicdonei^ 
astrológicas y meteorológicas de los zaragozanos de 
entonces, tiró Juan del Enzina á tejado conocido y muy 
cerca de su casa, poniendo en solfa, como vulgarmente 
se dice, los pronósticos de un cierto maestro Diego de . 
Torres, que, por rara coincidencia, á través de más de 
doscientos afíos, con su homónimo el festivo escritor 
salmantino de principios del siglo xviii, era como él 
catedrático de Matemáticas en la Universidad, y hacia 
también almanaques y predicciones, según lo indica el 
rarisimo libro que dio á luz con el rótulo de Medicinas 
^reservativas y curativas de la pestilencia que significa 
d eclipse de sol del año 1485, Fuera éste ú otro el as* 
trólogo satirizado por Juan del Enzina, cuando dice 

E por no perder el tino, 
No me meto en los planetas, 
En estrellas ni cometas. 
Ni quiero tratar de signo... 

no se puede negar cierta gracia á esta parodia, en que 
el poeta ya ensartando todo género de perogrulladas: 

Mas quiero, como supiere, 
Declarar las profecías 
Que dicen que en nuestros días 
Será lo que Dios quisiera: 



PRÓLOGO U 



Porque nadie desespere, . 
Hasta el año de quinientos 
Vivirá qaien no muriere. 
Será cierto lo que fuere 
Por más que corran los Tientos. 

E serán tiempos tan sanos 
Quel placer será deporte; 

Y estará el rey en la corte, 

Y en la corte cortesanos. 
Serán los hombres humanos 
Por humanos que los veas: 
Habrá tantos ciudadanos 
Que todos los aldeanos 
Morirán por las aldeas. 

El que no se baptizare 
No será de nuestra ley: 
Reinará cualquiera rey 
En el reino que reinare: 

Y el cardenal que papare, 
Si por dicha no se escapa» 
Si á Padre Santo llogpare, 
Aunque pese á quien pesare, 
No podrá escapar de Papa. 

Según los Evangelistas, 
Los que estudian por saber 
Estudiantes han de ser, 
Juristas ó no Juristas: 
Los filósofos é artistas. 
Los teólogos sagrados, 
Los honrados canonistas. 
Los médicos é legistas 
Serán, si fueren, letrados. 

En las partes de Oriente 
Tanta luz el sol dará, 
Que nascerá por allá 
Primero que por Poniente... 



Lii líricos castellanos 

Cuando el tiempo demudare 
En Ávila y en Segovia, 
La mujer que fuere novia 
* Parirá desque empreñare, 

Y en Madrid, quien madrugare ^ 
Levantarse ha de mañana; . 

Y el que en Toledo morare , 
Hallará) si bien contare, 

Que el que pierde poco gana... 

Lo que principalmente nos hace recordar composi- 
ción tan baladi, es que andando los tiempos tuvo el 
' honor de ser imitada y comentada con soberana chispa 
é incomparable sooarroneria por D. Francisco de Que- 
vedo, cuando en la Visita de los chistes hace profetizar 
á Pero Grullo «cosas que tienen más veras de laá que 
parecen». 

Muchas cosas nos dijeron 
Las antiguas profecías: 
Dijeron que en nuestros días 
Será lo que Dios quisiere. 



Las mujeres parir<in 
Si se empreñan y parieren, 
Y los hijos que tuvieren 
De quienes fueren serán... 

Volaráse con las plumas, 
Andaráse con los piesj- 
Serán seis dos veces tros... 

También Juan del Enzina figura entre los persona- 
jes populares y emblemáticos de este admirable Sueño, 
gracias á otra festiva composición suya que logró, sin 
saberse por qué, tanta notoriedad, que su titulo vino á 
ser inseparable del nombre de su autor, aun en tiem- 



PRÓLOGO Lía 

pos en que el Cancionero de éste yacía en el olvido más 
profundo. « Yivos de Satanás (dice la Sombra del poeta 
eyocada por Juan del Enzina), ¿qué me queréis que 
»me dejáis muerto y consumido?... Soy yo el malaven- 
» turado Juan de la Enzina, el que habiendo muchos 
»años que ^stoy aquí (en el otro mundo), toda la vida 
» andáis, en haciéndose un disparate ó en diciéndole 
» voso tros: «^o hiciera más Juan de la Encina; daca 
y>los disparates de Juan de la Encina,» Habéis de sa~ 
»ber que para hacer y decir disparates, todos los hom- 
»bres sois Juan de la Encina; y que este apellido de 
»£ncina es muy largo en cuanto á disparates... Y si 
»por hacer una necedad anda Juan de la Encina por 
» todos esos pulpitos y cátedras, con votos, gobiernos 
»y estados, enhoramala para ellos; que todo el mundo 
»es monte, y todos son Encinas.» 

Los tales disparates que justifican plenamente su 
nombre, y que sólo por su rara fortuna tradicional pue- 
den recordarse, comienzan de esta suerte : 

Anoche de madrugada, 
Ya después de medio día. 
Vi venir en romería 
Una nube muy cargada, 
Y un broquel con una espada 
En figura de hermitaño, 
Caballero en un escaüo... 

De estas desaforadas coplas, que tuvieron la virtud 
de convertir á su autor en un personaje de folk-lorCy , 
borrando casi en la fantasía de las sentes su persona- 
lidad histórica, no se desdeñó de hacer imitaciones 
(que el malo y casero gusto del siglo xviii celebró más 
que otras cosas muy amenas y sensatas de su autor) 



LIV LÍRICOS CASTELLANOS 

un ÍDgenio tan culto como D. Tomás de Triarte. Becuér- 
dense aquellas tan sabidas décimas con su glosa : 

vino un día Menelao, 
Sobrino de Faraón, 
Conducido en un simón 
Hasta el puerto de Bilbao... 

y las no menos famosas quintillas, que tienen más gra- 
cia porque parece que envuelven una burla de la pe- 
dantería de cierta casta de eruditos : 

En la Historia de Mariana 
Refíere Virgfilio un cuento 
De una ninfa de Diana, 
Que, por ser mala cristiana, 
Fué metida en un convento... 

Seria injusto quien, fijándose únicamente en compo- 
siciones de la ínfima laya de los Disparates trotados, 
confundiese á Juan del Enzina en el grupo de los co- 
pleros chabacanos y adocenados. Mucho tuvo de co- 
plero, como todos los poetas de su tiempo y de su es- 
cuela; pero también tuvo relámpagos de noble y deli- 
cada poesía. ¡Con qué tierna sencillez dice en la Con- 
solatoria á un amigo en la muerte de su madre, recor- 
dando los pensamientos de Jorge Manrique : 

¿Qué es la vida sino flores 
Nacidas en poco rato. 
Que ya cuando no me cato 
Tienen'muertas las colores? 
|0b qué dulzor de dulzores 
Morir una vez no más, 
Por cobrar sin más dolores 
Vida de grandes primores» 
Donde no mueren jamás! 



PRÓLOGO LY 

{Con qxxé gentileza caballeresca sale á la defensa de 
las mujeres, contradiciendo á los maldicientes trova- 
dores de la escuela de Torrellas! (1). Basgos hay en 
estas coplas que parecen dignos de la suave musa que 
dictó El JPremio del bien hablar : 

Si á mujeres ultrajamos, 
Miremos que deshonramos 
Las canas de nuestras madres. 



(1) Ko sabemos qué interpretación raoional puede darse á la 
extraña alusión que contienen estos versos del poema obsceno 
Pleito del Manto, incluido por primera vez en el Cancionero Ge- 
neral de 1614 : 

Ante Torrellas apelo, 
Que merece mil renoñibres. 
Porque sostuvo sin velo, 
Mientras estuvo en el suelo. 

fl partido de los hombres; 
si dijeren que es muerto. 
Por ser del siglo pasado. 
En Salamanca, por cierto, 
Un hij'i suyo encubierto 
Tiene su' poder cumplido. 
El cual es aquel varón 
Que muy justo determina, 
Sabidor con discreción 
Que llaman Juan del Encina'- 

Si se trata de paternidad física, tal especie necesitaría apoyo 
«n alg¿n documento m&s serio. T si se trata de paternidad in- 
telectual en el sentido de que Juan del Enzina hubiese adopta- 
-do ó heredado las ideas del caballero catalán y especialmente 
su aversión ¿ las mujems, que tan cara le costó, según la le- 
yenda; nada hay más contrario k lo que resulta de estos ver- 
sos, y especialmente del.final de ellos» que no seria gran mues- 
tra de ternura filial, si hubieía de tomarse al pie de la letra lo 
^ue dice el Pleito : 

¡Bendito quien las sirviere 
T ensalzare su corona! 
¡Viva, viva la persona 
Del que más suyo se viere! 
Muera quien mal las desea 
Peor muerte que Toreüas : 
En placer nunca se vea 
T de Dios maldito sea 
El que dijere mal de ellas! 



LVI líbicos GA&TflLLANOS 

Pero hay qne reconocer que en sus composiciones 
de más empeño, si Juan del Enzina acierta en ocasio- 
nes, rara^ ve:& se sostiene mucho. Su misma facilidad le 
hace verboso y prosaico : le falta aliño, le falta arte^ 
y á pesar, de sus aspiraciones dogmáticas, le falta tam<^ 
bien un elevado concepto de la poesía . Si no hubiera 
hecho más que triunfos dé la Fama y justas de amores, 
su nombre yacería tan olvidado como los de otros in- 
numerables poetas del siglo xv. Lo que le salva son los^ 
elementos musicales y populares de su poesía, sus vi- 
Uancicos y sus glosas. Sus composiciones mayores ya- 
cen como informes y pesados cuadrúpedos en el fondo 
de su Cancionero, mientras zumba en torno de ellos ux> 
enjambre de espíritus alados. Aquel germen bienhechor 
y misterioso de la canción popular, que salvó del ama- 
neramiento cortesano una porción, no grande, pero st 
selecta, de la poesía de los trovadores gallegos, y que 
luego en Castilla ciñó las sienes del docto Marqués de 
Santillana con una guirnalda de flores campesinas, más 
lozanas y vivideras que todas las que artificialmente 
había cultivado en los jardines de su erudición : la 
musa de las pastorela^, de las vaqueras, de las serrani- 
llas y de las villanescas fué también la que sacó de la 
medianía á Juan del Enzina, mareándole el rumbo pro> 
pió de su ingenio, y poniendo en sus labios un raudal 
de poesía dulce y sabrosa, natural y ligera, que tra- 
duce sin esfuerzo las impresiones de la juventud, de la 
primavera sonriente, del amor fácil. El estudio de es- 
tas canciones será siempre incompleto para el que na 
puede apreciar el mérito de las sencillas melodías que 
las acompañan, y que no son extrañas al tema, como 
sucede, por ejemplo, en las canciones de Béranger, sino 



PROLOGO LVIl 

qne fueron compuestas ad hoc por el mismo poeta. Bigc^ 
quien sepa y pueda si en esta música de palacio había, 
como yo sospechO) elementos populares, que con el 
tiempo habían de prevalecer y de emanciparse. En las 
letras no cabe duda que los hay, si bien incorporados 
en una tradición lírica de carácter artístico. Algunas de 
estas letras, que el poeta mismo califica de ajenas, 
parecen más antiguas que él, y tienen sabor de frag- 
mentos de romance viejo : 

¡Oh castillo de Montantes, 
Por mi mal te conocí! 
¡Cuitada de la mi madre 
Que no tiene más de á mí!... 

El mismo Juan del Enzina había hecho romances, no 
solamente amorosos, sino también históricos y de asun- 
to contemporáneo, como el de la toma de Granada: 

¿Qué es de ti, desconsolado? 
¿Qué es de ti, rey de Granada?... 

menos inspirado á la verdad que el brioso villancico, 
en forma de diálogo, que compuso sobre el mismo ar- 
gumento: 

Levanta, Pascual, levanta; 
Aballamos á Granada, 
Que se suena que esi tomada. .. 

—Pues el ganado se extiende. 
Déjalo bien extender; 
Porque ya puede pacer 
Seguramente hasta allende. 
Anda acá, no teestés ende. 
Mira cuánta llamarada; 
¡Que se suena que es tomada! 

—¡Oh qué Reyes tan benditos! 
Vamonos, vamonos yendo, 



Lviri líricos ca&tellanos 

Que ya te voy percreyendo 
Segú» oyó grandes gritos. 
Llevemos estos cabritos, 
Porque habrá venta chapada; 
Que se suena que es tomada. 

— Aballa^ toma tu hato, 
Con tárete á maravilla 
Cómo se entregó la villa, 
Según dicen, no ha gran rato. 
¡Oh quién viera tan gran trato 
Al tiempo que fué entregada! 
Que se suena que es tomada. 



Ya luego allá estarán todos 
Metidos en la ciudad 
Con muy gran solenidad, 
Con dulces cantos é modos. 
¡Oh claridad de los godos, - 
Reyes de gloria'uombrada! 
Que se suena que es tomadal 

¡Qué consuelo é qué conorte, 
Ver por torres é garitas 
Alzar las cruces benditas! 
¡Oh qué placer é deporte! 
Y entraba toda la corte 
A milagro ataviada, 
Que se suena que es tomada... 

Por otra parte, es muy de notar que Juan del Enzina 
aplicó música nueva y de su composición (1) al roman- 
ce viejo del Conde Claros: «Pésame de vos, el Conde», 
y quizá á algún otro; lo cual probaria, si menester fue- 
se, su trato y comercio continuo con la musa vulgar. 
Sin ella no hubiera atinada nunca con estribillos tan 
felices como éstos: 



(i) Nám. 329 del Cancionero musical de BarbierL 



PRÓLOGO LIX 

Montesina era la g^arza 
E de muy alto vo!ar: 
No bay quien la pueda tomar... 

^ Decidme, pues, sospirastes, 
Caballero, ques gocéis, 
/,Qaién es la que más queréis?... 

RomeritOj tú que vienes 
De donde mi vida está, 
liES nuevas della me da... 

MucHos de estos villancicos son dialogados, y anuncian 
ja en embrión al poeta dramático que con poco más 
desarrollo hizo sas églogas. Los más yJos mejores son 
pastoriles, y los hay sacros y profanos. Los del Naci- 
miento tienen una gracia casi infantil. En los de amo« 
res villanescos suele haber una punta de candorosa ma- 
licia, que fué siempre la salsa del género, y que en las 
parodias realistas del Arcipreste de Hita había pasado 
algunas veces de la raya. Dentro de ella se contiene 
casi siempre Juan del Enzina en los deliciosos villan- 
cicos que principian: 

Daca, bailemos, carillo, 
Al son des te caramillo... 

Una amiga tengo, hermano, 
Galana de gran valía, 
¡Juro á Dios! más es la mía... 

Pedro, bien te quiero, 
Maguera vaquero... 

Ya soy desposado, 
líuestramo. 
Ya soy desposado... 

y otros muchos que pudiéramos citar, 4;an ricos de vo- 
cabulario rústico, tan suelta y limpiamente versifica- 



Lx líricos castellanos 

dos, que parece que respiran olor de trébol y de reta- 
ma. En la poesía bucólica española, que es género 
muy distinto de la égloga clásica, Juan del Enzina e» 
un encantador maestro, y bien puede decirse que sólo> 
fué superado por los grandes dramaturgos del siglo xvii, 
por Lope y Tirso. 

Algunos de estos villancicos de Enzina, aunque no> 
por cierto los mejores ni los que más conservan el sa« 
bor del terruño de Salamanca, han logrado favor has- 
ta entre los versificadores cultos y los críticos de la es- 
cuela clásica. Y no es raro encontrar en antologías y 
Poéticas tan rígidas como la de Martínez de la Eosa^ 
citados con elogio versos como éstos: 

¡Ay triste que vengo 
Vencido de amor^ 
Maguera pastor! 

Más sano me fuera 
No ir al mercado, 
Que no que viniera 
Tan aquerenciado; 
Que Tengo coitado, 
Vencido de amor. 
Maguera pastor, . . 

Con yista halaguera 
Mírela, é miróme: 
Yo no sé quién era. 
Mas ella agradóme, 
E fuese, é dejóme 
Vencido de amor. 
Maguera pastor. . . 

Da ver su presencia 
Quedé cariñoso, 
Quedé sin hemencla, 
Quedé sin reposo. 
Quedé muy cuidoso, 
Vencido de amor, 



PRÓLOGO LXÍ 

Maguera pastor. . . 

Más. vale trocar 
Placer por dolores, 
Que estar sin amores. 

Donde es gradecido 
Es dulce morir; 
Vivir en olvido 
Aquel no es vivir; 
Mejor eÉ sufrir 
Pasión y dolores 
Que estar sin amores... 

En la estructura de los versos cortos, ningún trovador 
del siglo XV excedió ¿ Juan del Enzina, porque nadie 
probablemente le igualaba en talento musical. ¡Con qué 
£uidez corren los hexasilabos de sui^ idilios! 

Tan buen ganadico, 

Y más en tal yaUe^ 
Placer es guardalte. 

6anado d' altura 

Y más de tal casta, 
Muy presto se gasta 
Su mala postura; 

Y en buena verdura, 

Y más en tal valle, 
Placer es guardalle. 

Ansí que yo quiero 
Guardar £qí ganado 
Por todo este prado 
De muy buen apero: 
Con este tempero, 

Y más en tal valle, 
Placer es g%*ardalle... (1) 



(I) Este villancico no se halla en el Cancionero de Juan del 
Enzina, pero si en ol Cancionero musical de la Biblioteca de Pa- 
lacio. Otra .vaviaate de él, ó más bien otra composición anóni- 
ma sobre el mismo tema, se lee en un pliego suelto gótico que 
empieza con las Coplas de Anión Vaquerizo de Morana. 



LXii líbicos castellanos 

jCon qué suave languidez y pausado timbre suenan 
las coplas de pie quebrado! 

Ya cerradas son las puertas 

De mi vida, 
Y la llave es ya perdida... 
Hermitaüo quiero ser 

Por ver, 
Hermitano quiero ser... 

Crescerán mis barbas tanto 
Cuanto crescicre mi pena; 
Pediré con triste llanto: 
«Dad para la Magdalena.» 
SI me quisieren valer, 

Por ver, 
HermitaÜo quiero ser... 

Quizá que por mi ventura 
Andando de puerta en puerta. 
Veré la gentil tigura 
De quien tien mi vida muerta; 
Si saliesse á responder, 

Por ver, 
Hermitalio quiero ser... 

Los sospiros encubiertos 
Que he callado por mi daño, 
Hora serán descubiertos 
En hábito de bermi tallo. 
Hora ganar 6 perder; 

Por ver, 
HermitaBo quiero ser... 

Aun la relativa inferioridad de Juan del Enzina en 
la poesía religiosa tiene, en esta parte de su Canciones 
ro, brillantes excepciones, sin duda porque le ayudaban 
la música y el metro, como lo prueban los dos lindos, 
devotos y afectuosos villancicos que comienzan: 

/,A quién debo yo llamar 
Vida mía, 



PRÓLOGO JLXIII 

Sino á ti, VirgOD María?... 
Pues que tú, Reina del Cielo, 
Tanto -vales, 
Da remedio á nuestros males... 

Dicho queda que Juan del Enzina hizo romances, y 
aun hemos tenido ocasión de mencionar alguno. Y 
aunque todos ellos vayan en consonantes perfectos, se- 
gún el uso de los trovadores de aquel tiempo, y perte- 
nezcan de lleno á la escuela cortesana, aun en ellos se 
revela el alma popular del poeta; y á veces lo narrativo 
y caballeresco se infiltra á través de lo sentimental: 

Por unos puertos arriba 
De montaña muy escura, 
Caminaba el Caballero 
Lastimado de tristura. 
El caballo deja muerto 
Y él á pie por su ventura. 
Andando de sierra en sierra, 
De camino no se cura. 
Huyendo dé las florestas, 
Huyendo de la frescura... (1) 

Pero no fué en la lírica propiamente dicha donde 
Enzina dio mayores pruebas de talento poético. Hay 
otra región vastísima del arte en que nadie puede ne- 



(1) De estos romances aconsonantados era fácil el tr&nsito 
á las redondillas, trabando los versos impares, como alguna vea 
hizo Juan del Enzina: 

To me estaba reposando» 
Durmiendo como solía, ^ . 

Recordé triste llorando W 

La gran pena que sentía... 

Es exactamente el metro en que esb& compuesto el antiguo 
Poema de Alfonso Onceno, 



hxiv líricos castellanos 

garle la gloria de iniciador, y de maestro de una escue- 
la cuya vida se prolongó por más de medio siglo sin 
alterar substancialmente el tipo de representación dra- 
mática que él üjó. Y aunque la apreciación detenida de 
tales obras incumbe más particularmente á la historia 
del teatro, es imposible dejar de hacer aquí alguna 
mención de ellas, tanto porque su conocimiento es in- 
dispensable para estimar toda la importancia del poeta 
salmantino, cuanto por el número y valor de los ele- 
mentos líricos que en este primitivo teatro se mez- 
claron. 

Y ante todo, ¿cuál es el verdadero puesto que Juan 
del "Enzina debe ocupa.r en la historia de los orígenes 
del drama nacional? ¿En qué consistieron realmente 
sus innovaciones? 

Casi sin salvedad alguna se le puede clasificar como 
nuestro más antiguo poeta dramático de nombre cono- 
cido. Y digo casi, porque el descubrimiento del Gando • 
ñero de Gómez Manrique nos ha ofrecido el texto de 
dos brevísimas Bepresentaciones del Nacimiento y de la 
Fasión, que seguramente son anteriores á las guyas. 
Pero el ningún artificio escénico y la extraordinaria 
sencillez de dichas piezas, destinadas á un convento de 
monjas, no permiten ponerlas en comparación con un 
teatro tan copioso, tan vario y relativamente tan 
desarrollado como el de Enzina. Gómez Manrique, y 
seguramente otros trovadores del siglo xv, pudieron 
ser ocasionalmente poetas dramáticos, pero sólo Juan 
del Enzina lo fué de un modo intencional, con voca- 
ción, con perseverancia, y con una marcha ascendente 
desde sus primeras obras hasta las últimas; siempre en 
demanda de formas nuevas y más complicadas. 



PRÓLOGO LXV 

No se eqaivocó, pues, la voz popular cuando llamó 
á Enzlna «padre de la comedia española». Pero cíomo 
quiera que los primeros escritores que le dieron tal 
dictado vivieron en tiempos e^ que su Cancionero es- 
taba muy olvidado, no es maravilla que mezclasen con 
UQ hecho' cierto tradiciones fabulosas. Asi el discreto 
representante Agastin de Enojas, en su famosa Loa de 
la Comedia (1603), que se cita siempre al tratar de este 
asunto, no sólo restringe á tres el número de las églo- 
gas de Enzina, sino que equivoca los nombres de sus 
Mecenas: 

Y donde más ha subido 
Hj quüates la com3dia 
Ha sido (Ion de más tarde 
Se ha alcanzado el uso del! a; 
Que es en nuestra madre España. 
Porque en la dichosa era 
Que aquellos gloriosos reyes, ' 
Dignos de memoria eterna, 
Don Fernando é Isabel 
(Que ya con los santos reinan), 
De echar de Espafia acababan 
Todos los moriscos que eran 
De aquel reino de Granada, • 
Y entonces se daba en ella 
Principio á la Inquisición, 
Se le dio á nuestra comedia 
Juan de la Enziba el primero, 
Aquel insigne poeta, 
Qus tanto bien empezó; 
De quien tenemos tres églogas 
Que él mismo representó 
Al ali^irante y duquesa 
De Castilla y de Infantado,' 
Que éstas fueron las primeras; 
, Y para más honra suya 
Tomo VIL 5 



Lxvi LrniGos castellanos 

Y de la comedia ouestra, 
En los días que CoIóq 
Descubrió la gran riqueza 
De Indias y Nuevo Mundo, 

Y él Gran Capitán empieza 
A sujetar aquel reino 

De Ñapóles y su tierra, ♦ 

A descubrirse empezó 

ir 

El uso de la comedia, 

Porque todos se animasen 

A emprender cosas tan buenas... 

Sia más apoyo que estas noticias del Viaje éntrete- 
nido, pero cometiendo nuevos errores, quizá por no 
haberlas entendido bien, el cronista Rodrigo Méndez 
Silva en su Catálogo real y cronológico, tan atropella- 
do cómo todas sus obras, dio por sentado que «en el 
ano de 1492 comenzaron en Castilla las compaTiias á 
representar públicamente comedias por Juan del Enzi- 
na, poeta de gran donaire, graciosidad y entretenimien- 
to», siendo asi que Rojas no habla de representaciones 
públicas ni menos de compañías de cómicos: térmi- 
no enteramente impropio y absurdo cuando se trata 
del siglo XV. Y finalmente, puso el colmo al disparata 
D. Blas Antonio Nasarre estampando en su prologa á 
las Comedias de Cervantes la estupenda noticia de una 
pieza cómica de Juan del Enzina, representada en casa 
del Conde de Ureña para festejar á los Reyes Católicos 
en sus bodas celebradas en 1469: fecha en que el supues* 
to autor de ests. pieza cómica, ó ingeniosa pastoral, como 
la llama Jovellanos, no había cumplido todavía vn año. 

Dejando aparte tales desvarios, lo que importa ad- 
vertir es que en ninguna de las piezas sacras ó profa- 
nas de Enzina se encuentra el más leve indicio de 



PRÓLOGO LXvir 

haber nido objeto de representación popular « y menos 
pcH* compañías de cómicos asalariados. Las más anti- 
guas fueron representadas en casa de los Duques de 
Alba: de otra consta que lo fué ante el Príncipe Don 
Juan : la Farsa de Plácida y Vitonano, ó quizá alguna 
otra comedia que no conocemos, lo fué en Boma, en 
casa del Cardenal de Arbórea. De las restantes nada^ 
puede afirmarse. 

Por consiguiente, cuando se dice que Juan del En- 
ziná emancipó y secularizó nuestro drama, se dice algo 
que en el fondo es verdadero, no sólo porque ninguna 
de SU3 piezas tuvo por escenario la iglesia, sino porque 
sus representacione|^ profanas son notablemente supe- 
riores á las devotas en número, en extensión y en mé> 
rito. Pero se olvida, por una parte, que el drama de la 
Edad Media no era exclusivamente hierático, puesto 
que al lado de los misterios existían los juegos de escar- 
nio, y otros rudimentos de farsa profana; y por otra, 
que el tránsito del teatro de la iglesia al de la plaza 
pública no en todas partes fué inmediato, sino que apa- 
reció muchas veces como forma intermedia el teatro 
aristocrático y cortesano, al cual, por las circunstancias 
externas y materiales de su representación, pertenecen 
las obras de Enzina, aunque sean profundamente po— 
pulares sn inspiración y su estilo. 

Nace este teatro, en su parte religiosa, de un fondo 
común á todas las literaturas de la Edad Media: del 
drama que en su forma latina, y aun en sus más anti- 
guas formas vulgares, bien puede ser calificado de li- 
túrgico, puesto que de la liturgia nació, siendo coma 
una ampliación popular de ella. Recuérdese, por ejem- 
plo, que un sermón de San Agustín, el Vos, inquam. 



LXVlir LTRICOS CASTELLANOS 

convenio, o Judaei, que se leía en la vigilia de la Nati- 
vidad del Señor, dio nacimiento á todo el ciclo de los 
Profetas de Cristo, de qué forma parte el célebre canto 
de la Sibila, varias veces romanceado en los dialectos 
de la lengua de Oc. La más antigua muestra d& drama 
litúrgico latino es el Misterio de los Reyes Magos de la 
catedral de Nevers, copiado en un códice del año 1060; 
y por notable. coincidencia es también Misterio dé los 
Reyes Magos la más antigua muestra conocida hasta 
ahora del drama religioso en nuestra lengua; Misterio 
que por otra parte compite en antigüedad con los de 
más remota fecha en cualquiera de las lenguas vulga- 
res, y quizá cede sólo al Misterio d^ las vírgenes fatuas^ 
mixto de latín y provenzal. 

Pero por un fenómeno, á primera vista inexplicable, 
España, que puede presentar uno de los primeros ensa- 
yos de representación piadosa, ya completamente ro- 
manceada, y que fué de todas las naciones moderiias 
la que más tiempo retuvo el género, la que le perfec- 
cionó y amplificó y le dio sus fprmas definitivas en la 
comedia de sanios y en el auto sacramental^ es la que 
menor número de misterios de la Edad Media posee, 
pues en castellano no vuelve á haber otro hasta Gómez 
Manrique, que es de las postrimerías del siglo ^v; y 
en catalán, aunque las noticias de representaciones 
abundan más (1), los ejemplos se reducen á un frag- 
mento de misterio de la Magdalena, del siglo xiy (que 
contiene por cierto la historia legendaria de Judas, 



(1) Véase el cariosísimo estadio del Dr. Milá y Fontnnals 
Orígenes del teatro catatán, qae he publicado en el tomo sexto 
de sus Obras (1893). 



PRÓLOGO LXIX 

" » ■ 

análoga á la de Edipo), y á los textos, vivos todavía en 
la representación popular, pero segaramente muy mo- 
dernizados en la lengua, de los tres misterios que se 
recitan en los carros ó rocas del día del Corpus en 
Valencia; y del famosísimo de la villa de Elche (Trán- 
sito y Asunción de Nuestra Señora), que es hoy entre 
nosotros la única supervivencia que sepamos del pn- 
mitivo drama religioso con sus peculiares caracteres, 
esto es, dentro de la iglesia y con el concurso del clero 
y del pueblo. 

Tan extraordinaria laguna en nuestros riquísimos 
anales dramáticos contrasta de tal modo con la prodi- 
giosa abundancia de dramas litúrgicos latióos, de mis- 
terios franceses, de sacre Rappresentaziorti italianas, de 
miracle-plays ingleses, que verdaderamente no sabe 
uno á qué atribuirla. Y aunque nuestros archivos ecle- 
siásticos, todavía vírgenes en gran parte, quizá nos 
guarden sobre este punto alguna agradable sorpresa, y 
nos sea dado leer algún nuevo misterio de los siglos 
XIV y XV, no creemos que tan hipotéticos hallazgos 
lleguen á modificar mucho la impresión de pobreza que 
en este ramo ofrece nuestra literatura anterior al Ee- 
nacimiento, formando pasmoso contraste con la enérgi- 
ca vitalidad que desde entonces cobra el drama nacio- 
nal, sacro y profano, hasta que en tiempo de Lope sus 
ramas llegan á cobijar á toda Europa. 

Varias causas pueden señalarse de tal penuria de 
documentos : la poca importancia que se daba á la la- 
bor-literaria en obras que giraban siempre ^obre los 
mismos tópicos desarrollados de la misma manera, y 
en que la parte del poeta Qra seguramente menos es. 
timada que la del músico y el maquinista: y el no 



LXX LÍRICOS CASTELLANOS 

haber existido aquí, como en otras partes, cofradias 
dramáticas, verdaderos gremios de aficionados á este 
género de representaciones, y en cuyas manos el drama 
religioso, secularizándose cada vez más, llegó á aquella 
prolifíca vegetación de las Moralidades y de los. Mis- 
terios franceses del siglo xv : poemas de enorme ex- 
tensión algunos de ellos, y ligados á veces formando 
ciclo. Si en España son raros los misterios; dé las mo- 
ralidades (piezas de carácter alegórico, con mezcla y 
aun predominio de elementos satíricos), no se halla ni 
el nombre siqniera, k) cual no es decir que fuesen 
enteramente desconocidas, puesto que en el teatro 
del siglo XVI encontramos algunas piezas calificadas 
de representaciones morales, que seguramente no ve- 
nían de Francia. Los destinos de este género han sido 
muy varios: en Francia, y aun en Inglaterra (cu- 
ya primitiva literatura dramática es una secuela de 
la francesa), siguió una tendencia decididamente rea- 
lista y prosaica, y de las abstracciones éticas fué 
pasando por grados á ser rudo esbozo de comedia de 
carácter, confundiéndose á veces con las f arces y las 
sotties. En España, donde el teatro religioso persistió 
cuando en todas partes había muerto, y nunca dege- 
neró enteramente de su primitivo espíritu, la parte ale- 
górica de las moralidades se combinó con el elemento 
histórico y dramático de los misterios, engendrando la 
nueva y más depurada forma del auto sacramental, en 
que aparecieron compenetrados los dos principios gene- 
radores del drama teológico, la Biblia y la Escolástica, 
Y si bien se mira, una moralidad sería aquella co- 
media alegórica que en 1414 compuso D. Enrique de 
Yillena para las fiestas de la coronación de D. Fernán- 



PRÓLOGO LIEXI 

«do el HonestOf en Zaragoza, puesto que en ella inter- 
veníafi como personajes la Justicia; la Verdad, la Paz 
y la Misericordia, conforme al versículo 1 1 del salmo 
S4 : <í Misericordia et Veritas ohviavsruni sibi : Justitia 
^t Pax osculatae sunt» 

El teatro del siglo xvi (único teatro que tenemos 
anterior al de Lope de Vega) recogió las tradiciones 
•del perdido drama religioso de los «glos medios, y sir- 
ve indirectamente para confirmar su existencia. Es 
•cierto que no se habla ya de misterios ni de moralida- 
des, prefiriéndose ios nombres de égloga, farsa, repre- 
sentación, auto, y aun tragicomedia alegórica; pero 
¿quién duda que la Victoria Christi del bachiller Barto- 
lomé Palau, por ejemplo, en que se desarrolla toda la 
-economía del Antiguo y Nuevo Testamento, es un in- 
menso misterio cíclico; y que, por el contrario, la Farsa 
Moral, de Diego Sánchez de Badajoz, «en que se re- 
»presenta cómo las cuatro virtudes cardinales endere- 
:»zan los actos humanos», ó su Farsa racional dd libre ^ 
albedrío, «en que se representa la batalla que hay en- 
»tre el Espíritu y la Carne», ó su Farsa de la Iglesia, 
ó la del Juego de cañas espiritual de virtudes contra vi- 
cios, ó la Danza de los pecados, soá moralidades hechas 
y derechas; sin que falte en otras muchas de su autor, 
especialmente en la Farsa militar y en la Farsa de la 
Muerte, ni siquiera una desvergonzadísima parte satí- 
rica que las acerca más y más á sus congéneres del 
otro lado de los Pirineos? ¿Qué es sino una moralidad 
inmensa, una sátira general de las costumbres y de los 
estados humanos, el Auto de las Cortes de la Muerte, 
que comenzó Micael de Carvajal, y terminó Luis Hur- 
tado de Toledo? 



LXXII LÍRICOS CASTELLANOS 

La persisteccia de estas formas del teatro medioeval, 
cuándo ya en todas partes iban desaparecienlio, e» 
quizá la principal razón que explica la pérdida de los 
textos anteriores : razón análoga á la que trajo la pér- 
dida casi completa de nuestra primitiva poesía épica 
en su forma de cantares de gesta. Cuanto más popular 
y vivo es un género, más sujetas están á continua mu- 
tación sus formas. Lo que ayer fué versos de gesta, 
mañana. se ingiere en la prosa historial, ó se desmenu- 
za en fragmentos épico-líricos, ó invade el teatro, y de 
poesía narrativa se convierte en activa. Del mismo 
modo el drama popular, al secularizarse, recibe la he- 
rencia del teatro litúrgico y semilitúrgico, le combina 
coü todo género de elementos profanos, y entierra las 
toscas formas antiguas bajo el prestigio de las nuevas. 

Esta segunda era comienza, sin disputa, en Juan del 
Enzina. La obra anterior á él era anónima y colectiva : 
la suya tiene ya el sell(> de la individualidad, hasta en 
aquellas primeras composiciones suyas que parecen más 
ajustadas al canon hierático. Cinco de estas piezas per- 
tenecen á aquel género de representaciones que los 
clérigos pueden facer, segan las palabras déla ley de 
Partida (1 .*, tít. VI* ley 34) : ^assí como de la nacencia 
:»de nuestro señor Jesucristo en que muestra cómo el 
i> ángel vino á los pastores , é cómo les dijo cómo era Je- 
isucristo nacido.,, é de su resurrección j que muestra que 
9 fué crucificado é i'esucitó al tercero día : tales cosas 
»como estas que mueven al orne á facer bien é á haber de* 
:^voción en la fe, 3 Cumplen enteramente con estos pre- 
ceptos las representaciones de Pasión y de Eesurrec- 
ción que compuso Enzina para el oratorio de los Du- 
ques de Alba: diálogos sobremanera sencillos, algo 



PRÓLOGO LXXfil 

fiios quizá en la expresión de afectos, por la índole 
poco ascética del poeta (que en esta parte queda muy 
inferior á su coetáneo Lucas Pernández), pero decoro* 
sos, intachables en la ortodoxia y hasta en el respeto 
con que se trata el tema evai/gélico, buscando siempre 
la forma indirecta ( 1 ) . 

Pero las tres églogas de Navidad son cosa muy di;- 
versa, porque en ellas el elemento profano alterna con 
el devoto, y á veces se sobrepone á ól. El júbilo de la 
fiesta convidaba á usar de mencs severidad, y autor 
y espectadores podían entregarse sin remilgos á una 
alegría infantil, franca y sana. La intervención de los 
pastores cuadraba maravillosamente á esto, y ya hemos 
dicho que otros poetas coetáneos de Euzina ó poco an- 
teriores á él, como el franciscano Fray Iñigo de Mendo- 
za en su Vita Christi, habían desarrollado el cuadro de 
la Adoración con los mismos toques de bucólica realista» 



(1) Representación á la muy bendita pasión y muerte de Nues- 
tro precioso Redemptor: adonde se introducen dos ermitaños, et 
uno viejo y el otro mozo', razonúndose como entre padre y hyo, ca- 
mino del Santo Sepulcro: y estando ya delante del monumento alle- 
góse á razonar ctn ellos una mujer llamada Verónica, á guien 
Cristo, cuando le llevaban d crucificar, dejó itnprimida la figura de 
su glorioso rostro en un paño que. ella le dio para se afimpiar del 
sudor y sangre que iba corriendo. Va esto mesmo introducido un 
Ángel que vino d contemplar en el monumento, y les trajo consuelo 
y esperanza de la santa resurrección. 

Representación^ á la santisima resurrección de Cristo: adonde se 
introducen Jbsefy la Madalena, y los dos discipulos que iban al 
castillo de Emnús; los cuales eran Clecfas y San Lucas, y cada uno 
cuenta de qué manera le apareció nu-stro Redentor, Y primer» 
Josef comienza contemplando el sepulcro en que d Cristo sepultót 
y después entró la Madalena, y estándose razonando con él, intra" 
ron los otros dos discípulos; y en fin, vino un Ángel á ellcspor leí 
aereeeentat el alegría y la fe de la resurrección. 



LXXIV LÍRICOS CASTELLANOS 

Pero en Jaan del Enzina el mismo nombre clásico de 
égloga (1), no usado hasta entonces en nuestra literatu- 
ra, que yo recuerde, y que luego siguió nuestro poeta 
aplicando á la mayor parte de sus farsas profanas, indica 
un propósito deliberado de dar importancia á lo pasto- 
rily en que él sobresalía, según confesión de sus pro- 
pios émulos. El nombre le tomó de Virgilio» cuando 
tradujo sus Bucólicas; y algo más que el nombre tomó, 
según creo : cierto concepto ideal y poético de la vida 
rústica, que en él se va desenvohiendo lentamente, no 
en contraposición, sino en combinación con el remedo, 
¿ veces tosco y zafío, de los hábitos y lenguaje de los 



(1) Égloga representada en la noche de la Navidad de nuestro 
Salvador, adonde se introducen dus pastores, uno llamado Juan, é 
otro Mateo; é aquel que Juan se llamaba, entró primero en la sala 
adonde el duque é duquesa estaban, é en nombre de Juan del Enzi- 
na llegó á presentar cient coplas de aquesta fiesta á la señora du- 
quesa: é el otro pastor llamado Mateo, entró después desto, é en 
nombre de los detractores é maldicientes' comenzóse á razonar con 
él, é Juan estando muy alegre é ufano, porque sus señorías le ka" 
Man pa recebido por suyo, venció la malicia del otro. Adonde pro- 
metió que venido el mayo sacarla la compilación de todas sus obras, 
porque se las usurpaban é corrompían, é porque no pensasen que 
toda su obra era pastoril, según algunos decian, mas antes conos- 
ciesen que á más se ejctendia su saber, 

— Égloga representada en la misma noche de Navidad, adonde 
se introducen los mesmos pastores de arriba: é estando éstos en la 
sala adonde los maitines se decian, entraron otros dos pastores, 
que Lucas é Marco se llamaban, é todos cuatro en nombre de los 
cuatro evangelistas, de la natividad de Cristo se comenzaron á ra- 
zonar, 

— Égloga trovada por Juan del Enzina, representada la noche 
de Navidad, en la cual d cuatro pastores, Mignellejo, Juan, Ro- 
drigo é Antón llamados, que sobre los infortunios de las grandes 
lluvias é la muerte de %tn sacristán se razonaban, un ángel aparet- 
■ce, é el nascimiento del Salvador les anunciando, ellos con diver- 
sos dones á su visitación se aparejan. 



príSlogo lxxv 

villanos de su tiempo. En alguna obra de su ultima- 
manera pecó por el extremo contrario, haciendo pasto- 
res sentimentales, como los de la égloga de Fileno^ 
Zambardo y Cardonio, Obedecía entonces á otras in- 
fluencias que luego notaremos. Pero es profundamen- 
te virgiliano, á pesar de la 'llaneza de expresión, el 
sentimiento de este delicioso pasaje de una de las églo- 
gas de Mingo y Pascuala : 

Cata, Gil, que las mañanas 
En el c^impo hay gran frescor; 
E tiene muy gran sabor 
La sombra de las cabanas. 

Quien es duecho de dormir 
Con el ganado dd noche, 
No creas que no reproche 
El palaciego vivir. 
¡Oh qué-gasajo es oír 
El sonido de los grillos 
Y el tañer los caramillos! 
No hay quien lo pueda decir. 

Ya sabes qué gozo siente 
El Pastor muy caluroso 

V 

' En beber con gran reposo 

De bruzas agua en la fuente; 
O de la que va corriente 
y Por el cascajal bullendo, 
,Qu« se va toda riendo. 
¡Oh qué pracer tan valiente!... 

Se ve que el humilde poeta que escribió esto, había 
traducido antes el Fortúnate senex, y guardaba algún 
eco de él en lo má,s recóndito de su alma. 

Ya antes de Juan del Enzina, y antes que influyese 
en España la égloga clásica, los pastores, además del 
papel que desempeñaban en los autos de Navidad, 
habían servido para otros fines artísticos. Las famosas 



LXXVI ÚRICOS GAST£LLANOS 

coplas de Mingo Revulgo, que son un diálogo aunqxie 
sin acción, presentan ya el mismo tipo de lenguaje vi- 
llanesco que predomina en el teatro de nuestro autor, 
con la diferencia de ser en Juan del Enzina poética- 
mente desinteresada la imitación de los afectos y cos- 
tumbres de los serranos, al paso que en Mingo Revul- 
go sirve de disfraz alegórico á una sátira política. Este 
peculiar dialecto, en que mucha parte de las primitivas 
farsas y églogas están compuestas, ha sido calificado 
por algunos de say agües, entendiendo por tal el de la 
pequeña comarca de Satyago, en la provincia de Zamo- 
ra; pero aunque carezco de datos para afirmar ni negar 
nada, por falta de conocimiento personal del habla po- 
pular de aquella región, cuyo estudio está tan virgen 
como el de los demás dialectos leoneses y castellanos» 
me parece algo circunscrita dicha, denominación, pues 
no creo que Enzina, ni Lucas Fernández, ni ninguno 
de sus imitadores se sujetasen con estricta fidelidad á 
la reproducción de un determinado tipo dialectal, sino 
que tomaron palabras é inflexiones de varias partes, 
y forjaron ellos otras muchas, creando asi, con elemen- 
tos de origen popular, pero exagerados hasta la cari- 
catura, una jerigonza literaria convencional, que Ro- 
drigo de Eeinosa llamaba lengua pastoril. Tal es el pro- 
cedimiento con que los poetas cultos han tratado siem - 
pre los dialectos, y no hay razón para creer que aquí 
sucediese otra cosa. El Auto del Repelón , que en algu- 
nos pasajes es obscurísimo, parece, no ya imitación, 
sino grotesca parodia del lenguaje de los aldeanos que 
acudían al mercado de Salamanca. No creemos que mu- 
chos de los barbarismos que el autor pone en su boca 
se hayan dicho jamás, aun por la gente más ruda. De 



PRÓLOGO LXXVd 

todos modos, el ñlólogo tiene mucho qne espigar alli. 

El diálogo en Juan del Enzina es casi siempre fá- 
cil, vivo y gracioso. En esta parte esencial del arte 
dramático se mostró muy aventajado desde el princi» 
pío. Hemos visto que algunos de sus villancicos esta- 
ban ya dialogados, y de ellos á la égloga, el paso no 
«ra dificil. Pero además de su buen instinto, tenia ya 
modelos en los Cancioneros. Una serie de trovadores, 
que quizá se remonta á D. Pedro González de Mendo- 
za, abuelo del Marqués de Santillana, se habían valido 
de este artificio, ya para expresar graves y filosóficos 
pensamientos, como en el Blas contra fortuna; ya para 
el discreteo amoroso, en que sobresalió el rey de armas 
Fernán Mojica. Y en uno de estos diálogos, en el de 
Bodrigo de Cota, que no sabemos si fué representado» 
pero que tiene todas las trazas de haberlo sido, Iiabia 
ya algán contraste de afectos y una pequeña fábula con 
nudo y desenlace. Juan del Enzina, que manifiesta- 
mente le imitó en la Égloga de CHslino y Febea, debe 
ser contado también entre los herederos de estas tra- 
diciones de la poesía cortesana. 

El aparato escénico en las églogas y farsas de Juan 
del Enzina es tan sencillo, que no induce á creer que 
en su elemental teatro influyesen mucho aquellas pom- 
posas representaciones palaciegas conocidas con el 
nombre de momos^ de que tantas veces se hace men- 
ción en las crónicas (especialmente en la del Condesta- 
ble Miguel Lucas de Iranzo), y que á veces tenían pa- 
labras, como es de ver en una de Gómez Manrique; 
aunque sólo en lo exterior participasen . del carácter 
dramático. Pero seguramente influyó en el arte profa* 
no de Enzina, el teatro popular de los tiempos medios. 



Lxxviii líricos castellanos 

cíuya existencia es indudable por rodo, por tosco, por 
embrionario que le supongamos. Este teatro era inde- 
pendiente del litúrgico, aunque á veces llegara á in— 
vadir sus dominios, profanándole. Debió de nacer 
espontáneamente, por tendencias imitativas y satíri* 
cas que están en el fondo mismo de la naturaleza 
humana, sin necesidad de tradición literaria. La de 
la comedia clásica es de todo punto inverosímil, por- 
que no fué popular nunca, y en los últimos tiempo» 
del Imperio vivía sólo en los libros. Las pantomimas- 
burlescas y obscenas, últimos espectáculos de la Bo- 
ma degenerada, habían sucumbido en todas parte» 
bajo los anatemas de la Iglesia, y nada restaba de 
ellas, como no fuese en el fondo obscuro de ciertos re- 
gocijos y fiestas populares, como las de Antruejo ó 
Carnestolendas. El teatro satírico de la Edad Media 
tenía su nombre propio, que consta en una ley de Par- 
tida: «Los clérigos non deb^n ser facedores de juegcs 
<íde escarnio porque los vengan á ver gentes cómo se fa- 
»cen : é si otros omes los fícieren, non deben los cléri* 
»gos hi venir, porque facen hi muchas villanías é des- 
^aposturas : nin deben otrosí estas cosas facer en las 
»eglesias, antes decimos que los deben echar de ellas 
3>deshonradamente á los que lo ficieren : cá la eglesia 
»de Dios es fecha para orar é non para facer escarnios 
»en ella. » Otra ley declara viles á este género de his- 
triones : «Otrosí los que son juglares é los remedadores 
»é losjacedores de los zaharrones que públicamente an- 
»dan por el pueblo ó cantan ó facen juegos por pre- 
»cio» (1). 



(1) Partidas 1.", tit. VI, ley 34, y 7.», tit. VI, ley 4. 



PBÓLOGO LXXIX 

Creemos que se enlazan por remota derivación coo^ 
los juegos de escarnio (natnralmente, muy modificado» 
por el progreso de la cultura) algunas represen tacione» 
de Juan del Enzina, especialmente el Auto del Repe- 
lón (1), que en dos ó tres pasajes fri^a con la obsceni- 
dad (si no es demasiado maliciosa la interpretación que 
les damos), y que por lo rudo y plebeyo del estilo, por 
la enérgica grosería de las burlas, anuncia, aunque tos- 
camente, los futuros entremeses, á los cuales hasta se 
parece en acabar & palos. 

Mucho más comedidas son las dos églogas repre- 
sentadas en noche de Antruejo; en la primera de las 
cuales, asi como en otras piezas suyas, se valió opor- 
tunamente Enzina de las circunstancias históricas del 
momento para dar algún interés al diálogo. Pero la 
segunda (2) es verdadera égloga de Carnestolendas, 



(1) Aucto del Jifipelón. En el cual ge introducen d%8 pattoree, 
Piernicaerto é Johan Paramas, los cuales, estanco vendiendo su 
mercaderia en la plaza, llegaron ciertos estudiantes que los repela- 
ron, faciéndoles otras burlas peores. Los aldeanos, partidos el 
uno del otro por escaparse dellos, el Johan Paramas se fué á casa 
de un caballero: é entrando en la sala, fallándose fuera del peli- 
gro, comenzó á contar lo que le acaeseió. Sobreviene Piemicuerto 
en la rezaga, que le dice cómo todo el hato se ha perdido; é entró 
un Estudiante, estando ellos f ablando á refacer la chanza, al cual 
como le vieron solo, echaron de la sala. Sobrevienen otros dos pas- 
tores, é le r anta Juan Paramas un villancico. 

(2) Égloga representada en la noche postrera de Carnal, que 
dicen de Antruejo ó CamestoUendas: adonde se introducen cuatro 
pastores, llamados Beneito y Bras, Pedruelo y Lloriente. Y pri- 
mero B'eneito entró en la sala adonde el Duque g Duquesa estaban, 
y comenzó mucho d dolerse y acuitarse porque se sonaba que el 
Duque, su selor, se habia de partir á la guerra de Francia; y lue- 
go tras él entró el que llamaban B^as, preguntándiAe la causa de 
su dolor; y después llamaron á Pedruelo, el cual les dló nuevas de 
paz, y en Jin^ vino Lloriente que les ayudó d cantar. 



LS.XX LÍBICOS GASTELLASiOS 

6n que se dramatiza el antigao tema poético de la ba- 
talla de D. Carnaval con Doña Cuaresma, terminando 
con un himno báquico y epicúreo: nunc est bibendam: 

Hoy comamos y babamos 

Y cantemos y holguemos, 
Qao manaua ayunar3mos. 

Por honra de Sant Antruejo 
Parémonos hoy bien anchos, 
Embutamos estos panchos, 
Recalquemos el pellejo. 
Que costumbre es de concejo 
Que todos hoy nos hartemos, 
Que mañana ayunáramos... 

Tomemos hoy gasajado, 
Que muBana vien la muerto; 
Bebamos, comamos huerta; 
Vamonos cara el ganado. 
No perderemos bocado, 
Que comiendo nos iremos 

Y mañana ayunaremos. 

Enzina di6 un gran paso hacia la verdadera comedia 
en las dos églogas que, por los nombres de sus interlo- 
cutores, pudiéramos llamar de Mitigo^ Gil y Pascua^ 
la, las cuales, en realidad, pueden considerarse como 
dos actos de un mismo pequeño drama, por más que 



Égloga representada la mesma noche de Antruejo ó Camestollen- 
das: adonde se introducen los mesmos pastores de arriba, llamados 
Beneito y Bra», Uoriente y Pelruefo. Y primero Beneito entró 
en la Sala adonde el Duque y Duquesa estaban, y tendido en el 
suelo, de gran reposo comemó á cenar; y luego Bras, que ya había 
cenado, entró diciendo € Carnal fuera* , mas importunado de Be- 
neito, tornó otra vez á cenar con él, y estando cenando y razonándo- 
se sobre la venida de Cuaresma, entraron Lloriente y Pedruelo, y 
todos cuatro Juntamente, comiendo y cantado con mucho placer, 
dieron fin á su festejar. 



' > 



PHÓLOfiO LXXXI 

iúeron escritas y representadas en años distintos. Por 
•la frescura del estilo y por la lindeza de la versifica - 
-ción, son, sin dispata, lo mejor de la qne podemos lla- 
mar su primera manera. Pero hay también en ellas un 
artificio, aunque candoroso, superior al de las restan- 
tes. El contraste entre la vida cortesana y la campesina, 
«on los efectos que causa el rápido tránsito de la una á 
la otra en personas criadas en uno ú otro -de estos me- 
dios, está representado en esta graciosa miniatura por 
«1 escudero á quien el amor de una zagala liace tor- 
narse pastor, y por dos pastores transformados súbi- 
tamente en palaciegos. El diálogo es más vivo y más 
constantemente feliz que en obra alguna del poeta. 
Quizá el gran Lope no desdeñó acordarse de estos in- 
fantiles balbuceos del drama cuando en Los prados de 
León y en otr^s comedias suyas presentó análogas si- 
tuaciones, humanas y simpáticas siempre, y que abrian 
ancho camino á su raro talento de pintor de la natu- 
raleza y de la vida de los campos. 

Aun los villancicos de estas dos piezas son de los 
mejores de Juan del Enzina, y en uno de ellos la poe- 
4sia lírica va acompai!Ladá del baile : innovación que 
también habia de ser fecunda en resultados para el 
arte escénico : * 

Qasajémonos de hiicía: 
Que el pesar ' 
Viéoese sin le buscar. 

Qasajemos esta vida, 
Descruciemos del trabajo; 
Quien pudiere baber gasajo, 
Del cordojo ae despida. 
Délo, déle despedida; 
Que el pesar 
Tomo VII. 6 



LXXXII LÍRICOS CASTELLANOS 

Viénese sin le buscar. 

De los fioo^os bajamos 
Con. todos nuestros poderes; 
Andemos tras los placeres, 
Los pesares aburramos. 
Tras los placeres corramos; 

Qu' el pesar ^ 

Viénese sin le buscar... 

No exageraba Barbieri cuando consideraba á Juan 
del Enzina como patriarca del género dramático-mu- 
sical, conocido entre nosotros con el nombre de zar- 
zuela. Es cierto que el elemento musical ^e concreta 4 
los villancicos con que las piezas terminan; y que al- 
gunos de ellos han de .considerarse como meros acce- 
sorios líricos que podrían eliminarse de la fábula siu? 
perjuicio de su integridad, aunque siempre guardan 
alguna relación con el íondo de ella, l^ero otros son 
intensamente dramáticos, como éste, que tiene todp el 
carácter de un coro, en que parece que se siente el 
ruido de las esquilas del ganado, y el chasquido de la 
honda del pastor : 

Repastemos el ganado. 
iHurrialU! 
Queda, queda, que se va. 

Ya DO es tiempo de majada 
Ni de estar en zancadillas; 
.*^alen las Siete Cabrillas, 
La media nocbe es pasada, . 
Viénese la madrugada. 

¡Hurriallál 
Queda, queda, que se va. 

Queda, queda acá el vezado. 
Helo va por aquel cerro; 
Arremete con el perro 



PRÓLOGO LXXXriI 

Y arrójala su cayado, 

Que anda todo desmandado. 

¡Hurriallá! 
Queda, queda, que se va... (1) 

Cierra dignamente este primer grupo del teatro de 
Juan del Enzina una primorosa representación sin tí- 
tulo, hecha ante el Principe D. Juan, y que se distin- 
gue de todas las demás por la intervención de un per- 
sonaje alegórico, el Amor, que abre la escena con un 
soliloquio (como más tarde había de hacerlo en el 
Aminta del Tasso), encareciendo en pulidos y acica- 
lados versos, su incontrastable poderío (2). Hay en 



(1) Eyloga representada en requesta de unos amores: adonde se 
introduce una pastorcica, llamada Pascuala, que yendo cantando 
con su ganado, entró en la sale adonde el Duque y Duquesa esta- 
ban. Y luego después delta entró un pastor llamado Mingo, y co- 
menzó á requerilla; y estando en su requesta, llegó un escudero, que 
también preso ds sus amores, requestándola y altercando el uno 
con el otro, se la sosacó y se tomó pastor por ella. 

Égloga representada por las mesmas personas que en la de arri- 
ba van introducidas, que son un pastor que de antes era escudero, 
llamado Gil, y Pascuala, y Mingo, y su esposa Menga, que de nue- 
vo agora aguí se introduce, JT primero Gil entró en la sala adonde 
el Duque y Duquesa estaban,- y Mingo, que iba con él, quedóse á 
la puerta espantado, que no osó entran y después, importunado de 
Gil, entró y en nombre de Juan del Eazina llegó ú presentar al 
Duque y Duquesa, sus señores, la copiladón de todas sus obras, y 
allí prometió de no trovar más, salvo lo que sus senarias le manda- 
sen, Y después llamaron á Pascuala y á Menga, y cantaron y bai- 
íaron con ellas, Y otra vez tomándose á razonar alli, dejó Gil el 
hábito de- pastor t que ya habiatraido un año, y tomóse del palacio y 
con él Juntamente la su Pascuala. Y en fin, Mingo y su esposa Men- 
ga, viéndolos mudados del palacio, crecióles envidia, y aunque re- 
cibieron pena de dejar los hábitos pastoriles, también ellos quisie- 
ron tomarse del palacio y probar la vida d'él. Asi que todos cua- 
tro Juntos, muy bien ataviados, dieron fin á la representación can-^ 
tando el villancico del cabo, 

(2) Representado!^ por Juan del Enzina, ante el muy esclares 



LXXXIY LIRIGOS CASTELLANOS ' 

estos versos claras reminiscencias del Diálogo de Ro- 
drigo de Cota, pero la imitación sostiene la competen- 
cia con el original : / 

Prende mi yerba do lleg'a; 
Y en llegando al corazón, 
La vista de la razón 
Luego ciega. 
Mi guerra nunca sosiega; 
Mis artes, fuerzas é mañas, 

E mis sanas, 
Mis bravezas, mis enojos, 
Cuando encaran á los ojos, 
Luego enclavan las entrañas. 

Mis saetas lastimeras 
Hacen siempre tiros francos 
En los hitos v en los blancos 

Muy certerasr 
Muy pencsas, muy ligeras. 
Soy muy certero en tirar 

Y en volar, 
Más que nunca nadie fué; 
Afición, querer y fe 
Ponerlo puedo é quitar. 



Doy diobosa é triste suerte: 
Doy trabajo é doy descanso; 
Yo soy fiero, yo soy manso. 

Yo soy fuerte. 
Yq doy vida, yo doy muerte. 



^ido é muy Ulustre Príncipe don Juan, nuestro soberano señor.' 
Introdüeense dos pastores, Bras é Juanillo t é con ellos un Escude- 
rOf que d las voces de otro pcutor^ Pelayo llamadoi sobrevinievon; 
el cual, de las doradas /rechas del Amor mal herido se quefaba¡ al 
cual, andando por dehesa vedada con sus freehas é arco^ de su 
gran poder u/andndoset el sobredicho pastor habia querido prendar.. 
Gallardo, al reimprimir esta pieza en el número 5.^ de El 
Criticónt la llamó El triunfo de amor. 



PRÓLOGO LXXXY 



^ . 



E cebo los corazones 

De pasioDes, 
De sospiros é cuidados. 
Yo sostengo los penados 
Esperando gualardones. 

Hago de mis serviciales 
Los groseros ser polidos, 
Los polidos más locidqs 

Y especiales; 
Los escasos liberales. 
Hago de los aldeanos * 

Cortesanos, 
£ á los simples ^er discretos, 
£ los discretos porfetos, 
E á los grandes muy humanos. 
. E á los más é más potentes 
Hago ser más sojuzgados; 
E á los más acobardados 

Ser vnlientea; ^ 

E á los mudos elocuentes; 
E á los más botos é rudos 

Ser agudos. 
Mi poder haze é deshaze. 
Hago más cuando me place: 
Los elocuentes ser mudos. 
Hago de dos voluntades 
Una mesma voluntad: 
Renuevo con novedad 

Las edades, 
E ajeno las libertades. 
Si quiero, pongo en concordia 

Y en discordia. 
Mando lo bueno é lo malo. 

Yo tengo el mando y él palo. 
Crueldad, misericordia. 

Puedo tanto cuanto quiero* 
No tengo par' ni segundo. 
Tengo casi todo €l mundo 



Lxxxvi Líricos CASTELLANOS 

Por entero, 
Por vasallo é prisionero: 
Príncipes y Emperadores 

E señores, 
Perlados é no perlados; 
Tengo de todos esUdos, 
Hasta los brutos pastores. 

No diré, como Gallardo, que todo esto sea ático; 
pero si que es una poesía muy lozana, que halaga apa- 
ciblemente el oído, y que brota con espontaneidad 
suma de un ingenio verdaderamente poético, aunque 
no muy profundo. 

¿Marcó nuevos rumbos á este ingenio su larga resi- 
dencia en Italia? ¿Ha de atribuirse á ella el mayor ade- 
lante^ artístico que muestran bajo ciertos respectos las 
tres únicas piezas conocidas hoy de su segunda mane- 
ra : la Égloga de Fileno y Zambardo, la Farsa de Pldci- 
da y Vítor iano, la Égloga de Cristino y Febea? Esta su- 
posición, que á primera vista parece fundada cuando 
Sólo se atiende á los datos biografíeos de Enzina, y al 
hecho de haberse representado é impreso en Boma una, 
por lo menos, de estas farsas, no resulta confirmada 
por el examen de las piezas mismas, en las cuales, con 
la mejor voluntad del mundo, nada hemos podido en- 
contrar que directamente recuerde el teatro italiano, 
salvo en una de ellas el uso del prólogo ó introito. Lo 
único que puede admitirse es que eL espectáculo de co- 
medias más desarrolladas y más ricas de elementos 
dramáticos que las suyas, le hiciesen ampliar su cua- 
dro y dar más realce á los personajes, más intensidad, 
viveza y nervio á la expresión. Pero aun esto no puede 
afirmarse sin cautela. En primer lugar, en tiempo de 



PBOLOQO 



Lxxxvri 



Juan del £nzina había muy pocas comedias italianas» 
reduciéndose en rigor á cuatro: la Cassaria y los Sup- 
positi del Ariosto,.que son de 1508 y 1509; la Calan- 
dria, del Cardenal Bibbiena, representada en la corte de 
Urbino el 6 de Febrero de 1613, y la Mandrágola de 
Maquiavelo, cuya íeclía precisa no se sabe, pero si que >. 
no puede ser anteriora 1512. Léanse estas cuatro pro- 
-ducciones: cotéjense luego con las farsas de Enzi- 
na, y la cuestión quedará resuelta por sí misma. Esas 
piezas son verdaderas comedias : las de Enzina no lo 
éon. Ariosto y Bibbiena' reproducen fielmente el tipo 
de la comedia latina: la Calandria es una licenciosa 
repetición de la intriga de los Meneemos; I suppositi es 
nna combinación (ó como se decía en tiempo de Teren- 
<5Ío), contaminación del Eunuco y de los Cautivos, Sólo 
Maquiavelo había hecho una comedia original, genui- 
namente italiana, que sería admirable si pudiera pres- 
<;indirse de la profunda inmoralidad del argumento» 
¿Qué tiene que ver nada de esto con los pastores y los 
ermitaños del pobre Juan del Enzina, que con haber 
pasado en E^oma la mitad de su vida, nunca, perdió el 
hábito charro ni el dejo salamanquino? 

Los modelos que influyeron en él, los que modifíca- 
Ton su gusto después de la publicación de su Cancio- 
-neróy fueron dos libros castellanos en prosa, de muy 
desigual mérito, pero igualmente leídos por sus con- 
temporáneos: la Cárcel de amor y de Diego de San Pe- 
dro, y la Celestina. La primera había puesto de moda 
ift casuística sentimental, los devaneos de la pasión, la 
apoteosis del suicidio por amor: la segunda había 
«bierto las fuentes del realismo más amplio, y queda- 
ba como un tipo dramático posible para lo porvenir» 



LXXXVm LÍRICOS ^CASTiSIXAKOS 

auDque su misma perfección la relegase 4.1a lectura jf 
la privase de influencia directa sobre el arte de ax^ 
tiempo.' 

' Enzina se asimiló de uno y otro libro algunos ele^ 
mentos, y los incorporó bien ó mal en si;i incipiente- 
dramaturgia; si bien de la CélesUna no acertó áimitar 
sino la parte más trivial, las escenas de bajo cómico^ 
las qué por su grosería misma habían de tentar más á. 
los lectores vulgares y á los imitadores de CQrto vuelo. 
Una escena episódica» ya citada, de la^Ioga de Flá- 
cida p Vitpriano, basta y sobra para cpmprender lo 
qu9 Encina podía bacer en este .género. | 

Mucho más se inspiró en la Cárcel de Amor, porque 
no era tan inaccesible el 'Modelo» y además porque su 
educación de trovador le ayudaba. Pu$o en buenas 
coplas aquellas eternas lamentaciones de esquiveces y 
desdenes; tr&tó con bastante habilidad todos lósluga-r 
res comunes del romanticismo erótico; y buscó el efec^ 
to trágico haciendo que sus enamorados se diesen* 
cruda muerte por sus propias manos; si bien en la. 
Farsa de Plácida y Vitoriano, condolido de la mala, 
suerte dé la protagonista, hizo que la propia,^ diosa. 
Venus bajase á resucitarla por ministerio de Mercurio.. 
Los escrúpulos da ortodoxia le detuvieron todavía- 
menos que al autor de la Cárcel, En el primitivo final 
de la égloga de Fileno y Zambardo, tal como se lee en 
la edición suelta gótica, aunque luego se suprimió en 
el Cancionero de 1509, se canoniza con la mayor fres- 
cura al suicida pastor Zambardo (1). En la Farsa i^ 



(1) ZAMBARDO ' 

No Tueguen por él, Cardonio, que es eaiicto« 
T así lo debemos nos de tener. 



I 



FBÓLOGo Lxxync 



Tlácida y Vitoriano, la irreverencia y la profanación 
van todavía más lejos, y nadie se asombrará de que el 
Santo Oficio la pusiera en sns índices, cuando lea hi 
Vigitia de la enamorada muerta, que es una monstruo- 
sa parodia de las preces por los difuntos, en el estilo de 
ItLa^lÁciones de Job, de Garci Sánchez de Badajoz, 6 
de la Misa de Amor^ dé Suero de Ribera, y co^ invo- 
caciones de esta guisa: 

Cupido, KirieleisoQ*, <, 

Divii Venus, Christelcison; ' 

Cupido, Kirieleisón; t 

ó cuando llegue á la oración, no menos estrambótica 
y malsonante, que Yitoriano hace á la diosa Venus, 
encomendándole, su alma para que la ponga con las 
de Fíramo y Tisbe y Hero y Leandro. 

La égloga de Fileno y Zambardo (que Juan: de Val- 
des llama comedia 6 farsa) difiere de todas las demá» 
de mi autor por la continua gravedad del estilo, sin 
mezcla alguna de gracejos, y por la entonación y én- 
fasis déla versificación, que es siempre en coplai^ de 
arte mayor ; metro nada propio del teatro, lo cual 
aéjrecienta el mérito de Juan del Enzina en algunos ^ 

trozos en que la expresión de los afectos es viva y ele» , 

gante, sin menoscabo de la sencillez : ' 



Pues vamos llamar los dos sin carcoma 
Al muy santo crego que lo canonice; ^ 
Aquel que en vulgar romance se dice 
Allá entre groseros el Papa de Boma. 



GIL 

¿Qué es lo que queréis, oh nobres pastores? 

ZAMBARDO 

Queremos rogar queráis entonar 

Un triste réquiem que diga de amores. 



%G LÍRICOS CASTELLANO^ 

La sierpe y el tigre, el oso, et león, 
A quien la natura produjo feroces, 
Por curso de tiempo conoscen 1a^ yoces 
De quien los gobierna, y humildes le son. 
Mas ésta, do nunca mora compasión, 
Aunque la sigo deápués que soy hombre 
Y soy hecho ronco llamando su aombre. 
Ni me oye, ni muestra sentir mi pasión (1). 

Otros lagares de esta peqaeña tragedia caen eñ lo 
declamatorio, y adolecen de languidez y monotonía; 
pero el conjunto satisface por la templada armonía de 
sentimiento y estilo, y no carece de cierta poesía me- 
lancólica, siendo además digna de notarse la semejan- 
za que tiene este cuadrito dramático con el episodio de 
Orisóstomo en el Quixofe, y con la canción del deses- 
perado pastor. 

Menos me contenta la égloga ó farsa de Plácida y 
Viforiano (2), no obstante que tan buen critico como 



(1) Égloga trovada por Juan del J^nzina^ en la cual se introdu- 
cen ir es pastores^ Fileno ^ Zambardo é Cardonio, Donde se recuer- 
da cómo este Fileno ^ preso de amor de una mujer llamada Cefira^ 
de cuyos /imores viéndose muy desfavorecido % cuenta sus penas á 
Zambardo y Cardonio. El cual, no /"aliando en ellos remedio, por 
éus propias manos se mata. 

(2) Égloga nuevamente írovada por Juan del Enzina, en la 
cual se introducen dos enamorados, llamada ella Plácida y él Vi- 
foriano: agora nuevamente emendada, y añadido un argumento, 
siquier introdución da toda la obra, en coplas, y más otras doce 
coplas gue /altaban en las otras que de antes eran impresas. Con el 
<Nunc dimittis^ trovado por el bachiller Femando de Yanguas. 
(Con nn largo argumento en prosa, distinto del Introito en ver- 
so, puesto en boca de Gil Cestero, que también cuenta de ante- 
mano la fábula de la pieza: 

Por daros algún solacio 
Y gasajo y alegría. 
Ahora que estoy de espacio 
Me vengo acá por palacio. 



PROLOGO XGI 

Jaan de Valdés la puso sobre todas las restantes. Es 
más larga que ninguna, y tiene más complicación de 
•elementos dramátióos, ya sentimentales, ya naturalis- 
tas, ya fantásticos y mitológicos, pero no están combi- 
nados, sino meramente yuxtapuestos, con tan poco arT 
tifício, que más de la mitad de las escenas (si tal nom- 
bre merecen) podrían disgregarse, sin qué se cercena- 
ra en un ápice el pobrisimo argumento. Se ve que 
esta pieza tiene más pretensiones literarias que nin- 
guna de las otras, acaso en consideración al auditorio 
romano, para quien fué escrita y representada. El 
autor en algunos versos del Introito la llamó comedia^ 
y este mismo Introito, cuyo uso generalizó después 
el ingenioso autor de la Propaladia, es remedo clari- 



Y aun vemá más compafíia. 

¿SaV'éis quién? 
Gente que sabrá muy bien 
Mostraros su fantasía- 

Veraá primero una dama 
Desesperada de amor. 
La cual Plácida se llama, 
Encendida en viva llama. 
Que se va con eran dolor 

Y querella 
Viendo que se aparta della 
Un íraláu su servidor. 

Entrará luego un galán, 
El cual es Vitoríano, 
Lleno de pena y afán 
Que sus amores le dan, 
Sin poder jamás ser sano: 

Porque halla 
Que l'es forzado y dejalla 
No es posible ni en su mano. 

Y él mismo lidia consigo, 

Y con el su pensamiento; 
Mas con Suplicio, su amigo, 
Eslinda su pensamiento. 

Por hallar 
Remedio para aplacar 
El dolor de su tormento. 

Y aconséjale Suplicio 
Que siga nuevos amores , 
]Je Flugencia y su serricio, 



XCII líricos CASTELLáNCS 

simo de los prólogos del teatro latino é italiano : x^nizá 
la única cosa que Juan del Enzina tomó de ellos. La 
versificación es excelente, sobre todo en los monólogos 
de Plácida, que expresan con ardor y vehemencia 1& 
rabióse pasión de los celos. En esta parte afectiva 
nunca Enzina había rayado tan alto, y á esto atendería 
principalmente Juan de Valdés en su elogio : 

¡Que se vaya!... Yo estoy loca, 
Qae digo tal herejía... 
Lástima que tanto toca, 
¿Cómo salió por mi boca? 
¡Oh qué loca fantasía! 

Fuera, fuera, 
Nanea Dios tal cosa quiera; 
Que en su vida está la mía. 



Porque con tal ejercicio 
Se quitan viejos dolores. 

Mas aqueste 
Hirióle de mortal peste, 
Que las curas son peores. 

T no se puede sufrir 
Sin á Plácida tomarse 
Aunque se fuerza á partir; 
Tornando por la servir, 
Halla que fué á emboscarse. 

Un pastor 
Le da nuevas de dolor 
JJiciendo que fué á matarse. 

Y con él en busca della 
Va Suplicio juntamente. 
Yendo razonando della 
Hallan, qu'eeta dama bella 
Se mató cabe una fuente. 

Y él así . 
Se quiere matar allí, 

Y Venus no lo consiente. 
Mas antes hace venir 

A Mercurio desd'el cielo. 
Que la venga á resurgir 

Y le dé nuevo vivir, 

De modo que su gran duelo 
Se remedia. 

Y así acaba esta comedia 
Con gran placer y consuelo. 



PRÓLOGO XGftl 



^ Cúmplase lo que Dios quiera; 
Venga ya la muerte mía, 
Si le place que yo muera. 
¡Oh quién le viera é oyera 
X«os juramentos que hacía 

Por me haher! 
¡Oh maldita la mujer 
<2ae en juras de hombres confía! 

Do está el corazón abierto, 
Las puertas se abren de Buyó. 
Ko vernfi, yo lo si cáerto; 
Con otra tiene concierto; . 
exultada, ¿por qué no huyo? 

¿Dónde estoy? 
No sé' por qué no me voy, 
'Que esperando me destruyo... 

Coutra tal apartamiento 

. Ko prestan hechicerías, 

Tíi aprovecha encantamento; 

Echo palabras al viento 

Penando nocnes é días. 
¿Dónde estás? 

f Di, ♦Vitoriano, ¿do vas? 

Di, ¿no son tus penas mías? 

Di, mi dulce enamorado, 

^,No me escuchas ni me sientes? 

¿Dónde estás, desamorado?' 

¿No te duele mi cuidado, 

Ni me traes á tus mientes? 

¿Do la fe? 

Di, Vitoriano, ¿por qué 

Me dejas y te arrepientes? 

¡Oh fortuna dolorosa! 
¡Oh triste desfortuuada, 
Q'io no tengo dicha en cosa, 
Siendo rica y poderx>sa, 



XOf? LÍRICOS CASTELLANOS 

Y de tal emparentada! 

Fados son: 
En el viernes de Pasión 
Creo que sey baptizada. 



Quiero sin duda' ninguna 
Procurar de aborrecello; 
Mas ¡niña! desde la cuna 
Creo que Dios 6 fortuna . . 
Me predestinó en querello. 

¡Qué lindeza, 
Qué saber y qui firmeza, 
Qué gentil hombre y qué bello! 

No le puedo querer mal, 
Aunque á mí peor me trate. 
No Yeo ninguno tal, 
Ni á sus gracias nadie igual. 
Por más que entre mil lo cate. 

Mas con todo, 
Vivir quiero de este modo. 
Por más que siempre me mate. 

Por las ásperas montanas, 

Y los bosques más sombríos 
Mostrar quiero mis entradas 

A las fieras alimañas * 

Y á las fuentes y á los ríos; 
Que aunque crudos, 
Aunque sin razón y mudos, 
Sentirán lo'i males míos... 



Esto es pasión de mujer enamorada y celosa. La» 
quejas é imprecaciones de la pharmaceutria de Teócri- 
to y de Virgilio (que quizá recordaba Juan del Enzi- 
na, puesto que las había traducido en las Bucólicas del 
mantuano) son más artísticas, pero no m&s sinceras ni 
más humanas que éstas. ¿Quién sabe á dónde hubiera 
podido llegar en época más adelantada para el arte 



PBÓL060 XGV 

dramático, el poeta que de tal modo hacia sentir y 
hablar á sas personajes? Tales aciertos, y no son 1q» 
únicos, compensan con usara todos los rasgos de mal 
gusto que hay en esta farsa : la ya citada Vigilia de la 
enamorada muerta, y una pueril é insufrible escena en 
ecos, sin contar con la obligada intervención de lo» 
pastores, que en esta pieza no tienen gracia ninguna ni 
sii^ven más que de estorbo. ^ 

En conjunto, sin embargo, Plácida y Vitoriano me 
parece inferior á otra égloga mucho más breve de 
Juan del Enzina, la de Cristina y Febea, si ya no me 
engaña la vani(iad de ser poseedor del único ejemplar 
conocido de ella. Se imprimió suelta en letra gótica,, 
pero no fué incluida en ninguna de - las ediciones del 
Cancionero, y apenas nos explicamos cómo pudo sal- 
.varse de la censura inquisitorial, puesto que por el 
fondo lo merecía tanto ó más que la de Plácida y Vi* 
^orta?20,< aunque fuese mucho más delicada la forma. 
Un ermitaño, á quien el dios de Amor hace ahorcar 
los hábitos tentándole con la hermosura de una ninfa, 
es el protagonista de esta sencilla fábula, muy linda- 
mente escrita y versificada, pero que no respira mas- 
que alegría sensual y epicúreo contentamiento de la 
vida. No creemos que el autor tuviese en mientes di- 
suadir á nadie de la vida ascética y contemplativa, pe- 
ro lo cierto es que de su obra no resulta otra' moraleja: 

Las vidas de las hermitas 
Son benditas, 
Mas nunca son bermitaüos 
, Sino viejos de cient afios, ' 

Personas que son prescritas, 
Que no sienten poderío 
■ Ni amorío, 






XGVI LÍBICOS GASTBLLANOS 

Ni les viene eachoD4ez; 
Porque mía fe, la vejez 
E» de terruño muy frío. > 
Y es la vida del pastor 
Muy mejor, 
De más gozo y alegría: 
La tuya de día qd día 
Irá de mal en peor. 



¿Cómo podrás olvidar 
Y dejar 
Nada des tas cosas todas , 
De bailar, danzar en bodas, 
Correr, luchar y saltar? 
Yo lo tengo por muy duro, 

"Telo juro, 
Dejar 'zurrón é cayado, 

Y de silbar el ganado; 
No podrás, yo te seguro. 

¡Oh qué gasajo y placer 
- Es de ver 
Topetarse los carneros 

Y retozar los corderos 

Y estar á verlos nacer! 
Gran placer es sorber leche' 

Que aproveche, 
E ordeñar la cabn^ mocha 
B comer la miga cocha: 
Yo no sé quién lo deseche. 
Pues si digo el gasajar 
Del cantar 
'Y el tañer de caramillos 

Y el sonido de los grillos, 
^s para nunca acabar... 



' Con la misma hechicera ingenuidad está escrita toda 
la pieza, en que probablemente su autor no vería mal 
ninguno. La intervención del Amor, y otras oircans- 



PROLOGO 



xcvir 



tancias bien obvias, recuerdan, como ya hemos adver- 
tido, el Diálogo de Eodrigo de Cota, aunque éste de 
Enzina es mucho más teatral (]). 

Tal es, examinado muy á la ligera, el teatro de Juan 
del Enzina, del cual sólo hemos dicho.lo preciso para no 
dejar incompleta, en parte tan esencial, su semblanza. 
El estudio analítico de estas piezas ha sido hecho ya, 
y bien hecho, por Moratín, Martínez de la Rosa, Schack, 
Cañete y otros, y últimamente, y con más extensión, 
por Cotarelo; y no hay para qué rehacerle en un tra- 
bajo como el nuestro, consagrado principalmente á la 
historia de la lírica. 

En torno de Juan del Encina (2) se agrupa una fa- 



(1) Égloga nuevamente trabada por Juan del Enzina^ adonde 
se introduce ufi pastor que con otro se 'aconseja^ queriendo dejar 
este mundo é sus vanidades por servir á JDios; el cual después de 
haberse retraído á ser hermitaño, el dios de Amor, muy enojado 
porque sin su licencia lo había fecho, una nin/q envia á le tentah, 
4e tal suerte que^ forzado del amor, deja los hábitos y la religión. 

(2) Las obras dramáticas de Juan del Enzina, de las cuales 
«ólo unas pocas habían sido iccluídas en las colecciones de Mo- 
ratin y BÓlh de Fáber (y éstas con muchas supresiones y enmien- 
das arbitrarias), han sido publicadas recientemente por la Aca- 
demia Española en un tomo que comenzó á imprimir Cañete 
en 1868, y terminó Barbieri en 1893. Este tomo se titula Teatro ' 
completo de Juan del Enzina, pero acaso con el tiempo podrá 
añadirse á él otra égloga de Navidad que Salva dice haber vis- 
to impresa anónima, y que, á juzgar por su encabezamiento, 
apenas puede dudarse de que pertenezca á nuestro poeta. 

Égloga interlocutoria: en la cual se introducen fres pastores y 
iintizagala: llamados Pascual y Benito y Gilberto y Pascuala. En 
la cual recuenta cómo Pascual estaba en la sala del Duque y la Du- 
quesa recontando cómo ya la seta de Mahoma se kabia de apocar; 
y otras muchas cosaS; y entra Benito y le traba de la atpa, y él 
dice cómo quiere dejar el ganado y entrar al Palacio: y Benito le 
empieza á contar cómo Dios era nacido: y Pascual por el granga- 
sajo que siente, le manda una borrica en albricias: y estándole tan- 

ToMO VII. 7 



YCVIII LÍRICOS CASTELLANOS 

lange bastante numerosa de poetas que constituyen 
nuestra primera escuela dramática. Alguno de eUos» 
como Francisco de Madrid, apenas puede llamarse dis- 
cípulo suyo, puesto que la única égloga que conocemos 
de él es de 1494. Pero la mayor parte de los restantes 
si lo son, descollando, entre ellos, como el más próxima 
al maestro , Lucas Fernández, salmantino como él , y 
como él músico y poeta (según toda apariencia), menos 
fecundo que Enzina, y quizá meno^ espontáneo que 
él, pero más reflexivo, más artista, no inferior en los 
donaires cómicos y en las escenas pastoriles, y mucho* 
más viril, más austero en las representaciones sagra- 
das, hasta llegar á la elocuencia trágica que ij'cbosa en 
el Auio de la Pasión. 

Pero ni Lucas Fernández, ni Diego de Ávila, ni el 
clásico y correcto Hernán López de Yanguas, á quien 
bien se le mostraba ser latino, según la expresión de 
Juan de.Valdés; ni el pedantesco Bachiller de^la Pra- 
dilla, ni Martín de Herrera, ni otros de los cuales to- 
davía nos queda alguna obra, prescindiendo de todos 
aquellos de quienes sólo restan nombres y títulos de 
farsas, desgraciadamente perdidas ó no descubiertas 
hasta ahora, innovaron cosa alguna substancial en la 
fórmula dramática dada por Juan del Enzina. Las ver- 
daderas innovaciones las hicieron á un tiempo misma 
Gil Vicente en Lisboa, y Torres Naharro en Boma. 
Así el portugués como el extremeño eran ingenios muy 



to alabandot dice Pascual que nazca quien quisiere que le deje lo 
suyo, y oyendo esto Gilberto, cómo tomó un cayado para darle 
con él; y Benito los puso en paz; hasta que ya vienen á Jugar á 
pares y d nones, S acabando de Jugar empiesan de alabar su9 
amos: y asi salen cantando su villancico» 



PRÓXÓGO' XCIX 

superiores á Enzina, y el paso que hicieron dar á nues- 
tra dramática fué mucho más avanzado. Crearon la 
verdadera comedia que Enzina no había hecho más 
qne vislumbrar, pero salieron de su escuela, comenza- 
ron por seguir sus huellas, fecundaron los gérmenes 
que él había sembrado, y una parte de su gloria debe 
reflejar sobre el iniciador y el patriarca de nuestra es- 
cena. La posteridad así lo reconoce, le hace plena jus- 
ticia, y estudia amorosamente sus candidos bocetos, 
encontrando quizá en ellos algo que falta en lus pro- 
ducciones más brillantes de las épocas de decadencia, 
porque, como dijo bellamente un sabio artista nuestro 
del siglo XVI, «con más brío comienza á salir una plan- 
eta del suelo, aunque sea una hojita sola, que cuando 
' :»se va secando, aunque esté cargada de hojas.» Esta- 
mos ya muy lejos de los días en qué el nombre de 
Juan del Enzina sólo servía para canonizar disparates 
ó para encarecer antiguallas (í); en que el gran Que- 
vedo hablaba de él como de una persona semifabulosa; 
y en que el P. Isla, jugando del vocablo, le hacía escri- 
bir cartas desde Fresnal del Palo contra los cirujanos 
romanciistas de su tiempo. Ni tampoco es posible asentir 
ahora á la especie de desdén con que le trataron los 
clásicos del siglo xvi, especialmente Hernando de He- 
rrera, que en obsequio á un ideal artístico sin duda 
más elevado, pero no sin mezcla de intolerante dogma- 



(1) «Es más viejo qae las coplas del Bepelón», era dioho 
vulgar. Y sin duda le recordaba D. Francisco de Quevedo, 
onando escribía en un soneto & ana vieja preciada de moza : 

Antes. del Repelón, eso faé o^rafio, 
Ras con ras de Caín ó cuando menos... 



G LIRICOS GASTELLACíOS 

tismo, le tachó de rudo, bárbaro, rústico (1), calificacio- 
nes que, tríitándose de lengua y estilo, son siempre muy 
relativas, y que de niogún modo cuadran al discípulo de 
Nebrija, al traductor de Virgilio, al familiar de León X, 
al que íué á su modo, y con el estilo de su tiempo, un 
hombre del Renacimiento La estética de nuestros 
días, más hospitalaria que la antigua preceptiva, co- 
mienza á rehabilitar á Juan del Enzina en su doble 
calidad de poeta y de músico. ¡Ojalá que el presente 
estudio pueda contribuir en algo á tan justa repara- 
ción, porque si Juan del Euzina no fué gran poeta, 
fué á lo menos un poeta muy simpático, y que- dejó la 
semilla de cesas grandes! 

Gil Vicente y Torres Naharro cultivaron también 
la lírica á par de la dramática, y en tal concepto soli- 
citan ahora nuestra atención. Pero antes de hablar del 
primero, auque muy rápidamente, es preciso conocer 
el circulo literario en que vivió, la legión de poetas 
bilingües nacidos en Portugal, cuyas obras están re- 
cogidas en el Cancionero de Besende. 



íl) c Tocó esta fábula (la de Tántalo) aquel poeta Juan de 
«l'Eiizina, con la rudeza y poco ornamento que se permitía 
>en su tiempo. > (P. 255 de las Anotaciones á Garcilaso.) 

«Juan de TEnzina siguió este mismo lugHr en su' égloga V; 
>pero tan bárbara y rústicamente, que ecedió á toda la igno* 
• rancia de su tiempo.» 






II 



La escuela lírica galaico -portuguesa, cuya domina- 
ción en las comarcas occidentales y centrales de la 
Península duró hasta fines del siglo xiy, extiende sus- 
últimas ramificaciones por el Cancionero de Baena, y 
se pierde en la caudalosa corriente de la literatura cas- 
tellana, abandonándose, aun en Galicia, el uso de aque- 
lla lengua trovadoresca, si bien se conserva vagamen- 
te su recuerdo literario, como lo testifica el Prohevhio 
del Marqués de Santillana. El mayor poeta gallego del 
siglo XV, Juan Rodríguez del Padrón, ni una sola vez 
emplea su dialecto natal, y lo mismo se observa en el 
Vizconde de Altamira, en Luis de Vivero y otros pai- 
sanos suyos de quienes hay versos en el Cancionero 
general. 

En Portugal, que tenía conciencia de reino indepen- 
diente, y que después del triunfo de Aljubarrota había 
entrado en su edad heroica con los primeros descubri- 
mientos marítimos y la primera expansión por el lito- 
ral africano, no podía ser tan completo el abandono de 
la lengua, que se honraba ya con algunos monumentos 
en prosa, como las cr($nicas de Fernán Lopes y sus 
continuadores, los libros didácticos del rey D. Dnarte 
(O Leal Conselheiro), y probablemente la primera re- 



Gil LÍRICOS GASTELLLáNOS 

dacci^n del Ámadis de Gaüla, Nada de esto impidió, 
sin embargo, que los portugueses durante todo el 
siglo XV se sometiesen dócilmente á la influencia caste- 
llana, y que vencedores en el terreno de las armas como 
lo fueron casi siempre hasta que la fortuna los aban- 
donó en los campos de Toro, gustasen, no obstante, 
de poetizar en la lengua de sus odiados rivales, j los 
imitasen además, harto servilmente, en los versos que 
componían en su lengua propia. Ábrase la enorme co- 
lección de García de Kesende, y se verá no sólo que 
muchos de aquellos ingenios son bilingües, sino que 
toda la materia poética allí archivada no pertenece al 
lirismo provenzal de la antigua escuela gallega, sino i 
la nueva escuela cortesana del tiempo de D. Juan II, 
la cual algunos rastros conservaba de la vetusta tradi- 
ción lírica peninsular, pero que no sólo había olvidado 
á sus precursores, sino que manifiestamente difería de 
ellos en muchas cosas, y se movía bajo otros impulsos, 
entre los cuales era el más notable la imitación italia- 
na, á través de la cual algo del clasicismo antiguo'co- 
menzaba á insinuarse. 

Tal fenómeno no tendría satisfactoria explicación, 
puesto que abiertamente pugna con las vicisitudes de 
la historia política, si no se tuviese en cuenta que Portu- 
gal carecía aún de tradiciones literarias propias, excep- 
to en la lírica, donde su actividad se había confundido 
con la de los trovadores gallego^ y con la de los muchos 
castellanos de los siglos xiii y xiv que habían emplea- 
do el gallego como lengua poética. Y la lírica por si 
sola, como el ejemplo de los provenzales lo confirma, 
no basta para dar perpetuidad y fundamento sólido 
á una lengua y á una literatura. Portugal no alcanzó 



PHOLOGO GUI 

la epopeya hasta el siglo xvi, y esto por vía erudita, 
aunque de maravillosa manera, coincidiendo el genio 
de un gran poeta con el punto de mayor apogeo en la 
historia de su pueblo. Pero en la épica popular de los 
tiempos medios puede decirse que Portugal no inter- 
viene para. nada: su romancero, por otra parte muy 
bello y muy rico, es un suplemento del romancero cas- 
tellano, del cual sólo difiere por la lengua y por la ca- 
rencia casi absoluta de teofias históricos, que son los que 
infunden, propia y genuina vitalidad al nuestro, y le 
•daa conocida superioridad sobre las canciones populares 
de cualquier otra parte de Europa. Del mismo modo, la 
primitiva prosa portuguesa crece á los pechos de la 
prosa castellana : la corte literaria de D. Diniz es u|i 
trasunto de la de su abuelo Alfonso el Sabio: se tra- 
ducen primero y se imitan luego nueistras grandes 
•compilaciones legales é históricas del siglo xiii, las 
Partidas, la Crónica General; se imita el mester de cle- 
recía, y se traducen los versos del Archipreste de Hita. 
Libros franceses como el Román de Troié pasan por 
él castellano antes de llegar al gallego; y, finalmente, 
«1 más antiguo, y bien tardío, cronista portugués Fer-- 
nán Lopes aparece muy directamente influido en la 
materia y en el estilo por las obras históricas del can- 
ciller Ayala. 

Todo inclinaba, pues, á los portugueses á recibir de 
buen grado la heguemonía castellana en este orden, al 
paso que con tanto empeño la combatían en el campo 
de la guerra y de la política. Ni para contrabalancear- 
la era suficiente la afición más difundida allí que en el 
centro de España (fenómeno que también se explica por 
la ausencia de toda otra poesía narrativa en Portugal 



CIV LÍAIGOS CASTELLAKOS 

y Galicia) á la lectura de los devaneos y ficciones ca- 
ballerescas del ciclo bretón, qae quizá por misteriosa 
comunidad de orígenes célticos, si no enteramente pro- 
bados, muy probables, comenzaban á echar hondas- 
raices en la fantasía tanto del pueblo como de las cla- 
ses aristocráticas, penetraban á título de historia hasta 
en los libros de linajes (1), y se reflejaban en las eos— 
tambres palaciegas, en los saraos, en las divisas y en 
los motes» siendo punto de moda en los tiempos d& 
D. Juan T y sus inmediatos sucesores tomar los caba- 
lleros y las damas los nombres de los héroes dev la 
Tabla Redonda, y proponérselos como ideal ó dechado 
en sus acciones. El Lanzarote del Lago, el Baladro de 
Merlin, la Historia de Tristán y otros libros capitales 
de este ciclo corrían ya traducidos en prosa portugue- 
sa (2); y es muy natural que en tal medio fuese engen- 
drado antes ó después el Amadis peninsular, ingenio- 
sa y original imitación, que á su vez había de tener 
prole tan dilatada, pero no en su primitiva forma, la 
cual fué olvidada y perdida muy luego, sino en su meta- 
morfosis castellana: lengua. que fué también la de casi 
todas sus imitaciones, excepto el Palmerín de Inglate-- 
rra; mostrándose aun en esto el predominio y sobera- 
nía que el habla de la España central asumió por tres- 
centurias sobre sus vecinas. 



(1) En ol nobiliario del conde D. Pedro de Barcellos, que es- 
el máfS antiguo, no sqlo de Portugal, sino de toda España, se 
ponen ya la genealogía del rey Artus, la leyenda del rey Lear y 
la del encantador Merlin. 

(2) Del Lanzaroie portugués existe un códice en la Bibliote- 
ca Imperial de Viena. El Merlin y el Tristán constan en el catá- 
logo de libros que poseyó el rey D. Duarte. 



PRÓLOGO CV 

Pero en el siglo xvi y aun en el xvii la vitalidad 
del genio pcrtugués fué tanta, que sin menoscabo de su 
sello peculiar toleró el empleo promiscuo de dos lengua* 
literarias: ley de que no se eximió el mayor poeta de la 
raza, si bien sus versos castellanos sean parte muy se- 
cundaria de sus obras. Pero no acontece lo mismo con 
otros poetas y prosistas de los más insignes: Gil Vicen- f 
te, Sa de Miranda, D. Francisco Manuel, de quienes e& ■ 
muy dií&il decidir si importan más como escritores \ 
portugueses ó como castellanos: tan compensados están 
los méritos de su labor en ambas lenguas. 

No alcanzan tan alto nivel los poetas cortesanos del 
siglo XV, si bien el más antiguo de los que acabamo» 
de nombrar pertenece á esa centuria por su nacimien - 
to y sus orígenes literarios. Antes de llegar á él, la 
poesía portuguesa de aquel siglo no es más que un refle- 
jo ó trasunto bastante pálido de la poesía castellana d& 
las cortes literarias de B. Juan- II y de los Reyes Ca- 
tólicos, con la gran desventaja de no ofrecer entre sus 
innumerables cultivadores ninguno que remotamente 
pueda compararse con Juan de Mena, Santillana, loa- 
dos Manriques, y aun con otros ingenios de orden muy 
inferior. Parece que los trovadores portugueses ponen 
servil empeño en imitar lo más trivial, lo más insulso, 
lo más empalagoso de sus modelos. IJl Cancionero de 
Besende contiene todavía mayor número de poetas que^ 
el de Castillo: llegan á ciento cincuenta los que inclu* 
ye. Nunca se vio tan estéril abundancia de versificado- 
res y tanta penuria de poesía. El lector de buen gusto^ 
camina por aquel interminable arenal, sin encontrar 
apenas un hilo de agua con que mitigar la sed. Afor- 
tunadamente sólo nos incumbe el estudio de la parte 



GVI LÍBÍCOS CASTELLANOS 

castellana del libro, y aun asi no podrá dejar de ser 
árida la materia, que procuraremos hacer*!más llevade- 
ra con las noticias biográficas de algunos de estos poe- 
tas, más interesantes en su vida que en sus versos, 
pero á quienes alguna buena memoria debemos, siquie- 
ra por la cortesía y solicitud que mostraron en honrar 
nuestra lengua tanto como la suya propia (1). 

Grato me fuera colocar al frente dé esta galería poé- 
tica la noble y simpática figura del segundo de los 
hijos del Maestre de Avis, del infatigable viajero que, 
según el decir de nuestro vulgo, anduvo las siete par^ 
tidas del mundo, y cuya memoria se perpetúa aún, lo 
mismo en Portugal que en Castilla, gracias á un libro 
popular, de los llamados de cordel^ que todavía se re- 
imprime, aunque cada vez más alterado y moderniza- 
do, y suele encontrarse de venta en los mercados de los 
pueblos y en los barrios extremos de nuestras ciuda- 
des, formando parte esencial de la biblioteca folklóri- 
ca (2). La veracidad de esta relación de viajes allá se 



(1) Intentó ya el estudio de estos poetas, con sa habitual 
■amenidad é ingenió, D. Juan Yaiera en un articulo publicado 
•en la Revista de España, tomo I, 1868. A haberle dado más 
«xtensión, hubiera hecho de todo punto inútil el mío. 

(2) La última edición que hemos visto es de 1873, con el ti- 
tilo de Historia del infante D, Pedro de Portugal, en la cual se 
refiere lo que le sucedió en el viaje que hizo alrededor del mun- 
do (sic). Escrita por Gomes de Santisteban, uno de los que llevó en 
^u compañia. Las antiguas, asi en portugués como en castellano, 
se titulan: Historia del Infante D. Pedro ... el qual anduvo las 
Mete partidas del mundo. Las hay de 1664 (Burgos, por Felipe de 
Junta), 1570 (Zaragoza, por Juan Millán), 1595 (Sevilla, por Do- 
mingo de Bobertis), etc. El texto portugués actual parece tra* 
dncido del castellano, pero éste puede ser abreviación ó refan- 
•dición de otro más antiguo, que estaría probablemente en aqne- 



PRÓLOGO GVII 

va con la de Joan de Mandeville, y aun con la de 
Simb^d el Marino, pero es indudable que el Infante 
en su mocedad viajó macho por Europa, Asia y Áfri- 
ca; que asistió al emperador Segismundo de Hungría 
en su campaña contra los husMtas (1419); que hizo la 
romería de Tierra Santa, visitando en el camido Ohipre, 
Constantinopla y el Cairo, y adquiriendo noticias de 
las tierras del Preste Juan; y, finalmente, que reco- 
rrió las cortes de, casi todos los principes cirstianos 
de su tiempo, invirtiendo en estas peregt inaciohes 
más de diez años, y volviendo á Portugal, enrique- 
cido con un tesoro de experiencia y saber práctico, 
cual otro Ulises qui mores multorum hominum vidii 
€t urbes. Pero el, tan afortunado como viajero, tan 
eabio como legislador, tan prudente y sesudo como 
regente de la monarquía durante la menor edad de 
su sobrino D. Alfonso V (14381446). fué infelicísimo 
en el final de su vida, sucumbiendo víctima de la 
perfidia en la sorpresa de Alíarrobeira el año 1449. El 
interés de sus viajes, la cordura de su administración, 
en que tuvo que luchar á brazo partido, como D. Al- 
varo de Luna, con la anarquía señorial, que se levantó 
prepotente sobre su cadáver para caer luego herida de 
muerte por el puñal de D. Juan II, apellidado el 
Principe Perfecto; y, finalmente, la grandeza trágica 
de su destino, rodean su nombre de una aureola de 
gloria, á la cual no podía faltar el prestigio de la cultura 
Hteraria dé que noblemente se ufanaban los más ilustres 



lia lengna. OUvoira Martins se esfaerza por vindicar el oaráe* 
ter hUtórioo de alguaas partes de est.a relación, tenida coxnán- 
mente por fabulosa. 



^ CVIII LÍRICOS CASTELLANOS 

monarcas y proceres de aquel siglo de Renacimiento. 
Cultivando con predilección la lectura de los moralis- 
tas y de los políticos, tradujo á su lengua los Oficios 
de Cicerón y los libros De Beneficiis de Séneca, que 
tituló Virtuosa Bemfeitoria, el De Begimine Prindpuw 
de Egidio Eomano, y el De re müitari de Vegecio. Y 
en conformidad con sus aficiones de viajero trasladó 
también el libro de Marco Polo, con que le había ob- 
sequiado la Señoría de Venecia, cuando le recibió triun- 
falmente en 1428. En las Sbras de Confesión exhal6 
los afectos ascéticos de su alma, y en la carta de conse- 
jos á su hermano D. Duarte desarrolló su pensamiento 
político, . 

El Cancioneiro Oeral incluye algunos versos euyos; 
pero los que trae en castellano no son auténticos. El 
largo poema del contemplo del mundo que el colector 
Erosende le atribuyó, propagándose el yerro hasta lo» 
más modernos y eruditos historiadores literarios de 
Portugal y Castilla, no puede ser suyo,' puesto que en 
él se alude á la caída y suplicio de D. Alvaro dé Luna, 
cuya muerte fué posterior en cuatro años á la del In- 
fante : 

Mirad al Maestre si vivió penando, 
Mirad luego juncto su acabamiento. 

Pertenece, por consiguiente, no al Infante D. Pe- 
dro, duque de Coimbra, sino á su hijo el Condestable 
de Portugal, llamado también D. Pedro, de cuya vida 
y escritos trataremos inmediatamente. 

Lo que da al Infante un puesto en la historia de 
nuestra poesía, siendo al mismo tiempo una de las más 
curiosas muestras de la avasalladora influencia caste- 



PRÓLOGO GIX 

llana, son sus relaciones con Jaan de Mena, á quien di- 
rigía encomiásticos versos pidiéndole que le enviara 
todas sus obras, y proclamándole principe de los poe- 
tas de su tiempo : 

Sab3dor et bem falante, 
Gracyoso em dizer, 
Coronysta abastante 
Em poesyas trazer... 

£n su respuesta el poeta cordobés alude á los famo- 
sos viajes del Kegente de Portugal : 

Príncipe todo valiente, 
En los fechos muy medido, 
El sol que nasce en Oriente 
Se tiene por ofendido 
De vuestro nombre temido : 
Tanto luze en Occidente, 

Sois de quien nunca os vido 
Amado públicamente, 
Tan prefeto esclarecido. 
Que por serdes bien regido. 
Dios vos fizo su regente. 



Nunca fué después, ni ante. 
Quien viesse los atavíos 
E secretos de Levante, 
Sus montes, ínsulas, ríos, 
Como vos. Señor Infante. 

Entre Moros y Judíos 
Esta gran virtu 1 se .cante; 
Entre todos tres gentíos 
Cantarán los metros míos 
Vuestra perfeción delante (1). 



íl) No me detengo más en tratar del Infante, porque no 
quiero retocar la magistral semblanza que de él trazó el mayor 
artista histórico que la Península ha producido en nuestros 



, GZ LÍRICOS GASTBLLAKOS 

Si el Infante D. Pedro apenas puede en rigor ser 
considerado como poeta, no acontece lo mismo con sn 
hijo el Condestable (1429-1466), tan parecido á él eú 
sa carácter y en sus desventuras, del cual tenemos im- 
portantes composiciones, casi todas en castellano; y cuyo 
nombre, por varias razones, está honrosamente vincu- 
lado en la historia de nuestra literatura, al paso que 
su acción política se desenvolvió principalmente den- 
•tro de Cataluña, donde fué rey intruso después de la 
muerte del Príncipe de Viana. 

Llevóle á tan alto y, finalmente, trágico destino la 
herencia de las pretensiones de su madre, la duquesa 
Doña Isabel, hija del conde de XJrgel, Jaime d Desdi- 
chado^ viniendo á juntarse de este modo en su cabeza 
dos fatalidades históricas, la de Alfarrobeira y la del 
Castillo de Játiva. A los quince años era, según ex- 
presión del cronista de Alfonso V, Ruy de Pina, «la 
»más hermosa y más proporcionada criatura que en su 
» tiempo se podía ver»; y armado caballero por el infan- 
te D. Enrique en el monasterio de San Jorge de Coim- 
bra, empezaba á tomar parte en bélicas empresas, mar- 
chando á Castilla por orden de su padre, grande ami- 
go de D. Alvaro de Luna y partidario de su política; 
para ayudar al Condestable contra los infantes de 



días, mi inolvidable amigo Oliveira Martins, en su libro O» 
Flthos de D. Joáo I (Lisboa, 189t), que es quizá el más excelen- 
te de todos los suyo-i. Sospecho, sin embargo, que obedeciendo 
el grande escritor á las tendencias habitaales de su espirita, 
pinta al Duque de Ooimbra más idealista y más pesimista de lo 
que realmente fué y* de lo que cuadraba á la psicología de su 
tiempo, menos compleja y refinada que la nuestra. De todos 
modos, en ese maravilloso estadio está reunido cuanto se sabe 
y cnanto se puede adivinar acerca del Infante y sus hermanos. 



PRÓLOGO CXI 

Aragón, con un cuerpo de dos mil hombres de á caba- 
llo y cuatro mil peones, que llegaron cuando ya la con- 
tienda estaba decidida en los campos de Olmedo. Los- 
vencedores recibieron en palmas al joven Condestable- \ 
portugués, aunque ya fuese inútil su refuerzo, y le fes- ' 
tejaron de mil modos, señalándose en ello el Marqués 
de Santillana, que con ocasión de remitirle el cancio- 
nero de sus obras, que D. Pedro le había p edido por 
medio de su familiar Alvar González de Alcántara, le* 
dedicó en forma de carta aquel inestimable proemio^. 
que es el más antiguo conato de historia de nuestra 
poesía. 

No bastó el desastre de Alfarrobeira á saciar loa 
odios del conde de Barcellos (luego duque de Braganza), 
del conde de Ourem, del Arzobispo de Lisboa y de los 
demás émulos del sacrificado Regente, sino que exten- 
diéndose la persecución á todos los /miembros de su 
familia, el Condestable se vi¿ despojado de su digni- 
dad, así como también del Maestrazgo de Avis : sus 
bienes fueron confiscados, y él, finalmente, tuvo que 
refugiarse en Castilla, donde arrastró mísera y erran- 
te vida desde 1449 á 1457. Entonces, más consfreñido 
de la necesidad que de la voluntad, según dice, abando- 
nó su nativa lengua por la castellana, y compuso el 
extraño libro, mezcla de verso y prosa, que lleva el tí- 
tulo de Sáfyra de felice é infelice vida (1). De él hizo 



(1) Ha sido publicada por D. A. Paz y Melia en el tomo de- 
Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVIt dado k luz por la 
Sociedad de Biblióñlos Españoles en 1892. Esta edición va ajus- 
tada al único códice de la Sátira que se conoce, y es el de la 
Biblioteca Nacional de Madrid, copiado en Cataluña dos años- 
después de la muerte del Condestable, según consta en la sus- 



Gxii líbicos castellanos 

presente á su hermana la reina de Portugal Doña Isa- 
bel, no menos desdichada que él, puesto que murió en 
-edad muy temprana, no sin sospechas de envenena- 
miento. De la dedicatoria se infiere que había co- 
menzado á escribir la obra en portugués, pero que 
atraído el texto á la deseada fin, é j^arte de las glosas 
»en lengua portuguesa acabadas», determinó' traducir* 
lo todo «é lo que restaba acabar en este castellano 
^idioma: porque segund antiguamente es dicho, é la 
»experiencia lo demuestra, todas las cosas nuevas 
^aplazen ; é aunque esta lengua non sea muy nueva de- 
»lante la vuestra Real é muy virtuosa Majestad, á lo 
»meDos será menos usada que la que continuamente 
tañere en los oídos de aquélla.» Haciendo alarde de su 
infantil erudición, y para que su obra no paresdese 
desnuda y sola, llené las márgenes de copiosas é ioa^ 
pertinentísimas glosas, que con muy buen acuerdo ha 
suprimido en gran parte el editor moderno, porque no 
<3ontienen más que triviales especies de mitología é 
historia antigua, salvo algunas de excepcional valor 
por referirse á personajes españoles, como la intere- 
sante y larga nota en que se describen las virtudes de 
Santa Isabel de Portugal, y el curiosísimo pasaje re- 



«ripción final : <fFou acabad lo present libre a.x de may any 1468 
de ma den Crisiqfol Bosch libraier.)) Amador de los Ríos fué el 
primero que estudió atentamente esta composición en el tomo 
YII de su lüstoria de la Literatura española. 

La dedicatoria tiene este encabezamiento : < Sigúese, la epis- 
tola á la muy famosa, muy excellente Princesa, muy devota, muy 
virtuosa é perfecta Señora, Doña Isabel, por la deifica mano 
Reyna de Portugal, grand Señora en las Libianas partes, embiada 
por el su en obediencia menor hermano, é en desseo perpetuo ma- 
yor servidor, > 



ll 



PaOLOGO GXffl 

lativo al enamorado Macias, «grande é virtuoso már- 
»tír de Gapido:», cuya pasión y trágico fín están con- 
tados dé u^modo mucho más romántico que en las 
versiones ordinarias, si bien el Condestable no le con- 
cede más que la segunda silla ó cadira en la corte de 
Cupido, reservándose para si propio la primera, como 
prototipo de leales amadores (1). 



(1) Aunque ya mencioné esta glosa al tratar de Macias, 
creo hacer cosa grata k mis lectores, transcribiéndola aqui en 
fin integridad, tal como la publicó el Sr. Paz y Helia en las 
notas á su edición de las Obras de Juan Rodríguez del Padrón. 
< Matías* Natural fué de Galicia, grande é virtuoso mártir de 
Cupido, el qual teniendo robado su corazón de una gentil fer- 
mosa dama, assaz de servicios le fizo, assaz de méritos le meres- 
ció, entre los quales, como un dia se acaesciesen amos yr á 
cauallo por una puente, assy quiso la varia ventura que por 
mal sosiego de la muía en que caualgaua la gentil dama, volcó 
Aquélla en las profundas aguas. E como aquel constante ama- 
dor, no menos bien acordado que encendido en el venéreo fue-, 
go, nin menos triste que menospreciador de la muerte, lo viesse, 
aceleradamente saltó en la fonda agua, é aquel que la grand 
Altura de la puente no tornaba su infinito querer, ni por ser 
metido debaxo de la negra é pesada agua no era olvidado de 
aquella cuyo prisionero vivía, la tomó á do andaba medio 
znnerta, é guió é endereszó su cosser (corcel) ó, las blancas are- 
nas, á do sana é salva puso la salud de su vida. E después el 
desesperado gualardón, que al fin de mucho amor á los servi- 
dores non se niega, por bien amar é sennaladamente servir 
ouo, ca fizieron casar aquella su sola señora con otro. Mas el 
no movible é gentil ánimo en cuyo poder no es amar é des- 
amar, amó casada aquella que donzella amara. £ como un día 
oaminasse el piadoso amante, falló la causa de su fin, ca le sallió 
en encuentro aquella su sennora, é por salario ó paga de sus 
señalados servicios le demandó que descendíesse. La qual con 
piadosos oydos oyó la demanda é la compiló; é descendida, Ma- 
cías le dixo que farta merced le hauia fecho, é que caualgasse 
é se faesse, porque su marido allí non la fallase. E luego ella 
partida, llegó su marido, é visto asi estar apeado en la mytad 
de la vía á aquel que non mucho amaba, le preguntó qué allí 

Tomo VII. 8 



GXfV LÍRICOS CASTELLANOS 

Nada menos satírico qae esta llamada Sátira, como 
nada menos dramático que la Comediefa de Ponza. 
Estos caprichosos títulos coi responden á una preceptiva 
convencional, en que los géneros literarios tenían dis- 
tintos nombres que ahora. £1 Condestable dice que 
llamó á su obra «c Sátira, que quiere decii* reprehensión 
:»con ánimo amigable de corregir : é aun este nombre 
^sátira viene de satura, que es loor.»_ Y como en Xz. 
obra se loa el femíneo linaje, y el autor se reprende á. 
sí mismo, va mezclada de alabanza y de corrección, 
entendiéndose por vida infeliz la del poeta, y por feliz 
la de su dama. Esto en cuanto al titulo, pues en cuanto 
á la materia, este fastidiosísimo libro, que su autor tuvo 
másdeuna vez propósito de sacrificar al dios Vulcano^ 
con lo cual ciertamente no se hubiera perdido mucho, 
es una especie de novela alegórica del género senti- 
mental, en que, aparte de las reminiscencias de Dante^ 
de Petrarca y de !& Fiammeta de Boccacio, se advierte 
más declarada que ninguna, la imitación de un libra 
español del siglo xv, el Siervo libre de amor 6 Historia 
de Ardanlier y Liessa, de Juan Rodríguez del Padrón,. 



fazia. £1 qaal respaso : «Mi señora puso aquí sas píes, en cnyas 
> pisadas yo entiendo uevir é fenescer mi triste vida.» E él, sin 
todo conosoimiento de gentileza é cortesía, lleno de seelos m&s 
que de olemencia, con una lanza le dio una mortal ferida. £ 
tendido en el suelo, con voz flaca é oíos revueltos á la parte do 
su sennoraiba, dixo las siguieotes palabras: «¡Ó mi sola é per-- 
»petua sennora! A do quiera que tú seas, ave memoria, te su-; 
>plico, de mi, indigno siervo tuyo!» E dichas estas palabras, 
con grand gemido dio la bienaventurada ánima. B assy fenes- 
ció aquel cuya lealtad, íé é espeiado é limpio querer le fizieron 
digno, segund se cree, de ser posado é asentado en la corte del 
inflamado fijo de Vulcan, en la «ecuada Cíidira ó silla, más pro- 
pinca á él, dexando la primera para mis altos méritos. » 



PRÓLOGO CXV 

cuyo argumento compendia el Condestable en una de 
sus glosas, y cuyo estilo revesado é hiperbólico mani- 
fíestamente imita lo mismo en la prosa que en los 
versos. Pero el libro <íe Juan Rodríguez, en medio de 
BU imperfección, tiene valor autobiográfico y un cierto 
género de poesia romántica y caballeresca, de que la 
Sáfyra de felice é infélke vida enteramente carece, re- 
duciéndose á una serie de insulsas lamentaciones ates- 
tadas de todos los lugares comunes de la poesia erótica 
de entonces, sin que tal monotonía se interrumpa, antes 
bien se refuerza, con el obligado cortejo de figuras ale- 
góricas, tales como la Discreción, la Piedad y la Pru- 
dencia, Si á esto se añade el consabido catálogo de ena* 
inorados antiguos y modernos, cuyos nombres no pare- 
cen traídos más que para justificar la pedantería de las 
glosas, se tendrá idea de este tardío y desabrido fruto 
de aquella escuela sendo dantesca, que por tanto tiempo 
torció el curso de nuestra literatura,^ calumniando al 
gran poeta á quien decía imitar. I^ólo la. curiosidad 
erudita puede encontrar incentivo en tales engendros, 
donde siempre hay algo útil para el gramático ó para 
el historiador; pero al crítico literario bástale dar razón 
de su existencia, y pasar de largo por ellos. 

Expresamente declaró el Condestable que era éste el 
primer fruto de sus estudios, á la par que la historia 
de sus primeros amores, entre los catorce y los diez y 
ocho años. Tal circunstancia desarma mucho la severi- 
dad del lector, á la vez que explica la confusa mezcla 
de imitaciones sagradas (1) y profanas, la fácil erudi- 



<1) ' Para encarecer su desej)perAv?ión amatoria se vale de pa- 
labras del Libro de Job: 



GXVI LiaiGOS CASTELLANOS 

ción traída por los cabellos, y el continuo recuerdo de 
otros libros contemporáneos, como el de las claras y vir- 
tuosas mujeres t de D. Alvaro de Luna, que explotó 
mucho para las glosas. Creemos que faé el Condestable 
el primer portugués que escribió en prosa castellana, 
y no se puede decir que fuesen infructuosos sus es- 
fuerzos. Siguió la corriente latinista, abusando del hi- 
pérbaton; á veces en términos ridículos (1) que sólo 
admiten comparación con el hórrido galimatías de don 
Enrique de Yillena; pero otras. veceSj como por instinto 
ó imitando buenos modelos italianos como la Vita Nuova 
que seguramente tenía delante, acertó á dar á la prosa 



«¡BCaldito sea el día en que primero amó, la noche qne velan- 
>do, sin recelar la temedera muerte, puse el ñrme sello á mi infi- 
>nito querer é iuré mi servidumbre, ser fasta el ñn de mis días! 
»Xo se recuerde Dios del é quede enfascado é escaro syn toda 
>lumbre. Sea lleno de muerte é de mal andanza. Aquella noche 
> tenebrosa, turbiones, rel&mpagos, lluvias con terrible tempes- 
»tad acompañen. Aquel dia no sea contado en losjdlas del año; 
* no se nombre en los meses. Sea aquella noche sola é de toda 
»maldioión digna... ¿Para qué fué A hombre tan infortunado luz 
>dada, sino escuridat é tiniebras? ¿Para qué al que vive en toda 
>pena é tormento vida le fué dada, sino que fuera como que no 
»í'uera, del vientre salido, metido en la tumba?» 
(1) Véase, por ejemj)lo, la jerigonza con que acaba el libro: 
cFenescida (la Sátira) quando Deifico declinaba del cerco 
» meridiano á la cauda del dra^ónllegado, é la muy esclarescida 
» Virgen Latona en aquel mismo punto sin ladeza al encuentro 
avenida, la serenidad del su fermoso hermano sufuscaba; la vo- 
^lante águila con el tornado pico rasgaba las propias carnes, 
xé la corneia muy alto gridaba fuera del usado son: gotas de 
> pluvia sangrientas moiaban las verdes yerbas: Euro é Zéfíro, 
» entrados en las concavidades de nuestra madre, queriendo sor- 
»tir, sin fallar ssilida, la fazian temblar; é yo, sin ventura, pa- 
2 desciente, la desnuda é bicortante espada en la rai diestra mi- 
traba, titubando con dudoso pensamiento é demudada cara si 
^era mejor prestamente morir ó asperar la dubdosa respuesta 
»me dar consuelo.» 



PRÓLOGO GXVII 

un grado notable de viveza y elegancia, mostrando 
ciertfts condiciones pintorescas y algún sentido de la 
armonía del período (i ). En el cultivo de la prosa senti- 
mental fué ciertamente discípulo de Juan Eodrígnez 
' del Padrón, pero su manera, en los buenos trozos, pa- 
rece más próxima al tipo que muy pronto iban á fijar, 
en Castilla el autor de la Cárcel de amar, y en Portu- 
gal el de Menina é moga. 

No es fácil conjeturar quien fué la hermosa Prince- 
sa (así la nombra) que inspiró al Condestable esta ju- 



(1) Trozo agradable, por ejemplo, es el siguiente: 

€ Assi caminaba, semblando á aquellos que, pasando los Alpes, 
>el terrible frío de la nieve é agudo viento dan fin á sujs dolo- 
' rosas vidas; que asi pegados en las sillas, helados del frío, si- 
eguen su viaje fasta que de aquéllas, no con querer ó desquerer 
»suyo, son apartados é dados á la fría tierra. Tal pare:ia como 
»los navegantes por la mar de las Serenas, que oindo el dulce 
>ó melodioso canto de aquéllas, desamparado todo el gobierno 
>de sus naos, embriagados é adormescidos, alli fallan la supos- 
»trimeria..... 

> Afanado mi espíritu, euoiado ya mi entendimiento, ;misoios 
>á la oriental parte levanté; mas aunque mucho mirase en tor- 
uno de mí, jamás en conoscimiento dó era pude venir Ya los 

'menudos é lumbrosos rayos (del sol) ferian los altos montes, 
>é veyéndome tan lejos do partiera, moví contra un arboledo 

>bien poblado de fermosos é fructuosos árboles É llegando 

»al solitario monte, descendí, é descendido, acostéme en las 
» verdes yerbas, é las que tañía non padesclan la verde color» 
»Allí los gridos, allí los alaridos, alli los suaves cantóla de las 
> silvestres aves facían gran sonido: alli conoscí que alguna 
»cosa non cubría el estrellado cielo, ahondado de tanta mala 
»dioh^ como yo, pues todas en gozo, placer é deportes pasa- 
>ban sus vidas; yo en tristeza muy amaga plañiendo mi mala 
>vlda, é menospreciando todo mi bien continuamente vivía: >to- 
>das poseyendo libre albedrio para' facer lo que deseaban; yo 
> solamente pensar en lo que deseaba no era osado.» 

El retrato de la dama tiene también algunos toques gracio- 
sos, mezclados con otros de muy mal gusto. 



GXVIII líbicos GAStlSLLANOS 

venil pasión, puesto que á despecho de las afectacio- 
nes del estilo, creemos que se trata de amores verda- 
deros. En las ponderaciones de su belleza, discreción 
y honestidad no pone tasa, llegando á aplicarla aquel 
mismo encarecimiento, poco ortodoxo, que Cartagena 
hizo de la Eeina Católica. Salvo la Madre de Dios, 
«no nasció, desde aquella que fué formada de la eos- 
Otilia... quien á sus pies por méritos de gloriosa virtud 
:í>asentar se debiese.» Y en verso todavía pasa más la 
raya, según necio estilo dq trovadores: 

Oid tan gran calpa vos, 

Cumbre de la gentileza, 

Mi gozo, mi solo Dios^ 
■Mi placer 6 mi tristeza 
De mi vida. 

Estas poesías con que la Sátyra acaba son en extre- 
mo conceptuosas y alambicadas, pero están escritas con 
soltura muy digna de notarse en un poeta que no teuia 
el castellano por lengua nativa. 

Discreta, linda, fermosa, 
Templo de moral virtud, 
Honestad muy graciosa, 
Luzero de inventud 
Y de beldad. 
A. mis preces acatad, 
Ovd las plegarias mías, 
No fenezcan los mis días 
Con sobra de lealtad. 

No fenezca vuestra fama 
Que vuela por toda parte; 
No fenezca quien vos ama; 
Desechad, echad ¿ parte 
La crueldad. 



PBÓLOGO CXIX 

Seguid virtud y bondad, 
Seguid la muy alta gloria 
É no Heve la victoria 
La dañada voluntad. 

No creáis que porque muero » 
€on desigualada pena, 
Que por esso yo requiero 
Para vos cosa tan buena 
En extremo. 

Ni porque más males temo. 
Ni porque la muerte llamo, 
Mas sólo porque vos amo 
En grado muoho supremo. 
Ni por ál yo no me curo 
De vuestro bien soberano, 

Ni por ál yo no procuro 

Que creáis aquesta mano ' 
Toda vuestra. 
É la mi parte siniestra 
F'erida de mortal llaga, 
Sanéis é mi triste plaga 
Curéys con la gentil'diestra.. 

t)oledvos de mi pasión 
É de mi grand perdimento; 
Quered vuestra perfección 
No queriendo mi tormento 
Desigual; 

Mi firme querer leal, 
Vuestro muy más que debía, 
Librad vos, ídolt^mía, 
De dolor pestilencial. 

La fecha de la Sátyra áe felice é infelice viáa no 

puede traerse más acá de 1455, puesto que aquel año 

, pasó de esta vida la Eeina doña Isabel de Portugal, á 

quien está dedicada. Es singular que ni Teófilo Braga, 



CXX LÍRICOS CASTELLANOS 

«1 sas numerosas publicaciones (1), ni los biógrafos ca- 
talanes del Condestable (2), ni el mismo diligentísima 
autor del Catálogo de los autores portugueses que han 
escrito en castellano (3), se hagan cargo de una impor- 
tante noticia que Bellermann dio en 1840 de otra obra 
inédita del Condestable, en prosa y verso, inspirada 
por el fallecimiento de su hermana, y que debe de ser 
muy semejante en su traza y disposición á la Sáfyra 
de felice é in/dice vida, «Poseo (dice Bellermann) una 
serie de composiciones poéticas de este D. Pedro, co- 
piadas de un antiguo manuscrito inédito que se halla 
en una biblioteca particular de Lisboa. Toda la obra 
consta de 80 hojas en pergamino: se titula al íip Tra- 
gedia de la insigne Reina Daña IsaheL Está en verso y 
en prosa, afectando cierta forma dramática. Al prin- 
cipio en vez de titulo lleva las palabras francesas Paine 
pour jote (que eran el lema del Condestable) y nn pro» 
logo del autor dedicándola á su hermano menor, don 



(1) Véase principalmente, para el caso, Poeíat palacianos da 
8€culo XV (Porto, 1872). Cap. IV. 

(2) Coroleu é Inglada (D. José), El Condestable de I\)rtugalr 
rey intruso de Cataluña, (En la Revista de Gerona, tomo II, 1878.) 

Balaguer y Merino (D. Andrés), Don Pedro el Condestable de 
Portugal, considerado como escritor, erudito y anticuario. Estudia 
histórico' bibliográjico. (Gerona, 1881.) 

Onrioso trabajo lleno de datos nuevos y de documentos im- 
portantísimos, qne me han sido mny útiles en esta parte de. mi 
estadio. El malogrado Balagner y Merino era un investigador 
tan sólido como modesto, y su muerte fué una gran pérdida^ 
para la erudición catalana. Era además hombre tan sencillo y 
bueno, que no puedo renovar sin dolor su memoria. 

(3> García Peres (D. Domingo), Catálogo razonado, biográfica 
y bibliográfico de los autores portugueses que escribieron en cas-" 
iellano, (Madrid, 1880.) 



PRÓLOGO CXXI 

Jaime, qne fué Cardenal de San Eustaquio y Arzobis^ 
po de Lisboa.» 

A juzgar por el brevísimo análisis que Bellermann (1 y 
hace de esta Tragedia, escrita en castellano como toda» 
las obras del Condestable, su contenido debe de ofre- 
cer más interés que el de la Sdtyra, puesto que el autor^ 
partiendo de la consideración de su propio infortunio^ 
se eleva á consideraciones de filosofía religiosa sobr& 
la instabilidad de los bienes y prosperidades del mun- 
do, acabando por resignarse sumisamente á la volun— 
'tad de Dios. Idéntico pesimismo cristiano, si es que 
esto puede llamarse pesin;LÍsmo, campea «n las Coplas 
del contemplo del mundo, y tales debían do ser las ha- 
bituales meditaciones de aquel príncipe, cuya vida fué= 
tan contrastada y tan amarga. 

Un error de García de Besende, que todos bemo» 
repetido hasta estos últimos años (2), ba venido atri- 
buyendo este notable poema, quizá el mejor que en 
aquel Cancionero se encuentra, al t infante dom Pedro,. 
>filho del rrey dom Joam da gloriosa memoria-», Ta> 
error procedía acaso de la primera y rarísima edición 
gótica, que de estas coplas, acompañadas de una glosa 
del aragonés Antón de TJrrea, se hizo en £aragoza ó* 
en Lisboa, donde también se da á D. Pedro el tituIo^ 
de Infante, aunque sin decirle hijo 4o B. Juan I (3). 



(l) . Die alten Liederbücher der Poriugiesen oder Beitrdge zur- 
getehiehte der poriugieríechen Poeeie vom dreizenftnten bit zum 
Anfong des sechzehnien Jahrhunderts.», Berlín; bei Ferdinand. 
Dümmler. 1840. PP. 29-3 j. 

(2) Creo que el primero que le corrigió fué el difunto bi- 
bliotecario D. José María Octavio de Toledo, eniun articulo pu- 
blicado en la Revista Occidental, de Lisboa, que cita Th. Braga. 

(3) Copla» /echas por el muy illastre Señor Jnf ante Don Pe- 



CXXII LÍRIGOS^ CASTELLANOS 

Pero la mención del acabamiento de Dé Alvaro de 
Luna (1453) basta para demostrar la imposibilidad 
de tal atribución, y para restituir el poema á su ver- 
dadero autor, que es el hijo y no el padre, el Oondes^ 
table y no el Infante. 

Con razón ha dicho Oliveira Martins que estas co- 
plas son el documento poético más notable de la lite- 
ratura portuguesa de su tiempo. Adolecen, es cierto, 
de la frialdad inherente ¿la poesía didáctica, y no son 
-en gran parte más que repetición de lugares comunes 
bebidos en la lectura entonces frecuentísima de los mo-^ 
ralistas antiguos, especialmente de Séneca, perpetuo 
oráculo del estoicismo español en todos los siglos. Los 



dro ele Portugal: en las guales hay Mil versos con sus glosas con- 
tenientes del menosprecio : e contemplo de las cosas fermosas del 
mundo : e demostrando la su vana e feble beldad (Biblioteca Na- 
xiional de Lisboa). El P. Méndez ( Tipografía Española) deseribe 
•otro ejemplar qae vio en poder de D. Santiago Saíz, 84 hojas 
«n folio, sin numeración y con letras dé registro. Bn papel 
grnéso como de protocolos. Cree que se imprimió en Lisboa, 
por ser igual en papel y tipos á la Glosa famosísima sobre las 
Cíalas de Don Jorje ManriquCt impresa en la capital de Porta* 
:gal por Valentín Femáriides, en 1501. Oliveira Martins, no sé 
pon qué fundamento, la supone de Zaragoza, 1478. Acaso sean 
distintas la edición de la Biblioteca Lisbonense y la que mane- 
jó el P. Méndez. 

Poseyó éste un códice de la misma obra, escrito en el úglo xv, 
papel grueso y letra clara y hermosa, con 152 folios útiles; Cpm* 
prendia 1^ octavas (en todo mil y ocho versos), muchas de ellas 
con su glosa como en el impreso, aunque cdn variantes. A las 
octavas antecedía, en seis hojas, un proemio en prosa, que las 
•ediciones no traen, y cuyo principio era este: «Comieoza el 
yprohemio dirigido ni muy excelente ;é muy católico principe 
> temido e muy amado señor Alfonso el quinto deste nombre: 
>rey de los portugueses e señor de la insigne e muy guerrera 
> africana cibdat...> 

FinaUzadas las octavas, proseguía en el manuscrito un razo- 



. PBÓL060 CXXIU 

ejemplos históricos con que el autor corrobora su doc* 
trina pertenecen también al fondo más vulgar de la 
cultura de su siglo; y, en suma, apenas hay nada que 
por novedad de pensamiento llame la atención ni se 
'fije indeleblemente en la memoria. Pero en medio de 
la aridez que tales sermones poéticos tieneo, cuando 
no es un Juvenal quien los escribe, hay en este poe- 
mita no sólo un nobilísimo sencimiento de la justicia y 
cin ideal muy noble de la vida, sino un tono de melan- 
<;ólica resignación, que es indicio de ánimo sincero, y 
nota personal introducida á tiempo para concretar un 
poco ia vaguedad de los preceptos. Cierto pudor ó al- 
tivez aristocrática impide al Condestable insistir en 
sus propios casos ni en los infortunios de su familia, 



namiento de despedida y amonestaciones cristianas, qne se sa- 
ponian hechas por el rey Alfonso V á la Infanta da Portugal 
Doña Juana, cuando vino á Castilla á casarse con el rey Enri- 
que IV. Esta pieza retórica que, á juzgar por el estilo, bien 
puede ser del Condestable más bien que del monarca en cuyos 
labios se pone, comenzaba asi: < Venido es $1 tiempo, o dulce 
»^a mia, en que yo casarte debo: llegada es tu edat, como yo 
» pienso, ó. los convenibles años de los maritales tála^l08...» Y 
«cababa: cDame ya, my cara fí>a, los postrimeros e amorosos 
>abrazo8 : recuérdate de mis amonestamientos : recuérdate del 
>nuestio deseoso despido: recuérdate desta nuestra postrimera 
> vista, que es quando... las secas tierras se aparejaban regar, 
»feneoido según los romanos el dia de Saturno, comenzado el 
^dia de Delio, cuya festividat honor de la resurrección del todo 
«poderoso e misericordioso iesu celebramos, en el áfto de la ve- 
inida de nuestro redemptor en carne, milésimo quadragentesi- 
»mo quinquagesimo quinto, pasada la primera guerra contra 
>lo8 agarenqs de D. Enrique, el quarto deste nombre rey de 
> Castilla, adonde en los rreales cerca de las oipdades morismas 
*ivL fuiste, y en hedat creciente como tu sabes, e las mis ma« 
>nos, que dexadas las armas con intenso e intimo amor, ser- 
>vian a ti, e te administraban los dulces manjares. * 



CíXIV LÍRICOS CASTELLANOS 

pero la honda tribulación de su espíritu tiñe de lúgti* 
bre color los rasgos de su pluma, dejándonos percibir, 
á través del moralista severo, al hombre de corazón, 
inicuamente perseguido por la desgracia. Añádase á 
esto que en muchos casos logra dar forma saliente y 
expresiva á ciertos aforismos éticos. Asi dice, por 
ejemplo, hablando de la nativa igualdad del género 
humano : 

Todos somos fijos del primero padre; 
Todos trayemos igual nascimiento; 
Todos habernos ¿ Eva por madre, 
Todos faremos un acabamiento^ 
Todos tenemos bien flaco cimiento; 
Todos seremos en breve so tierra : 
Kl propio noblesce meresclmiento, 
£ quien ál se piensa, yo pienso que yerra. 

De la real é imperial dignidad habla con á)iimo des- 
engañado : 

Menospreciad aquell' alia cumbre 
De los imperios et de los reynados, 
Pues non contiene en si clara lumbre, 
Nin fkce los hombres bienaventurados. 
Son siempre los reys llenos de cjuidadoa 
Y temen aquellos dé que son temidos, 
Son con amor vero de pocos amados, 
Nin las mas veces salen de gemidos. 

Los malos reyes, aborrecidos de Dios y del mundo, 
los privados infieles y mentirosos, no son en sus versos 
meras abstracciones : son los causadores de la ruina 
de su padre, quizá los asesinos de su hermana, los que 
á él mismo le traían proscrito y mendigando el pan 
del destierro. Si en los palacios le persiguen las en- 
sangrentadas sombras de los suyos, tampoco espera 



i 



PRÓLOGO GXXVr 

nada del pueblo ni de su vano amor. Le llama ingrato, 
«crudo y nefando, ensalzador de los malos, opresor de 
los buenos, que no sabe amar ni desamar, ni honra la 
virtud ni se cura de ella. 

Y su pesimismo no es meramente político : á veces 
se mueve en una esfera más trascendental. " 

Desear los fijos parescen engaños, 
Porque sus dolores son nuestro dolor... 

Y de la ingratitud de los hijos traza este cuadro es- 
pantoso : 

Son causa los fijos de males muy fuertes, 
A los tristes padres que los eng^endraron, 

Y lo que es más feo, buscan las sus muertes. 
Ya muchas veces los fijos tentaron 

De matar sus padres, et los desterraron 
De sus altos tronos et de sus reynados, 

Y en las tinieblas los encarcelaron, 
De su mesmo ser muy mal recordados. 

Enérgicamente condena el deseo sobrado de largo 
vivir; y la última mitad del poema no es ya filosófica, 
sino ascética, empezando el poeta por rechazar el auxi- 
lio de las musas profanas, que su maestro Juan de 
Mena había invocado en el Laberinto : 

Id-vos d' aquí, Musas, vos que en Parnaso, 
fíe^ún los poet-as, fecistes morada; 
Id-vos muy allende del montd Caucase, 
Pues no sodes dignos d' aquesta jornada, 
Nin vuestra ponzoña será derramada 
Con la su dulceza en las venas mías; 
Ca ser no me plaze de vuestra mesnada, 
Ni soy Omerista, nin sigo sus vías. 

Publicadas casi integras estas Coplas en nuestra 
Antología; no procede aquí dar más extractos de 



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GXXVI LÍRICOS CASTELLANOS 

«lias, bastando decii: que á pesar de la flojedad del eS' 
tilo en muchos trozos, y de las incorrecciones de len- 
gua y versificación, tolerables al cabo en pluma fo- 
rastera (y algunas de las cuales quizá puedan aelia- 
carse á la incuria ortográfica de Besende, que llenó de 
lusitanismos las poesía^ castellanas de su colección),, 
ninguno de los poetas portugueses que en el siglo xv 
escribieron en nuestra lengua hizo cosa mejor, ni qui- 
zá se encuentre en todo el Cancioneiro Geral poesía- 
de más alto sentido y de más- grave entonación, aun 
prescindiendo de la curiosidad que la da el nombre de 
su autor. 

No sabemos fijamente á qué año corresponde esta 
exposición poética de las máximas de Séneca corona- 
das coní las del venerable Tomás de Kempis; ni si prer 
cedió ó siguió á la vuelta del Condestable á Portugal, 
en 1457, cuando Alfonso V, apiadado de^l ó quizá por 
impulso de un remordimiento, consintió en levantarle 
el destierro. Narra el hecho así Ruy de Pina en el ca- 
pítulo 138 de su Crónica de D, Alfonso Y \ «En este 
tiempo, y en el fervor de esta cruzada (contra los ma- 
ros de África) andaba aún desterrado en Castilla el 
señor D. Pedro, que con mucha paciencia de grande» 
necesidades y desventuras, que en su destierro sopor^ 
taba, y con una loable templanza que en sus palabra» 
y en sus obras mostró siempre para el reino y para el 
Rey, obligó y conmovió á éste para que le dejase retor- 
nar á sus reinos^ y le hiciese aquella honra y merced 
que él por muchas causas merecía, especialmente por- 
que el duque de Braganza, así que vio la muerte de 
la Reina, no contradijo la vuelta del Infante con tanta 
insistencia y tanto recelo como en vida de ella hacía; 



PRÓLOGO GXXVlI 

y aunque tenia promesa del Bey de que el dicho D. Pe*^ 
dro, en vida del Duque, no viniese 8Ín su benepUcito> 
á estos reinos, desistió de ella.» 

Acompañó el Condestable á su primo y cuñado en 
la empresa de Tánger, y se hallaba en el campamenta 
de Ceuta cuando recibió una inesperada y honrosisima^ 
embajada, que parecía torcer el curso de sus destinos, 
hasta entonces tan infaustos. 

£s sabido que después de la muerte del Principe de 
Viana, los catalanes declararon roto el juramento d& 
fidelidad que habían prestado á D. Juan II de Aragón, 
y ofrecieron la corona á varios príncipes, entre ello» 
á Enrique IV de Castilla, ninguno de los cuales tuvo 
resolución para aceptarla. Entonces se acordaron de 
que en Portugal quedaba sangre de sus reyes, y de-^ 
terminaron hacer la misma oferta al Condestable,, cuya 
fama de valeroso y cumplido caballero se extendía por 
toda España. En 30 de Octubre de 1463 zarparon del 
puerto de Barcelona dos galeras mandadas por el ho- 
norable Rafael Julia, conduciendo á los representante» 
de la ciudad condal, á quienes presidía Mosén Fran- 
cisco Ramis, como embajador de los diputados de la 
Generalidad y Consejo del Principado. Era portador 
da una carta en que los catalanes proclamaban por su 
rey y señor al Condestable : tah integritat de ¡eys e li-- 
hertats com aquell al qual justicia acompanye devant 
tots altres per esser la propria carn devallant de la recta 
linea del excellent rey Nanfós lo henigne axi en les ero- 
ñiques intitúlate » y le exhortaban á tomar posesión del 
Reino. 

ITo titubeó ni un momento el caballeresco espíritu 
del príncipe en arrojarse á una empresa tan erizada de 



GXXVIII LÍRICOS CASTELLANOS 

peligros y dificultades, puesto que tenia que conquis- 
tar por fuerza de armas el reino que se le ofrecía, 
luchando con uno de los más astutos políticos y más 
excelentes soldados que en su tiempp había. Se embar- 
có, pues, para Cataluña, y después de una trabajosa na- 
vegación de cerca de tres meses, arribó á la playa de 
Barcelona el 21 de Enero de 1464. La pompa de su en- 
trada está largamente descrita en el Dietario de la Di- 
putación, y en el segundo de los libros de solemnitats 
^ue guarda el Archivo Municipal de Barcelona, y que 
ha dado á conocer (con tantos otros preciosos docu- 
mentos relativos á nuestro poeta) el Sr. Balaguer y 
Merino. 

El domingo 13 de Enero juró el Condestable los 
fueros y privilegios del Eeino, y no fué tardío ni remi- 
so en- cumplir su juramento de defenderlos, á pesar de 
la traidora enfermedad que iba minando su existencia. 
Poco más de dos años duró su efímero reinado, pero 
en ellos desplegó grande actividad como gobernante, 
del modo que lo testifican los copiosos registros de su 
•cancillería; y probó una vez y otra el trance de las ar- 
mas, con varia fortuna, pero siempre con créditos de 
bizarro y animoso, hasta que la suerte se le declaró 
de todo punto adversa ante las puertas de la villa de 
Calaf, donde fué completamente derrotado en batalla 
eampal el 1 8 de Febrero de 1465 por el Conde de Pra- 
des, con quien hacía sus primeras armes el infante que 
fué luego Fernando el Católico. En esta terrible derro- 
ta cayeron prisioneros los más notables partidarios del 
rey intraso, tales como el vizconde de Bocaberti, el 
•de Eoda, un D. Pedro de Portugal, primo-hermano del 
Oondestable, el gobernador de Cataluña mosén Garau 



PRÓLOGO CXXIX 

de Ser vello, Bernardo Gilabert de Cruylles y otros 
machos. 

Derrotado el Condestable se replegó á Manresa, y 
de álli pasó sucesivamente á GranoUers, Hostalrich, 
Castellón de Ampurias y Torroella de Montgri, diri- 
giéndose por ñn al Ampurdán, donde puso sitio á La 
Bisbal, rindiéndola por fuerza de armas en 7 de Junio. 

Este fué su último triunfo: la fortuna le había vuelto 
resueltamente la espalda: su candidez diplomática con- 
trastaba con la profunda sagacidad de D. Juan II, que 
cada día le iba robando partidarios y sembrando la di- 
visión en su campo. Su ánimo estaba postrado, y ade- 
más las fatigas de la campaña habían desarrollado rá- 
pidamente el germen de la tisis que le consumía. Sus 
días estaban contados, pero todavía soñaba con buscar 
nuevos auxiliares á su causa, contrayendo matrimonio 
•con una hermana del rey de Inglaterra, parienta suja 
por parte de su abuela paterna Doña Felipa de Lan- 
castre: y hasta llegó á enviar en arras á su futura un 
diamante engarzado en un anillo de oro, según de do- 
«cumentos del Archivó de la Corona de Aragón resulta, 
•constando asimismo el precio en que fué comprada tan 
rica joya. 

Ruy de Pina, que escribía lejos y estaba mal infor- 
mado, echó á correr la especie, entonces inevitable 
cuando se trataba de la muerte de algún soberano, de 
que el Condestable habia sido envenenado. No hay 
para qué detenerse en refutar semejante calumnia: el 
Condestable sucumbió á la mortal consunción que lé 
íujuejaba, el 29 de Junio de 1466, en la villa de Gra- 
nollers, á los 35 años de su edad, otorgando el mismo 
día de su fallecimiento un muy prolijo y minucioso tes*- 
Tomo Vir. 9 



GXXX LÍniGOS GASTl^LLANOS 

íamento, que ya Zurita extractó en sus Anales y que 
integro puede leerse en la monografía que prin-t- 
cipalmente nos sirve de apoyo. Conforme ¿ esta pos- 
trera voluntad suya, fué enterrado en la iglesia de San- 
ta María del Mar de Barcelona, con. funerales verdade- 
ramente regios; y allí descansa, aunque no en el altar 
mayor como él dispuso, por haber sufrido renovación 
en épocas de mal gusto el pavimento de aquel hermo- 
sísimo templo. El sepulcro del Condestable no tiene 
inscripción alguna, pero si una notable estatua yacen- 
te, obra del escultor Juan Claperós, que representa á 
D. Pedro con las manos cruzsídas sobre el pecho y un 
libro entre ellas, que si no es símbolo del libro de la 
vida, puede ser testimonio de los gustos literarios del 
Infante. 

El cual no fué solamente poeta, sino también erudi- 
to, bibliófilo y nuúiismático. Poseyó una biblioteca de 
96 códices, número muy respetable para su tiempo; á 
los cuales se refiere en un documento dirigido al Obis* 
po de Vich: libros nostros tam de theologia, strohgia^ 
philosophia et poesía, quam de istoriis vulgaribus in 
cathálana, francigena ant portugale7isi vd latina aut 
aliis quihusvis linguis descriptos et continuatos. Tuvo 
además un monetario bastante copioso, tecatium iüud 
de monetis sive de meddllis antiquis: generosa y culta 
afición que habían tenido también el magnánimo Al- 
fonso V y su sobrino el Principe de Viana, y quizá an- 
tes que ellos el Conde de Urgel D. Pedro, bisabuelo del 
Condestable; si bien de éste parece, por lo que cuenta 
Lorenzo Valla, que aunque tenía en su tesoro monedas 
de diversas regiones y tierras y en tanta cantidad que 
admiraba á los que las veían, y entre ellas más de cua*^ 



PROLOUO GXXYI 

renta maneras y especies de monedas de oro, no eran 
antiguas, sino modernas y corrientes, y no las reunía 
por honesto estudio arqueológico, sino por desenfrena- 
da codicia, «metiéndolas por fuerza en sus escritorios, 
»de canto y de ringlera, apretándolas y entremetién- 
»dolas con martillo», según dice Monfar, el cronista de 
la casa de Urgel (1). 

El inventario de los libros del Condestable existe, 
por fortuna, entre los protocolos del Archivo Municipal 
de Barcelona (2), y si bien inferior en número de volú- 
' menes d otras bibliotecai§ de su tiempo, tales como la 
de la Beiná Doña María de Aragón, la del Principe de 
Viana y la del Rey de Portugal D. Duarte, es notable 
por la varíedad de materias y aun de lenguas, habiendo 
códices latinos, franceses, toscanos, portugueses, cata- 
lanes y castellanos, entre los cuales figuran algunas 
obras al parecer desconocidas, tales como una traduc- 
ción portuguesa de Suetonio, un libro en vulgar cata- 
lán titulado La contemplado de la Reyna, otro tam- 
bién en catalán, aunque con título latino, Speculum 
edesiae mundi, unos Metamorfoseos de Ovidio en caste- 
llano, al parecer más antiguos que ninguno de los que 
tenemos, un Valerio Máximo castellano, también ante- 
rior al de Urries, y otras curiosidades; observándose 
que, á pesar de las aficiones poéticas del Príncipe, pre • 
dominaban en su colección las obras históricas (rasgo 
común, por otra parte, á todas las grandes bibliotecas 
de este tiempo), sin que aparezcan más libros de poesía 



(1) Tomo II (X de los Documentos del Archivo de la Corona 
de Aragón)f pág. 249. 

(2) Le ha publicado el Sr. Balagner y Merino en la Memoria 
tantas veces citada. 



Gxxxif líricos castellanos 

que uno en francés de las Cien baladas, el original de 
la Sátira del contempto del mundo del mismo Príncipe 
con su glo3a, y el Cancionero que le había regalado el 
Marqués de Santiliana. Desgraciadamente, el notario 
que hizo el catálogo anduvo tan cuidadoso en describir 
las encuademaciones de los libros, como negligente en 
indicar sus títulos, y hay algunos de ellos de que no 
da más señas que las primeras y las últimas palabras. 

*La noble personalidad de este Príncipe tan culto y 
humano obscurece bastante á los demás poetas portu- 
gueses áol Cancionero de Resbnde qae compusieron al- 
gunos versos castellanos. Por otra parte, ninguna de sus 
obras tiene la importancia del poema del Menosprecio 
del mundo ó de la Sátira de felice é infelice vida, por lo 
cual procederemos mucho más rápidamente en su enu- 
meración y estudio. Prescindiré de algunas poesías que 
también el Cancionero contiene, escritas por trovadores 
castellanos, tales como Juan E>odríguez de la Cámara 
y Juan de Mena, que quizá no han sido racogidas en 
sus obras, pero que de todos modos valen muy poco, y 
sólo sirven para comprobar la íntima fraternidad lite- 
raria entre los poetas de ambos reinos. Vemos, por 
ejemplo, que Mena y Rodríguez del Padrón terciaron 
en la interminable contienda sobre el cuydar y el sus- 
pirar, promovida entre Jorge de Silveira y Ñuño Pe- 
reyra, servidores uno y otro de la señora Doña Leonor 
de Silva. J3n este torneo poético tomaron parte casi to- 
dos los ingenios del Cancionero, y sus insípidas sutile- 
zas sobre este problema de Casuística amorosa llenan 
totalmente los 1 5 primeros folios del Cancionero. 

Abre la serie de los poetas bilingües coleccionados 
por Resende, D. Juan de Meneses, caballero de noble 



PRÓLOGO GXXXIII 

prosapia, mayordomo mayor de los Reyes D. Juan II 
y D. Manuel, primer conde de Tarouca, séptimo go- 
"bernador y capitán general de Tánger, donde se sé- 
llalo bizarramente por sus empresas qóntra los moros 
fronterizos. Costa é Silva (1) le concede grandes ven- 
tajas, como poeta, sobre sus contemporáneos, por lo 
bien torneado de los versos, la agudeza de los pensa- 
mientos, la belleza de las rimas y la gracia de la ex- 
presión. Tengo por muy exagerados tales elogios, y 
ni en castellano ni en portugués hallo que saliese de 
la rutina cortesana que en su tiempo pasaba por poe- 
sía. Los motes que glosó para varias damas de pala- 
cio (Doña Felipa de Villena, Doña Juana de Sonsa, 
Doña Leonor Mascarenhas, Doña Guiomar:de Castro, 
Doña María de Mello, etc.) son un nuevo dato que 
confirma el predominio creciente de la influencia cas- 
tellana entre las clases aristocráticas de Portugal, pues- 
to que los motes están en nuestra lengua y las glosas 
también. En ciertas coplas de D. Juan de Meneses se 
halla un verso que luego adquirió gran celebridad por 
haberle glosado á lo divino Santa Teresa de Jesús:' 

Porque es tormento tan fiero 
La vida de mi» cativo, 
Que no -vivo porque vivo, 
Y muero poryue no muero. 

Por la rúbrica de una de sus canciones consta que 
D. Juan de Meneses estuvo en Castilla, donde trabó 
amistad con el Conde de Fuensalida. 



(1) Ensato biographieo-eritico sobre os melhores poetas por^ 
tugu^zes por José Maria da Costa é Silva, (Lisboa, 1850.) T. I, 
p&gina 194. 



GXXXIV LÍRICOS GASTELLA^'OS 

Poeta mucho más importante, sobre todo por la luz 
que dan sus versos sobre algunos sucesos y costumbres 
dé su tiempo, es Fernán de Silveira, más conocido por 
su titulo palatino de Goudell-Moor, que sirve además 
para distinguirle de otros poetas de su familia, pues 
son nada menos que trece los que llevan este apellido 
en el Cancionero de Besende. Pero la mayor y mejor 
parte de las composiciones de este feliz ingenio, que 
faé además integro magistrado y mereció de la seve- 
ridad de D. Juan II el honroso apodo dé el Bueno, 
están en su nativa lengua portuguesa, descollando 
por su valor histórico las coplas que dirigió á su 
sobrino García de Mello dándole reglas para el trato 
de palacio : especie de manual de cortesía en el estilo 
del ensenhamen provenzal de Amaneo des Escás ó del 
Doctrinal de gentileza que entre nosotros compuso e 
Comendador Ludeña. En castellano apenas tiene más 
que u^a glosa sobre este mote ajeno: «mis querellas he 
vencido.-» 

Curiosas por su extravagancia son las pocas compo- 
siciones castellanas de Alvaro de Brito Pestaña, que 
en la sátira portuguesa aventajó á todos los poetas del 
Cancioneiro, como lo prueban/ las notabilísimas ^coplas 
al regidor Luis Eoga9a sobre los malos aires de Lisboa 
y el modo de sanearla. Su nombre va tristemente uni- 
do á la celada de Alíarrobeira, en que dio la señal del 
combate como capitán de los arcabuceros del Bey. 
Disfrutó desde entonces de gran favor en Palacio, y 
fué uno de los caballeros que en 1451 acompañaron á 
la Infanta Doña Leonor, hermana de Alfonso V, cuando 
fué á casarse con Federico III, Emperador de Alema- 
nia. Pero su estrella declinó en tiempo de D. Juan II, 



PRÓLOGO GXXXV 

que siempre iuíró con malos ojos á cuantos habían to- 
mado parte en la ruina del Infante su abuelo. Enton- 
-ees buscó, según parece, la protección de los Beyes 
-Católicos, en loor de los cuales compuso unas dispa- 
ratadas coplas que se pueden leer de sesenta y cuatro 
maneras, Con la gracia especial de que todas las palar- 
bras de cada estrofa empiezan con la misma letra : ar- 
tificio métrico sumamente ingrato al oído, como puede 
juzgarse por eáta muestra r 

Esclareces, ensalzada, 
En Europa elegida, 
Esperante, esperada, 
Estrella esclarecida- 
Esplendor espiritual, 
Electa, espectativa, 
Especta, executiya, 
Extrema, esencial. 

Alarde de mal gusto, sólo comparable con el del hu- 
manista que llamándose Publio Porcio compuso el poe- 
ma latino Pugna porcorum, en que todas las palabras 
-empiezan con P, semejando toda la obra un perpetuo 
gruñido. 

Aunque tan apasionado de nuestra gran Reina; cuan- 
do el Eopero Antón de Montoro salió con aquellas co- 
plas de sacrilega adulación : 

Alta Keina soberana, 
Si fuéssedes antes vos 
Que la hija de Santa Ana, 
De vos el fijo de Dios 
Recibiera carne humana; 

Alvaro de Brito lanzó contra él una formidable sá- 
tira, en que le denuncia como hereje y judaizante, y 



Gxxxvi líricos castellanos 

le amenaza con el fuego del Santo Oficio, qne ja le 
hubiera abrasado (dice) si hubiese osado escribir tale» 
cosas en Portugal. No sabemos si fué sólo el celo reli- 
gioso el que dictó esta invectiva, ó si tuvo más parte- 
en ella el humor cáustico y maldiciente del autor, cuya 
genialidad literaria era muy parecida á la del Ck)nde de 
Villamediana, reduciéndose la mayor parte de sus ver- 
sos á injurias y dicterios personales, que no dicen mu- 
cho en pro de los buenos sentimientos 'de su autor. 

Más simpático es otro poeta del mismo apellido,. 
Duarte de Brito, en quien la nota elegiaca predomina^ 
siendo además uno de los rarísimos poetas del Cancio- 
nero que cultivan la visión dantesca, aunque su imi- 
tación es de segunda mano, pues más bien que en la 
Divina Comedia se inspira en sus imitadores castella- 
nos. Su principal composición portuguesa es un Infier- 
no de los Enamorados, en que sigue las huellas de Juan 
Eódrigüez del Padrón y del Marqués de Santillana, 
imitados á su vez en Castilla por Guevara y Garci 
Sánchez de Badajoz, contemporáneos de Duarte Brito. 
Teófilo Braga (1) le califica de poeta platónico, ca- 
suista, sentimental, melancólico y amante de personifi- 
caciones y alegorías. Hay en este poemita amenas des- 
cripciones y versos muy agradables : el diálogo del 
ruiseñor con el poeta parece un eco lejano de la musa 
provenzal : 

Dois tristes afortunados, 
Debaixo das verdes ramas, 
Estando multo penados, 
De prazer desesperados. 



(1) En el ya citado libro de los Poetas palacianoSt pág. 386^ 



PRÓLOGO GXXXVIf 

Falando em soasas damas, 

Oavimos cantar urna ave, 

Qu' em sea canto parecía 

Roussinol, 

Manso, doce, muí soave, 

Per muí alta melodía, 

Per bemol. 

La lengua en éste y en otros poetas del Cancioneiro 
68tá tan penetrada de castellanismos, que muchas ve- 
ces duda uno si lee portugués ó castellano. Pero, ade- 
más, tiene una docena de poesías enteramente castella- 
nas, todas ellas eróticas : bien versificadas aunque poco 
correctas en la dicción, y &e tono muy apasionado : 

¡oh, Tida de mis dolcres, 
Oh dolor de mis cuidados, 
Cuidados de mis amores, 
üe tormentos matadores 
y males desesperados! 

¡Oh cuánto mejor me fuera 
No ver vuestra fermosara! 
Ni por vos no me perdiera, 
Ni pesar no me metiera 
En poder de tal tristura. 

¡Oh vida tan dolorida, 
De vida muerte tornada. 
Oh muerte tanto querida, 
De esperanza convertida 
^ En vida desesperada! 

¡Oh muerte, cómo no vienes 
Á dar cabo á vida tal! 
Que la vida en que me tienes 
Es la muerte de mis bienes^ 
Vida de todo mi mal... 

Con tantos males guerreo, 
Setlora, por te servir. 
Que la muerte del vevir 



\ 



•€XXXVIII LÍaiCOS CASTELLANOS 

Es la YÍ(Ja del deseo. 

De ti siempre fui ferido 
Con tormento, 

Mas nunca del mal que siento 
Socorrido. 

Mi daño sin compasión, 
Con dolor nunca so mengua: 
No sabe decir mi lengua 
Lo que siente el corazón... \ 

¡Oh fuente de crueldad. 
De lloros j sentimientos, 
Robo de mi libertad, 

Y soledad 

De mis tristes pensamientos! 
¡Fuego mortal encendido, 
Que en mí todo te derramas, 

Y penetras con gemido!... 

En una de estas poesías encontramos también el fa- 
moso verso de la glosa de Santa Teresa : 

Y con tanto mal crecido 
Como son vuestras cruezas, 
Que por vos triste cativo, 
Ya no vivo porque vivo 

Y muero porque no muero. 

Se trata evidentemente de un lugar común de la 
poesía trovadoresca del siglo xv, y no creo que ni don 
Juan de Meneses ni Duarte Brito le inventasen. 

Todas estas amorosas quejas iban dirigidas á una 
doncella de Sjantarem, llamada Doña Elena, en obsequio 
de la cual compuso el poeta los versos portugueses de 
más sentimiento que hay en este Cancionero : bastante 
Análogos á otros del trovador castellano Guevara: 

¡Oh campos de Santarem, 
Lembrancas tristes de mjm... 



PRÓLOGO GXXXIX 

Después del Condestable de Portugal, el más nota- 
ble de los ingenios cuyos versos castellanos nos da 
á conocer Beaende, es D. Juan Manuel, cuyas trovas, 
por un error inexplicable, y que arguye la más profun- 
da ignorancia de nuestra historia poética, han sido ci- 
tadas alguna vez como del infante castellano del si- 
glo XIV. Tampoco debe confundírsele con otro ca- 
ballero contemporáneo y homónimo suyo, que filé 
gran privado de Felipe el Hermoso. El D. Juan Ma- 
nuel portugués era hijo natural del obispo de Guar- 
da, y nieto del rey D. Duárte. Fué alcaide de Santa- 
rém, Camarero mayor de Palacio en tiempo del rey don 
Manuel, y vino de embajador á Castilla para negociar 
«1 matrimonio de aquel soberano con la Princesa Isa- 
bel, hija de los Beyes Católicos. Sus mejores poesías 
-están en nuestra lengua, y hay entre ellas una de in- 
terés histórico, á la muerte del Principe D, Alfonso, 

qae cayó de un mal caballo, 
corriendo en un arenal, 

y en quien se frustraron las esperanzas de la próxima 
unión de los dos reinos, retardada una y otra vez por 
«1 hado adverso. Pierden mucho las estancias de arte 
mayor de D. Juan Manuel cotejadas con el rouíance 
verdaderamente inspirado que esta catástrofe dictó á 
Fr. Ambrosio Montesino, ó como quieren otros, á un 
incógnito poeta popular, pero aventaja sin duda á la 
de Alvaro de Brito al mismo asunto (1) y á la más tar- 



(1) Hállase también en el Cancionero de Besende, y tiene 
:forma mótrica bastante parecida á la del romance: . 

Morto he o bem d' Espanha, 
Nosso principe rreal. 
Chora, chora Portugal, 
Choremos parda tamanha... ^ 



CY.L LÍRICOS CASTELLANOS 

día de Jorge Ferreira de Vasconcellos (1). Lá imita- 
ción de Juan de- Mena és patente, en fondo y forma, 
en las estancias del Comendador Mayor, y aun hay 
algún detalle evidentemente tomado del episodio de la 
muerte de Lorenzo Dáv alos, aquel que con tanto recdo 
criaba su madre: 

¡Guay de la madre, que vi6 tan aína 
El bien de su vida assí fenecer, 
Á quien solorgía (2), saber, medicina, 
Poder nin riquezas pudieron valer! 



La sinceridad del sentimiento por la muerte de su 
señor, sin mezcla de adulación palaciega, inspira á ve- 
ces felizmente al poeta, y le hace exclamar con apasio- 
nado acento: 

¿Qué fué de la vuestra tan linda estatura. 
Que tanto excedía las otras del mundo, 
La frente serena del rostro jocundo? 
¿Qué fué de la vuestra hermosa figura? 
¿Adó fallaremos á la fermosura 



(1) Hállase en su Memorial das proezas dos Cavalleiros da 
Tavola Redonda^ especie de libro de caballerías, en que inter- 
cala varios romances. £s composición erudita y prosaica. Lleva- 
por titulo Romance cantado á tres vozes^ que se refere dmorie do 
principe Don Alfonso, Jilho de El rei Don Joao II e seu única 
successor. T. Braga lo reprodujo en su Floresta de varios ro- 
mances. (Porto, 1869.) 

En la poesía popular de las Islas Azores quedan ve&tigioB- 
del romance de Montesino, que aunque intercalados hoy en can- 
ciones de otro asunto, prueban la honda impresión que en Ios- 
contemporáneos debió de hacer aquella catástrofe: 

Vosso marido he morto— caiu no areaJ. 
Rebentou o fel no corpo-en duvida de escapar. 

(2) Cirugía. 



\ 



PRÓLOGO CXLI 

De los vuestros ojos tan mucho estremados? 
Vayamos, seguidme, joh desventurados! 
' Rompamos, rompamos, la su sepultura. 

Á ver si hallaremos las sus lindas manos 
Por muchas mercedes de todos besadas. 
jOh fiestas malditas, desaventurada.s, 
Que luego tan presto vos habéis tornado 
En lloro el placer, en xerga el brocado, ' 
Las danzas en otras muy desatinadas. 

¡Oh alta princesa, la más virtuosa 
Que vieren ni vieron jamás los humanos, 
' Del vuestro marido sin fín d'^seosa, 
Sin fin deseada d-? Iqs Lusitanos! 
Nefanda fortuna y casos mundanos 
Por nuestros popados han deliberado 
De los vuestros brazos ser arrebatado, 

Y puesto de donde le coman gusanos. 

¡Cuan próspero fuera quien fuera delante, 
Por no ver la cumbre de tanta tristura, 

Y participara de su sepultura 
Quien fué de su cámara participante! 



Hay en esta composición una admirable senjtencia, 
digna de ser más conocida de lo que es, porque puede 
decirse que ci&a en dos palabras toda la psicología del 
amor: 

Que el ánima nuestra allí suele estar 
Más donde ama que no donde anima. 

Compuso D. Juan Manuel muchos versos de amo- 
res, en que no sólo hay ingenio y sutileza, sino de vez 
en cuando lumbres y matices poéticos dignos de mejor 
escuela, y que compiten con lo más selecto de Guevara 



GXLII LÍRICOS CASTELLANOS 

y Garci-Sánchez de Badajoz, príncipes de la musa 
erótica en aquel fín de siglo: 

La vuestra forma excelente, 
Que mi memoria retiene, 
Ante mis ojos se viene 
Como si fuese presente: 
Y con esto mi sentido 
A mi triste entendimiento 
Deja triste y afligido, 
Tan cercano de tormento 
Como apartado de olvido. 



Aquellos lugares todos 
Do vos vi y ya np os veo, 
Por cien mil vías y modos 
Cada hora los rodeo... 
....•..^. ....... ............... 

Las sierras por donde andamos 
Ahora sin vos las ando; 
Allí donde descansamos, 
Allí muero sospirando. 
Los verdes prados y ríos 
Es forzado que acrecienten 
Tanto los dolores míos, 
Que no sé cómo se cuenten 
Que no diga desvarios. 

No sé quién padecerá 
Én infierno más tormento, 
Ni qué fuego quemará 
Más que aqueste pensamiento.. 
¡Oh memoria de mi bien 
Llorada noches v días! 
¡Oh vos, se&ora, por quien 
No creo que Jeremías 
Más lloró Jerusalén! 

La música que solía 
Mis cuidados amansar, 
Agora multiplicar 



PRÓLOGO CXUI» 

Los ha fecho en demasía. 

Si digo alguna canción 

' Que dije naquellos días, 

Son en tanta alteración, 

Que no las lágrimas mías 

Sufren disimulación, 
v 

Imitador declarado de Juan de Mena en las compo- 
siciones de más grave argumento, le superó, á mi ver,, 
en el poemita de Los siete pecados mortales, menos di- 
dáctico y menos árido que su modelo, y amenizado en 
lo posible con ingeniosas alegoríüís y elegantes descrip- 
ciones. 

No creo necesario hacer particular estudio dé los 
versos del Conde de Vimioso, de Antonio Méndez de 
Portalegre, de un cierto Ferreira (no el clásico Doctor 
Antonio), que tuvo la honra de que Sá de Miranda 
glosase una cantiga suya, de Fernán Brandam, de 
Jorge Resende, del estribero mayor del Rey, Francisco 
Omen, de Duarte de Besende y otros muchos; porque 
nada hay en ellos de particular y característico. Pero 
no sucede lo mismo con los de Luis Enriquez, hi- 
dalgo servidor de la casa de Braganza, el cual en 
castellano y en portugués tuvo aspiraciones épicas, y 
apartándose de los lugares comunes de la frivolidad 
cortesana, cantó con noble aliento la conquista de Aza- 
mor (1513), en estancias de Juan de Mena, y lloró en 
coplas de Jorge Manrique la desastrada muerte del 
príncipe D. Alfonso. Esta elegía, aunque muy inco- 
rrecta en el lenguaje, y afeada por falsas rimas (vicio- 
frecuente en el Gancioneiro, por no haber atendido es- 
tos poetas como debían á la diferencia de pronuncia- 
ción entre las dos lenguas que simultáneamente mane- 



GXLIV LÍRICOS CASTELLANOS 

{aban), no carece de fuerza patética en alganos laga- 
res, y se ve que el autor busca cierto efecto dramático, 
poniendo doloridos plantos en boca del Hey, de la 
E,eina y de la Princesa; pero á pesar de todo este apa- 
rato y de las sentencias que oportunamente saca de 
Job y de los Profetas, resulta declamador y lánguido 
si se le compartí con D. Juan Manuel, y sobre todo 
•con la trágica concisión del romance castellano. Luis 
Enríquez parece haber vivido algún tiempo en Valen- 
cia, y en obsequio de una señora de aquel reino com- 
puso un devoto poemita sobte la oración del huerto. 

Las relaciones de los portugueses con la corona de 
Aragón tenían que ser menos íntimas y frecuentes que 
vcon Castilla, pero el Cancionero de Besende prueba que 
también las había, como lo indica el curioso pleito 
burlesco sostenido en Zaragoza entre varios trovado- 
res de ambos reinos sobre ciertas calzas de chameilote 
que sacó por invención y gala Manuel de Noronha. 

Muy rara vez emplean los poetas del Gancióneiro el 
verso de arte mayor. Como la mayor parte desús com- 
posiciones pertenecen al género llamado de sociedad^ y 
son más bien galanterías rimadas que obras seriamen- 
te poéticas, prefieren en ellas los metros cortos, que 
generalmente manejan con facilidad. Véanse éstas en- 
dechas del Prior de Santa Cruz: 

Lloran mis ojos 
Y mi corazón 
Con mucha razón. 

Lloran mi pena, 
Mi mal no fingido, 
Mi dicha no buena, 
Tan lexos d' olvido. 
Murió mi sentido 



PRÓLOGO CXLV 

De YÍva pasión 
Con mucba razón... 

Casi todas las secciones del Cancionero de Hernando 
del Castillo tienen representación en el de Eesende, 
que es, por decirlo asi, una duplicación, ó más bien un 
suplemento ^e aquél. Las letras de justadores (1), los 
porqués rimados, y por supuesto los versos de burlas, 
que aqui generalmente no son más que insulsos: rara 
vez sucios ni deshonestos. El gracejo consiste princi- 
palmente en los apodos, para lo cual Enrique da Motta 
descubre un ingenio satírico muy análogo al de Antón de 
Montero. Todas las poesías de esta clase están en por- 
tugués, y abiindan en felices idiotismos populares; pero 
aun hay en ellas visible imitación castellana, siendo 
muchos los trovadores que repiten hasta la saciedad 
las quejas de Juan de Mena sobre él macho que com- 
pró de un Arcipreste, y er diálogo del Ropero con su 
caballo. 

Cierran tan copioso centón las poesías del propio co- 
lector García de Resende, que íué en rigor el último y 
uno de los mejores poetas de esta escuela, puesto que 
sus trovas, en forma de monólogo, á la muerte de Doña 
Inés de Castro (2) deben contarse entre las raras piezas 



(1) A Vynte et nove días de Dezemhro de mil e quati'ogentoa e no- 
venta fez el rrey dom Joam em Evora humas justas rreaes no casa' 
mentó do pringepe dom A/fonso seu filho, com a prtii(;esa dona Isabel 
de Castela; et foy o dia daa mostra huuma quinta Jeyra, et aa sesta 
se comegaran^ e duraram tee o domingu/) seguynte; é el rrey com oyto 
mantedores manteve a tea em huma fortaleza de madeyra^ sengular- 
mentefeyta, onde todos estauam de dya e de noy te, que tamhem Justa- 
vam; e as letras e cimeyras que se tiram sam estas (casi todas son 
castellanas). 

(2) Trovas á mor te de D, Jgnez de Castro, que El Rei Don 

Tomo VIT. 10 



CXLVI LÍRICOS GASTBLtANOS 

líricas de este tiempo que tienen algún valor positivo, 
aparte del mérito de haber tratado por primera vez este 
asunto tan patético y tan nacional, abriendo el camino á 
la clásica musa de Ferreira y de Camoens. Eesende, cnya 
vida se prolongó más allá del primer tercio del si- 
glo XVI, íué uno de los espíritus más cultos y más- 
enciclopédicos de su tiempo; y aunque le faltaba la 
instrucción clásica, fundamento entonces de todo saber, 
la suplió en parte con su buen instinto y grandes fa-^ 
cuitados de asimilación. Fué^ además de poeta, músico, 
dibujante, historiador, hombre político y discreto cor- 
tesano. Su extraordinaria obe^dad, nacida acaso de 
sus gustos epicúreos, fué manantial inagotable de chis- 
tes para sus hermanos en Apolo, de cuyas burlas no se 
ofendió nunca; antes las reproduce con toda conciencia 
en la vasta antología que compiló de las producciones 
poéticas de su siglo. Formó parte de aquella célebre y^ 
magnifica embajada que llevó á Boma Tristán de Acu- 
ña en 1514, con las primicias del encantado Oriente; y 
de tal modo penetraron en su espíritu las maravillas- 
del E;enacimiento, la alegría de la vida, el espectáculo 
de Italia y el entusiasmo por la grandeza de su pueblo, 
que acertó á compendiarlo todo en algunos versos de 
su Miscellaneay los cuales en medio de su sencillo esti* 
lo tienen más poesía que todo su Cancionero : 

E vimos em nossos días 
A letra de forma achada, 
Com que a cada paseada 
Crescem tantas livrarías. 



Af/onso guarió de Poréupa!, matou em Coimbra, por o Principe 
D, Pedro seu fiUiq^ a ten como mulher^ e pelo bem que Ihe quería 
nüo quería casar. 



PRÓLOGO GXLVII 



D' AUemanha he o louvor 
Por d' ella ser'o Author 
D' aquélla cousa tao dina! 
Oatros afirman da China 
Ser o priraeiro inventor. 

Outro mundo novo vimos 
Por nossa gente se achar, 
E o noESo navegar 
Tao grande que descobrimos 
Cinco mil leguas por mar. 
E vimos minas reaes 
D' ouro e dos outros metaes 
No Revno se descobrir: 
Más que nunca vi sahir 
Engenhos de offíciaes. 

Vimos rir, vimos folgar, 
Vimos cousas de prazer, 
Vimos zombar e apodar, 
Motejar, vimos trovar 
Trovas que eran para 1er. 
Vimos homens eslimados 
Por manhas aventajados: 
Vimos damas mui fermosas, 
Muí discretas e manhosas, 
E galantes afamados. 

Música vimos chegar 
A mui alta perfeicáo, 
Sarzedas, Fontes cantar, 
Francisquinho assim junctar 
Tánger, cantar sem racáo! 
Arriaga, que tanger! 
O Cegó, que grao saber 
Nos orgaos! e o Vaena! 
Badajoz! e outros que a penna 
Deixa agora de escrever (1). 



(1) Sobre estos y otros artistas de aquel siglo, véase el im- 
portante libro de Joaquín de Vasconcellos, Os Músicos PoríU' 
guezes (1870). 



GXLYIII LÍRICOS CASTELLANOS 

Pintores, luminadores, 
Agora no cum^ estam, 
Ofivisis, Esculptores 
Sam mui subtís e melhores... 
Vimos o gran Michaei, 
E Alberto, e Raphaei; 
E ba em Portugal taes 
Táo grandes e naturaes 
Que vem quasi ao olivel. 

E vimos singularmente 
Fazer representacoes 
De estilo mui eloquente, 
De mui novas invencoes, 
E feitas por Gil Vicente: 
Elle foi o que inventou 
Isto cá e que o usou 
Con mals graca e mais doutrina, 
Posto que Juan del Enzina 
O Pastoril comecou. 

9 

Lisboa vimos crescer 
Em povos, e em grandeza, 
E muito se ennobrecer 
Em edificios, riqueza, 
Em armas, e em poder... 
V E vimos comunicar 

El Rei con o Preste Ioílo, 
Embalsadas se mandar, 
Cousa que nella fallar 
Parecía admiracao : 
Vimos cá vir Elefantes, 
E outras Bestias semelbantes 
Trazer da India por mar:.. 

Este hombre, cuyo talento era muy superior á 
la adocenada escuela cuyos insípidos frutos nos ha 
conservado, tuvo entre otras cosas el instinto de la 
poesía popular. Es casi el único de los trovadores por- 
tugueses que parece haber conocido y estimado los ro~ 



PRÓLOGO GXLIX 

manees. Lo testifica el estiló de sns coplas caste- 
llanas : 

Tiempo bueno, tiempo bueno, ' 
¿Quién te me llevó de, mí? 
Qu' en acordarme de ti , 
Todo placer m' es ajeno. 
Fué tiempo y horas ufanas, 
En que mis días g'ozaron; 
Mas en ellas se sembraron 
La simiente de mis canas. 

¿Quién no llora lo pasado 
Viendo cuál va lo presente? 
¿Quién busca más accidente 
De lo que el tiempo le ha dado? 
Yo me vi ser bien amado, 
Mi deseo en alta cima: 
Contemplar en tal estado 
La memoria me lastima. 

Y pues todo m' es ausente, 
No se cuál extremo escoja; 
Bien y mal, todo m' enoja: . 

¡Mezquino de quien lo siente! 

T lo que es más significativo todavía: los rasgos más 
poéticos de las trovas puestas en boca de Doña Inés 
de Castro, son eco dcjun romance viejo, de distinto, 
aunque no muy desemejante argumento : 

Estaua muy acatada, 
Como princesa servida, 
Em meus pacos muy honrrada, 
De todo muy abastada, 
De meu senhor muy querida, 
estando muy de vaguar, 
Bem fora de tal cuidar, 
Em Coymbra d'.aseseguo. 
Polos campos de Mondeguo 
Cavaleyros vy asomar... 



CÍ£ LÍRICOS CASTELLANOS 

Cojupárese el principio de uno de los romances de 
Isabel de Liar (núm. 104 de la Primavera de Wolf): 

' Yo me estando en Giromena 
Á mi placel y holgar, 
Subiéraqae á un mirador 
Por más descanso tomar: 
Por los campos de Monvela 
Caballeros vi asomar. . . 

Acaso este romance fué compuesto á imitación de 
otro que versase sobre la catástrofe de Doña Inés de 
Castro, y en él probablemente se inspiraría Kesende, 
coníS se inspiró más tarde Luis Vélez de Guevara en 
su comedia Reinar después de morir: 

Por los campos del Mondejo ^caballeros veo asomar: 
Armada gente les sigue— ¡válgame Dios! ¿qué será? 

El Cancionero de Resende apareció en 1516 (1), 
cinco años después del de Castillo, al cual imita en 
todoV hasta en su aspecto tipográfico. Pero destinado á 
un público menos numeroso, nunca obtuvo tanta difu-' 
sió¿ como el castellano, y no fué reimpreso ni una sola 



(1) Canelo I neiro, geral: \ Com preuilegio 

Colofón) *.Acabou88e de empremir o caney o- \ negro geerall. Com 
preuilegio do \ muyto alio e muyto poderoso Rey \ dom Manuell 
nosso senhor. Que \ nenhüa pessoa o posa empremir... Foy ordena- 
do e emendado por Garda de \ Reesende Jidalguo da casa del Rey 
nosso senhor \ e escrivam da fazenda do principe, C'omengouse etn 
Almeyrim e acabousse na muyto nobre e sempre leall gidade de 
Lixboa, Por Herma de cápos \ alema bóbardeyro del rey nosso se- 
nhor e empre- | midor. Aos XXVllI días de setémbro da era de 
nosso senhor Jesu cristo de mil e quinhentos e XVI annos. Fol. 232 
hojas á dos y tres columnas. 

Hay ejemplares en la Biblioteca Nacional y en la de Palacio. 
Otro tiene en Sevilla el Marqués de Jerez en su incomparable 
«elección de libros de poesía española. 



PRÓLOGO GLI 

V 

Tez en el transcurso de más de tres siglos, por lo cual 
llegó á ser libro rarísimo, contribuyendo á ello el rigor 
inusitado con que le trató en su índice expurgatorio de 
1624 la Inquisición dé Portugal (que en estas materias 
fué siempre mucho más rígida y meticulosa que la nues- 
tra), ordenando tachar una porción de pasajes. Sólo 
«n 1846, y no por iniciativa de los portugueses, toda- 
vía menos solícitos de sus tesoros literarios que nos- 
otros (y es cnanto hay que decir), sino de una sociedad 
de bibliófilos alemanes, la de Stuttgart, que ha presta- 
do tantos servicios á la ciencia desenterrando obras 
rarísimas de todas las literaturas, se vio nuevamente 
,de molde la compilación de Eesende, ilustrada con un 
breve prefacio del Dr. Kausler. Esta edición, dividida 
«n tres tomos, es copia literalísima de la primera, y re- 
produce por consiguiente todas sus erratas, .que son 
innumerables. El texto de las composiciones castella- 
nas está horriblemente desfigurado (1). 

Resende encabezó su colección ton un elegante pró- 
logo ó dedicatoria al rey D. Manuel, cuya parte más 
esencial voy á transcribir, excusándome el trabajo de 
traducirla, puesto que ya lo está primorosamente por 
D. Juan Valora : «Porque la natural condición de los 
PortugueseB es no escribir nunca cosas qué hagan, aun 
«iendo dignas de grande memoria ; muchos y muy al- 
tos hechos de guerra, paz y virtudes, de ciencias, ma- 
ÍLas y gentilezas están olvidados, que si los escritores 



(1) Cancioneiro geral. Altportugiesische Liedersammlung des 
Edeln Garda de Ressende .. Stuttgart, Gedruckt anf Kosten dea 
litterarischen Vereins, 3 vol. i.**, 1846-1848-1852. (Tomos XV, XVII 
y XXVI de la Biblioteca publicada por dicha iSociedad Lite- 
raria.) 



GLII LÍRICOS CASTELLANOS 

se quisiesen ocupar en escribirlos, en las historias de 
Eoma y de Troya, y en todas las otras crónicas anti- 
guas no hallarían memoria de mayores hazañas ni más 
notables casos que los que de . nuestros naturales po- 
drían escribirse, así de los tiempos pasados como de 
ahora. Tantos reinos, señoríos, ciudades y villas, á 
miles de leguas, tomados por mar ó por tierra á fuer- 
za de armas, siendo tal la multitud de- hrs^ contrarios y 
tan pocos los nuestros; sostenidos con tantos trabajos, 
guerras, hambres y cercos, y con tan remota esperan- 
za áe ser socorridos ; señoreando por las armas gran 
parte de África; teniendo tantas fortalezas tomadas, y 
de continuo guerra sin' cesar. Así Guinea, donde gran- 
des Beyes son nuestros vasallos y tributarios, mucha 
parte de Etiopía, Arabia, Persia é India, donde tan- 
tos Key^s moros y gentiles, y tantos grandes señores 
son por fuerza hechos subditos y servidores, y pagan 
parias ó tributos, y no pocos pelean por nosotros bajo 
la bandera de Cristo y siguen á nuestros capitanes 
contra los suyos. También hemos conquistado 4.000 
leguas por mar, que ningunas armadas del Soldán ni 
otro gran Rey ni Señor osan navegar por miedo de 
las nuestras, y pierden sus tratos, rentas y vidas, y 
se convierten reinos y señoríos con innumerables gen- 
tes á la fe cristiana, recibiendo el agua del santo bau- 
tismo ; y otras cosas que no pueden reducirse á breve 
escritura. Todos estos hechos y otros de tal sustan,- 
cia no son divulgados como lo serían si gente de otra 
nación los hiciese. Y por esta misma causa, muy alto 
y poderoso Príncipe, muchas cosas de folgar y de gen- 
tileza se pierden sin quedar de ellas noticia. En la cual 
cuenta entra el arte de trovar, que en todo tiempo fué 



PRÓLOGO GLIII 

may e9timado, y con él alabado Nuestiro Señor, como 
se advierte en los himnos que se cantan en la Santa 
Iglesia. Y asi de machos Emperadores, Reyes y per- 
sonas memorables, por los romances y trovas sabemos 
las historias. El arte de trovar es además necesario en 
las cortes de los grandes Principes para gentileza, amo- 
res, justas y juegos, y para, castigar y poner enmienda 
en los malos trajes é invenciones, como en el libro más 
adelante se verá. Y como. Señor, los otros asuntos son 
muy grandes, y por su grandeza y mi corto entender, % 
no debo tocar en ellos, para satisfacer en parte el de- 
seo que siempre tuve de hacer algo en que Vuestra 
Alteza fuese servido y tomase desenfadamento, deter- 
miné juntar algunas obras que pude haber de pasados 
y presentes, y ordenarlas en este libro. » 

Lo primero que llama la atención en este Cancione- 
ro, prescindiendo de la diferencia de lenguas, que es 
meramente accidental y no afecta al contenido poético, 
es la penuria de inspiración histórica, el divorcio en 
que estos trovadores cortesanos parecen vivir' de toda 
la grandiosa vida de su pueblo, que se desarrollaba 
á sus ojos, y en la que algunos de ellos tomaron paiiie 
muy honrosa y calificada. Ni las empresas de África, 
ni las portentosas navegaciones de Oriente tienen eco 
apenas en esta retórica convencional y enfadosa. Aun 
los asuntos interiores del reino parecen preocupar de 
un modo muy superficial á estos ingenios. Las pocas 
excepciones que pueden alegarse, de Luis Enríquez, de 
D. Juan Manuel, de Alvaro de Brito y de algún otro,, 
sólo sirven, por su rareza y por su medianía, para 
confirmar la regla. 

Si estos versificadores parecen vivir aislados de la 



CLIV LÍRICOS CASTELLANOS 

realidad presente y luminosa, de la cual sólo aciertan 
á reproducir algún aspecto exterior y fugitivo, todavía 
están más distantes de la poesía tradicional, que no 
dan muestras de estimar, ni siquiera de conocer. Ya 
hemos visto que las trovas de García de Resende so- 
bre la muerte de doña Inés de Castro son un ejemplo 
49olitario que ni tenia precedentes ni tuvo imitadores 
por entonces.. 

¿Qué más? la fuente fresca y saludable del lirismo 
gallego permanece sellada para estos pedantescos é in- 
sulsos vates que, salvo la lengua, no parecen ni próji- 
mos de los juglares que cantaron tan suave y delicada- 
mente en las cortes del rey D. Diniz y de Alfonso IV. 

Aun de la poesía castellana de la corte de D. Juan II 
y de sus sucesores inmediatos, que distaba mucho de 
ser un modelo, pero que tuvo á veces elevadas aspira- 
ciones y relativos aciertos, se imitó lo que era menos 
digno de estimación, lo más frivolo, lo más efímero, lo 
más incoloro. Juan de Mena fué el maestro acatado 
por todos, pero jio hubo quien emulase los grandiosos 
cuadros históricos y el sentido patriótico del Labyrin- 
ího:. El Cancionero del Marqués de Santillana fué bus- 
cado por aquellos proceres como joya de mucho pre- 
cio, pero nadie se asimiló la gravedad sentenciosa del 
diálogo de Bias contra Fortuna ni menos la gentileza 
y frescura de las serranillas, aunque su tipo estuviese 
tomado de la antigua poesía galaico -portuguesa., E in- 
útil es añadir que nada hubo comparable con las co- 
plas de Jorge Manrique ó con el Diálogo del amor y 
un viejo, porque también estas piezas están muy soli- 
tarias en el Parnaso de Castilla. 

La imitación de los italianos es puramente de rene» 



^^ 



PRÓLOGO GLV 

jo eñ el Cancionero de Resende. La imitacióii clásica 
para se reduce á algunas lieroídas de Ovidio traduci- 
das por Juan Boiz de Sá y Juan Eoiz de Lucena : 
composiciones que, después de todo, son de las más 
amenas que hay en el CandonéirOy hasta por el gracio- 
so contraste entre el metro nacional y el fondo tomado 
de la poesía latina. 

En suma, no parece que la lengua castellana, en 
el siglo XV, pagase dignamente á su hermana la por- 
tuguesa, lo que de ella había recibido en los orígenes 
de la lírica. No sucedió lo mismo después de la triun- 
fal aparición de Gil Vicente. 

Pero á pesar del poco valor intrínseco de casi toda 
la producción poética de los reinados de D. Alfonso V, 
él Africano, y de D. Juan II, él Principe Ferfecto, y aun 
^e los primeros años del felicísimo reinado de D. Ma- 
nuel, siempre ofrecerá gran interfe el Cancionero de Re- 
43ende como monumento de una época gloriosa para am- 
bos pueblos peninsulares y como símbolo de fraternidad 
entre ellos. Nunca estuvieron más estrechamente uni- 
dos en espíritu, por lo mismo que nunca habían reali- 
zado tan grandes cosas, ni habían sentido tal plenitud 
en su conciencia nacional, tanto brío y esfuerzo en su 
l^razo, tanta luz en su espíritu, tanta alegría en su 
vida. Ese rancio y voluminoso libro, medio portugués, 
medio castellano, atestado de versos malos ó medianos, 
cobra, si se le mira de este modo, precio inusitado, y 
se convierte en una venerable reliquia. D. Juan Valo- 
ra ha- expresado todo esto en frases-elegantísimas, como 
auyas, y que me place reproducir aquí, porque el no- 
table estudio en que se hallan no figura todavía en la 
colección de sus obras : 



GLVI LÍRICOS CASTELLANOS 

«Aunque todas las poesías del Cancionero son de so- 
ciedad: burlas, sátiras, cousas de folgar, declaraciones 
de amor, louvores ó encomios de la hermosura de las 
damas, invenciones y letras de justadores, quejas y 
encarecimientos enamorados, y preguntas y respues- 
tas para manifestar prontitud y agudeza de ingenio, 
improvisando en una reunióla elegante : todavía son de 
grandísimo interés por ser obra de aquellos mismos 
varones que pasaban más allá de Trapobana, que iban 
dilatando el imperio de la fe por el África y por el Asia, 
que domeñaban remotísimos pueblos y regiones y el 
poder del Samorí, y que visitaban islas y continentes 
misteriosos, apenas explorados antes por ningún euro- 
peo ; el imperio de Abexim, la corte del Preste Juan, 
los alcázares de la Aurora, la cuna donde nace el día, 
los países de la canela, del clavo y del incienso, la isla, 
de los Amores y las costas de Pancaya, donde se crían 
los preciosos aromas. Estas grandes novedades traían 
á la elegante corte del rey D. Manuel cierta luz y cier- 
to perfume del extremo Oriente. En suma, el Can-- 
cionero es un monumento de los ocios magnánimos, de 
los galanteos y de la vida de una nobleza heroica y 
aventurera, en quien tan preciso ornato era el arte de 
poetría, cuanto el montar á caballo en toda silla y sa- 
ber revolver con gracia, y alancear un toro, y correr 
cañas, y tirar la barra : en quien resplandecía la suti- 
leza del ingenio, lo quinta-esenciado y metafórico de 
los sentimientos amorosos y la blandura de corazón, lo 
mismo que la destreza en las armas y las extraordina- 
rias fuerzas corporales : porque era natural y propio en 
individuos de ella, como Aires Telles de Menezes, derri- 
bar en la lucha á los más duros y fornidos ganapanes» 



PRÓLOGO CLVK 

6 morir de ambr por alguna Princesa. El Cancionero 
encierra en si el espíritu, la índole y la condición de 
estos nobles portugueses, los cuales, en obras grandes 
y en pensamientos atrevidos, se adelantaban entonces 
á los demás' hombres, salvo á sus vecinos los caste- 
llanos.» 

«El Cancionero, por lo tanto, no pudo menos de ex- 
citar el interés más vivo y de ser leído con avidez, 
apenas apareció. Todo barco que iba á la India Orien- 
tal llevaba ejemplares, y en las más distantes comar- 
cas leían los guerreros portugueses aquellos versos, 
cuando no los componían, recordando, en medio de sus 
aventuras y peligros, la corte de Lisboa, los alcázares 
de Cintra, sus bosques y jardines, y las hermosas y 
discretas damas de quien vivían enamorados y ausen- 
tes. Gastanheda y Juan de Barros dan testimonio de 
ello, y reñeren además un uso extraño que del Cancio- 
nero se hizo. En 1518, dos años después de su publi- 
cación, fué Antonio Correa con una embajada á los 
reinos del Pegú, á £n de hacer un tra,tado de paz y 
alianza con los Príncipes allí reinantes. Para prestar 
el debido juramento no había Evangelios, y el libro 
de oraciones ó Breviario del Capellán pareció pobre y 
mezquino al lado del magnífico Libro Santo de aque- 
llos indios. Entonces tomaron los portugueses el Can- 
cioneiro, que era un hermoso in-folio, y sobre él jura- 
ron todo lo que convenía. » 

El tránsito de la poesía cortesana del siglo xv á la 
i talo-clásica del siglo xvi, cuyo patriarca es en Por- 
tugal Sá de Miranda, como entre nosotros lo son 
Boscán y Garcilaso, no fué violento ni se hizo en un 
día. Sirvieron de lazo entre ambas escuelas ciertos poe- 



CLVIII LÍRICOS CASTELLANOS 

tas inspirados y sentimentales, que conservando la me- 
dida vieja, es decir, la forma métrica del octosílabo 
peninsular, la adaptaron á un contenido diferente y 
mucho más poético que el de los versos de Cancione- 
ro, creando una escuela bucólica, en que parece que 
retoñó la planta de la antigua pastoral gallega, no por 
imitación directa, según creemos, sino por condiciones 
intimas del genio nacional. Pero es cierto que tanto en 
Bernaldim Bibeiro como en Cristóbal Falcao, que son 
los dos representantes de este grupo, influyó el rena- 
cimiento de la égloga clásica, influyó la égloga drama- 
tica de Juan del Enzina y Gil Vicente, é influyó gran- 
demente la novela sentimental del siglo xv. El siervo 
libre de amor, de Juan Rodríguez del Padrón ,4a Cárcel 
de amor, de Diego de San Pedro; género influido á su 
vez por los libros de caballerías que en toda la Penín- 
sula pululaban, y á cuya lección se entregaba con deli- 
rio la juventud cortesana. Bernaldim Ribeiro, que no 
era gran poeta, pero si un alma muy poética, de sensi- 
bilidad casi femenina, sea cualquiera el valor de las le- 
yendas que hacen de él una especie de Macías portu- 
gués y que van cediendo una tras otra al disolvente 
de la crítica moderna (1), atinó con la forma qué con- 



(1) Adem&s de sa novela compaso Bernaldim Bibeiro cin- 
co églogas en verso, que contienen como en cifra la historia de 
sas amores. Fué opinión corriente entre los poetas roméinticos 
que la dama objeto de la pasión de Bernaldim Bibeiro habia sido 
la Infanta Doña Beatriz, hija del Bey D. Manael, la cual casó 
con el Duqne de Saboya. Esta leyenda, que sirvió á Almeida-G-a- 
rret para sa celebrado drama Um auto de Gil Viceniey ha sido 
impugnada por Th. Braga en su libro Bemardim Bibeiro e os 
Bucoliétas (Porto, 1872), en sa Curso da historia da Litteratura 
Portugueza (Lisboa, 1886) y en otras publicaciones suyas, don- 



PRÓLOGO CLIJt 

v6BÍa á todas estas yagas aspiraciones de sus contem- 
poráneos, y poetizando libremente los casos de su vida» 
con relativa sencillez de estilo (no libre, sin embargo, 
de tiqnis-miquis metafísicos), y con una armonía. desco- 
nocida hasta entonces en la prosa, dio en el libro de 
sus Saudades (más generalmente llamado Menina e 
moga, por ser estas las palabras con que comienza) el 
primer ensayo de la novela pastoril de nuestra Penín- 
sula, casi al mismo tiempo que Sanazaro creaba la pas* 
toral italiana, pero con entera independencia de él y si- 
guiendo otro rumbo. El poeta napolitano imita, ó par 
mejor decir, traduce y calca, á Virgilio, á Teócrito-, á 
todos los bucólicos antiguos. Bernaldim Eibeiro, hijo de 
la Edad Media, combina el elemento caballeresco con el 
pastoril, ó más bien subordina el segundo al prjmero, 
y además, valiéndose, como el autor de la Cuestión de 
Amor, del sistema de los anagramas, expone bajo el dis- 
fraz de la fábula hechos realmente acontecidos, si bien 
sobre la identificación de ' cada personaje haya larga 
controversia entré los eruditos. Pero del verdadero ca- 



de qniere probar qne la ama^a de Bernardim Bibeiro (que él 
designa con el nombre poético de Aonia) fué Doña Juana de 
Vilhena, prima de! Rey D. Manuel é*hija del Conde de Vimio- 
80. También el ingenioso novelista Camilo Castello Branco, en 
nn. articulo inserto en sus Noites de insomnio (uúm. 10, pági- 
nas 29*86), sostiene con buenos argumentos que Bernardim Bi- 
beiro no fué gobernador de San Jorge de Mina, ni amó á la In- 
fanta Doña Beatriz, ni salió de su tierra sino después que aque- 
lla señora había partido para Saboya (5 de Agosto de 1521). 
Afirma igualmente C. Castello Branco que el Bernardim' Bibei- 
ro, poeta, es persona diversa, no sólo del Gobernador de San 
Jorge, sino también de otro Bernardim Ribeiro Pacheco, Co- 
mendador de Villa Cova, de la Orden .de Christo y Capitán ma- 
yor de las Naos de la India. 



Clx líricos castellanos 

ráoter de la novela de Bernaldim Bibeiro tendremos 
ocasión de Volver á hablar cuando tratemos de la Dia- 
na de Jorge de Montemayor, entre cuyos precursores 
más inmediatos debe contársele. 

No quedan versos castellanos de Bernaldim Eibei^ 
ro, aunque es de presumir que los hiciese como todos 
los poetas de su tiempo. Se le han atribuido, no obs- 
tante, algunos sin más razón que hallarse al £n de una 
de sus églogas, en un pliego suelto de 1536. Una de 
estas composiciones es aquel tan sabido soneto de Gar- 
cilaso, paráfrasis de un epigrama de Marcial, 

Pasando el mar Leandro el animoso... 

Las otras son dos glosas de romances, uno de ellos 
«1 de Durandarte y Belerma (1). Pero si no puede afir- 
marse que glosase romances castellanos, hay que re- 
<;onocer que su poesía, cuando es mejor, más honda y 
más sentida, tiene el sabor y aun el metro de roman- 
ice. Nada hay en sus cinco églogas, nada en la de 
Chrisfal de Cristóbal Falcao, nada en la lírica portu- 
guesa de entonces, que tenga el extraño hechizo, la 
misteriosa vaguedad del romance de Avalor, inserto 
«n la segunda parte de Menina e Moga : 

Pola ribejra de um río, 
Que leva as agoas ao mar, 
Vai o triste de Avalor, 
Káo sabe se ha de tornar. 
As agoas levam seu bem, 
Elle leva o seu pesar, 
E só vai sem companhia, 



(1) TVovas de doua pastores ^ Silvano y Amador ^ feitas por 
Bernardim RibeirOy 1536. (Vid. la ed. de las Obras de B. Bibei- 
ro de 1B52 en la Bibliotheca Portugueza.) 



PRÓLOGO GLXt 

Que os seas fora elle loixar. 
'ۇ quem n&o leva descaaso, 
Descansa en só caminhar . 
Descóntra donda ia a barca 
So ia o Sol a baxat. 
Indo-se abasando o So1| 
Escurecia-se o ar : 
Tado se fazfa triste 
•Quanto havia de ficar. 
Da barca levantanx remo, 
E ao som de remar 
Comecaran os remeiros 
Do barco este cantar : 
(Qué frias eram as ágoas! 
¡Quem as havrá de passarl 
Dos outros barcos respondem : 
¡Quem as havrá de passar! 
Senao quem a vontade pdz 
Onde a nao pode tirar. 
Traía barca levam ólhos, 
Quanto o día dá logar. 
Nao durou muito; que o bem 
Nao pode muito durar. 
Vendo o Sol posto contr'elle 
Soltou redeas ao cavallo 
Da beira do rió andar. 
A noite era callada 
Pera mais o magoar, . 
Que ao compasso dos remos 
Era o seu suspirar. 
Querer cont.ir suas magoas 
Sería aréas contar. 
Quanto mais se alongando 
Se ia alongando o soar. 
Dos seus ouvidos aos olhos 
A tristeza foi egualar; 
Assim como ia a cavallo 
Foi pela agua dentro entrar. 
E dando un longo suspiro, 

T^oMo vn. 11 



1 



GLXII LÍRICOS CASTELLANOS 

Oavía longe falar; 
Onde magoas levam alma 
Váo tambem corpo levar. 
Mas indo assi, per acorto, 
Foi c'um barco u'agua dar, 
Que eslava amarrado á ierra, 
E B6U dono era a folgaf. 
Saltou, assim como ia, dentro, 
E foi a amarra cortar: 
A corrente e a mará 
Acertaram-no a ajudar. 
Nao sabem mais que foi d'elle, 
Nem povas se podem achar; 
Suspeitouse que era morto, 
Mas nao é para affírmar. 
Que o embarcou ventara 
Para s6 isso guardar. 
Mais sáo as magoas do mar 
Do que se podem curar (1). 



(1) Para mi no es cosa probada que el Don Bemaldino del 
Toxnance viejo (núm. 293 de Darán) 

Ta piensa Don Bemaldino 
Ir su amiga visitar... 

sea Bemaldim Bibeiro, pero asi lo han creíalo graves autores, 
entre ellos el mismo D. Agustín Darán, y es cierto qud el ro- 
mance, más bien que popular, parece del género de los amato- 
rios que componían los últimos trovadores. 



III 



La escuela portuguesa del siglo xy legó al xvi 
su mayor poeta: la primera obra dramática de Gil 
Vicente fué representada en 1502. Para hablar dig- 
namente de este soberano ingenio necesitaríamos 
un cuadro más amplio, en que su figura se destacase 
sobre las tablas del teatro |)rimitivo, en vez de aso- 
marse tímidamente al coro de las escuelas líricas. 
Gil Vicente es uno de los grandes poetas de la Penín- 
sula, y entre los nacidos en Portugal nadie le lleva 
ventaja, excepto el épico Camoens, que vino des- 
pués, que es mucho más imitador y que abarca un 
circulo de representaciones poéticas menos extenso. El 
alma del pueblo portugués no respira íntegra más que 
en Gil Vicente, y gran número de los elementos más 
populares del genio peninsular, en romances y canta- 
res, supersticiones y refranes, están admirablemente 
engarzados en sus obras, que son lo más nacional del 
teatro anterior á Lope de Vega. A diferencia de los 
insulsos trovadores cortesanos del siglo xv, y á dife- 
rencia de la mayor parte de los poetas humanistas del 
siglo XVI, Gil Vicente vivió en comunión íntima con la 
tradición de su raza, y acertó á sacar de ella un nuevo 
y rico venero de poesía. Tuvo, además, el genio de la 
creación dramática en términos tales, que rompiendo 



GLXIV LÍRICOS CASTELLANOS 

las ligaduras de un teatro infantil, se levantó por su 
propio y solitario esfuerzo hasta la comedia de cos- 
tumbres y el melodrama romántico, reflejando además 
en grandes alegorías satíricas todo el espectáculo de la 
vida de su tiempo, y dando forma cómico-fantástica á 
las grandes luchas de ideas del Eenacimiento y de la 
Beforma. Admirable á veces por el vigor sintético de 
las concepciones, franco y osado en la ejecución, gran 
maestro de lengua familiar picante y expresiva; amar- 
go y cínico en las burlas y muy sazonado en las^veras; 
poeta y pensador de doble fondo, en quien siempre se 
adivina algo más de lo que la corteza muestra; devoto 
á ratos, á ratos cínico y libertino; pesimista lírico, con 
un concepto personal del mundo como todos los gran^ 
des humoristas le han tenido: su obra, por la tenden- 
cia demoledora, se da la mano con los Coloquios de 
Erasmo, con el Elogio de la locura^ con el Diálogo de 
Mercurio y (7ardn,| con las más valientes imitaciones 
lucianescas, que en gran copia produjo la primera mi- 
tad del siglo XVI; pero por el vuelo de la fantasía, por 
la mezcla de lo más trivial y bajo con las más altas 
idealidades, por la plasticidad que cobran al salir de 
sus manos las más extrañas figuras alegóricas, por la 
fuerza de los contrastes, por la férvida animación del 
conjunto, por la vena poética, tanto más eficaz cuanto 
más silenciosa corre entre el tumulto de chistes y bu- 
fonadas, Gil Vicente renueva, sin pretenderlo, la come- 
dia aristof ánica, que no conocía; y anuncia lo qu.e habían 
de ser, andando el tiempo, los inmortales Sueños de 
Quevedo. Es fama que Erasmo, tan digno de compren- 
der á Gil Vicente, tenía en grande estimación sus obras 
(las cuales quizá le había dado á conocer su amigo 



•»■ -^;" 



PUOLO iO CLXV 

Damián de Goes); y que aprendió el portugués para 
mejor saborear los donaires é idiotismos de su estilo. 
Sea lo que fuere del valor de esta anécdota, no tan 
comprobada como quisiéramos, el parentesco de ideas 
entre estos dos hombres es innegable. Gil Vicente no 
fué protestante, como sin fundamento de ha pretendido, 
ni podía haber cosa más contraria á su índole; pero fué 
de pies á cabeza un erasmista, un espíritu libre, mordaz 
y agudo, como otros muchos doctos españoles de su 
tiempo, que con alguna rara excepción permanecieron 
dentro de la Iglesia ortodoxa, ejercitando su tendencia 
critica sin grandes escrúpulos ni respetos, y no sin da- 
ño de barras. 

Gomo artista dramático, Gil Vicente no tiene quien 
le aventaje en la Europa de su tiempo. Quizá Torres 
Naharro tenía más condiciones técnicas, era más hom- 
bre de teatro, pero menos poeta que él; se acerca más 
al tipo de la comedia moderna : sus piezas tienen es- 
tructura más regular, pero menos alma. Gil Vicente 
hace pensar y soñar : Torres Naharro nunca. En el 
concepto ideal el triunfo es siempre de Gil Vicente : en 
el concepto realista, la farsa de Inés Pereira, para no ' 
citar otras, prueba lo que hubiera podido hacer si l^s 
condiciones de su auditorio no se hubiesen opuesto al 
. total desarrollo de su arte. Las primeras comedias ita- 
lianas ( exceptuada la Mandragora) parecen pálidas 
copias de una forma muerta cuando se las compara con 
estas obras de apariencia tosca é informe, pero de tan- 
ta vida interior, de tanta filosofía práctica, de lan sa- 
broso contenido. 

Poco es lo que con certeza se sabe de la vida de Gil 
Vicente, exceptuando lo qué consta en las rúbricas de 



GLXVI líricos castellanos 

SUS propias obras dramáticas. Todos los esfuerzos de 
Teófilo Braga (1) no han llegado á convencernos de 
la identidad del poeta con el orífice Gil Vióente, au- 
tor de la custodia de Belem y de otras piezas artísticas 
memorables. Si Gil Vicente hubiese tenido tal oficio, y 
tal maestría, sería imposible que no hubiese dejado 
rastro de ello en alguna alusión de sus obras dramáti- 
cas, y que hubiesen guardado profundo silencio sobre 
su talento de artista todos los contemporáneos que ha- 
blan de él (2). 

No está fuera de duda la patria de Gil Vicente: Lis- 
boa, Barcellos y Gñiinaraens contienden sobre ella (3). 



fl) En Ru libro Bemaldim Ribeiro e Os Bucolitias (238-265) y 
en otras publicaciones posteriores, especialmente en las Ques- 
tóes de Litteratura e Arfe Portuyueza (Lisboa, 1881). 

(2) Sólo un genealogista muy posterior y no muy acredita- 
do, Cristóbal Áláo de Moraes , en un nobiliario manuscrito 
de 1667, dice que Gil Vicente, el poeta, era hijo de Martin Vi- 
cente^ orífice de plata en Guimaraens, pero al hijo no le atri- 
buye tal oficio, sino el de compositor de Autos. Otro genealo- 
gista, Cabedo de Ya scon cellos, dice que Gil Vicente fué maes- 
tro de retórica del rey D. Mnnuel. 

(3) Son enteramente de broma estos versos del Auto da Lu- 
9itania, en que no ha faltado quien creyese leer preciosas noti- 
cias biográficas del poeta : 

Gil Vicente o autor 
Me fez seu emb^,ixador, ^ 
Mas eu tenho na memoria 
Que para tan alta historia 
Nasceo mui baixo doutor. 
Creio que he de Pederneira 
Neto de um tamborileiro; 
Sua m»e era parteira,^ 
B seu pae era albardeiro. . . 

Los que han inferido de ente pasaje que Gil Vicente era 
h\jo de una partera y nieto de un tamborilero, podían haber 
añadido, con la misma autoridad, que se encontró al diablo en 
figura de doncella, de la cual se enamoró; y que le llevó k una 
cueva donde estuvo siete años aprendiendo las artes mágicas: 



PRÓLOGO CLXVit 

Tampoco se sabe la íecha de su nacimiento, y sólo poi^ 
conjeturas se la ñja en 1469 ó 1470 : lo cual le hace 
exactamente contemporáneo de Juan del Enzina (1). 
Una rúbrica del Cancionero de Hesende le llama Mestre 
Qü, y esto indica que fué graduado en Universidad, 
probablemente eñ la facultad de Leyes. Desde muy jo- 
ven frecuentó el palacio, y tomó parte en los solaces 
poéticos. En 1482, un Gil Vicente, que no sabemos á 
punto fijo si es el nuestro, aparece designado ya como 
criado y escudero de D. Juan .II, y en 1492 escribía 
versos para el proceso satírico de Vasco Abul, que pue- 
de verse en el Cancionero tantas veces citado. 

Una circunstancia casual vino á revelarle su voca- 
ción dramática. Eué en 8 de Junio de 1502, como que- 
da dicho. Acababa de nacer él príncipe que se llamó 
después D. Juan III, y para festejar á la recién parida 
reina Doña María (hija de losi Beyes Católicos), recitó 
€n su cámara Gil Vicente el monólogo del Vaquero, 
del cual dice expresamente que «fué la primera cosa 
que en Portugal se representó)). Asistieron el rey don 
Manuel, la reina Doña Beatriz su madre, y la duque- 
sa de Braganza su hija. El monólogo fué en castella- 
no, circunstancia que no ha de atribuirse sólo al deseo 

todo lo cual oontinúa relatando de si propio Gtíl Vicente, por 
boca del Licenciado ^ue hace el prólogo del Auto, 

(1) En la Floresta de Engaños^ compuesta en 1536, dice el 
poeta que tenia sesenta y seis años. No parece, por consiguien- 
te, que pueda ser la misma perdona un Gil Vicente que ya en 
U75 era mogo de estribeira del principe D. Juan, en 1482 por- 
tetro dos Contos do Almoxarifado de Be ja, en cuya ciudad le hi- 
sso merced de ulguaos bienes B. Juan II en 1485, y finalmente^ 
ea 1491 porteiro dos Contos de Mestrado de Aviz (documentos 4o 
la Torre do Tombo, publicados por Teóñlo 3raga), que sostiene 
la identidad de éste y «de. todos los Gil Vicentes posibles. ' 



CLXTllI lírico» castellanos 

de lisonjear á la Reina hablándola én sn lengua, pues- 
to que ya sabemos que todos los poetas portugueses de 
aquel tiempo eran bilingües, y Gil Vicente lo fué con 
más ahinco y fortuna que ningún otro, puesto que de 
las cuarenta y dos piezas que componen su repertorio» 
sólo siete son puramente portuguesas : las otras treinta 
y cinco, castellanas en todo ó en parte. 

Corrían ya para entonces dos ediciones, por ló me- 
nos, del Cancionero de Juan delEnzina (1496 y 1501), 
en que están todas las églogas de su primera manara» 
Gil Vicente escribió á su imitación el monólogo del 
Vaquero, de cuyo estilo puede juzgarse por estos ver- 
sos: 

Todo el granado retoza, 
Toda laceria se quita; 
Con esta nueva bendita 
Todo el mundo se alboroza. 
¡Oh qué alegría tamaiia! 
La montaña 

Y los prados floreciferon, 
Porque ahora se complieron 
En esta misma cabana 
Todas las glorias de Espafia... 

Agradó en la corte este nuevo género de entreteni- 
miento, y la reina vieja Doña Leonor, viuda de Don 
Juan II, la cual parece haber protegido de un modo 
señalado á Gil Vicente, estimulándole á la composición 
de muchas de sus obras dramáticas, quiso que se repi- 
tiese el monólogo en los maitines de Navidad, pero como 
no tenia ninguna conexión con aquella fiesta, prefirió 
el poeta hacer un auto pastoril castellano. Quedó la 
Heina tan satisfecha, que para el día de Heyes le en* 
cargó otro Auto de los Beyes Magos. 



PROLOGO GLXIIC 

. Estas primeras obras son puras y netas imitacione» 
de Juan del Enzina, sin ningún cambio ni progreso» 
En vano algunos autores portugueses, con desacordada 
recelo patriótico, han querido negar hecho tan evidente» 
Basta leer unas y otras piezas para comprender que son 
de la misma faijailia. Los contemporáneos lo sabían 
perfectamente, y García de Eesende lo dijo en su Mis- 
celánea : 

Postoque que Juan del Enzina 
O pastoril comecou. 

No implica esto, ni mucho menos, que en Portugal 
durante la Edad Media no hubiera existido el teatro li- 
túrgico. Existió, cómo en todas partes, aunque no haya 
quedado ningún monumento de él. Unas Gonstitticione$ 
del Obispado de Évora, bastante tardías (1534), pero 
que suponen otras más antiguas, y sobre todo costum- 
bres ya arraigadas y abusos que había que extirpar, 
prohiben que «en las iglesias ni en los atrios de ellas 
se hagan juegos (ludi) ni representaciones^ aunque sean 
de la Pasión de Nuestro Señor ó de su Resurrección ó 
de su Nacimiento, ni de día ni de noche, sin especial 
licencia del Obispo, porque de tales autos se siguen 
muchos inconvenientes, y muchas veces producen es- 
cándalo en el corazón de aquellos que no están muy 
firmes en nuestra santa fe católica, viendo los desórde- 
nes y excesos que en esto se cometen». Puede suponer- 
se también que habría algún género de representacio- 
nes profanas, algún juego de escarnio, Y por otra parte^ 
la poesía popular, tan conocida y tan amada de Gil 
Vicente, presenta rudimentos dramáticos en los juegos 
infantiles, en los bailes, y en otras diversas manifesta- 



GLXX LÍRICOS CASTELLANOS 

clones suyas. Finalmente^ existían los grandes espec- 
táculos palaciegos, los Momos y Entremeses^ las cabal- 
gatas y moriscadaSt danzas y pantomimas, acompaña- 
das de disfraces. Pero el primitivo teatro de Gil Vicen- 
te no es nada de esto, aunque todo con el tiempo llegó 
á incorporárselo. Es un género litei;ario, imitado de 
obras contemporánes^, que se llamaban églogas en vez 
de llamarse autos, como los llamó Gil Vicente : á esto se 
reduce la diferencia. En nada amengua esto la gloria 
del poeta lisbonense, que no está cifrada en estos pri- 
meros tanteos de su ingenio. Gil Vicente vale más, 
mucho más que Juan del Enzina, y en sus últimas 
obras apenas conserva nada de él, pero es cierto que 
empezó imitándole en lo sagrado y en lo profano, y que 
tardó inucho en abandonar esta imitación. Hasta el 
empleo de la lengua castellana, que en estas primeras 
piezas no es la dominante, sino la única, debía haber 
abierto los ojos á los críticos más preocupados, hacién- 
doles ver que era muy natural que Gil Vicente encon- 
trase sus modelos en la lengua en^que «scribia, en vez 
de andarse á buscar pan de trastrigo en los misterios y 
moralidades francesas. Semejante imitación en un au- 
tor portugués de principios del siglo xvi, cuando Fran- 
cia no ejercía ya ningún género de acción literaria so- 
bre nuestra Península, es altamente inverosímil, aun- 
que otra cosa parezca á los portugueses de ahora, afran- 
cesados hasta la médula. Nada hay en las piezas de la 
primera manera de Gil Vicente que no se halle también 
en Juan del Enzina y en Lucas Fernández : ni el em- 
pleo de los villancicos finales, ni siquiera las escenas 
satíricas de ermitaños, que parecen tan geniales del 
poeta lusitano. 



PROLOGO GLXXI 

Donde éste comenzó á emanciparse es en el extraño 
Auto de la sibila Casandra, representado ante la dicha 
reina Doña Leonor, en el monasterio de Enxobregas* 
«Trátase en él (dice la rúbrica) de la presunción de la 
^sibila Casandra, que como por espirita profético sa- 
»piese el misterio de la Encarnación, presumió que 
»ella era la virgen de quien el Señor había de nacer, 
»y con esta opinión nunca más quiso casarse. » La in- 
tervención de la Sibila en los Misterios de Natividad 
era muy antigua en el teatro litúrgico, y procedía de 
aquel famoso sermón atribuido á Sau Agustín, en que 
varios personajes del Antiguo y Nuevo Testamento 
. son llamados á dar testimonio del advenimiento del 
Mesías, y después de ellos, en representación de los 
gentiles, Virgilio, Nabucodonosor y la Sibila* El texto 
más largo es el que se pone en boca de ésta, y consis- 
te en veintisiete exámetros que comprenden la descrip- 
ción de las señales del juicio ñnal. Este trozo fué ro- 
manceado muy pronto, especialmente en los dialectos 
de la leugua de oc^ y siguió cantándose en algunas 
iglesias hasta días muy próximos á los nuestros. Milá 
y Eontanals llegó á reunir bastantes versiones de él, 
que ilustró doctamente en un trabajo especial (1). Es 
de suponer que también las hubiese en otras lenguas 
y dialectos de la Península y de fuera de ella. 

Tal fué, según creemos, el informe rudimento del 
cual Gil Vicente, dando por primera vez muestra de su 
potencia creadora, sacó la singular y fantástica poesía 
de su Auto, en que no figura una Sibila sola, sino las 



(1) Véase Origenes üel teatro catalán. En el tomo VI de sos 
Obras, págs. 294-811. 




GLXXii líricos castellanos 

cuatro de qne la antigüedad tuvo noticia, y con ellas 
Isaías, Moisés y Abraham, calificados de tíos de Ga- 
sandra, y Salomón como pretendiente á su mano. Na- 
da, á primera vista, más extravagante que este ensue- 
ño ó devaneo dramático, en que aparecen revueltos la. 
Mitología y la Ley Antigua, lo historial y lo alegórico» 
lo sacro y lo profano, agitándose todas las figuras en 
una especie de danza fantasmagórica. Salvo el conte- 
nido teológico, que en esta pieza de Gil Vicente es muy 
exiguo, allí está, si no me engaño, el primer germen 
del auto simbólico, que por excelencia llamamos calde- 
roniano. Pero lo que hace más apreciable esta rara, 
composición, envolviéndola en un ambiente poético, e^ 
aquel género de lirismo popular en que Gil Vicente 
alcanza la perfección sobre todos sus contemporáneos» 
y llega á confundirse con el pueblo mismo. Así en las 
coplas que canta Gasandra : 

Dicen que me case yo; 
No quiero marido , no. 
Más quiero vivir segura 
Nesta sierra á mi soltura, 
Que no estar en aventura 
Si casaré bien ó no. 
JHcen que me ccue yo; 
No quiero maridoy no... 

así en la folia que bailan los tres viejos : 

¡Qué sañosa está la niña! 
¡Áy Dios, quién la hablaría! 
En Ja sierra anda la niña 
Su ganado á repastar; 
Hermosa como las flores, 
Sañosa como lámar... 



PROLOGO CLXXIir 

y en el ingenao canto de cuna con que los áogeles arru- 
llan al niño Dios : 

Ro, ro, ro, 

Nuestro Dios y Redentor, 
No lloréis, que dais dolor 
A la virgen que os parió. 
Ro, ro, ro... 

Pero la perla del auto es sin duda esta cantiga, he- 
cha y asonada por el mismo autor, que era, lo mismo 
que Enzina, poeta y músico á la vez : 

¡Muy graciosa es la doncella! 

Digas tú el marinero 

Que en las naves vivías, 

Si la nave, ó la vela, ó la estrella 

Es tan bella. 
Digas tú el caballero 
Que las armas vestías, 
Si el caballo, ó las armas, ó la guerra 

Es tan bella. 
Digas tú el pastorcico 
Que el ganádico guardas, 
Si el ganado, ó los valles, ó la sierra 

Es tan bella. 

Esto se bailaba, según indica el autor, de terreiro de 
tres por ires^ cantándose, por despedida, como contras- 
te, el siguiente belicoso villancico, que probablemente 
alude á las empresas de África : 

¡A la guerra, 
Caballeros esforzados; 
Pues los ángeles sagrados 
A socorro son en tierra. 
A la guerra! 

Con armas resplandecientes 
Vienen del cielo volando, 



- GLXXIY LÍRICOS CASTELLANOS 

Dios y hombre apellidando 
En socorro de las gentes. 
¡A la guerra, 
Caballeros esmerados, 
Pues los ángeles sagrados 
A socorro son en tierra. 
A la guerra! 

Todo, pnes, hasta la inspiración patriótica del mo- 
mento contribuyó á realzar el prestigio de este bellísi- 
mo auto, que por otra parte conserva el dato tradicio • 
nal de las señales del juicio relatadas por la Sibila 
Erytrea, indicio manifiesto del nexo que le liga con el 
teatro litúrgico, á pesar de sus apariencias profanas. 
La versificación es de una gracia incomparable, y todo 
el poema, en medio de su caprichosa estructura, respi- 
ra unción religiosa y piedad sencilla, por lo cual nunca 
degenera en farsa irreverente. 

No tiene particular mérito el sencillísimo Auto de la 
Fe, representado en Almeirim delante del rey D. Ma- 
nuel; pero debemos citarle, por ser la primera compo- 
sición en que Gil Vicente hizo algún empleo de la len* 
gua portuguesa, mezclándola con la castellana, y por 
terminar cantándose á cuatro voces una ensalada que 
vino de Francia: de donde muy gratuita y temeraria- 
mente han querido inferir algunos imitación francesa,, 
siendo así que no trae la letra de dicha ensalada, y con 
decir que había venido de Francia, es claro que la da 
por ajena, y como un accesorio en que no intervino ni 
como poeta, ni como músico. 

Mucho más vale el Auto de los cuatro tiempos, en 
que ya el género aparece enteramente secularizado, 
hasta con la intervención de una divinidad mitológi- 
ca. Sólo el principio y el fin de esta pieza puede decir* 



PRÓLOGO GLXKV 

se qne tengan conexión con la fiesta de Navidad. Lo 
restante es í^n diálogo lírico-descriptivo, en que la lo- 
zana imaginación del antor se explaya en deliciosas- 
pinturas de la naturaleza, pidiendo como siempre su» 
alas á la poesía popular, y reanudando la tradición del 
primitivo cancionero galaico : 

«En la huerta cace la rosa : 
Quiérome ir allá, 
Por mirar al rtiiseSor 
Cómo cantAba.» 

Afuera, afuera, nublados, 
Neblinas y ventisqueros! 
Reverdecen los .oteros. 
Los valles, sierras y prados! 
Reventado sea el frío, 
Y su natío: 

Salgan los nuevos vapores, 
Píntese el campo de ñores 
Hasta que venga el estío. 

«Por las riberas del río » 

Limones coge la vir^jo: 
Quiérome ir allá, 
Por mirar al ruiseñor 
Cómo cantaba.» 

Suso, suso, los garzones 
Andén todos repicados, 
Namorados, requebrados: 
Renovad los corazones! 
Agora reina Cupido 
Desque vido 

La nu3va sangre venida: 
Agora da nueva vida 
Al namorado perdido. 

«Limones cogía la virgo 
Para dar al su amigo. 
Quiérome ir allá, 
Para ver al ruiseñor 



x-> 



CLxxvi líricos castellanos 

Cerno cantaba.» 



«Para dar al su amigo 
En un sombrero de sirgo. 
Quiérome ir allá, 
Por mirar al ruiseñor 
Cómo cantaba. > 

Las abejas colmeneras 
Ya me zul&en los oídos, 
Paciendo por los floridos 
Las fíorcs m¿s placenteras. 

El tomillo por los montes 
Huele de dos mil maneras... 

^¡Cuán granado viene el trigo... 



Crracias á Dios, quedaba vencida y enterrada la pi- 
cara poesía del Cancionero de Besende, Nada más gra- 
cioso y más profundamente tradicional que el simbo- 
lismo erótico de los limones. Nueva sangre y nueva 
vida es, en efecto, la que corre á oleadas por este frag- 
mento de poesía naturalista, que recuerda los mejores 
días de la bucólica siciliana. 

Gil Vicente, cuya alma de artista era eco sonoro de 
todas las vibraciones de la conciencia de su siglo, pa- 
saba, sin esfuerzo, de este paganismo ingenuo y des- 
bordante, de esta embriaguez y plenitud de la vida, á 
la grave inspiración religiosa, al profundo y moral 
sentido de otros autos suyos, entre los cuales sobresa- 
le el que compuso en portugués con el titulo de Breve 
Summario da historia de Deus, y fué representado en 
presencia del rej' D. Juan III y de la reina D.* Ca- 
talina, en 1527 : obra vigorosamente concebida y com- 
puesta, donde se desarrolla el cuadro inmenso de los 



PRÓLOGO CLXXVII 

destinos del linaje Lnmano desde la Creación hasta la 
Sedención, poniéndose en escena los hechos más cul- 
minantes qne se narran en las páginas sagradas : todo 
ello en estilo noble y robusto, y en un nuevo género de 
versificación más solemne y apropiado á la materia 
que el que hasta entonces había empleado, pues en vez 
de los metros cortos usa el verso dodecasílabo, pero 
no en estancias líricas, impropias del teatro, como lo 
había hecho Juan del Enzina, sino combinado con su 
hemistiquio, lo cual le da un moviüiiento ágil y varia- 
do, y constituye en realidad un nuevo ritmo aptum 
rehiis agendis (1). 

Trasunto de este auto de Gil Vicente, a0Í en el plan 
como en los personajes, pero muy amplificado, y no 
ciertamente con ventaja poética, es la feímpsa Victoria 
Christi del bachiller aragonés Bartolomé Palau, que 
su autor calificó de áUegórica representación de la cap- 
tividai espiritual en que el linaje humano estuvo por la 
culpa original debajo del poder del demonio^ hasta que 
Oristo Nuestro Redentor con su muerte redimió nu^tra 
libertad, y. con su Resurrección reparó víuestra vida. 
Ignórase la fecha precisa de este poema, pero no cabe 
duda que fué escrito después de 1539 y antes de 1 577, 



(1) Bata oombinación se encaentra por primera vez en ana 
de las Cantigas de Alfonso el Sabio, en la 79, qne es, por cierto, 
deliciosa .* 

K esto facendo, a mui Groriosa 
Pare9ealé en sonnos sobeio fremosa, 
Con multas menÍDas de maravillosa 

Beldad; e porén 
Quisera-se Musa ir con elas logo; 
Mas Santa María Ihe dis: Eu te rogo 
Que sse mig' ir queres, leixes ris' e iogo 

Orguir e desdéis 

Tomo VII. 12 



CLXxviii líricos castellanos 

año en que dejó de existir el arzobispo de Zaragoza 
D. Hernando de Aragón, á quien la pieza está dedi- 
cada. Su popularidad fué grandísima, y hoy mismo 
sigue representándose en algunos pueblos de la mon- 
taña de Aragón y de la de Cataluña : supervivencia 
que no alcanza ninguna otra obra de nuestra primitiva 
escena. 

Para mi es cosa clara que el bachiller Palau imitó á 
Gil Vicente; pero no creo que ni uno ni otro conocie- 
sen los Misterios cíclicos franceses, á pesar de la ana- 
logía que con ellos tienen sus composiciones. Téngase 
presente que hemos perdido todo nuestro teatro hiera- 
tico de la Edad Media, salvo dos ó tres fragmentos; y 
es más verosímil suponer que en ese teatro estaban 
iniciados ya todos los tipos de la dramaturgia religio- 
sa, que no recurrir á la hipótesis de una influencia 
tardía é inverosímil. Lo primero es más conforme á 
las leyes de la evolución literaria. No se niega con esto 
el influjo de Francia, antes bien se le reconoce y afir- 
ma en su momento propio, es decir, desde el siglo xii 
al xrv. 

Originalísimo se mostró Gil Vicente en otras alego- 
rías satírico-morales que poco tienen que ver con el 
drama litúrgico, y mucho con las agitaciones religiosas 
de su tiempo. Ya hemos dicho que sus ideas eran las 
del grupo llamado eras^nista, que, aunque colocado en 
las fronteras de la Reforma, no las traspasó casi nunca. 
En ese mismo año 1527, en el año fatídico del saco de 
Roma, hacía representar Gil Vicente, meses antes de 
aquel gran escándalo de la cristiandad , el Auto da Fei- 
ra, cuyo sentido es muy análogo al de la formidable 
invectiva que, en son de vindicar al Emperador, com- 



PRÓLOGO GLXXIX 

puso el Seci'etario Alfonso de Valdés con el titulo de 
Diálogo de Lacfancio y un arcediano. El Tiempo abre 
su tienda de mercader, y convida á la feria del mondo 
á todos estados de gentes : 

En nome daquelle que rege ñas pravas 
D' Anvers e Medina as feiras que tem, 
Comega-se a feira chamada das Grabas, 
A' honra da Virgem parida em Belem... 



A feira, á feira, igrejas, mosteiros, 
Pastores das almas, Papas adormidos; 
Comprae aquí pannos, mudae os vestidos, 
Buscae as chamarras dos ontros prímeiros 
Os antecessores... 
O presidentes do Crucificado, 
, Lembrae vos da vida dos sanctos pastores 
Do tempo passado. 

Eoma viene á la feria, y el /diablo exclama : 

Quero-me eu concertar, 
Porque Ihe sei a máneira 
De seu vender e comprar. 

Todo el auto está salpicado de rasgos por el mismo 
estilo, y aun más cáusticos é irreverentes, llegando á 
tocar algunos en la materia de indulgencias y jubileos, 
tan debatida entonces, y que dio ocasionalmente el 
primer impulso á la E>ef orma : 

BOMA 

Oh! vendei-me a paz dos ceos, 
Pois tenho o poder. na térra! 

MEBCÜEIO 

o Roma, sempre vi lá 
Que matas peccados cá 



GLXXX^ líbicos CASTELLANOS 

E leixas vi ver os teas. 

£ nao te corras de mi, 
Mas com ten poder facundo 
Assolves a todo o mundo, 
E nao te lembras de ti, 
Nem ves que te vas ao fundo... 

£ nao digas mal da £eira. 
Porque tu serás perdida 
Se nao mudas a carreira... 

Gran temeridad parece á primera vista haber pues- 
to en un auto de Navidad tan resbaladizos conceptos 
teológicos; pero cesa de todo punto el asombro cuando 
se repara que tales ideas estaban en la atmósfera de 
aquel principio de siglo, y que no se hallan sólo en 
poetas y novelistas, á quienes los ensanches de la li- 
bertad satírica pudieran hacer sospechosos de ensaña- 
miento ó hipérbole; pues todo lo que en^ Gril Vicente, 
en Torres Naharro, ó en Cristóbal de Castillejo se lee, 
es nada en comparación de lo que dijeron los ascéticos 
y moralistas del tiempo de Carlos Y, exagerando tam- 
bién, no me cabe duda, y generalizando con exceso, 
arrebatados de su celo por el bien de las almas y del 
calor declamatorio que la indignación, musa de Juve- 
nal, comunicaba á su estilo (1). La misma audacia y 



(1) Baste, por muchos, aquel terrible texto del dominico 
Fray Pablo de León en su Guía ¿leí Cielo (1663): «¡Oh, Señor 
»Dios! ¡Ouéintos beneficios hay hoy en la Iglesia de Dios que 
>no tienen más perlados ó curas, sino unos idiotas mercenarios, 
>qae no saben leer, ni saben qué cosa es Sacramento, y de to- 
ados casos asuelven!... De Roma viene toda maldad, que ansí 
>conio las iglesias catredrales habían de ser espejo de los clé- 
irigos del obispado y tomar de allí exemplo de perfección, ansí 
>Boma había de ser espejo de todo el mundo, y los clérigos allá. 



PROLOGO GLXXXI 

desenvoltura con que tales cosas se escribían, ya por 
£nes de edificación, ya por mero desahogo satirico; 
pmeban la robusta fe de aquellos varones, y el nin^n 
recelo que tenían del inminente peligro que iba á atri- 
bular á la Cristiandad. 

En cuanto á Gil Vicente, nunca su libertad de pen- 
samiento pasó más allá del limite que señalan los ver- 
sos transcritos. No niega á la Iglesia de Eoma el po- 
der de absolver los pecados y de conceder indulgen- 
cias; pero es iracundo censor de la simonía, plaga del 
siglo xy más que de otro alguno, de la cual, seis años 
antes, Labia dicho enérgicamente otro poeta nuestro, 
el cartujano Juan -de Padilla, cuya pureza de doctrina 
para nadie puede ser sospechosa : 

Que por la pecaoia lo justo baratar;.. 
Haciendo terreno lo espiritual, 
Y más temporales los célicos dones. 

De esta emponzoñada fuente nac/a una espantosa 
relajación en la disciplina y en las costumbres. Gil Vi- 
cente, á quien tampoco tenemos por un espíritu muy 



>habian de ir, no por beneficios, sino por deprender perfección, 
>como los de Ids estudios y escuelas particulares van á se per- 
^feccionar & las Universidades. Pero por nuestros pecados, en 
>!Eoma es abismo destos males y otros semejantes... ¡Tales ri- 
>gen la Iglesia de Dios: tales la mandan! T asi... está toda la 
>Iglesia Uena de ignorancia... necedad, malicia, luxuria y so- 
>berbia... Y asi hay canónigos ó arcedianos que tienen diez ó 
'veinte beneficios, y ninguno sirven. Ved qué cuenta darán es* 
>to8 á Dios de las ánimas, y de la renta tan mal llevada.» 

Otras' muchas cosas, no menos tremendas, dice el bueno de 
fray Pablo, las cuales pueden leerse en mi Historia de loa hete' 
rodoxoa españolea, IX, 28. 



1 



GLXXXII LÍRICOS CASTELLANOS 

austero, y que de todas suertes era enemigo nato de 
toda hipocresía, encontró aquí una vena inagotable de 
chistes y de cuadros picarescos, ora nos presente en la 
Farsa dos Almocreves (1526) el tipo bonachón pero 
grotesco del capellán de un hidalgo pobre, que en ser- 
vicio de su señor desciende hasta tener cuidado de 
los gatos de la cocina, é ir á hacer compras á la pla- 
za; ora en la Bomagem de Aggravados (1533) traiga 
á la escena á un Fray Pá90, fraile cortesano, con es- 
pada, guantes y gorra de velludo; ora pinte al dé- 
rigo de Beira (1526), que anda de caza rezando mai- 
tines con su hijo; ora en la Tragicomedia pastoril da 
Serra da Estrella (1527) haga decir á un ermitaño epi- 
cúreo : 

- Eu desojo de habitar, 
M' hua ermida a meu prazer, 
Onde podesse folgar. . . 
E que podesse eu daD(;ar nella: 
E que fosse n' hum deserto 
D' infindo vinho e pao, 
E a fonte muito perto, 
E longe a contemplaguo . 
Muita ca^a e pescaría, 
Que podesse eu ter coutada 
E a casa temperada: 
No verao que fosse fria, 
E quente na invernada. . . 

Las obras de Gil Vicente fueron duramente castra- 
das por el Santo Oficio en la segunda edición de 1585, 
tiempos harto diversos de aquellos en que escribió el 
poeta, porque enmendados ó mitigados muchos de los 
vicios y abusos, era ya materia de escándalo lo que en 
otro tiempo pudo ser hasta útil. Pero basta fijarse en 



PRÓLOGO GLXXXIII 

lo que se suprimió para no exagerar el alcance de las 
sátiras anti-clericales de Gil Vicente. Por ejemplo, el 
Auto da Mofina Mendes (1534), en el cual, por cierto, 
' está deliciosamente inter<3alada y puesta en acción la 
fábula de la lechera, empieza con un sermón jocoso 
predicado por un fraile : mandóse quitar por la irreve- 
rencia del título de sermón, y en lo demás se reduce á 
ligeras burlas sobre las distinciones escolásticas y las 
citas impertinentes que hacían los predicadores; no sin 
alguna puntada contra las barraganías de los clérigos: 

Estes dizem junctamente 
No;5 livrós aquí allegados: 
Se fílhos haver nao podes, 
Cria desses eugeitados (1) 
Filhos de clérigos pobres . . . 

En la comedia Buhena (1521) los protagonistas de 
aquella acción nada limpia son un abad de tierra de 
Oampos, una doncella y un clérigo mozo; pero no se 
prohibió por esto, sino por contener gran número de 
hechicerías y oraciones supersticiosas. Nada de cuan- 
to en la Nao d' amores (1527), en la Fragoa d* amor 
{1525), en el Templo d' Apollo (1526) y en otras pie- 
zas se dice de frailes, clérigos y ermitaños, tiene no- 
vedad ni trascendencia alguna. Las mismas pullas ú 
otras más mordaces se encuentran á cada paso en Lu- 
cas Fernández, en Torres Naharro, en Diego Sánchez 
de Badajoz y en todos los autores de nuestras primiti- 
vas comedias, farsas, y églogas. El ermitaño, sobre 
todo, hipócrita y embustero^ había llegado á ser un 
tipo cómico de los más socorridos. 



(1) Expósitos. 



GLXXXIV LÍRI¿:OS CASTELLANOS ' 

Qoien escribiese hoy como Gil Vicente, pasaría por 
un detractor encarnizado del estado monástico; pero 
en su tiempo, nadie le tenia por tal. Todo ese reperto- 
rio, en que la sátira es tan cruda y el lenguaje tan li- 
bre y desvergonzado, sirvió de pasatiempo y regocijo^ 
no á un populacho tabernario, Bino á una de las cortes 
más elegantes y fastuosas del Renacimiento, á la corte 
portuguesa de D. Manuel y de D. Juan ni, espléndi- 
da y rica con los tesoros del vencido Oriente. Los prin- 
cipes, magnates, damas y prelados que eran ornamen- 
to de tales £estas, reían los chistes de Gil Vicente, y 
no veían en ellos calumnia, ni aun malicia grave, por- 
que desgraciadamente los originales de aquellos retra- 
tos estaban á la vista de todos. No había nacido de la 
caprichosa &ntasía del poeta aquel fraile aseglando y 
licencioso de la Fragoa á! amor, que hace alaíde de 
«aborrecer la capilla, y el cordón, las vísperas y las 
^completas, y el sermón y la misa y el silencio y la 
:» disciplina: 

Pareze-me bem bailar 
E andar n" hua folia... . 
Pareze-me bem jogar, 
Pareze-me bem dizer: 
— Vai chamar minha mulher, 
Que me faca de jantar. 
Isto, eramá, he viver. 

Tales frailes como éstos son los que tuvo que refor- 
mar el gran Oisneros, los que en número de más de 
mil emigraron á Marruecos en 1496 para vivir á sus 
anchas , huyendo de su reforma . Y de tales frailes» 
bien podía decir Gil Vicente que convenía seculari- 
zar, por lo menos, las dos terceras partes de ellos, y 



^ 






PRÓLOGO GLXXXV 

hacerlos cargar con los arneses y pelear contra los mo- 
ros de África (1)^ 

Pero dejando aparte esta digresión, á la cual sólo me 
ha conducido el tenaz empeño que muestran algunos 
críticos (2) en presentar á Gil Vicente con los falsos 
colores de precursor de la Reforma^ de eco de las doctri- 
nas de Juan de Huss, y hasta de mártir de la libertad 
de pensamiento^ continuaremos la breve reseña que ve- 
níamos haciendo de su ouriosisimx) repertorio. Abun- 
dan en él las que pudiéramos llamar moralidades: com- 
posiciones ya estrictamente alegóricas como el Auto da 
alma, ó más bien <aáe la hospedería del almas» (1503); 
ya alternando lo alegórico con lo real, y lo más cómico 
con los más devoto, como sucede en el Auto de Mofina 
Mendes, en que la Prudencia, la Pobreza, la Humani- 
dad y la Fe departen, no sólo con ángeles y patriarcas, 
sino con los rústicos Bras Carrasco y Payo Yaz. En el 
Auto da Gananea, uno de los últimos que compuso nues- 
tro poeta (1534), las tres figuras de Silvestra, Hebrea y 
Veredifuiy personifican la ley de Naturaleza, la de Escri- 
tura y la de Grracia. 



(1) Somos mais f rades que a térra, 

Sem contó na chrístiandade, 
Sem servimos nunca en Ruerra, 
E haviam mister refundidos 
Ao menos tres partes delles 
Em leigos, e amezes n' elles, 
£ assi bem apercebidos, 
E entáo a Mouros com elles. 

(2) Véase, entre otros, á Teófilo Braga en su Historia do 
theatro portuguez... Vida de Gil Vicente é sua eschola, teculo xyi 
(Porto 1870) passim. 

Nad» nuevo enseña el libro del Vizconde de Ougella Gil 
Vicente (Lisboa, 1890). 



GLXXXVI LÍBICOS CASTELLANOS 

Pero la obra maestra de Gil Vicente bajeáoste res- 
pecto, y quizá la más digna de consideración del pri- 
mitivo teatro peninsular, es la notabilísima trilogia de 
las tres Barcas, del Infierno, del Purgatorio y de la 
Gloria, en portugués las dos primeras,«y la tercera en 
castellano, representadas sucesivamente delante de los 
Reyes de Portugal Doña María y D. Manuel, en los 
años 1517, 1518 y 1519; la primera en la cámara re- 
gia, la segunda en el Hospital de Todos Santos de la 
ciudad de Lisboa, durante los maitines de Navidad, la 
tercera en Almeirín, y sin duda como complemento de 
alguna fiesta litúrgica, de lo cual conserva indicios en 
las leccionessj los responsos que en ella se intercalan. 

Estas Barcas son una especie de transformación clá- 
sica de las antiguas Danzas de la muerte, no en lo que 
tenían de lúgubre y aterrador, sino en lo que tenían de 
sátira general de los vicios, estados, clases y condicio- 
nes de la Sociedad Hupiana. El cuadro general era 
idéntico, pero el simbolismo había variado, haciéndose 
más risueño y enlazándose con los recuerdos artísticos 
de una mitología nunca muerta del todo en el espíritu 
de las razas greco-latinas, y más vivaz que nunca en 
los días del segundo Renacimiento. Ahuyentada la ho- 
rrible pesadilla de la danza de espectros que había 
asediado la imaginación de la Edad Media, volvía el 
barquero Carón á surcarlas aguas de la infernal lagu- 
na, ejerciendo como en los diálogos del satírico de Sa> 
mosata, no sólo el oficio de conductor, sino el de censor 
agridulce de la tragicomedia humana, al modo de Me- 
ñipo el cínico y otros filósofos populares de la antigua 
Grecia. Erasmo y Pontano cultivaron en latín este gé- 
nero, y de ellos pasó á las lenguas vulgares, siendo el 



PRÓLOGO GLXXXVII 

tipo más excelente entre nosotros el Diálogo de Mercu- 
rio y Carón de Juan de Valdés : monumento clarísimo 
del habla castellana del tiempo del Emperador, no sólo 
por el argénteo estilo, inafectada elegancia y ática pu- 
reza de su autor, digno á veces de ser comparado con 
el mismo Luciano, sino por la profunda observación 
moral y los graves documentos de sabid^irla práctica 
que contiene, sin que se vislumbren apenas los errores 
teológicos en que vino á caer aquel ilustre hijo de 
Cuenca durante el segundo periodo, enteramente mí£h- 
tico, de su vida. 

Este diálogo se escribió é imprimió en 1528, y, por 
consiguiente, no pudo influir en las primitivas Barcas 
de Gil Vicente, pero influyó de seguro en una refundi- 
ción castellana mucho más extensa, acabada de impri- 
mir en Burgos, en casa de Juan de «tunta, á 25 días 
del mes de Enero de 1539, con el titulo de Tragicome- 
dia alegórica d* El Paraíso y d! El Infierno: Moral re- 
presentación del diverso camino que hacen las ánimas 
partiendo de esta presente vida, figurada en los dos na- 
vios que aquí parescen: el uno del Cido y él otro del In- 
fierno, cuya suhtü invención y materia en el argumento 
de la obra se puede ver. Son interlocutores un ángel, un 
diablo, un hidalgo, un logrero, un inocente llamado 
Juan, un fraile, una moza llamada Floriana, un zapa- 
tero, una alcahueta, un judio, un corregidor, un aboga- 
do, un ahorcado por ladrón, cuatro caballeros que mw- 
rieron en la guerra contra moros, el barquero Carón. 

Hay en esta refundición mucho nuevo y bueno : la 
fuerza satírica es mayor, el diálogo tiene más viveza, la 
versificación corre más limpia y suelta: algunos trozos 
no tienen precio por lo acre y picante de los donaires. 



CLXXXVIII LÍBICOS CASTELLANOS 

«Tiene cosas de las cosquillas (hubiera dicho Qneve- 
do), porque hace reir con enfado y desesperación.» 
Pero esta tragicomedia castellana ¿es en realidad de 
Gil Vicente? Yo no acabo de persuadírmelo : la edición 
de Burgos, de la cual poseo copia fidelísima, no dice el 
nombre del autor. En otro manuscrito, copia sin duda 
de diversa edición, que cita Aribau en sus notas á los 
Orígenes de Moratin, parece que se leía la siguiente 
nota: «Compúsolo en lengua portuguesa, y luego el 
:&mesmo autor lo trasladó á la lengua castellana, au- 
}» mentándolo». Si asi faé, hay qué reconocer que en 
esta ocasión se excedió notablemente á si 'mismo como 
artífice de versos castellanos. Y esto es precisamente lo 
que me hace desconfiar de qué él fuese el traductor. En 
sua coplas castellanas, Gil Vicente tiene cosas hermosí- 
simas, pero está lleno de incorrecciones, de versos cojos, 
de rimas falsas, de vocablos enteramente portugueses» 
propios de quien nunca había estado en Castilla. Nada 
ó muy poco de esto hay en la tragicomedia, que es una 
de las piezas mejor escritas de aquel tiempo. 

Ticknor tiene el mérito de haber indicado por pri- 
mera vez la semejanza entre estas alegorías de Gil Vi- 
cente y una de las más antiguas piezas dramáticas de 
Lope de Vega, el auto sacramental del Viaje del alma, 
que, si hemos de atenernos á las indicaciones de El 
Peregrino en su patria (novela que es en parte autobio- 
gráfica), fué representado en una plaza de Barcelona 
hacia el año de 1599. Pero aunque el historiador norte- 
americano afirma caprichosamente que lá idea y el or- 
den de la fábula son casi los mismos en uno y otro au- 
tor, lo cual dista mucho de ser verdad, no apunta más 
semejanzas de detalle que la de los preparativos de 



PaÓX.060 GLXXXIX 

^iaje que el demonio, arráez de la barca del Inñerno, 
hace en ana y otra pieza. 

' Teófilo Braga, que acepta y amplia la indicación de 
Ticknor en su Historia do theatro portuguez (1), nota 
con mejor acuerdo la diferencia entre ambas concep- 
ciones dramáticas. Pláceme transcribir las palabras del 
erudito profesor, inspiradas por la más ferviente ad- 
miración al genio de Lope, á quien llama d mayor es- 
critor dramático de los tiempos modernos: 

«Lope de Vega, como ingenio profundo y creador, 
aprovechóse simplemente de la idea, dándole una for* 
ma original y más perfecta: las diversas ánimas de Qil 
Vicente fueron reducidas por él á una sola, el Alma; y el 
Diablo, que en las Barcas trabaja solo, es aquí ayudado 
por la Memoria, por el Apetito, por los Vicios. El es- 
tribillo que cantan para darse á la vela recuérdala 
forma lírica usada por Gil Vicente; la decoración in- 
dica también que Lope de Vega conoció los viejos au- 
tos portugueses. En el auto da Barca da Gloria^ trae 
Gil Vicente esta rúbrica: €os Anjos desferrem a vela em 
's>que está o Grocifixo pintado». En el final del auto de 
Lope «descúbrese la nave de la Penitencia, cuyo árbol 
»y entena eran una cruz, que por jarcias, desde los cía- 
»vos y rótulo, tenia la esponja, la lanza, la escalera y 
»los azotes, con muchas flámulas, estandarte y gallar- 
»detes bordados de cálices de oro. » En el auto de G-il 
Vicente aparece un Papa: en el auto de Lope va al ti- 
món el Papa que entonces regia la Iglesia. En el auto 
portugués Cristo resucitado es quien viene á gobernar 
la barca de la Gloria. En el auto de Lope acontece lo 



(1) Fétgs. 194-198. 



GXG líricos castellanos 

mismo, como lo prueba la siguiente acotación: «Cristo 
:&en persona del maestro de la nave, con algunos ¿nge- 
»les como oficiales de ella. s> Einalmente, la impresión 
general que deja el Viaje del Alma es que Lope conocía 
aquel modelo, aunque, por otra parte, la invención 
tampoco pertenezca á Gil Vicente, puesto que los sím- 
bolos cristianos sacados de la nave se remontan á los 
primeros siglos de la Iglesia. 

A estas tan oportunas observaciones de Braga, sólo 
hay que añadir que el tipo de la barcarola lírica lleva- 
da al teatro por Gil Vicente y Lope de Vega en los 
cantos intercalados en estas piezas, es de indisputable 
origen galaico-portugués, encontrándose á cada paso 
bellísimas muestras en el Cancionero Vaticano: 

Per ribeira do río 
vi remar o navio, 
E sabor ey da ribeira! 

Per ribeira do alto 
Vi remar o barco; 
Sabor ey da ribeira... 

As froles do meu amado 
Briosas vam no barco; 
E vam-se as flores 
D' aquel bem com meus amores. 

As froles do meu amigo i 

Briosas vam no navio; 
E vam-se as flores 
D' aquel bem com meus amores... 

Cotéjense estas letras con la que cantan al fin del 
primer auto de Gil Vicente los cuatro fidalgoSy cahalle» 
ros de la Orden de Cristo, que murieron en las partes de 
África: 

A barca, á barca segura: 
Guardar da barca perdida; 



PROLOGO GXGI 

Á barca, á barca da vida. 



Á barca, á barca, mortaes; 
Porém na vida perdida 
Se perde a barca da vida... 



Ó el bello romance con que da principio el Auto da 
Barca do Purgatorio: 

Remando van remadores 
Barco de grande alegría... 

Asi las formas Úricas y tradicionales persisten por 
misterioso atavismo en el arte de las edades cultas; y 
de esta manera, en el inmenso mundo poético que lla- 
mamos teatro de Lope, se reducen á unidad armónica 
todos los elementos del genio peninsular. 

•Los autos hasta aquí citados, con otros de menor im- 
portancia (1), constituyen el primer libro del cuerpo 
de las obras de Gil Vicente, llamado por sus editores 
obras de devoción, aunque algunos pasos poco tengan 
de devotos. El libro segundo comprende las comedias, 
y el tercero las tragicomedias: división arbitraria, pues- 
to que ninguna diferencia substancial separa en Gil 
Vicente los dos géneros, pudiéndose llamar indiferen- 
temente comedias ó tragicomedias la de Enhena y la 
del Viudo, la de D. Duardos y la de Amadis de Gaula. 



(1) Auto pastoril portugués (1523). — Diálogo sobre a resurreigáo 
entre os Judeus (no fija la fecha: está todo él en portugués, y es 
muy curioso por la pintura satírica de las costumbres de los ju- 
díos). — Auto de San Martinho (en castellano, 1504; representado 
ante la Beina Doña Leonor en la iglesia de Caldas, durante la 
procesión del Corpus Christi. Es, por consiguiente, el méus anti- 
guo de los autos sacramentales conocidos hasta ahora, pero no 
tiene relación alguna con aquella festividad^ reduciéndose á la 
sabida leyenda de partir San Martín su capa con un pobre). 



GZGII 



líbicos castellanos 



En cambio, bajo la rúbrica de tragicomedias, se confan- 
den con piezas como las dos últimamente mencionadas, 
ana serie de representaciones alegóricas y de circuns- 
tancias, que constituyen un género enteramente distin- 
to. T, por el contrario, en la sección cuarta se agrupan, 
bajo el título de farsas, verdaderas comedias, aunque 
en miniatura; escritas en portugués las más de ellas. 
Prescindiendo, pues, de esta división tradicional, que 
tampoco responde al orden cronológico^ examinaremos 
rápidamente las principales formas que tiene la come- 
dia en Gil Vicente. 

Y ante todo conviene advertir que ni el teatro lati- 
no, ni el teatro italiano del Renacimiento influyeron 
en él para nada. Se le ha llamado el Planto portu- 
gués, y á la verdad, el género de sus gracias cómicas, 
sobre todo en las farsas, es más plautino que terencia- 
no, pero lo es por semejanza de Indo^le, no por disci- 
plina literaria. Gil Vicente, que era humanista, habría 
leído de seguro á Planto y Terencio, pero no los imita 
nunca. Por el desorden fantástico de las concepciones, 
por el tránsito continuo de lo elevado á lo grotesco, 
por lo brusco é inesperado de las alusiones y de las in- 
vectivas, y también por la riqueza y pompa lírica, re- 
cuerda mucho más las comedias de Aristófanes, á quien 
probablemente no conocía, y cuya influencia en el tea- 
tro moderno nunca ha sido directa. En algunas de sus 
alegorías, por ejemplo, en la Exhortación á la guerra^ 
Gil Vicente es un poeta aristofánico, hasta por el sen- 
tido político y patriótico de sus advertencias y profe- 
cías, que se levantan majestuosas en medio del fuego 
graneado de los conjuros del hechicero y de las bufo- 
nadas del coro de diablos. 



PRÓLOGO GXGIII 

En cnanto á los poetas cómicos italianos, Qil Vicen- 
te no da muestras ni siquiera de haberlos leído. Nanea 
se inspira en las fábulas dramáticas del AríostOi ni de 
Bibbiena, ni de Machiavelli, y eso que^ el espíritu del 
secretario de Florencia tenía más de un punto de afi- 
nidad con el suyo. Para bacer la sátira de los frai- 
les y de los hipócritas, G^il Vicente no tenía que 
aprender nada de nadie, puedto que nunca pudo con- 
tener esta ingénita propensión suya. Qil Vicente es 
oríginalísimo en su teatro profano, pero creemos que 
también en esta parte debe alguna, aunque pequeña, 
obligación á Juan del Enzina. En la Comedia de JBu- 
bena (1521), que es tan desconcertada en su plan, tan 
irregular y tan llena de fárrago como la Farsa de Plá- 
cida y YiiorianOy hay una escena en ecos, y otras evi- 
dentes reminiscencias de aquella pieza. Además, como 
todos los autores de su tiempo, pudo aprender lo más 
profundo del arte de la comedía en La Celestina, de la 
cual tomó, entre otras cosas, el tipo de la alcahueta 
Brígida Vaz, que tan desvergonzadamente anuncia sus 
baratijas en la Barca del Infierno^ pieza que (dicho sea 
entre paréntesis) fué representada en la cámara regia, 
repara consolación de la muy católica y santa reina 
»Doña María, estando enferma del mal de que falleció». 

¿Debe contarse entre los libros que estudió Gil Vi- 
<3ente la Propalladia de Torres Naharro? Muy verosí- 
mil parece, puesto que la primera edición de este famo- 
so libro es^de 1517, y ya antes corrían de molde algu- 
nas de las piezas que comprende ; por ejemplo, la Ti- 
nelaria. Además, el poeta extremeño debía de ser muy 
conocido en Portugal por la comedia Trofea^ que 
en 1514 había escrito y hecho representar ante la 

Tomo VII. 13 



GXGIT LÍRICOS CASTELLANOS 

Santidad de León X, loando y magnificando las glo- 
rias de aquel reino, con motivo de la famosa embajada 
que llevó Trístán de Acuña. Pero da la casualidad de 
que precisamente la comedia de G-il Vicente que más 
se parece á otra de Torres Naharro, la Comedia del 
Viudo, cuya intriga es algo semejante á la de la Come-' 
dia Aquilanay tiene que ser anterior, puesto que lleva 
la fecha de 1514, al paso que la Aquüana ni siquiera 
figura en la primera edición de la Propcdladia. Queda, 
pues, la graciosa miniatura de Gil Vicente como pri- 
mer ensayó del tema romántico, luego tan repetido» 
del principe disfrazado por amor : interesante situación 
que el autor complica haciendo que el corazón de don 
Eosvel fluctúe entre las dos hijas del viudo, hasta que 
afortunadamente viene otro príncipe hermano suyo á 
resolver el conflicto casándose con la menor : 

Estánse dos hermanas 
Doliéndose de sí ; 
Hermosas son entrambas 
Lo más que nanea vi. 
¡Huía, bufa! 
A la fiesta, á la fiesta, 
Que las bodas son aquí. 

Namorado se había dellas 
Don Rosvel Tenorí: 
Nunca tan lindos amores 
Yo jamás cantar o9. 
¡Hufa, huía! 
A la fiesta, á la fiesta. 
Que las bodas son aquí. 

Todo es comedido y decoroso, todo gentil y caballe- 
resco en esta pieza, escrita integramente en castellano : 
hasta el fraile que viene á consolar al viudo es, por 
caso único en Gil Vicente, un buen fraile : el contraste 



PRÓLOGO GXGV 

entre el viudo desconsolado y un compadre suyo que 
se queja de la inaguantable mujer que tiene, es muy 
cómico y de la mejor ley. Todas las escenas están toca • 
das con una ligereza y una elegancia que. )3orprenden 
en autor tan primitivo. 

Nada, por el contrario, más grosero, más incon- 
gruente y peor combinado que la comedia bilingüe de 
Bíibena (1521), que tiene, sin embargo, cierta fantás- 
tica poesía, y es la más antigua comedia de magia de 
nuestro teatt*o, ó á lo menos la primera en que inter- 
vienen hadas y hechiceras. Es también la única pieza 
de Gil Vicente que presenta división en escenas, 
las cuales en realidad vson tres actos pequeños, prece- 
didos de un argumento que recita un Licenciado. El 
uso de estos introitos explicativos, que Juan deL Enzi* 
na había renovado en Plácida y Vitoriano, y que To- 
rres Naharro usó constantemente, no es exclusivo de 
la comedia clásica : recuérdese elpraecentor de los dra- 
mas litúrgicos, y el prólogo ó protocolo de los misterios 
franceses. 

En la primera de estas scenas se presenta con la ma- 
yor brutalidad una situación repugnantísima : el parto 
de una muchacha seducida y abandonada por un cléri- 
go.' Pero Gil Vicente era tan poeta, que, en medio del 
bárbaro gusto de su tiempo, nunca deja de hacer pasar 
por lo más abyecto y horripilante un rayo de la luz de 
lo ideal. Asi se lamenta en un monólogo la desventu- 
rada Eubena : 

¡oh, tristes nubes escuras, 
Qae tan recias camináis; . 
Sacadme destas tristuras, 
Y llevadme á las honduras 



GZGYI LÍRICOS CASTELLANOS 

De la mar, adonde vais! 
Daélanvos mis tristes hadas, 
Y llevadme apresuradas 
A aquel valle de tristura, 
Donde están las mal hadadas, 
Donde están las sin ventura 
Sepultadas... 

Riquísimo es el material folk-Urico qne paede sacar- 
se de esta comedia. Con ella, con el Auto das fados y 
con muchos rasgos sueltos de todas las obras del poe- 
ta, seria hacedero un inventario de oraciones supers- 
ticiosas, de ensalmos y conjuros, de prácticas misterio- 
sas y vitandas, de todas las formas y manifestaciones 
de lo sobrenatural diabólico en. la mitología del pue- 
blo peninsular. Es claro que un espíritu tan culto, tan 
maligno y aun escéptico como el de Gil Vicente, no ha- 
bía de participar de la credulidad del vulgo, p^o se 
complace en las supersticiones como curioso y como 
artista, las recoge con pasión de coleccionador, las ex- 
plota como un elemento poético-fantástico , y parece 
que su poderoso instinto le hace penetrar hasta elion- 
do de esas reliquias del paganismo ibérico, y sentir 
cómo hierven confusamente en el alma popular. Nin- 
gún otro poeta nuestro le ha aventajado en esta rara 
erudición, que á veces traspasa las rayas del lícito xo- 
nocimiento é invade las del düettaniismo ocasionado y 
pecaminoso. Es tal lo concreto y preciso de los deta- 
lles, que hace sospechar en Gil Vicente procedimientos 
análogos á los que en nuestros días empleó Jorge Bo- 
rrow para hacerse dueño de la lengua de los gitanos y 
tan consumado en la noticia de sus costumbres. No se 
llega á saber tanto sin mucha familiaridad con el ob- 
jeto conocido. 



PRÓLOGO CXGVII 

Pero otro más apacible género de poesía poptilar que 
el de las brujas y las comadres esmalta la Bvbena : 
asi los cantares del ama de cria, que recuerda, entre 
otros viejos romances, el de En París estaba Doña Alda, 
y el de Vamonos dijo mi ño — á París esa ciudad; asi 
el coro de las mozas de labor, que alivian sú trabajo 
con esta cantiga en el gusto de Juan del Enzina : 

«Halcón que se atreve 
Con gana guerrera, 
Peligros espera. » 



La caza de amor 
Es de altanería ; 
Trabajos de día, 
De noche dolor : 
Halcón cazador 
Con garza tan fiera 
Peligros espera... 



Finalmente, notaremos la primera aparición de la 
figura del bobo, llamado en portugués ^parvor». 

La Bubena es comedia novelesca de pura invención, 
lo cual explica su tosquedad y desaliño, bien perdona- 
bles en época tan infantil del arte. D. Duardos y AmOr 
dis de Gaula son tragicomedias fundadas en libros de 
caballerías, y, por tanto, ofrecen un conjunto más re- 
gular y agradable. La ficción novelesca estaba más 
adelantada que la teatral, y ésta tenía que dar sus pri- 
meros pasos como con andadores, ó asida á las faldas 
de la primera. Así lo comprendió Juan del Enzina, 
buscando en las novelas sentimentales del corte de la 
Cárcel de Amor inspiración para sus últimas églogas. 
Gil Vicente, cuyo feentido poético era tan superior, en- 
tendió que en los libros de caballerías, más gustados 



Gxcviii líricos gastellakos 

en Portugal que en ninguna parte, había una brava 
mina que explotar, y se internó por ella, abriendo este 
sendero, como otros varios, al teatro español definitivo, 
al teatro de Lope, y aun pudiéramos decir al de Calde- 
rón, que todavía trató algunos temas caballerescos como 
brillantes libretos de ópera. Los libros de que se valió 
Gil Vicente para estas dos piezas, compuestas totalmen- 
te en castellano, fueron el Amadis de Oaulay el prime-' 
ro y más excelente de todos los de su género, el padre 
y dogmatizador de toda la andante caballería (libro 
nacido según la opinión más probable en Portugal, 
pero que ya no se conocía allí más que en la refundi- 
ción castellana del regidor de Medina del Campo Gar- 
ci Ordóñez de Montalvo) y el Primaleón, así común- 
mente llamado, aunque su primitivo titulo fuese Libro 
segundo de Palmerin, que trata de los grandes fechos de 
Primaleón y Polendos sus fijos : y asst mismo de los de 
don DuardoSy principe de ynglaterra (1524), obra de 
autor desconocido, pero que en el siglo xví se atribuía, 
lo mismo que el Palmerin de Oliva, á una dama de 
Ciudad Rodrigo (la señora Augustobrigá), tradición ya 
consignada por Francisco Delicado en la magnífica y 
correcta edición que del Primaleón publicó en Venecia 
en 1534 : da que lo compuso era mujer, y filando al Cor- 
no, se pensaba cosas fermosas que decía á la postre,» 

En pocas cosas se advierte tanto el genio dramático 
de Gil Vicente como en no haberse perdido en la en- 
marañada selva de aventuras que contienen estos li- 
bros, ni haber caído en la tentación de dialogar una 
tras otra sus escenas. Se atuvo con sobriedad á una 
sola situación interesante, que en el Amadis de Oau- 
la son los amores de uriana, y especialmente el epi- 



PRÓLOGO GXGIX 

« 

sodio de la penitencia de Beltenebrós en la Peña Po- 
bre; y en el Don Duardos los amores del protago- 
nista con la infanta Flérida, hija del Emperador de 
Constantinopla. Dramatizó, pues, algunos incidentes 
novelescos, pero no escribió la comedia á manera de 
novela. De fábulas tan embrolladas acertó á sacar un 
cuadro escénico, sencillo é interesante, prescindiendo 
de la desaforada máquina de gigantes, vestiglos y en- 
driagos, de. la monótona repetición de mandobles, ta- 
jos y reveses, desafios y pasos de armas; insistiendo 
en la parte humana y especialmente en aquella pasión 
que es el alma del teatro; y dando á veces muy viva y 
delicada expresión á los afectos y á las cuitas amoro- 
sas del doncel de la mar y de Don Duardos, en puli- 
das y gentiles coplas de pie quebrado; v. gr. : estas 
que canta el principe de Inglaterra disfrazado de hor- 
telano : 

¡Oh palacio consagrado, 
Pues que tienes en tu mano 

Tal tesoro, 
Debieras de ser labrado 
De otro metal más ufano 

Que no el oro! 
Hubieron de ser rubines, 
Esmeraldas muy polidas 

Tus ventanas, 
Pues que pueblan serafines 
Tus entradas y salidas 

Soberanas. 
Yo adoro, diosa mía, 
Mas que á los dioses sagrados 

La tu alteza, 
Que eres dios de mi alegría, ^ 

Criador de mis cuidados 

Y tristeza. ^ 



GG LIRIGOS GASTBLLANOS 

A ti adoro, causadora 
De este vil oficio triste 

Que escogí. 
A ti adoro, mi señora, 
Qae mi ánima quisiste 

Para ti. 
Por los ojos piadosos 
Que te vi n' este lugar, 

Tan sentidos, 
Claríficos y lumbrosos, 
Dos soles para cegar 
^ Los nacidos ; 

Que alumbres mi corazón, 
¡Oh Flérida, diosa mía, 

De tal suerte 
Que mires la devoción 
Con que vengo en romería 

Por la muerte! 
Tú duermes, yo me desvelo, 
Y también está dormida 

Mi esperanza : 
Yo solo, señora, velo 
Sin Dios, sin alma, sin vida, 

Y sin mudanza. 
Si el consuelo viene á mí, 
Como á mortal engmigo 

Le requiero : 
Consuelo, vete de ahí. 
No pierdas tiempo conmigo. 

No te quiero. 

••••• ••••••.f. ....•••., 

¡Oh floresta de dolores, 
Arboles dulces, floridos, 

Inmortales, 
Secárades vuestras flores, 
Si tuviérades sentidos 

Humanales! 
Que partiéndose de aquí 
Quien hace tan soberana 



PBOLOOO GGI 

Mi tristura. 
Vos, de mao cilla de mí, 
Estaviérades maüana 

Sin verdura. 
Pues acuérdesete, Amor, 
Que recuerdes mi seliora 

Que se acuerde. 
Que DO duerme mi dolQr, 
Ni soledad sola un hora 

Se me pierde. 
Amor, Amor, más te pido; 
Que cuando ya bien despierta 

La verás, 
Que le digas al oído: 
«¡Señora, la vuestra huerta!» 

¡Y no más! 
Porque, Amor, yo quiero ver, 
Pues que Dios eres llamado 

Celestial, 
Si tu divinal poder 
Hará subir en brocado 

Este sayal; 
Que para ser tú loado, 
^ A milagros te esperamos; 

Que lo igual 
Ya sin ti se está acabado, 
Y por lo imposible andamos, 

Noporál... 

Toda esta tragicomedia es un delicioso idilio; pero co- 
mo si al fin de ella hubiese querido Gil Vicente dar 
una muestra de lo más exquisito de su poesía lírica, 
hizo cantar al coro un romance incomparable, como no 
se hallará otro compuesto por trovador ó poeta de can- 
cionero : tan próximo está á la inspiración popular, y 
de tal modo la remeda, que se confunde con ella: 

En el mes era de Abril, 
De Mayo antes un día, 



CGII LÍRICOS CASTELLANOS 

Cuando los lirios y rosas 
Muestran más su alegría. 
En la noche más serena 
Que el cielo hacer podía, 
Cuando la hermosa Infanta 
Flérida ya se pai tía: 
En la huerta de su padre 
Á los árboles decía: 
— Quedaos á Dios, mis flores, 
Mi gloria que ser solía; 
Voy me á tierras extranjeras, 
Pues ventura allá me guía. 
Si mi padre me buscare. 
Que grande bien me quería, 
Digan que el Amor me lleva. 
Que no fue la culpa mía: 
Tal tema tomó conmigo, 
Que me venció su porña: 
Triste, no sé á dó vo, 
Ni nadie me lo decía. 
Allí hablara don Duardos: 
— No lloréis, mi alegría; 
Que en los reinos de Inglaterra 
Más claras aguas había, 

Y más hermosos jardines, 

Y vuestros, señora mía. 
Teméis trescientas doncellas 
De alta genealogía: 

De plata son los palacios 
Para vuestra señoría, 
De esmeraldas y jacintos. 
De oro fino de Turquía, 
Con letreros esmaltados 
Que cuentan la vida mía, 
Cuentan los vivos dolores 
Que me distes aquel día 
Cuando con Primalfión 
Fuertemente combatía: 
Señora, vos me matastes, 



PRÓLOGO GGIir 

1 

Que yo á él no lo temía. — 
Sus lágrimas consolaba 
Flérida, que aquesto oía; 
Fuéroase á las galeras 
Que don Duardos tenía. 
Cincuenta 6ran por cuenta. 
Todas van en compañía: 
Al son de sus dulces remos 
La Princesa se adormía 
En brazos de don Duardos, 
Que bien le pertenecía. 
Sepan cuantos son nacidos 
Aquesta sentencia mía: 
«Que contra muerte y amor 
Nadie no tiene valía» (1). 

Otra vena dramática abrió Gril Vicente, que en el 
teatro español, especialmente en el de Lope, había de 
ser caudalosísima. íju Comedia sobre la divisa de la 
ciudad de Goimbra (1527), es el primero, aunque rudí- 
simo ensayo, de aquellas leyendas locales, heráldicas 
y genealógicas, que de las historias de pueblos pasaron 
al teatro. No es de aplaudir el absurdo embrolló que 
inventó Gil Vicente para explicar los símbolos de la 
Princesa, del León, de la Serpiente y el Cáliz que 
aquella ciudad tiene por armas, y las tradiciones de su 
río, y otras antigüedades; pero ha de tenerse en cuen - 
ta lo que históricamente signiñca este conato de drama 
arqueológico, no ensayado hasta entonces en ninguna 
parte de Europa. 



(1) La versión portuguesa de este romance que trae Almei- 
da-Garrett, suponiéndola copiada de los manuscritos del caballe- 
ro Oliveira, no ha existido nunca, como tampoco esos fantásti- 
cos manuscritos. Es el mismo rom.ance castellano traducido li- 
bremente, ó más bien arreglado, por Garrett. 



GCIV LiaiGOS CASTELLANOS 

Comedias novelescas son, aunque con matices varios, 
las que hasta ahora llevamos citadas. Pero Gil Vicen- 
te cultivó además la comedia de costumbres, y aun pu- 
diéramos decir que aspiró á la comedia de carácter. 
Debe advertirse, ante todo, que lo cómico se manifies- 
ta en su teatro de dos diversas maneras. Está como di- 
f^so por todas sus composiciones sagradas y profanas, 
penetra en to^as sus alegorías, hace resonar sus casca- 
beles en las situaciones más solemnes, y otras veces se 
insinúa con blanda ironía, mucho más eficaz que la 
carcajada estrepitosa. Entran en él por partes iguales 
el humor satírico y lo cómico de imaginación, elevado 
á veces hasta el humorismo romántico. Esta es quizá la 
forma más elevada de su original talento, la categoría 
superior^ de su arte. Pero posee tambiéú lo cómico de 
observación, y le manifiesta de un modo concreto en sus 
farsas, escritas comúnmente en portugués, y algunas 
de las cuales, bajo el aspecto técnico, son lo mejor de 
sus obras. Estas piezas, de breve y sencillísima com~ 
posición, no tenían precedente alguno (á no ser que 
quiera contarse por tal la comedia francesa del Avocat 
Pathelih), y no tuvieron quien las superase hasta que 
Lope de Rueda compuso sus pasos sabrosísimos. En 
ésta, como en tantas otras cosas, Gil Vicente tuvo que 
ser maestro de sí mismo y sacarlo todo de su propio 
fondo, ó más bien del asombroso poder que tenía para 
ver la realidad con ojos libres de telarañas. Estas far- 
sas no son propiamente comedias, sino cuadros de cos- 
tumbres dialogados: algo parecido á lo que son los en- 
tremeses de Cervantes, los saínetes de D. Eamón de la 
Cruz, y otras joyas del antiguo género chico. Una sola 
situación cómica, uno ó dos personajes grotescos, bastan 



PRÓLOGO . GCV 

para el cuadro de Gil Vicente. Sólo en O Velho da horta 
y en la Farsa de Inés Perdra hay verdadera acción : en 
las restantes el nudo es flojísimo. Pero ¡qué tesoro de 
lenguaje popular! ¡qué animación picaresca! ¡cuánta es- 
pontaneidad y cuánta fuerza de sentido común! ¡qué ga- 
lería de figuras risibles!, si bien el poeta abusa dema- 
siadamente de los tipos, ya convencionales y monóto- 
nos, de frailes escandalosos, de clérigos amancebados, 
y de celestinas con puntas y collares de hechicería./ El 
amaneramiento es esdoUo de que rara vez se salva el 
poeta dramático, por lo mismo que es en él muy fuerte 
la tentación de repetir lo que mejor sabe hacer y lo que 
más se le ha aplaudido. Ni Moliere se libró de ello con 
sus médicos y sus maridos pacientes, ni Moratin con 
sus viejos y sus niñas. ¿Qué de particular tiene que no 
alcanzase á evitarlo Gil Vicente, escribiendo en época 
tan ruda, en que el más sencillo perfil cómico implica- 
ba un esfuerzo de creación tan, arduo, acaso, como las 
invenciones más complejas de los poetas de las edades 
cultas? Aun así es admirable el número de tipos que 
esbozó, y que presentan como en compendio la sociedad 
portuguesa del gran siglo, tomada por su aspecto me- 
nos heroico. El galancete enamorado ridículo, asiduo 
lector de cancioneros manuscritos, que tañe la viola á 
las puertas de su dama, con acompañamiento de todos 
los gatos y perros de la vecindad (1): la infiel esposa 
sobresaltada por la inesperada aparición del marido 
que torna de la India, mientras ella trae al retortero á 



(1) Fhrga de <quem iemf árelos* y representada en los Palacios 
de la Bibera, ante el rey B. Manuel (1505): uno de los criados 
habla en castellano. 



GGVI líricos GAST£LLAN0S 

f 

\ 

dos galanes, ano en casa y otro en la calle (1); el labra- 
dor viejo y tentado de la risa, perseguidor de las don- 
cellas que vienen á su huerta (2); el judio casamente* 
ro (3); los negros (4) y las gitanas (5); el juez de Beira, 
juzgador á lo Sancho Panza (6); el hinchado hidalgo de 
poca renta, que mata de hambre á sus servidores, em- 
peñándose en tener capellán y orífice propio y gran 
número de pajes (7); el físico pedante, maestre Enri- 
que, precursor de los médicos de Moliere (8)... Para 



(1) Auto da IndiOf representado á la reina doña Leonor 
(1519): hay un castellano que habla en su lengua. 

(2) O Velho da Horta (1512). Ko hay en castellano m&s que 
un cantarcíllo: 

¿Ouál es )a niña 
Que co|;e lajs flores, - 
Si no tiene amores? 

Oofi[ía la niña 
La rosa florida, 
El hortelanico 
Prendas le pedia, 
Si nó tiene amores. 

(3) Interviene en la Farqa de Inés Pereira, donde sólo el er- 
mitaño habla en castellano. 

(4) En la Far^a do Clérigo da Beiray representada k don 
Juan III en Almeirin (1526) se remeda con gracia la jerga de 
los negros de Guinea traídos como esclavos & Portugal. 

(5) Far^a das Óiganos, representada en Évora (1521). Toda 
ella en la jerigonza castellana que hablaban los gitanos, pero 
sin mezcla de caló. Es el primer documento de nuestra litera- 
tura que se refiere exclusivamente á ellos. 

(6) Farga do Juiz de Beira, representada en Almeirin (1525). 
ün zapatero habla en castellano. 

(7) Farga dos Almocreves (de • los arrieros), representada en 
Goimbra (1526). 

(8) Farga dos Físicos. No se expresan el año ni el lugar de la 
representación. És una de las piezas méis libres y más franca- 
mente inmorales de Gil Vicente, pero no de las menos ingenio* 
sas. Si algo hay en su teatro que recuerde el cinismo de la Man- 
dragora de Maquiavelo es, sin duda, este auto. La mayor parte 



PRÓLOGO GGVII 



encontrar caricaturas semejantes hay qae llegar hasta 
El Lazarillo de TormeSj ó más bien ni unas ni otras 



de él está, en castellano, lengua que hablan los tres principales 
interlocutores : el clérigo enamorado, el padre confesor de ancha 
manga que le absuelve, y &\ físico ó médico. Ksta farsa, que bien 
merece su nombre, termina cantándose á voces una ensalada 
tan: estrambótica como el argumento. Todo ello parece una bu- 
fonada de Carnaval, y puede damos idea de lo que eran los 
Juegos de escarnio. 

Aunque caliñcada de comedia^ tiene mucha relación con las 
farsas la Floresta de engaños^ última obra de Gil Vicente, repr&- 
sentada en Évora en 1536, sino que es una farsa implejpOf pues- 
to que combina dos ó tres en una, á la verdad con poco arte. 
Es pieza bilingüe, predominando el castellano. Los chascos de 
que son víctimas un logrero y xta juez prevaricador alternan 
confasamente con una intriga amatoria y mitológica, y con los 
diálogos episódicos de un filósofo y su criado, el bobo ó parvOr 
que aparecen sujetos á una> misma cadena. 

Por el contrario, aunque se califican de farsas el Auto da 
Fama (1510) y el Auto da Lusitania (1532), son realmente pieza» 
alegórioas de circunstancias. La segunda termina con esta bella 
cantigas 

Yanse mis amores, madre, 
Luengas tierras van morar, 

Y no los puedo olvidar. . 
¿Quién me los hará tornar, 
Quién me los hará tornar? 

Yo Bofíara, madre, uu suefíO) 
Que me dio n' el corazón. 
Que se iban los mis amores 
A las islas de la mar, 

Y no los puedo olvidar. 
¿Quién me los hará tornar, 
Quién me los hará tomar? 

Yo soñara, madre, un sueflo. 
Que me dio n' el corazón. 
Que se iban los mis amores 
A las tierras de Aragón: 
Allá se van á morar, 

Y no loa puedo olvidar. 
¿Quién me los hará tornar, 
Quién me los hará tornar? 

El Auto das Fadas^ que ya hemos tenido ocasión de citar, no> 
es un cuadro de costumbres, sino una representación cómico- 
fantástica. 

La Romagem de Aggravados (1533), que figura indebidamente' 



CGVilI LÍRICOS CASTULLANOS 

son caricaturas, sino trasuntos fidelísimos de la vida 
peninsular» interpretada por artistas de genio. 

El lenguaje eñ la parte castellana (que aquí es la 
menor) adolece de muchos lusitanismos, que no pueden 
pasar por arcaísmos, y de verdaderas infracciones gra- 
maticales. Pero el portugués es tal como no lia vuelto 
á escribirse después ni para el teatro ni fuera dé él: ri- 
quísimo, pintoresco, expresivo, matizado de proloquios, 
«aturado de gravedad zumbona, de picante ironía, de 
maliciosa sencillez. Si nuestros hermanos no han vuel- 
to á acertar con el verdadero estilo cómico; sí en nues- 
tro siglo, por ejemplo, no han tenido un Bretón, y se 
han dado á remedar pobremente los sofísticos proble- 
mas de la alta comedia francesa, tan exótica en Lisboa 
como aquí, la principal causa está en el olvido en que 
han dejado caer la herencia de gloria que les legó Gril 
Vicente., el tesoro inagotable de sus castizos donai- 
res, del cual todavía algunas reliquias quedaron en los 
autos de Antonio Prestes y Antonio Ribeiro Chiado , 
6n las óperas del infortunado judío Antonio José da 
Silva, y aun en la insolente y desgarradaprosa de los 
folletos políticos del P. José Agustín de Macedo. 

Hay entre las farsas de Q-il Vicente una que no sin 
fundamento puede reivindicar el título de comedia, ó, 
á lo menos, el de profferhio dramático. Hízóla nuestro 
poeta como en son de desafío á los detractores de las 
obras de su ingenio, á los que llegaban hasta negarle 



-entre las tragicomediaSj faé isalifícada por su autor de sátira, 
pero sin duda fué impresa entre las piezas de oiroonstancias 
por haber sido escrita para festejar el nacimiento del Infante 
don Felipe. 



PRÓLOGO GCIX 

la paternidad de ellas, y la hizo sobre ua refrán que 
ellos mismos le dieron: «más qaiero asno que me lleve 
que caballo que me derribe». Así nació la Farsa de 
Inés Pereira, representada ante don Juan III, en el con- 
vento de Thomar, el año 1523. Nunca mostró Gil Vi- 
cente más habilidad técnica; nunca tocó tan finamente 
los caracteres; nunca movió con tanta gracia los títeres 
de su pequeño escenario como en aquel faceto enredOy 
cuya situación final es de la mayor fuerza comida, aun- 
que más en el género de los cuentos de Boccacio que 
en el de las célebres parábolas matrimoniales de Sha- 
kespeare y de n.etcher ( Taming of the Shrew, Bule a 
wife and have a wife), puesto que aquí es .el segundo 
marido el gobernado y domado hasta el punto de servir 
oomo asnal cabalgadura á su mujer cuando va en ro^ 
meria á ver al ermitaño. 

Aunque sea cierto que Gil Vicente en esta farsa y 
en alguna otra se acercó más que en el resto de sus 
poemas escénicos al tipo de comedia que los preceptis- 
tas clásicos llamaban menatidrina^ no lo es menos que 
guardó las más brillantes galas de su poesía para aquel 
género de tragicomedias alegóricas de grande espec- 
táculo con que ennobleció las fiestas palaciegas de dos 
reinados sucesivos, haciendo oficio, no de adulador ni 
de truhán, sino de entusiasmado espectador de las 
grandezas de su pueblo y de la magnífica expansión 
de la vida portuguesa del Henacimiento, en la cuál, 
sin embargo, no dejaban de apuntar síntomas de deca- 
dencia, que él fué de los primeros en advertir y denun- 
ciar con libre espíritu y con aquel género de adivina - 
don profética, que es don rara vez negado á los poe- 
tas excelsos. Hasta qué punto ardía la llama patriótica 
Tomo VII, 14 



GGX líricos castellanos 

en> el viril espíritu de Gil Vicente lo muestra la Ex» 
hortagao da guerra (1), donde la poesía corre como un 
surco de niego, para levantar el espíritu de' los con- 
quistadores de Azamor (1513). Gil Vicente tenia en su 
lira todas las cuerdas del alma portuguesa, pero sobre 
los rasgos del gallego melancólico y soledoso predomi- 
nan en su acentuada fisonomía los del duro lusitano, 
del extremeño seco y cetrino, raza de los Alburquer- 
ques y Pizarros, que tan fieramente estampó su huella 
en las pagodas indostánicas y en los templos de los hi- 
jos del Sol. 

Es notable, además, la Exhoriagao da guerra por el 
extraño brío y novedad de la parte fantástica. A la 
manera que el doctor Fausto evocó de entre los muer- 
tos á la bella Elena, símbolo de la hermosura clásica, 
el clérigo nigromante que Gil Vicente pone en escena, 
con acompañamiento de dos espíritus diabólicos que 
tiene por familiares, hace que se levanten, obedeciendo 
á sus conjuros, Aquiles y Polixena, Héctor y la Beina 
Pantasilea y otras sombras clásicas, que al volver á la 
luz y mezclarse entre los vivos reaparecen bañadas en 
una atmósfera de paganismo romántico. 



(1) Hállanse en esta pieza unos versos, no ya imitados, sino 
literfJmente tradnoidos, de Gómez Manrique en las coplas so- 
bre el mal gobierno de Toledo : 

Quando Boma á todas velas 
Conquistava toda a térra. 
Todas donas e donzellas 
Daváo snas joias bellas 
Pera manter os da gnerra... 

Es una de tantas pruebas como pneden alegarse de lo fami- 
liares que eran ¿ Gil Vicente las obras de los trovadores caste- 
llanos de su tiempo ó poco anteriores á él. El Templo ttApoílo 
empieza con una imitación de los Disparates de Juan del En- 
zina. 



PRÓLOGO GGXI 

Sin llegar á este grado de fuerza poética y tauma- 
túrgica, valen mucho por lo ingenioso de las alegorías 
y de las invenciones, la Fragoa d'amor (1525), puesta 
én escena en los desposorios del Eey D. Juan UI y 
dé la Beina Doña Catalina; el Templo de Apolo^ escri- 
to con ocasión de la partida de la Emperatriz Doña 
Isabel para Castilla (1 526); la Nao alamores, que sir- 
vió para festejar la entrada de Doña Catalina en Lis- 
boa (1527); y el auto de las Cortes de Júpiter ^ célebre 
más que ningún otro por la pompa con que fué repre*. 
sentado en las fiestas del casamiento de la Infanta 
Doña Beatriz, duquesa de Saboya (1519), y por la no- 
velesca interpretación que en nuestros días le dio Al- 
meida-Garrett enlazándole con la leyenda de los amo- 
res ^e Bemaldim, Eibeiro, y edificando sobre esta base 
su drama Un auto de Gil Vicente^ primera obra del 
gusto romántico que apareció en la escena portuguesa 
(1838) (1). La Fragua es una de las rarísimas piezas 
en que Gil Vicente tiene imitaciones directas de algún 
poeta clásico. Venus aparece buscando á su hijo el 
Amor, y se queja de su pérdida en términos análogos 
á los del primer idilio de Mosco, atribuido por algunos 
á Teócrito. 

Pero ni á Teócrito, ni á Mosco, ni á ninguno de los 
maestros del culto idilio alejandrino ó siciliano, ni á 
Virgilio su imitador, debe Gil Vicente su propio y en- 



(1) Interviene el viejo dramatargo en otras oÜras de poetas 
portugueses modernos. Julio de Gastilho (hijo de Antonio Feli- 
ciano) fanda en el auto de Evortaqao da guerra su poesia Gil 
Vicente (O Ermiterio, 1876). — La representación de la Far^a de 
Inez Pereira sirve de máquina en un poema dramático de Teófilo 
Braga, Auto por desa/fronta ( Torrentes^ 1869;. 



GGXII LIRICOi CASTELLANOS 

cantador bucolismo, que ya apunta en sdgono de los 
autos sagrados, y que luego más libremente se mani- 
fiesta en la Tragicomedia pastoril da Serra da Estrella 
(1527) y en los dos bellísimos Triunfos, del Invierno y 
del Verano. Es evidente que también en esta parte tuvo 
por precursor á Juan del Enzina, pero dejándole á tal 
distancia que apenas se advierte el remedo. La égloga 
en Juan del Enzina es muy realista y algo prosaica: 
en Gil Vicente es lírica, es un impetuoso ditirambo, un 
himno á las fuerzas vivas de la naturaleza prolífica y 
serena, eterna desposada que resurge al tibio aliento 
de cada primavera, vencedora de las brumas y de los 
hielos del Inviei^no. En vano hace éste ostentación y 
alarde de su poderío en valientes versos : 

Sepan todos abarrisco 
Que yo soy Juan de la Greña, 
Estragador de la lena, 

Y sembrador del pedrisco... 
Ojeador de las cigüeñas. 

Destierro de golondrinas, 
Voz de las aguas marinas. 
Agravio de viejas dueñas, 
Dios de los fríos vapores 

Y señor de los nublados, 
Peligro de los ganados, 
Tormento de los pastores... 

Aunque veáis mi figura 
Como de salvaje bruto. 
Yo cubro el aire de luto, 

Y las sierras de blancura. 
Quito las sombras graciosas 

Debajo de los castaños, 

Y bago á los ermitaños 
Encovar como raposas. 

Hago mustios los perales, 



PRÓLOGO GGXIII 

Los bosques frescos, medoños^ 
Hago alegres los madroños ' 

Y llorosos los rosales. 
Hago sonar las campanas 

Muy lejos con mis primores, 

Y callar los ruiseñores, 

Y los grillos y' las ranas. 
Hago á buenos y é ruines 

Cerrar ventanas y puertas, 

Y hago llorar las huertas 
La muerte de los jardines. 

Las viñas hago marchitas 

Y los arroyos riberas; 
Hago lagunas las eras 

Y cisternas las ermitas... 
Afuera, afuera, calores, 

Y locuras del verano, 

Y traiga el viento solano 
Otros misterios mayores... 

, Yo quiero sobre la mar 
Demostrar mi poderío : 
Pues la tierra gusta el frío. 
Tormentas quiero ordenar. 
Haré cantar las sirenas, 

Y peligrar á las naves, 

Y haré gritar á las aves 

Y volar á las arenas... 

No debía de faltar aparato de máquinas y decoracio- 
nes cuando estas alegorías se representaban en los sa- 
raos de palacio. Q-il Vicente llega á poner en escena el 
espectáculo de la mar en tormenta, las naos que vuel- 
ven de la India, y la fantástica aparición de las Sire- 
nas (i), que cantan en castellano las glorias de la na- 
vegación portuguesa : 



(1) La alegoría náutica había sido empleada ya en festejos 
portugueses, no sabemos si dramáticos ó enteramente mudos, 



CCXIY LÍRICOS CASTELLANOS 

Recuérdate, Portugal, 
Cuánto Dios te tiene honrado; 
Dióte las tierras del sol 
Por comercio á tu mandado; 
Los jardines de la tierra 
Tienes bien señQreado, 
Los pomares de Oriente 
Te dan su fruto preciado;' 
> Sus paraísos terrenales 

Cerraste con tu candado. 
Loa al que te dio la llave 
De lo mejor que ha criado; 
Todas las islas ignotas 
A ti solo ha revelado... ^ , 

Pero el Triunfo del Invierno sólo sirve para prepa- 
rar el espléndido trianfo del Verano, que pone su tá- 
lamo nupcial en la sierra de Cintra : 

«Del rosal vengo, mi madre, , 
Vengo del rósale.» 
Afuera, afuera üublados, 
Neblinas y ventisqueros, 
Reverdeen los oteros, 
Los valles, priscos y prados : 

Sea el frío reventado, 
Salgan los frescos vapores. 
Píntese el campo de flores, 
Alégrese lo sembrado. 



antes de Gil Vicente. Buy de Pina, en la Crónica de D, Juan II 
{Inéditos da Academia Portugueza^ pág. 126 de la C. de D. J. II) 
describe un momo que se representó ante aquel monarca, en que 
figuraba «una gran flota de grandes navios, metidos en paños 
>pintados de brasras y naturales ondas de mar, con grande es- 
>truendo de artillería que jugaba, y trompetas y atabales y mi- 
>nistriles que tañían, con desvariados gritos y alborotos de pi- 
>tos de fingidos maestres, pilotos y mareantes, vestidos de bro- 
>cados y sedas, de verdaderos y ricos trajes alemanes.» 



PRÓLOGO GGXV 



«A riberas de aquel vado 
Viera estar, rosal granado, 
Vengo del rósale.» 

Vuélvase la hermosura 
A cada cosa ea su grado; 
A las ñores su blancura, 
A la tierra su verdura 
Que el bravo tiempo ha robado. 
] Bendito el triunfo mío, 
Que da claridad al cielo!... 

< A riberas de aquel río 
Viera estar rosal florido: 
Vengo del rósale.» 

El Dios de los amadores 
Me dio su poder y llaves, 
Que mande cantar las aves 
Los salmos de sus iamores... 

«Viera estar rosal florido, 
Cogí rosas con suspiro. 

Vengo del rosal, 
Del rosal vengo, mi madre, 
Vengo del rósale.» 

La Sierra de Cintra viene, 
Que estaba triste del frío, 
A gozar del triunfo mío 
Que á su gracia conviene. 

Es la Sierra más hermosa 
Que yo siento en esta vida; 
'Es como dama polida. 
Brava, dul'ce y graciosa, 
Namorada, cng^randescida. 

Bosque de casas reales. 
Marinera y pescadora. 
Montera y gran cazaídora, 
Reina de los aiiimales. 

Muy esquiva y alterosa, 
Balisa de navegantes, 
Sierra que á sus caminantes 
No cansa ninguna cosa, 



GCXVI LÍRICOS CASTELLANOS 



I 



Refrigerio en los calores, 
De saludades minero,. 
La señora ¿ quien más quierp 
Y con quien ando de amores. . . 

Asi á los ojos de este gran poeta hasta la geografía 
se anima, y cobran habla los montes familiares y sa- 
grados de la tierra patria. 

Con el rótulo de obras menudas, y como última sec- 
ción de las poesías de Gil Vicente, se incluyen alguna» 
composiciones sueltas que; en general, no pasan de 
medianas. Todas ellas pertenecen á la escuela del Can- 
cionero de Resende, y están escritas en los metros del 
siglo XV, sin mezcla alguna del gusto italiano. Gil Vi- 
cente permaneció extraño á las innovaciones de Sá de 
Miranda, introductor del endecasílabo en Portugal^ 
aunque no las combatió directamente, como hizo Cris- 
tóbal de Castillejo con las de Boscán y Garcilaso. En- 
tre las poesías portuguesas merecen la preferencia, §n 
lo sagrado, la paráfrasis del Salmo 50, hecha con mu- 
cha gravedad y unción; y en lo profano y jocoso, el 
Pranto y el Testamento de María Parda, vieja. bebedo- 
ra de Lisboa. Esta composición, que está dialogada en 
parte, llegó á ser tan popular como las mejores farsas 
dramáticas, con las cuales se confunde por su tono y . 
estilo. Hay también dos romances históricos, uno á la 
muerte del Rey D. Manuel, y otro á la aclamación de 
D. Juan m. 

De las composiciones castellanas, la más extensa es 
un Sermón en octavas de arte mayor, predicado en 
Abran tes al Bey D. Manuel en la noche del nacimien- 
to del Infante D. Luis, año de 1 500. No á todos pare- 
ció bien que predicase un hombre lego, por lo cual el 



PRÓLOGO GGYVII 

autor, antes de entrar en materia, anuncia que no va á 
meterse en honduras teológicas; y realmente se limita 
á una exhortación moral con puntas de sátira. Las tro- 
vas á Felipe Quülén merecen recordarse por la rúhrica 
que las precede, y que da curiosas noticias dé aquel 
extraño personaje, boticario, arbitrista y astrólogo^ 
cuyo nombre suena, aunque con poca gloria, en la his- 
toria científica del siglo xvi (1). 

Pero ya hemos dicho que el verdadero lirismo de 
Gil Vicente está en sus obras dramáticas, y este es el 
aspecto que principalmente hemos hecho resaltar en 



(1) <EL año de 1519 (dice Gil Vicente) vino á esta corte de 
> Portugal un Felipe Guillen, castellano, que se dice que había 
«sido 'botioario en el Puerto de Santa María: el cual era gran 

• lógico y naay elocuente y de muy buena plática, por lo cual 
'muchas personas sabidoras gastaban de oírle. Tenía algo de 
'matemático: dijo al Bey que le quería dar el arte Cde navegar) 
>de Este á Oeste, que había inventado. Para demostración de 
»este arte hizo muchos instrumentos, entre ellos un a^trolabio 
ypara tomar el sol & toda hora. Explicó éste arte en presencia 
'de Francisco de Mello, que era el mejor matemático que en<- 
'tonces había en el reino; y de otros muchos que para esto se 
'juntaron por mandado de Su Alteza. Todos aprobaron el arte 
*por buena: hizole el Rey por esto merced de cien mil reales de 
'pensión y el hábito y corretaje de la casa de la India, que 

• valía mucho. En este tiempo mandó S. A. llamar al Algar- 
've á un Simón Fernández, gran matemático y astrólogo: y asi 
>que el castellano habló con él, vio que le entendía y que con- 
'vencía de falsedad sus argumentos, por lo cual quiso huir para 
«Castilla: descubrióse á un Juan Rodríguez, portugués, que se 
>lo fué á decir al Rey, y le mandaron prender en Aldea Qalle- 
*ga, estando ya montado en un caballo de posta. Siendo preso, 
'como era gran trovador, le mandó Gil Vicente estas trovas. > 

Las trovas son una zumba sangrienta contra el asendereado 
astrónomo, 

» , Que sin ver astrolomía 
El toma el sol por el rabo 
En cualquier hora del día... 



GGXVIH LÍRICOS CASTELLANOS 

ellas. Eníxe los ingenios que en las postrimerías de la 
Edad Media y en los albores del Renacimiento rejuve- 
necieron la exangüe poesía cortesana con el filtro ge- 
neroso de la canción popular, Gil Vicente es, sin dispu- 
ta, el mayor de todos. Este mérito, á falta de tantos 
otros, bastaría para hacer glorioso é imperecedero su 
nombre. 

Pero su labor dramática de treinta y cuatro años 
significa mucho más : es la historia entera del teatro 
de su país, que sin gran hipérbole puede decirse que 
nació y murió con él. Es cierto que siguieron compo- 
niéndose autos portugueses y bilingües, interesantes 
todos para la historia del lenguaje y de las costumbres: 
graciosos algunos y dignos hoy mismo de leerse, aun- 
que sólo sea por vía de pasatiempo. Pero aun los me- 
jores, los que en algo recuerdan la manera del maestro, 
los de Antonio Prestes, los del poeta Chiado, los del 
mismo Luis de Camoens, á. quien no llamaba Dios por 
este camino, sólo sirve» para echar de menos á Gil Vi- 
cente, y para convencerse de que en su línea fué único. 
Otros quisieron imitar la comedia del Renacimiento 
italiano, trasunto á su vez del teatro latino. 8á de Mi- 
randa j Antonio Ferreira, egregios líricos, doctos hu- 
manistas, fracasaron en este intento: sus comedias, ro- 
deadas de justa veneración como textos clásicos de la 
lengua portuguesa en su mejor tiempo, son frías y aca- 
démicas:- no deleitan ni interesan á nadie. Algo más 
valen, y más utilidad tienen como documentos para la 
historia de aquella sociedad, las de Jorge Ferreira de 
Vasconcellos, que combinó la imitación de los italianos 
con la de la Celestina. La Castro de Antonio Ferreira, el 
primero que dignamente emuló entre los modernos la 



PRÓLOGO GGXIX: 

fuerza patética de Eurípides, se levanta en el campo de 
la tragedia como nn mármol clásico, bello y solitario. 
Vino después la tragicomedia latina de colegio, y vino la 
irrupción triunfante del teatro castellano, y por dos si- 
glos continuó desierta la escena portuguesa ó entrega- 
da á la ínfima farsa. Sólo las carcajadas histéricas del 
pobre judío Antonio da Silva resonaron, aunque por 
uu momento, en medio de aquella lobreguez. Los eru- 
ditos del siglo xviii volvieron á hacer comedias y tra- 
gedias según los patrones clásicos, que ahora no venían 
de Italia, sino de Francia, pero el pueblo les volvió la 
' espalda, y á falta de teatro nacional siguió atenida al 
nuestro, único que se oía con aplauso, y único que se 
leía en la plebeya forma de los pliegos de cordel. El 
movimiento romántico produjo una creación artificial, 
aunque de gran precio: el breve, pero exquisito teatro, 
de Almeida Garrett. Un drama tan vecino á la per- 
fección como Fr, Luis de Sousa, basta para honrar á 
un poeta y á una literatura; pero tales prodigios no se 
repiten cuando falta la indispensable colaboración del 
público en la obra del artista dramático. Fr. Luis de 
Soma quedó tan solitario como la Castro. Garrett mu- 
rió sin posteridad literaria, como Gil Vicente. Lo que 
vino después de aquél apenas merece citarse: es de 
^yei*! y y^ ^stá más olvidado que las farsas del si- 
glo XVI. 

La legítima descendencia de Gil Vicente quedó en 
Castilla, donde acaso llegó á representarse alguna de 
sus obras, y donde se hicieron muy pronto imitaciones 
de ellas, como la Tragicomedia alegórica del Paraíso y 
del Infierno y la Victoria Ghristi. Pero continuando la 
evolución del teatro español, y sobre todo después de 



• 



Gcxx líricos castellanos 

alcanzada y fijada por Lope su forma definitiva, Gil Vi- 
cente, cuya dramaturgia parecía ya obscura y anticuada, 
fué tan olvidado como todos los demás precursores, per- 
judicándole además su condición de escritor bilingüe, 
errante entre dos literaturas, á ninguna de las cuales 
pertenece por entero. Digamos más bien que pertenece 
á la grande y universal literatura hispánica, dentro de 
la cual son meros accidentes las divisiones políticas y 
aun las diferencias dialectales. No colocándose en este 
punto de vista, es imposible entender á autores como 
Gil Vicente, cuya obra protestará eternamente contra 
el separatismo de una critica infecunda. 

Hemos hablado extensamente del poeta, y poco 6 
nada hemos dicho del hombre, porque en realidad ape- 
nas puede decirse nada con certeza : tal es la penuria 
dé datos; pero afortunadamente nos quedan sus obras, 
y en ellas de seguro lo mejor de m espíritu. Su misma 
condición social es un enigma. Fué músico y poeta, y 
á un tiempo autor y actor en, sus piezas, según resulta 
de unos elegantes versos latinos de su contemporánea 
Andrés Resende (1). Pero se engañaría mudho quien 
le tuviese por histrión de oficio ó por un chocarrero 



(1) Cunctorum hinc acta est Coraoedia plausu, 

Quam Lusitana Gillo auctor et actor in aula, 
Egerat ante, dicax atque inter vera facetus : 
Gillo jocis levibus doctus prestringere mores; 
Qui si non liugua componeret omnia vulgi, 
Sed potius latia, non Graecia docta Menandrum 
Ante suum ferret : nec tam Romana theatra, 
Plautinasve sales, lepidi vel scripta Terenti, 
Jactarent: tanto nam Gillo praeiret utrisque, 
Quanto illi, reliquos inter, q-ui pulpita rore 
Oblita Coryceo aigito meruere faventem. 

La comedia á que Besende alude es la Tragicomedia de Lusi- 
tania, que fué repetida en Bruselas, en 1532, en casa del Emba- 
jador portugués D. Pedro de Mascarenhas. 



PRÓLOGO GGXXl 

vulgar. Nunca representó más que en los saraos de pa- 
lacio, ni hizo autos más que para los Beyes, de cuya 
casa era criado, y cuya protección no le faltó en nin- 
gún tiempo de su vida, aunque es cierto que no le sacó 
de pobre. Por eso decía en 1523 : 

E um Qil... um Gil... ijim Gil... 
Hum que nao tem nem ceitil, 
Que faz os altos á El Reí... 

Y servía para algo más que para hacer autos. Cuan- 
do en 1531 un violento terremoto, que se sintió en va- 
rias partes del Beino, exaltó y perturbó los ánimos 
hasta el punto de mirarle muchos como providencial 
castigo de la tolerancia que se tenía con los judíos y 
con los conversos, llegando á predicarse en los pul- 
pitos el exterminio de aquella raza infeliz, Gil Vicen- 
te, que se hallaba en Santarem, reunió á los frailes 
en el claustro de San Francisco y les hizo una discre- 
ta y caritativa plática, explicando por razones natura- 
les el terremoto, y exhortándoles á que se opusiesen 
á la desvariada opinión del vulgo, y restableciesen la 
paz entre judíos y cristianos, y entre cristianos vie- 
jos y nuevos. Sus razones fueron tan eficaces, y de tal 
modo le secundaron aquellos religiosos, que á los po- 
cos días cesó toda ocasión de tumulto, volviendo á sus 
casas los cristianos nuevos que andaban fugitivos y lle- 
nos de terror. Todo esto consta en una carta de Gil 
Vicente al rey D. Juan III, inserta en la colección de 
sus obras ( 1 ), y á la vez que honra el carácter del poe- 
ta, prueba el respeto y la autoridad de que gozaba en- 
tre sus contemporáneos. 



(1) Tomo III, pág9. 385 á 389 de la edición de Hamburgo. 



GGXXII LÍRICOS CASTELLANOS 

Sabemos el nombre de sa mujer, Blanca Becerra (1)^ 
y el de dos hijos suyos, Luis y Paula Vicente. Uno y 
otro cuidaron de la edición postuma de las obras de su 
padre, hecha en 1562, y ellos son los únicos cuyos 
nombres figuran en los preliminares del libro i Paula,, 
á cuyo favor está dado el Privilegio, y Luis, que sus- 
cribe la dedicatoria al rey D. Sebastián Es muy dudo- 
sa la existencia de un tercer hijo llamado Gil, de quien 
Manuel de Faria y Sousa (indigesto y crédulo compi- 
lador de todo género de rumores y patrañas) refiere 
que su padre, celoso del talento poético que empezaba 
á mostrar, le envió á morir desterrado á la India. Tan 
odiosa anécdota, sin más apoyo que el de Paria, puede 
rechazarse desde luego. ' 

A Paula se la llama en el privilegio de D. Sebas- 
tián ^amoga da cámara da muito minha amada e prezia» 
da tiay>. Esta tía era la Infanta Doña María, hija del 
rey D. Manuel, princesa cultísima que tuvo en torno 
suyo una academia dé mujeres sabias, entre las cuales 
descollaba nuestra toledana Luisa Sigea. De Paula 
Vicente (á quien en otro documento se califica de tañe- 
dora) ^ se dice que compuso comedias, y es tradición, 
no muy segura, que ayudaba á su padre en la compo- 
sición de sus obras, por lo cual el P. Antonio dos Beis 
en su Enthusiasmus Poéticas la compara con Pola Ar- 
gentaría, la mujer de Lucano, que corrigió y publica 
la Farsalia de su mando : 



(1) Est& enterrada en el monasterio de San Francisco de 
Évora, con este epitafio que dicen ser de nuestro poeta : . 

Aqui iaz a mni prudente 
SeDhora Branca Becerra, 
Mulher de Gil Vicente, 
Feita térra. 



PRÓLOGO GGXXIII 

... Paula parentem 
Oegidium sociat dudc cclso in vértice montis, 
Quem juvisse ferunt, sicut olim Pola maritum 
Scribentern juvit Lucanum... 

Ignórase caándo murió Gil Vicente, perp no debió 
de ser mucho después de 1536, puesto que de este año 
es su última composición dramática. Dejó, preparada 
la colección de sus obras, y escrita la dedicatoria al 
rey D. Juan III, que le había mandado imprimirla; 
pero, como queda dicho, la edición se retrasó hasta 1561^ 
y fué el infeliz D. Sebastián quien recibió las primi- 
cias de ella. 

Esta primera edición es uno de los libros más raros 
del mundo. La segunda, de 1587, que tampoco abunda, 
está mutilada por el Santo Oficio. El texto primitivo y 
auténtico de Gil Vicente no ha sido reproducido hasta 
nuestro siglo, gracias al patriótico. celo de dos caballe- 
ros portugueses, Barrete Feio y Gomes Monteiro, qué 
le imprimieron en Hamburgo, en 1834, valiéndose del 
ejemplar de la Biblioteca de la Universidad de Goet- 
tingen, que ya había servido á Bouterweck para el 
primer estudio formal que se hizo sobre el poeta (1). 



(1) Copüaq-am de todalaa obras de Gil Vicente, a qual te re 
parte em cinco libros. O primeiro he de todas suas obras de de- 
vaqam. O segundo as Comedias. O terceiro as Tragicomedias. O 
quarto as Fardas. No quinto as obras meudas (Lisboa), na impren- 
sa de Joáo Alvares^ 1562. Fol. Letra gótica, á exeepclón de los 
argumentos, qne yan impresos con letra romana. Tiene algnno» 
grabados en madera. Fol. gót. 4 hs. prls. y 2^2 foliadas. 

— Copilagam.., Vam enmendados )}olo Santo O/^o, como se 
manda no Cathalogo deste Regno, Foy impresso en a muy nobre 
et sempre leal cidade de Lisboa^ por Andrés Lobato. Ánno .de 
M.D.LXXXVJ. Foy visto polos Deputados da Santa Inqvisigam.,. 

4.° Cada una de las oiiatro partes principales del libro tie> 



GGXXIV líricos CASTELLANOS 



Palta una edición crítica de Gil Vicente : falta fijar 
en texto, interpretar sus alusiones, hacer su gramática 
y su vocabulario, estudiar su métrica. Fuera del Ar- 



ne distinto frontis grabado, y á cada una de las piezas áx&mk' 
ticas precede un grabadito. 

— Obras de Gil Vicente^ correctas e enmendadas pelo cuidado 
€ diligencia de I. V, Barreta Feto e J. G, Monteiro, Hamburgo, 
Langhoff, 1834, 3 tomos 4.° 

E^ta edición empieza ya á escasear, y Salva dice, no sé con 
qué fundamento, que gran parte de ella pereció en un incendio. 
Todos los ejemplares que he visto presentan, en efecto, man- 
abas que parecen q^uemaduras, pero bien examinadas se ye que 
proceden sólo de la mala calidad del papel. 

Hay otra reimpresión posterior, económica y poco apreciada, 
que forma parte de la serie titulada Classicos Portuguez^s. En 
ella se suplió, con presencia de otro ejemplar de la 1.* edición, 
una hoja que falta en el ejemplar de Goettíngen, y, por tanto, 
en la reproducción de Hamburgo. 
' Bólh de Faber zeinrprimió, muy infielmente, según su cos- 

tumbre, ocho de las piezas castellanas de Gil Vicente en ^ 
Teatro Español anterior á Lope de Vega (1832j. 

Fuera de la primera edición y de todas las posteriores queda 
un Auto que con razón ó sin ella se publicó á nombre de Gil 
Vicente en ediciones sueltas. La que hemos visto lleva -este 
titulo : 

<.Avto da Dómela da Torre chamado do Fídalgo Portuguez... 
Auto Jeito por Gil Vicente, da Torre , no qual se representa que 
4indando hü Fídalgo perdido num deserto achou hüa Donzella fe- 
chada numa torre, a qual tirou có hüa corda que tomou á um Pos- 
ior, e deipois vem hum Castelhano, que a tinha fechada, e foy a 
poz o Fídalgo, e ficou o Castelhano vencido. Em Lisóoa, por An- 
tonio Aluarez. Anno 1662, 4.°, 8 hojas. 

Todos los personajes hablan en castellano, menOs el fídalgo, 
que habla en portugués. 

EL mismo Antonio Alvarez reimprimió, con notables varian- 
[ tes y adiciones, que todavía no han sido estudiadas, Varias 

\ obras dramáticas de Gil Vicente, tales como la Barca Primeira 

ó Auto de Moralidade, el Juiz da Beira (1648), el Don Duardos 
(1647). Todas estas ediciones populares existen en la biblioteca 
que fué de D. Pascual de Gayangos. En la misma forma fué reim- 



PRÓLOGO GCXXV 

<3Ípre9te de Hita, con quien tantas analogías de espíri- 
tu, ya que no de forma, tiene, potjos autores de nues- 
tra antigua literatura son de tan difícil acceso : pocos 
reclaman y merecen tanto coiaentario gramatical é his- 
tórico. Mientras no esté hecho, cuantos juicios se for- 
mulen sobre este genial poeta serán tan vagos y super- 
£cialesj como lo son, dicho sea sin ofensa de nadie, to- 
dos los publicados hasta ahora dentro y fuera de Por- 
tugal, entre los cuales, por supuesto; incluyo este'de- 
:ficientisimo ensayo mío, que no es más que una impre- 
43Íón de lector aficionado y atento, pero en quien pre- 
domina, yo lo confieso, el düettantismo estético. ¡Ojalá 
que esa edición nos la dé pronto quien puede y debe 
hacerla : quiero decir, el hada benéfica que Alemania 
envió á Oporto para ilustrar gloriosamente las letras 
peninsulares! 



ptéso el Pranto de María Parda, porque vio as Rúas de Lisboa 
com tam poneos ramos ñas tabernas, e o vinho tam caro (164B). 

Estas' ediciones continuaron hasta el siglo pasado, puesto 
■que todavia hay una del Don Duardos de 1720. (Lisboa Occiden- 
tal, na o/Jtcina de Bernardo da Costa Corvalho.) Y probahlemen- 
te se derivan de antiguos pliegos sueltos góticos, cuyo texto 
«ra: diverso del que imprimieron los hijos del poeta. En el Don 
Duardos hay un prólogo muy curioso que falta en la edición 
del56^: 

cComo quiera (Excelente Principe, y Rey muy poderoso) que 
>las comedias, .farsas y moralidades que he compuesto en áer- 
^vicio de la Reina vuestra tia, quanto en caso de amores, fue- 
>ron figuras baxas en las quales no habia conveniente rhetó- 
irica que pudiesse satisfazer al delicado espirito de Vuestra 
• Alteza, conocí que me óumplia meter más velas á mi pobre 
•fasta. Y assi con deseo de ganar su contentamiento hallé lo 
*>que en extremo deseaba, que faé Don Duardos y Fléridüf que 
>sun tan altas figuras como su historia recuenta con tan dnloe 
«Bhetórica y escogido estilo cuanto se puede alcanzar en la 
>htimana inteligencia... > 

Tomo VU. 15 



IV 



Coincidió con la triunfante difusión de la poesía cas- 
tellana en Portugal un movimiento análogo, aunque 
menos intenso, en aquella parte de la corona de Ara- 
gón cuya lengua nativa era la catalana, es decir, en 
Cataluña misma, en Valencia y en Mallorca. Pudiera 
creerse á primera vista que la unión de estos reinos con 
el de Castilla debió de hacer más activa allí la propa- 
ganda de nuestra lengua y literatura, puesto que tanta 
lo era en el reino occidental de la Península, no sÓlo 
independiente, sino inveterado enemigo de los caste- 
llanos y leoneses. Pero precisamente sucedió lo contra- 
rio, debiendo atribuirse este fenómeno á la diferencia 
mucho más profunda que media/ entre el habla catalana 
y la castellana que entre la castellana y la portuguesa^ 
lo cual hacia mucho más difícil el uso promiscuo de 
ambas; y á la circunstancia de haber poseído Cataluña en 
la Edad Media una literatura mucho más adulta y varia- 
da que la de Portugal, siendo precisamente el siglo xv 
el de su apogeo, á lo menos en el campo de la poesía, 
puesto que el de la prosa más bien corresponde al xiv, 
en que florecieron sus principales cronistas, Desclot y 
Muntaner, y sus grandes escritores enciclopédicos, Ba- 



\ 



. . PRÓLOGO CCXXVII 

mÓQ Lull y Eximenis. Pero á la centuria siguiente per- 
tenecen el principal monumento de la prosa novelesca 
(Tirant loBlanch); el mayor poeta lírico, Ansias March, 
superior al Petrarca en profundidad de sentimiento 
aunque no en la forma, que es muchas veces árida y 
escolástica; el mayor satírico, Jaime Roig, cuyo Llibre 
de les dones puede considerarse como eslabón interme • 
dio entre el Arcipreste de Hita y la novela picaresca; 
y el iniciador resuelto del gusto clásico, y precursor 
inmediato de Boscán, Mosén E.uiz de Corella. 

Claro es que una literatura tan robusta no podía ce- 
der de un golpe á ninguna invasión extraña, si bien, 
comenzaban á notarse en ella síntomas de decadencia. 
El movimiento poético, que nunca fué muy grande en 
la antigua Barcelona, y que' siempre arrastró allí la vida 
artificial de los certámenes, había cesado casi del todo 
á fines del siglo xv, sin que dejasen de contribuir á 
ello las largas turbulencias civiles del reinado de Don 
Juan II, y la decadencia social y mercantil de la ciu- 
dad, que notaron viajeros contemporáneos, entre ellos 
Alonso de Palencia. El movimiento poético se había 
concentrado en Valencia, que era la Atenas de la coro- 
na de Aragón. Valencianos son todos los poetas dignos 
de mayor renombre en esa centuria. 

Pero precisamente Valencia estaba mucho más abier- 
ta que Barcelona á la influencia del castellano, que 
penetraba por las tres fronteras de Aragón, de Cuenca 
y de Murcia, invadiendo las vegas del Segura y del 
Júcar (1). Además, antiguos lazos históricos, nuncaolvi- 



(í) Ha de tenerse en cuenta^ también, que aunque en el 
reino de Valencia predominó el elemento catalán, y por tanto 



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J ^ ^ ■ 






CCXXVIII LÍRICOS CASTELLANOS 

dados del todo, establecían cierto género de fraternidad 
entre los castellanos y los hijos de la alegre ciudad que 
se gloriaba de haber sido reconquistada por el Cid an- \ 
tes de serlo por D. Jaime. Los vínculos con Cataluña 
no eran tan estrechos como pudiera creerse por la co- 
munidad de raza y de lengua, y en los últimos tiempos 
se habían aflojado no poco, á causa de ser Valencia rei- 
no aparte y regido por diversas instituciones. Pero más 
que todas estas causas influyó una puramente fonéti- 
ca. El catalán sonaba en aquellas risueñas playas de 
un modo muy diverso que en las ásperas gargantas pi- 
renaicas, y los labios que le modulaban podían sin gran: 
de esfuerzo adaptarse á la emisión de los sonidos caste- 
llanos. Valencia estaba predestinada para ser bilingüe, 
y lo fué muy pronto, y con mucha gloría suya-y de la 
patria común. No abandonó la lengua nativa, pero cul- 
tivó amorosamente la castellana, y durante todo el si- 
glo de oro fué uno de los centros más activos de la li- 
teratura nacional, compartiendo las glorias de Sala- 
manca y de Sevilla. Sus poetas líricos rivalizaron con 
los mejores: sus poetas dramáticos, más bien que dis- 
cípulos de Lope, fueron colaboradores en su obra, y 
acaso precursores suyos. 

Ya á principios del siglo xvi era muy cultivada la 
poesía castellana en Valencia. Basta abrir la primera 



la lengaa, no faeron pocos ni de pequeña consideración los lugares 
poblados por aragoneses, y en ellos siempre se ha hablado el 
castellano: asi Aspe, Elda, Monforte y Callosa de Segura (en 
la actual provincia de Alicante), Cheste, Chive y Bnñol (en la 
de Valencia), Segorbe, Albocacer y Lucena (en la de Caste- 
llón). Prescindimos de Orihuela y Yillena, que aunque perte- 
necen hoy al reino de Valencia, geográficamente y por otras 
razones corresponden más bien al de Murcia. 



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PRÓLOGO GGXXIX 

edición del Cancionero General, hecha en aquella ciu-: 
dad en J511, para cerciorarse de ello. El primer inge- 
nio cuyos versos aparecen allí es un valenciano, Mossén 
Juan Tallante, de quien hay diez y seis composiciones^ 
todas de índole religiosa, siendo las más extensas una 
Obra en loor de las XX Excellencias de Nuestra Señora, 
en coplas de arte mayor, muy semejantes en el estilo á , 
las del cartujano Juan de Padilla; y otra Sobre la li- 
bertad de Nuestra Señora del pecado original, también 
en dodecasílabos, pero combinados en un nuevo género 
de estancias de doce versos, que no deja de tener am- 
plitud y solemnidad. Pero lo mejor de Tallante son los 
versos cortos, especialmente el bello y sentido romance 
de la Pasión: 

Ed los más altos confínes 
D' aquel acerbo madero... 

y esta invocación mirando á un crucifijo, la cual agra- 
da por su misma sencillez y ausencia de arte: ' 

¡Inmenso Dios perdurable, 
Qu' el mundo todo criaste 

Verdadero, 
Y con amor entrañable 
Por nosotros expiraste 

En el madero! 
Pues te plugo tal passión 
Por nuestras culpas sofrir 

¡O Agnus Dei! 
Llévanos do está el ladrón 
Que salvaste por decir 

Memento mei! 

Otros versos suyos al triunfo de la Cruz son notables 
porque contienen la misma leyenda que sirvió de base 
á Calderón para su grandioso drama simbólico La Si- 



GCXXX LÍRICOS CASTELLANOS 

hila del Oriente. La lengua en Mosén Tallante no es 
enteramente pura; pero más bien que catalanismos ó 
valencianismos (aunque hay algunos como vincle, can- 
gre), lo que se nota en él son latinismos' y neologis- 
mos pedantescos, y aun á veces bastante impropiedad 
y torpeza de expresión. 

El Conde de Oliva, mecenas del colector Hernando 
del Castillo, sigue las huellas de Mosén Tallante, en 
unas coplas de arte mayor sobre el Ecce homo, dispues- 
tas también en estancias de á diez versos, pero con la 
novedad de ser pareados los ñnales: disposición que 
encontramos también en un Loor de San Eloy, com- 
puesto por Nicolás Núñez, el continuador de la Cárcel 
de Amor, que, si no era valenciano, por lo menos resi- 
día en Valencia (1). Hay también del Conde tres can- 
ciones amorosas, una ficción alegórica en forma de diá- 
logo con un ermitaño, dos respuestas á otras tantas 
preguntas de los trovadores Quirós y Mossen Crespi de 
Yalldaura, y otros juguetes de poca monta. Llamóse 
este personaje D. Seraphin de Centelles (f 1536), y 
aunque hubo otros poetas ea su familia, parece, por el 
tiempo en que floreció, que á éste ha de referirse el 
elogio de Gil Polo en el Canto del Turia: 

Parécemo que veo un exceleate 
Conde, que el claro nombre de su oliva 
Hará que eatre la extraña y patria gente, 
Mientras que mundo habrá, florezcay viva: 
Su hermoso ^erso irá resplandeciente 
Con la perfecta lumbre, que deriva 
Del encendido ardor de sus Centellasy 
Que en luz competirán con las estrellas. 



(1) Véase lo que hemos dicho de él en el tomo anterior. 



PROLOGO CCXXXI 

Entre sus contemporáueos tuvo mucho crédito, asi 
de armas como de letras. Según refiere Juan Bautista 
Agnesio (1), se le llamaba entre los magnates de su 
tiempo «el conde letrado» (comes Htteratus), Militó en 
la guerra del Rosellón y en la resistencia contra los 
tumultos de la Germania; y á sus campañas alude Ni- 
colás de Espinosa^ continuador del Orlando (canto 5.**): 

Su brazo contra Salses diamantino 
Con gran valor y fuerzas señalaba. 

Fué generoso protector de los ingenios de ^u tiem- 
po, si bien no se mostró muy espléndido con el cordo- 
bés Luis de Narvaez, que en desagravio escribió su 
libro de las valencianas lamentaciones. En cambio, el 
«xcelente versificador latino D. Jaime Juan Falcó, le 
dedicó un bello epitafio (2). 

Mejor poeta que Tallante y Oliva fué el comendador 
Escrivá, de quien en el tomo anterior dimos larga no- 
ticia. Omitió su nombre Gil Polo en el Canto del Tu' 
ria, acaso por considerarle catalán; pero se acordó con 
mucho encarecimiento de Mossén Grespi de Valldaura, 



(1) En sa Apologia in d^ensionem virorum illustrium equea- 
iriunt; bonorumque civium Valentinorum in civilem Valentmi po" 
puli sediHonem, quam vulgo tgermaniam* olim appellarunt. (Va- 
lencia, 1543, fol. 18.) Estas y otras noticias de D. Serafín cons- 
tan en las notas de Cerdjb y Bico al Cunto del Tkria de Oril 
Polo. 

(2) Ks el ep. 37 del libro I de sus obras: 

Ilunc tamulum quicamaue videt, vestigia sistat, 

íncliuetque suam terque quaterque caput. 
Purpureas postbec violas et lilia f undat, 

S^rgat odoriferas et super o»sa rosas. 
Scilicet hac parara tegitur Seraphinus in urna, 

Quae quamvis auro sardonicisque caret, 
Non foret aethereis pretiosior urna sub astris. 

Si tegeret mores marmor, ut ossa tegit. 



CCXXXlí LÍBICOS CASTELLANOS 

otro de los Togenios del Cancionero, diciendo de él gojm 
la hipérbole propia de tales panegíricos poéticos^ 

Que el verso sabirl á !a excelsa cima, 
Y ha de igualar al amador de Laura. 

Ko justifican tales predicciones los insignificante» 
versos sayos que nos conservó Castillo, y son en gene- 
ral preguntas y glosas. Sólo merece citarse, porque 
realmente es mny linda, esta esparsa, «coñortando una 
»dama, que estaba muy triste, porque un galán que la 
» servia se era casado: 

Las aguas terribles y nieblas escuras 
Muy presto se vuelven en muy claros días; 
Las guerras crueles é malas venturas 
Por tiempos se mudan en paz y alegría: 
El ave que mata la garza en el cielo, 
A su seno vemos muy mansa volver: 
Pues, dama discreta, vivid sin recelo; 
Que presto veréis tornar el placer. 

Aunque escribiendo casi siempre en castellano, cono- 
cia y apreciaba Mossén Crespí á los poetas de su len- 
gua nativa, como lo prueba el hecho de haber glosado- 
una canción de Mossén Jordi de Sent Jordi (]). 

Descendía este D. Luis de la nobilísima familia de 
su apellido, á quien pertenecía el señorío de Sumacár- 
cer y Alcudia en la ribera del Júcar. En 1502 era ca» 



(1) Imitó también poesías castellanas de su tiempo, como el 
preoioso villanoioo de Juan del Enzina» <í Montesina era la gar- 
za». La trova de Crespi de Valldaura, que es muy inferior, co- 
mienza asi: 

Tan subida va )a garza 
Y tan alta en desamarj 
¡Quién la pudie&se olvidar! 



PRÓLOGO GCXXXIII 

tedrático de Cánones en la Universidad de Valencia, j 
fué electo rector en 1506. 

Figuran también como poetas castellanos el comen- 
dador D. Luis de Castellví, D. Francisco Castellví, Don 
Francisco FenoUete, D. Francés Carroz, Mosén Jeróni- 
mo Artes, Mosén Cabanillas y un D. Alonso de Cardo- 
na, de cuya ilustre prosapia catalana no puede dudar- 
se. Algunos de estos trovadores manejan con bastante 
soltura la castiza forma del romance, y aun D. Alonsa 
de Cardona se atrevió á acabar á su manera, esto es,, 
en el gusto cortesano y sentimental, uno que califica 
áe viejo: 

Triste estaba el caballero, 
Triste está sia alegría... 

En el mismo género tiene otro, enteramente de sa 

composición, más afectuoso y menos alambicado de lo* 

que suelen ser estos romances alegórico-amatorios, qu& 

tan en boga estuvieron en tiempo de los Reyes Ca* 

tólicos: 

Con mucha desesperanza, 
Que es mi cierta compañía, 
Iba por un valle escuro 
Donde nunca amánesela... 

Del comendador Castellví tenemos otro muy seme- 
jante: 

Caminando sin placer 
Un día, casi nublado. 
El pesar iba conmigo 
Que me tiene acompasado... 
Por los campos de Tristura 
Hacia el monte del Cuidado; 
Que allá tengo mi morada 
Y allá vivo aposentado. 



CGXxxiv líricos castellanos 

Nada más diñcil qne caracterizar á estos poetas, 
tanto por el pequeño número de mnestras que de cada 
uno poseemos, como por lo amanerado y monótono de 
la escuela á que todos ellos pertenecen. D. Alonso de 
Cardona (1) maneja con soltura el discreteo galante, 
por ejemplo : 

Mi alma de mí está ausente, 
Mis nuevas no las sé yo, 
Que después que me dcxó, 
Allá está con vos presente; 
Vos veres lo que ella siente. 

Lo mejor que tiene en este género es una glosa á 
cierta canción que hizo Jerónimo Vich en loor de la 
Condesa de Concentaina. Á veces extrema la hipérbole 
amorosa, comparando, por ejemplo, el desconsuelo en 
que le dejó la partida de su dama 

Con aquel propio dolor 
Qae tienen los condenados 
En no ver su Hacedor. 

Aunque calificados por Amador de los Ríos de ara- 
goneses D. Francés Carros Pardo y Mosén Jerónimo 
de Artes, no encuentro sus nombres en la Biblioteca 
de Latassa, y todos los indicios me mueven á tenerlos 
por valencianos. 

La principal composición de D. Francés es una vi- 
sión del género dantesco, qne puede titularse Consuelo 
de amor, en la cual «ñnge que, paseándose por des- 
» cansar de sus trabajos, halló gran número de perso- 



(1) De otro Cardona (D. Juan) hay unas coplas en loor de 
doña Isabel, doña Brianda y doña Ana Mazas (núin. 927 del Can- 
cionero), 



PROLOGO GGICXKV 

»nas de estado, en los gestos de las quales conosció al- 
iteración grande que denotaba en las entrañas ser 
» cruelmente heridos; y deseoso de saber lo que no sa- 
»bia, comenzóles de hablar en esta llanera, y ellos le 
» respondieron de la forma que aquí parescefá», y de 
la cual hago gracia al lector, que estará tan empalaga- 
do como yo de semejantes visiones, que sólo el incan- 
sable Amador era capaz de compendiar y exponer en 
su atildado estilo. 

Glosó D. Francés una canción de Juan Rodríguez 
del Padrón, y escribió lindos versos á una dama con 
él motivo que en esta rúbrica se expresa : «Estando en 
)>uná sala delante de una señora, arrimado á un paño 
»de ras, mirándole la señora, y conosciendo en su 
»rostro que debiera estar apasionado, le dixo : «¿Soys 
»vos la pintura del paño, ó soys vos el que yo veo?» 
>>E1, con una sonrisa, disimuló la respuesta; entonces 
«ella, sabiendo que había servido á una muy hermosa 
»dama, le dixo : «Decidme, ¿puédese bien amar más 
»dei primer amor?» A la cual respondió que no, si ella 
^>era la primera, y porque ella línostró enojarse de la 
^respuesta, él haze esta obra» (núm. 910 del Cancio- 
nero). Una sola composición tiene en octavas de arte 
mayor, por cierto bien construidas : 

El túrbido cielo de Dubes gravoso 
Se baz8 muy claro, sereno, estrellado; 
Soa hechas las iras de mortal desgrado, 
Segura amistad y'paz con reposo : 
El árbol sin hojas floresce hermoso, 
Los campos desiertos las gentes poblaron, 
Las cosas caídas en alto se alzaron, 
Mis cuitas por siempre me tienen quexoso. 

En el mismo metro, pero con la nueva combinación 



GCXXXVI LÍRICOS CASTELLANOS 

de estancias de diez versos (que pudiéramos llamar 
valenciana, puesto que no la he visto usada antes de 
estos poetas), está compuesto otro poema alegórico-dan- 
tesco de Jerónimo de Artes intitulado Gracia Dei. 
Perdido el poeta por obscuro valle, se encuentra con 
siete bestias ferocísimas, que eran los siete pecados 
capitales, de cuyas embestidas le libra un mancebo en 
hábito blanco. Lo que hay de trivial en este artificio 
está compensado en parte con el mérito del estilo y de 
la versificación, que son vigorosos y entonados. 

Un cierto Trillas, de quien nada más que el nombre 
sabemos, se asoció á Mosén Ct-espi de'Valldaura, para 
llorar con poco numen la muerte de la Beina Católica 
en unas enfadosas sextinas, las primeras castellanas 
que he visto en esta ingrata combinación que de los 
provenzales pasó al Petrarca. Los seis finales se repi- 
ten en cada estrofa, pero los versos no son de once, 
sino de doce sílabas, como todos los metros largos del 
Cancionero de 1511. 

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De D. Francisco Fenollete ó Fenollet (seguramente 
deudo del traductor catalán de Quinto Curcio) y del 
jurado de Valencia Mossén Narcis Vinyoles, más co- 
nocido por su traducción de la célebre compilación his- 
torial de Fray Felipe de Bérgamo, Supplementum 
Ghronicorum (1510), hay algunas glosas, canciones y 
preguntas. Mosén Vinyoles hizo también versos italia- 
nos (1), y como trovador en su nativa lengua intervi- 
no en el famoso Procés de les Olives, dejando también 



(1) De las tres poesías suyas que hay en el famoso certamen 
de Les obres e trotes, les quats tracten de tahon de la Saeratift- 
sima Verge Marta (1474), primer libro impreso en Valencia y en 
España, una de ellas está en toscano. 



PRÓLOGO CGXXXVIl 

poesías de más grave y honesto argumento, como las 
CoUes en lahor de la gloriosa sancia Catalina de Sena, 
pnblicadas con la vida de la Santa que escribió Miguel 
Peres (1494). Mereció de Gil Polo esta mención en el 
Canto del Tarta: 

Y al granNarcís Vínoles, que pregona 
Su gran valor con levantada rima, 
Texed de verde lauro una corona... (1) 

Mejor la hubiera merecido Mossén Bernai'do Peno- 
llar, á quien el mismo Gil Polo compara nada menos 
que con Virgilio, y de quien sin disputa puede afir- 
marse que fué el mejor poeta valenciano de su tiempo, 

eclesiastich 
molt graciós y jnolt fantastich 

y molt sabut, 
y entre la gent molt conegut 

per excellent, 
^ de molt gentil enteniment 

y sÍD guiar, 
Mossen Bernat de FenoUar... 

como escribió de él su amigo GazuU. Nada importan 



(1) Qlosó Narciso Vínoles una canción que en todo el si- 
g'o XYi tuvo mucha fama, y que todavía alcanzó la honra de 
fSer imitada por Baltasar de Alcázar : 

No soy mío, ¿cuyo fó? 
Tuyo soy, señora, tuyo, 
Y si no tuyo, di cuyo, 
Señora, puedo ser yo; 
¿Tu merced á quien me dio? 

(Núm. 928 del Cartcion^ro.) 

Las redondillas del donoso poeta sevillano comienzan asi: 

Ksclavo soy, pero cúj'o 
Eso no lo diré yo; 
Que cuyo soy me mandó 
Que no diga que soy suyo. 



Gcxxxviii líricos castellanos. 

sos versos castellanos (que se redacen á una canción y 
á dos preguntas), pero no es indiferente saber que los 
hizo. Sa verdadera gloria consiste en los que escribió 
en su dialecto natal, ya de materia piadosa, como el 
diálogo sobre la Pasión que compuso con Pedro Mar- 
tínez (1), poema casi dramático, y. que tiene algunos 
pasajes de gran fuerza patética, dignos de ser compa-: 
rados con los mejores del auto castellano de Lucas 
Fernández sobre el mismo argumento; ya de profanos 
y aun picarescos asuntos, como el ya citado pleito 6 
Procés de les olives, cuyo tema es si son más á propó- 
sito para el matrimonio los j[ó venes ó los viejos. Uno- 
de los que terciaron en esta contienda fué el ingenio- 
sísimo Jaime Gazull, á quien debemos Lo Sompni de 
Joan Joan, que es lo más agudo y chistoso del libro^ 
y la Brama deis llauradors del Orta de Valencia contra 
Mossén Fenollar, porque les reprendía algunos voca- 
blos como impropios 6 menos puros (2). Gracias á estos 
amenos poetas, cuyo donaire se perdió las más veces 
en cosas fútiles, persistió durante todo el siglo xvi la 



(1) Histoire de la Pasaió de nos f re Senyor Deu Jesuchristr 
ab algunes altres piadoses contemplación», segons lo Boangeliste 
Sant Joan (Valencift, por Jayme de Vila, 1493). Al fin va otro 
poemita piadoso intitalado Coniemplació á Jesú» Cnicijicat, feta 
per Mosaen Joan Bscriváf mestre racional, é per Mossen Fenollar, 

(2) Reunió estas tres obrillas Onofre Almiidóvar en un to- 
mito publicado en 1561. La primera edición del Procés es de 
1497. Tuvo varias imitaciones, tales como el Procés de vindes y 
doncelles. La sátira de Gaspar Guerau contra los catedráticos- 
de la Universidad de Valencia, en el metro de Boig^, impropia 
mente llamado codotada, es de 1586. Este poeta llevó la admira- 
ción, por su modelo, hasta el punto de traducir en verso latino 
el Llibre de les dones. 



PIIÓLOGQ CCXXXIX . 

tradición de la festiva musa de Jaime E,oig, siendo 
quizá Gaspar Gueran de Montma'jor el último de sus 
imitadores, cada vez más casteflfanizados. 

Es de notar que tanto Fenollar como Gazull y otro» 
poetas bilingües, jamás hacen uso del verso de once 
silabas en sus composiciones castellanas, aunque estu- 
viesen tan habituados á emple;irle en su propia lengua; 
y esto no' sólo en la poesía elevada, donde era casi ex- 
clusivo; sino hasta en la familiar y festiva, puesto que 
vemos, por ejemplo, que en Lo Sompni de Joan Joan 
se interpolan con las coplas de pie quebrado estancia» 
de diez endecasílabos con el obligado acento y pausa 
en cuarta sílaba, conforme al uso de la métrica catala- 
na. Cualquiera de estos píoetas hubiera podido dar el 
paso que dio Boscán, y, sin embargo, ninguno de eUo» 
lo intentó; y es que, cuando escribían en castelkno, 
procedían como imitadores tímidos, procurando no 
desviarse en nada de la pauta de sus modelos. Asi 
Gazull glosa una copla amatoria de Jorge Manrique ; 

No sé por qué me fatigo, 
Pues con razón me Tencí, 
No siendo nadie conmigo 
Y vos y yo contra mí... 

Y sigue el pésimo ejemplo de Garci-Sánchez de Ba- 
dajoz, aplicando el salmo De profundis á sus pasiones 
de amor. 

En un poemita del bachiller Ximénez (que si no 
era valenciano, no debía de vivir muy lejos de Va- 
lencia), titulado Purgatorio de amor (núm. 964 del 
Cancionero), se enumeran, entre los leales amadores, 
algunos de los poetas citados hasta aquí, y otros no- 



GGXL LÍRICOS CASTELLANOS 

bles señores de aquel reino, ^qae probablemente l<o fue- 
ron también, aunque no hemos visto coplas suyas : ta- 
les son el Conde de Concentayna, el de Albaida, Don 
Eodrigo de Borja, D. Rodrigo Corella, D. Miguel de 
Vilanova, D. Juan y D. Pedro Buyl, D. Luis de Cala- 
tayud, D. Ramón Carroz. Todos estos apellidos, que 
^on de los más ilustres de Valencia, prueban el carác- 
ter esencialmente aristocrático que tuvo allí, como en 
Portugal, la imitación de los trovadores castellanos* 

Foco y centro de esta rezagada escuela trovadoresca, 
que conservó sus prácticas hasta muy entrado y aun 
mediado el siglo xvi, fué la corte de los Duques de Ca- 
labria, retratada tan al vivo en El Cortesano de Luis 
Milán, que, como poeta y como músico, fué uno de los 
principales ornamentos de ella, juntamente con su 
émulo Juan Fernández de Heredia. Este figura ya en 
el Cancionero de 1511; pero sus obras más importantes 
y la colección de todas ellas pertenecen á tiempos muy 
posteriores, para los cuales reservamos el análisis de 
este curioso grupo artístico y social. 

Hemos dicho que en Barcelona fué menos activa 
que en Valencia la propaganda de la poesía castella- 
na. Sin embargo, ya en el Cancionero de Slúñiga, cuyo 
contenido pertenece casi por completo al reinado de 
Alfonso V, hay .versos castellanos de trovadores cata- 
lanes, como Mosén Juan Bibelles, y el famoso detrac- 
tor délas mujeres Pedro Torrellas (1). No son de poeta 
catalán, como creyó su editor, sino aragonés, las nota- 



(1) Véase el prólogo del tomo V de .esta Antología (pági- 
nas 285 á 288;. 



PHÓLOGO GCXLI 

hlea estancias de arte mayor (!) con que en 1472 el 
-cronista del principe D. Fernando exhortaba á la ren- 



(1) Este poema de 225 versos fué pablicado y doctamente 
ilustrado por A. Morel-Fatio, en la Romanía, Abril de 1888, con 
-el titulo de Souhaif» de bienvenue addressés a FercUnand le Ca- 
iholique par un poeta barcelonais, en 1478. B^ctifícó la fecha y 
ocasión del poema, y también la patria del autor, S. Sampere 
y Miguel en la Revista de Ciencias históricas de Barcelona 
(IV, 188 y siguientes). 

Ya Morel-Fatio, en el delicado análisis lingüístico que hiiso 
de la pieza, habia notado que' la mayor parte de los catalanis- 
mos que contiene pueden ser también formas del castellano 
dialectal de Aragón. Seria inverosímil, además, que un escritor 
barcelonés, y más en aquella hora en qne predicaba la concor- 
dia, hubiese prorrumpido contra su ciudad natal en una serie 
de invectivas, que recuerdan las más vehementes de Ezequiel y 
«otros profetas de la Ley Antigua : 

¿Pues qué diré yo de ti, Barcelona, 
Giudat más perdida de cuantas lo sop? 
Sino que trocaste tu noble corona 
Por otra muy negra de gran confusión; 
Cruel, deshonesta, que por tus maldades 
Ficiste peccado de gran adulterio, 
Seguiendo pasiones de tus voluntades, 
Buscando franquezas de más libertadas, 
Tú mesma ganaste mayor cautiverio. 



La dueña casada, muy rica, potente. 
Dont>sa, graciosa, de mucho valer. 
Que ser namorada de alguno consiente, 
La llaman la sucia, la mala mujer; 
Dexando su casa, después de salida, 
La ponen de dentro del sucio borde!, 
^ Jío muchos rufianes, gastando su vida, 

La facen con pena vivir dolorida 

Y darle dineros en son del broquer. 

Mas no le proveclia, que mil bufetadas 

Y palos y coces le dan por los ojos. 
También otras veces asaz sofrenadas. 
Azotes y colpes con otros enojos. 
Sus incomparables, terribles dolores, 
Su mucha fortuna, su poca ganancia 

Le causan que busque diez rail amadores 

Y andar la modorra, buscando señores 
De Portogaleses, Castilla, de Francia... 

Hállase tan desaforada composición en el manuscrito 305 del 
fondo español de la Biblioteca Nacional de París. 

Tomo vn. 16 



€GXLII LÍBICOS CASTELLANOS 

dición á la ciudad de Barcelona, después de la san— 
grienta y porñada guerra civil de los diez años, for- 
mulando en noble estilo una especie de programa de 
política monárquica : 

Con armas en guerra, en paz con las leyes 
Se quieren .los reynos, Señor, conservar. 
Mas ¡guay de la tierra do todos son reyes, 
Do todos presumen regir e mandar! 
Un Dios en el cielo, un Rey en la tierra 
Se debo por todas las gentes temer. 
Quien esto no teme, comete gran yerra; 
Por cuanto do tanta malicia se encierra 
No pueden los reynos. Señor, florescer. 

Pero al tiempo de los Beyes Católicos pertenece xm 
poeta indisputablen^ente catalán, y por añadidura ca- 
talán del Bosellón, que escribió en nuestra lengua la 
mayor parte de su Cancionero, y es el más digno de- 
ser citado antes de Boscán. Llamóse Pedro Moner : su 
libro es de los más raros de la poesía española. Las- 
noticias biográficas del autor constan en una carta, á^ 
modo de dedicatoria, escrita por Miguel Berenguer de* 
Barutell, primo hermano del autor ya difunto en 1529, 
á D. Hernando Eolch, duque de Cardona. 

«Las obras de Moner, primo hermano que fué mío, 
como yo mejor las he podido haber á mis manos, he 
acordado, muy ilustre Señor, de poner por orden y en- 
mendallas y hacer que se imprimiesen. Hame movido- 
á esto la obligación de deudo que con él tuve. D& 
quienquiera hubiera lástima que se perdieran, cuanto- 
más de un pariente tan cercano, que la honra de un 
ingenio que en la vida tanto ñoreció no era razón que 
en la muerte donde había de crecer se perdiese... El 



PRÓLOGO GCXLIII 

en todas sas cosas vivió ganando honra, y asi es razón 
qne agora después de muerto no se la quitemos siendo 
tau suya... 

»Nacido en tiempo que enemigos tenían cercado el 
' castillo de Perpiñán y su padre dentro y todos los su- 
yos sufriendo los trabajos y peligros del cerco por ser- 
vicio del Rey don Johan de Aragón, padre del Rey 
Católico, de edad de diez años le recibió el Rey por 
paje, al cual no sirvió más de seis años, porque]el Rey 
se murió ; fuese luego después, desto á Erancia y sir- 
vió allí dos años á un gran señor de aquel Reino, adon- 
de aprendió la lengua francesa, y vuelto anduvo en las 
galeras del Conde de Prades cerca de año y medio 
para probar su fortuna, porque había perdido su pa- 
tria y sus bienes por servicio de su Rey : sucedió des- 
pués la guerra de Granada y fuese allá porque yió 
cuan buena obra era servir en tal necesidad á Dios y 
á su principe. Después, recebida alguna merced del 
Rey Católico, vino á Barcelona y asentó con el Duque 
de Cardona, padre de Vuestra Señoría. En este tiem- 
po amó una señora de su tierra con tanta verdad, que 
basta para descargo de las liviandades que suelen traer 
los amores. Después de haber andado en esto mucho 
tiempo, probada su persona así en hechos de esfuerzo 
como en otras obras de virtud y de honra, y en fin, 
menospreciando el mundo, de edad de veintiocho años 
se metió fraile en la religión de San Francisco en el 
Monasterio de Jesús en Lérida, á donde con mucha 
constancia y alegría hizo penitencia. Murió en esta 
casa de Barcelona de la misma Orden, á do vino por 
serle más natural, y parece que no sin misterio, por- 
que murió al cabo del año ó poco más el día mismo 




ccxLiv líbicos castellanos 

que le hicieron profeso, en tiempo que el hervor de su 
devoción se mostraba en mayor grado y le tenia más 
ocupado su juicio... De hombre que así vivió y murió 
no me ha parecido que su fama se callase, y así, como 
arriba dije, he querido publicar sus obras y agora en- 
derezallas á Vuestra Señoría... Sus obras, aunque en 
algunas cosas traten materias livianas, son tratadas 
con tan gentil ingenio, con tan próspera invención, 
con tan graves sentencias, con tan derecho juicio, y en 
fin, con tan buen estilo, que la liviandad cesa y todas 
estas cosas quedan : cuanto más que no ha sido poca 
dificultad lo liviano tratallo gravemente sin pesadum- 
bre. Dígolo de lo que menos él ha escrito : que de lo 
más que él compuso, y quizá todo, si bien se conside- 
rase, podráse muy bien ver que al cabo se reduce en 
cosas graves, y de donde se puede sacar mucho pro- 
vecho, si en manos del que lo leyere no se pierde» (1). 



(1) Obras nueuaméíe imprimidas assi en prosa como en metro 
de Moner, las más deltas en lengua castellana y algunas en su 
lengua natural catalana, compuestas en diverso^ tiempos y por di- 
versos y nobles motiuos : las guales son más para conoscer y abo- 
rrescer el mundo q. para seguir sus lisonjas y engaños. 

Colofón.) Áqui acaba las obras y. se han podido hallar de Mo- 
ner en prosa y en metro.,. emSdadas có harto trabajo por ser en 
los traslados t¡, se ha hallado deltas corruptas y muy mal escri- 
tas. Imprimidas en la insigne ciutat de Barcelóa por Garles Amo- 
ros a gastos de quien hoy más ama y deue al auctor deltas. Laño 
de la nativitat de nuestro Redemptor. M.D.XXViij. 

Fól. Letra gót., 52 hs. Con un grabado en madera alusivo á 
La Noche de Moner. 

lío he visto más que dos ejemplares de este rarísimo libro : 
uno que perteneció á la Biblioteca de Salva, y otro que poseía 
D. Manuel de BofaruU. Torres Amat (Diccionario de escritores 
catatanes) cita otros dos : uno de la Biblioteca del Cabildo de 
Toledo, y otro de la Episcopal de Barcelona. 






PRÓLOGO CCXLV 

Empieza este volumen con una visión ó fantasía mo- 
ral en prosa: Obra intitulada tLa Noche de Moner^^ 
más propiamente llamada Vida Humana; la cual el au- 
tor dedicó & la Duquesa de Nájera Doña Juana de 
Cardona. En este castillo alegórico que sigue la traza 
y pauta de las composiciones de su género, aparecen 
personificados el odio, el deseo, la pasión, el deleite, 
la tristeza, la esperanza, la desesperación, el temor, el 
descuido, la ira, la mentira, la pobreza, y todo género 
de vicios y virtudes. 

Las poesias castellanas, que son en bastante núme- 
ro, pertenecen todas á la escuela de fines del siglo xv, 
entre cuyos autores el predilecto de Moner parece ha- 
ber sido Juan .del Enzina, á quien manifiestamente 
imita, sobre todo en los versos cortos, que son en uno 
y otro poeta mejores que los largos. Ni la versificación 
ni la lengua de Moner son intachables, y con frecuen- 
cia se conoce que no había vivido en Castilla, por lo 
cual claudica á veces en el legitimo acento no menos 
que en la propiedad de las palabras, pero tenia oído 
musical, y remeda con bastante soltura la manera de 
las canciones y los villancico» de Enzina. Citaré dos 
ejemplos, uno profano y otro sagrado. Sea el primero 
parte de un diálogo bastante fácil y gi^acioso entre un 
cazador y una águila, símbolo de la egregia señora á 
quien el poeta amaba y servía con poca fortuna : 

# ¿Dónde irás á posar^ 

Aguililla caudal? 
Polla zahareña. 
¿Quién detrás te corre? 
Deja la cigüeña 
Del nido en la torre ; 



CCXLVI LÍRICOS CASTELLANOS 

Mas por {Din volar 
Que las nubes pasa, 
Mi vista es escasa, 
No puedo alcanzar 
Dónde irM posar. 

Las alas al cielo, 
No temes pihuelas : 
Es gran desconsuelo 
Que siempre más vuelas ; 
Por ver dónde tiras 
Yo me fago mal. 
Tú muy bien lo miras, 
Aguililla caudal. 



¿Qué gloria sería 
Poderte cebar, 
Donde irás posarf... 

Reina de las aves 
En todas maneras. 
Mis pasos son graveb, 
Tus alas ligeras... 

Aguililla ajena, 
Que en las nubes luces, 
' No hay carne tan buena 
Que no la rehuses; 
No espere ninguno 
Que quieras bajar, 
Pues si vas de ayuno, 
¿Quién puede acertar 
Dónde iras posarf 

Entre las hermosas 
Tú sola hermosa, 
Si en cumbre te pones 
No sea fragosa : 



(1) Inccrrección catalana : por en vez de para. 



PRÓLOGO CCXLVII 

Pósate donde era , 
El verde pradal, 
Si fuere ribera 
No sea arenal, 
Aguililla caudal. 

Aguililla esquiva, 
Pósate en poblado, 
Mientras qiie yo viva 
Temé este cuidadp; 
No espero que vea 
Cuál querrás tomar, 
Mas cualquier que sea, 
Bendito el lugar ; 

Donde irás posar. 



Oontesta el ave : 



Déjame volar. 
Cazador de mal. 

En balde te quejas 
Por cosas que sueñas, 
Ni es mucho si dejas 
Por mí las cigüeñas ; 
Mas de mi vida 
No cures pensar, 
Que llevo por guía 
Mi vista sin par. 
Déjame volar. 

Encubre rodeos 
De tantos amaños, 
Que vuestros deseos 
Son todos engaños ; 
Soy suelta aguililla, 
No me he de trabar, 
Ni tengo mancilla. 
Pues vas á engañar : 
Déjame volar. 

Cetrero dudoso 



€CXLVIII líbicos CASTELLANOS 

Que mal fantaseas, 
Tú estás peligroso 
Si más me deseas ; 
Según vas á tranco 

Y á más m^s andar. 
El llano es barranco. 
Podrás tropezar : 
Déjame' volar. 

El cuitado amador responde : 

No puedo olvidarte 
Después que te vi ; 
Caer por mirarte 
Es bien para mí ; 
Si estás enojada 
De mi porñar, 
No pierdes tú nada, 
. Déjame mirar 
Dónde irás posar, 

t' 

ELLA. 

Si tú ves tan poco 

Y yo voy tan alta, 
Dirán que eres loco 
Que miras en taita ; 
En tal cetrería 

No hay buena seBal: 
Deja la porfía. 
Que es negro caudal» 
Cazador de rrcU. 

ÉL 

Aguililla ufana, 
Cuant más alta vas 
Me pone más gana 
De irte detrás : 
Qu' en sola fianza 
D' en ti contemplar 



PRÓLOGO GGXLIX 

Mayor bien se alcanza 

Que de otra gozar : 

¿Dónde irás volar? , 

Paréceme que el trovador rosellonés se acordaba de 
aquel lindo villancico de Juan del Enzina : 

Montesina era la garza 
Y de muy alto volar, 
¡Quién la pudiera alcanzar! 

La imitación del poeta salmantino es todavía más vi~ 
sible en estas Coplas á Nuestra Señora : 

Tú me guia, reina mia. 
Tú me guia. 



Tarde me vuelvo, señora, 
Pero más vale algún hora 

'Que jamás ; 
Porque eres dulce ó muy pía, 

Todavía, 
Tú me guia, reina m,ia, 

Tú me guía. 
Tú no eres desconocida 

Á ninguno, 
Ni es cualquiera que te pida 

Importuno; 
Quien te sirve no desvía 

Oe alegría ; 
Tú me guía, reina mía^ 

Tú me guia. 
Tú nunca juzgas con ira 

Las personas; 
A aquel que por ti sospira 

Qualardonas; 
Tú no sigues fantasía 

Ni porfía; 



€GL líbico» castellanos 

Tú me'gtAa, reina mta. 
Tú me guia. 



Sin zeloa son X\xa amores 

Escogidos; 
Por ser tus altos valores 

Infinidos; 
Cuantos siguen esta vía 

Van de día; 
Tú me guia, reina mia. 

Tú me guia. 

Entre Dios y mí te pone, 

Rein& pura, 
Haz que tn hijo perdone 

Mi locura, 
Porque si más la seguía 

Hundirme hía; 
Tú ms guia, reina m,%a. 

Tú me gula. 

Sácame, Virgen, d' aquí 

D' esta selva. 
Haz que el que murió por mí 

Que me absuelva, 
Destmve la idolatría 

Que tenía; 
Tú me guia, reinfl mia, 

Tú me guia. 
Hoy comienzo, te sirviendo, 

Libro nuevo, 
En tus manos encomiendo 

Lo que llevo; 
Mi ahna que se perdía 

Tú la guía, 
Tú me guia, reina mia. 

Tú me guia. 



Basta con los trozos transcritos para estimar que 



• PBÓL060 GGLI 

Moner, aunque bastante incorrecto (en lo cual tiene 
disculpa), no es un poeta indigno de memoria, siquiera 
por haber sido el primer catalán que hizo versos cas- 
tellanos tolerables. 

Entre las pocas obras que compuso en su lengua 
nativa, merece especial atención U anima de Oliver, 
que es una imitación del famoso Sompni de Bernat 
Metge. Supone el autor que se le aparece el alma de 
un caballero amigo suyo ya difunto, y que disputa con 
él copiosamente sobre el libre albedrio. 

En Mallorca, cuyo aislamiento geográfico hacia más 
lentas las evoluciones literarias que en Cataluña y Va- 
lencia, no hubo poetas castellanos hasta muy mediado 
el siglo XVI, y después del triunfo definitivo del en- 
decasílabo y de la escuela italiana, siendo Jaime de 
Oleza el primero digno de mención, como á su tiempo 
veremos. 

La influencia de la poesía castellana en las regiones 
orientales de la Península á fines de la centuiia déci- 
maquinta, se manifiesta no sólo por la existencia de 
poetas biUngües, sino por la introducción y el empleo 
cada vez 'más frecuente del verso castellano de arte 
mayor, que Mosén Buiz de Gorella usó por lo menos 
una vez : 

Ma gran caritat, amor é larguesa... 

y que sirvió á FenoUer y á Escrivá para su famoso 
diálogo sobre la Pasión, compuesto todo en estrofas 
como ésta : 

Qui, DeU) vos contemple | de la creu en 1' arbre 
Penjat entre ladres, | per nostra salut, 
Tanchats te los uUs | e lo cor de marbre 
Ab ingratitut, 



GCLII LÍRICOS GASTELLálTOS 

Si tostempa no plore d' amor gran vencut, 
Pensant qcina mort | volgués hamil pendre 
Per sois a nosaltres | la vida donar 
Ab cap inclinat | los brassós estendre 

Mostrant-nos amar-, 
Perque-ns desijam | en crea abrassar. 

Hasta en Mallorca había penetrado el verso de doce 
silabas, como lo prueba el Menysprewdd mon de Pran- 
cisco Oleza : 

Ab manto de plors | el cel se cobría 
Y tota la térra | mostrava^gran dol... 

contestado en el mismo metro por Benito Espanyol. 

Había nna razón más para que la poesía castellana 
faera infiltrándose rápidamente en la cultora del Le- 
vante de la Península. La Corona de Aragón era nna 
monarquía federativa, que comprendía cuatro estados 
autónomos : tres de ellos de lengua catalana (el conda- 
do de Barcelona, el reino de Valencia y el de Mallor- 
ca), y otro de lengua castellana hablada con variantes 
de dialecto, que era el reino' de Aragón propiamente 
dicho, destinado por su posición intermedia á servir 
de lazo entre ambas lenguas y literaturas. Este dialec- 
to, que suele calificarse como de transición (aunque en 
rigor filológico sea muy dudoso que tal género de dia- 
lectos Qxistan), tuvo en la Edad Media uso no solamen- 
te jurídico y diplomático, sino literario, como lo acre- 
ditan las numerosas traducciones y compilaciones his- 
toriales mandadas hacer por el famoso Maestre de San 
Juan, Fernández de Heredia. Pero parece que este 
cultivo se limitó á la prosa, puesto que los poetas ara- 
goneses, ya bastante numerosos en el Cancionero de 
Stúñiga, en el llamado de Herberay, y en otros de la 



PROLOGO GGLIII 

segunda mitad del siglo xv, si bien atentamente 
examinados pueden ofrecer algún provincialismo, en 
general se sujetan á la norma de los trovadores caste- 
llanos y escriben en la lengua común y ciJ^riente, es 
decir, en la insípida lengua de los cancioneros,, que de- 
bía de ser muy fácil de manejar cuando cpn tanta pres- 
teza se la asimilaba todo el mundo (]). Hemos dado á 
conocer, en Prólogos anteriores, á algunos de e^tos in- 
genios, tales como Pedro de Santafé, Mosén Hugo de 
Urríes, D. Juan de Sessé, Pedro de Moncayo. Pero 
bien puede decirse que antes de la aparición del nota- 
bilísimo Cancionero de D. Pedro Manuel de IJrrea 



(1) Esta xxiisma facilidad existia respecto de la lengaa tro- 
vadoresca catalana, no menos monótona y convencional que 
la nuestra. Por eso vemos fígarar entre sus poetas del siglo xv, 
algún que otro aragonés como el escudero Martin Garcia, Mo- 
sén Rodrigo Diaz (amigo de Ansias March), Mosén Navarro y 
pocos más, notándose en ellos que tienen predilección por los 
géneros musicales como la dansa y el lay (Véase la Resenya deis 
«nticJis poetas catalans de Milá y Fontanals, en el tomo S.^ de sus 
Obras nompletas). En la poesia á modo de centón de Francesch 
Ferrer, titulada Conort, se encuentran algunos versos castella- 
nos muy estropeados de poetas aragoneses. Pero es singular 
que á pesar de haber vivido en unión paciñca y gloriosa Aragón 
y Cataluña durante toda la edad heroica de su historia, jamás 
los dos pueblos se identiñcaron, ni siquiera se asimilaron el 
uno al otro, continuando cadfft cual su desarrollo propio, y te- 
nsando muy poco de casa del vecino. La verdadera afinidad de 
los aragoneses era con los navarros de la Ribera, y con los cas- 
tellanos, especialmente de la Bioja. 
' Dióse también el caso rarísimo de uno ó dos trovadores na- 
varros (probablemente del séquito del Principe de Viana), que 
usaron el catalán como lengua poética : un Valtierra y ua 
Francisco de Amescua. Creemos que este hecho puramente ac- 
cidental nada tiene que ver con el uso mucho más antiguo del 
provenzal en el Burgo de Pamplona, de que el poema de Ane- 
liers (siglo Xiii) da testimonio. 



GCLIV LÍRICOS CASTELLANOS 

(1513), aunque hubiese versificadores en Aragón, na 
/ hubo propiamente poesía. La de Urrea lo es algunas 
veces, y con una sinceridad de sentímiento á que no 
nos tienen muy acostumbrados los líricos de la Edad 
Media. 

Era este poeta hijo segundo del Conde de Aranda 
D. Lope (primero de este título), y su nacimiento pue- 
de fijarse aproximadamente en 1468, puesto que él 
mismo dice que contrajo matrimonio á los diez y nue- 
ve años de edad, y la fecha de las capitulaciones es 
de 1 505. Era muy niño cuando murió su padre, cir- 
cunstancia á que alude en una notable composición que 
citaremos después, en la cual finge que en sueños se le 
aparece su sombra : 

Díxome : «¿No me conoces, 
D. Pedro Manuel de ürrea? 
Á quien gran bien te desea, 
Óyele y no te alboroces. 
Soy aquel que te engendró, 
Que mi sangre en ti se encierra 

Según -vi; 
Soy aquel que se partió; 
Cuando veniste á la tierra 

Me partí, » 
Oyendo yo estos antojos 
Con esfuerzo no liviano, 
Llegué y bésele la mano 
Con lágrimas en los ojos... 

Viendo lo que hubo hablado, 
De rodillas á el llegué * 

Y las manos le besé 
Con el corazón quebrado; 
Dízele: € Señor, señor, 
En mi desdicha partiste 

Tú dichoso : 



PRÓLOGO GGLV 

Fuiste á ver al Salvador; 
Yo, ttiste, quedé en lo triste 

Sin reposo. 
Un dolor me yeo tener : 
Entrando tú en blancos paños, 
Por no pasar de cuatro años 
No te pude conocer,, . 

Mas cuando sin ti me vi 
Que tan triste yo quedé, 
¿Por qué yo no te alcancé 
Ó tú no alcanzaste á mí? 
'Que en quitar lo que baldona, 
Excusado es ya que ande 

Mi porfía; 
Que en perder yo tu persona 
{Oh qué pérdida tan grande 

Fué la inía!... 

Al tiempo de tu subida 
Comenzaba yo á subir : 
Comenzaba mi vivir 
Cuando se acabó tu vida..,» '^ 

Su padre no le había dejado más señorío que el de 
Trasmóz, por lo cual su fortuna nunca fué muy hol- 
gada, contristando además su generoso ánimo, cuando 
llegó á la edad de la razón, las disidencias de su fami- 
lia, y sobre todo el largo y empeñado pleito que su 
hermano mayor sostuvo contra su madre Doña Catali- 
na de Urrea, pleito escandaloso que fué para nuestra 
poeta una pesadilla, como Ío declara á cada momento 
en sus versos, y hasta en la dedicatoria que de ellos 
hizo á la mifima señora, á quien profesaba filial ternu- 
ra: «Siendo el señor Conde tan cuerdo y sabio caba- 
ollero como en nuestro linaje lo haya habido, enaje- 
»narse de sí en tal manera, mucho se debe hombre de 



» 



CGLYI LÍRICOS GASTBLLáNOS 

)»maravillar. Tal madr^ Yaestra Señoría nos lia sido, 
que erraríamos nosotros en ser desobedientes, por 
»hab.er sido madre con Dios, y por ser tal para con el 
»mnndo. Los bienes que Vuestra Señoría nos ha pro- 
acorado, aunque la memoria de mí no los quita, no de- 
»bría decirlos, porque se tiene por yerro y por propias 
^alabanzas las de los padres y madres. Después que 
:»yuestra Señoría ha levantado nuestro linaje de 
»Urrea, ¿de quién otri nos ha venido consejo para los 
^negocios y fuerza para las obras? ¿Quién otri nos ha 
»dado la honra, hermana del alma?... Estos enojosos 
«negocios de Vuestra Señoría por haber sido por 
)»pleyto, se conoce claramente ser más procurados por 
apuntos de letrados, que por voluntad de las partes, 
»porque ellos no pueden perder y olvidan la ganancia 
»de los otros.» 

Nada menos que una larga composición en coplas 
de pie quebrado, imitando el estilo y la filosofía de 
Jorge Manrique, escribió sobre este pleito, desahogan- 
do en el pecho de su tío, D. Luis de Hijar, Conde de 
Belchite, el desconsuelo que aquella guerra doméstica 
le causaba, y rogándole que interviniera como media- 
nero y reparador en aquel litigio. Con esta ocasión dis • 
curre largamente, mostrando más seso y madurez de lo 
que de sus verdes años podía esperarse, sobre la vani- 
dad de los bienes de este mundo y sobre lo incierto y 
variable de la fortuna, con aquel mismo género de es- 
toicismo senequista que hemos reconocido en el diálo- 
go de Bias contra Fortuna del Marqués d^ Santillana, 
y en otros poemas análogos, con los cuales, este de 
Urrea, á pesar de ser obra de principiante, puede ser 
"in gran desventaja comparado, á lo menos en algu* 



' PRÓLOGO CGLVII 

nos lugares y sentencias, expresados con macho brío: 

' El que cococer desea 
El varón que vive fuerte, 

' Mírelo 
Cuando le viere en pelea. 
Porque vea si su suerte 
Teme, ó no. 
¿Quién será flaco varón, 
Si \eL fortuna le dexa 
Sosegar? 
* Mas el recio corazón 
Huelga que fortuna tesa 
Su telar. 



Los corazones muyeres 
Nunca suelen desmayar 

Viendo la muerte; 
Que los buenos luchadores 
Siempre huelgan de luchar 

Con lo más fuerte. 
Estas cosas van en rueda; 
Dan, pues no están en un ser, 

De bien en males : 
La rueda nunca está queda, 
Siempre la vemos mover 

En los mortales. 
Cuándo abaso, cuándo arriba. 
Siempre va dando sus vueltas, 

Muy redondas; 
Uno sube, otro derriba, 
Sus cosas van desenvueltas, 

Van en ondas.. . 



No sabemos á panto fijo cuáles fueron los estadios 
de Urrea, pero no hay duda que su educación fué más 
caballeresca que literaria. Tuvo algunos prindpios de 
la lengua latina, pero nunca llegó á dominarla, según 
él mismo confiesa con la simpática ingenuidad de que 
Tomo VII. 17 



CGLYIU líricos CASTELLANOS 

BO se aparta nunca. Sus obras manifíestan que le eran 
familiares los poetas italianos, especialmente el Pe- 
trarca, cuyos Triunfos imita y aun traduce en su poe- 
ma de las Fiestas de amor. Su vocación poética y mu- 
sical fué nativa y aun puede decirse que hereditaria» 
Su padre habla sido trovador, y su hermano lo era 
también, pero como solían serlo los grandes señorea 
de entonces, es decir, como meros aficionados, y en com- 
posiciones breves y efímeras. Nuestro D. Pedro, por 
oculta é irresistible inclinación de su estrella, tributa 
á las musas culto mucho más formal y asiduo; y eso 
que tenia que luchar, de una parte, con su grandísima 
y no afectada modestia, y de otra con cierto género de 
altivez aristocrática, que le hacía considerar como de 
menos valer el ejercicio de hacer coplas, aterrándose^ 
sobre todo ante la idea de que llegaran á anda^ en 
manos de la plebe y á ser pasto de las venenosas len- 
guas de los maldicientes. Todo esto se halla expresa- 
do con el más delicioso candor en sus prólogos : 

«Yo siempre, de muy pequeño, he sido muy codicio - 
»so de la lengua latina, y aunque carezca della,'queno- 
»haya alcanzado tanto como quisiera y para esto me 
»fuera necessario, con lo poco que della he oído, la do- 
»blada afición ha consentido uua poca obra al mucho- 
» deseo : no que sea cosa merecedora de alabanza. Y 
»cierto, señora, hoy va tan abaldonado el dezir, y má& 
s>en metro, que ninguna cosa s' estima considerando s& 
»halla en poder de hombres soezes. Yo debría callar,. 
Ao uno por mi dezir no ser bien dicho, lo otro porque 
»el Conde mi señor, que santa gloria possea, ha dicha 
»tan bien que ha dexado tanta memoria de sí por aque- 
Alo para entre trovadores, como por lo otro para en- 



PROLOGO CGLIX 

»tre caballeros. Pues si digo del señor Conde mi her- 
»mano, no nieno*s dezir se puede. Lo que yo hasta aquí 
»lie hecho no ha sido otra cosa sino una esperanza de 
»ser algo... ¿Cómo pensaré yo g^e mi trabajo está bien 
^empleado, viendo que por la emprenta ande yo en bode- 
y>gones y cozinas, y en poder de rapaces , que me juzguen 
»maldicientes, y que cuantos lo quisieren saber lo sepan 
»y que venga yo á ser vendido? í> 

No es difícil adivinar cuál seria la principal materia 
de sus versos juveniles. Fueron de amor casi todos, y 
como el poeta contrajo matrimonio en edad temprana, 
y parece haber sido apasionadísimo galán de su legi- 
tima mujer Doña María de Sessé, debemos pensar pia- 
dosamente que son anteriores otros devaneos suyos, de 
que su Cancionero nos da testimonio. Urrea es nn poQta 
tan absolutamente sincero, tan incapaz de fingir lo que 
no siente, que erraría mucho el que creyese que son 
mero, tributo pagado á la moda literaria los versos que 
dedica á sus amigas. Pero si tales versos hubiesen sido 
escritos después de su casamiento, nunca un hombre 
de tanta rectitud moral se hubiese atrevido á incluir- 
los en un Cancionero que formó principalmente para 
obsequiar á su madre. La soltura de las costumbres de 
aquel siglo toleraba muchas cosas, pero no tanto. 

Que no eran iel todo platónicas estas pasiones ni 
quiméricos los objetos de ellas, lo prueban los singula- 
rísimos versos que Urrea compuso á una gentil mora 
que se llamaba la Moragas* En un villancico exclama : 

Mahoma, cuéntame nuevas 
De la mora tan nombrada. 
—Juro á Alá qu' es desposada. 

Desposaron la una aljoma 



GGLK líricos GASTflLLANOS 

Con un morillo extranjero; 
Llámase también Mahoma, 
Tan manso comp cordero. 
Bayló con mi compaBero 
Con una saya pintada, 
Dichosa más que entallada. 



Guando murió la linda mora, el po^ta se afligió mu- 
cho, no sólo por el amor que la tenía, sino por el des- 
consuelo de que se hubiese ido al otro mundo sin bau- 
tizar. Entonces compuso estas coplas, donde expresa 
con ingenuidad una pasión muy verdadera : 



¡Qh que mal tan fatigoso 
Para -mí, 
Que tu cuerpo tan gracioso 
Esté en lugar tan dañoso 
Para ti! 



No alegrarán jamás 
Ya mis días, 
Cuando pienso que do estás 
Ya levar no me podrás 
Como podías. 
No holgabas con mis canciones 
De tormento, 
Ni agora mis oraciones 
No quitarán tus prisiones 
Que JO siento. 
¡Qué tan triste y cuan en calma 
Fué tu ida! 
Mis ojos limpia mi palma, 
Que lo que siente tu alma 
Siente mi vida. 
Mi amor no pudo crecer, 
Mas creció 
Cuando no te pudo ver; 
Mi mal con tu fenescer 
Se dobló. 



PRÓLOGO GGLXI 

El mismo poder llevaste 

Que taviste; 
En vida me cati vaste, 
Y con muerte me dexaste 

Muy más triste; 

Y aunque el daüo que he tenido 

Tú consientes, 
El fuego que te ha venido 
Sentiré, siento, he sentido 

Lo que sientes. 
¡Oh! ¡Si yo fuera Orfeo ' 

Cómo entrara 
Con este fuerte deseo 
A sacarte do te veo 

Cuerpo y cara! 

Y las furias infernales 

Pararía; 
Si entrase yo con mis males 
Entre todos los mortales 

Te vería. 
Queda tan atribulada 

Mi persona 
Como tu triste morada; 
Viéndote tan desdichada 

Se baldona 
Mi vida, con el pensar 

Donde moras. 
Con tu gracia singular 
¡Ay! do te veo estar 

Me enamoras. 

Mas yo de tu desventura 

Me fatigo : 
¡Ver que dio poder natura 
En tu gracia y hermosura 

Al enemigo! 

Y luego prorrumpe en invectivas contra el falso re- 



GCLxri líricos castellanos 

negado- Mahometo, que se llevó tal mujer á las llamas 
donde arden sus secuaces. 

No era la primera vez que un trovador español se 
confesaba enamorado de una mora. Antes que Urrea 
lo habían sido, entre otros, el Arcipreste de Hita, . Al- 
fonso Alvarez de Yillasandino y el estrafalario Garci 
Ferrandes de Jerena; pero lo que en ellos fué pasajero 
capricbo (y en el último cálculo interesado, aunque le 
salió fallido), parece haber sido muy otra cosa en el in- 
fantil corazón del hijo de la Condesa de Aranda. 

Con la inconstancia, sin embargo, propia de tal edad 
y de tales amores, se declara prendado de otras varias 
bellezas, ya populares, ya cortesanas, y canta en dono- 
sos villancicos, de tono muy realista, á las zagalas de 
Trasmoz y de lUueca y á las gallardas bailadoras de 
Zaragoza : 

Con gran placer y alegría 
Tu grande gracia retoza. 
Pues en toda Zaragoza 
No hay tu par en lozanía. 
Eres linda en demasía; 
Ninguna zaragozana 
No puede ser más lozana. 

Con tu saya la amarilla 
T tus chapines pintados, 
A todos das mil cuidados, 
De nadi tienes mancilla. 
La sortija y la manilla 
Te hacen ir muy lozana, 
Hermosa zaragozana. 

Vas, estirada la zanca, 
Con largo y justo calzado, 
Y tu bailar mesurado 
Gran sobra de tierra atranca. 
Tan colorada y tan blanca 



PBOLOGO GGLXHI 

Como una liada manzana, 
Hermosa zaragozana. 

Sales tan chapa dorada ' 

Cuando sales los domingos, 
Haziendo dos mil respingos, 
Que turbas la garzonada. 
Hazes tú con tu bailada 
La sonada más galana, 
Hermosa zaragozana. 

La gente que se percata 
Lieva pasmadas las gastas, 
Porque de cara y. de cuestas 
Pareces hecha de plata. 
Bailando, alzas la pata 
Como zagala lozana, 
Hermosa zaragozana. ^ 



Bailas coi^ tantos antojos 
Cuando en el mandil te tocas, 
Que te miran con las bocas 
Abiertas como los ojos. 
Tú quitas todos- enojos 
Con tu vuelta tan liviana, 
Hermosa zaragozana. 



Hemos escogido de intento lo qne tiene más color y 
brío, lo que más se aparta de la trivialidad ordinaria 
de los Cancioneros; pero aun en aquellas poesías ama- 
torias que más participan del amaneramiento de es- 
cuela, tiene á veces rasgos felices, como éste : 

vieja os vea jo esa mata 
Crecida como mi lloro, 
I Mata de cabellos de oro; 
Hasta ser color de plata! 

Hemos dicho que D. Pedro Manuel de Urrea era 
muy joven, casi niño, cuando hizo todos estos versos. 
Los hombres de aquel tiempo madrugaban mucho en 



CGLXIY líricos GáSTELLAl(OS 

amores, como puede inferirse por lo que de si propio 
cuenta Lope Garcia de Salazar en su libro de las Bie- 
naJidanzas é fortunas. 

Por lo que toca á ürrea, parece haberse enmendado 
de todo punto desde que en Abril de 1505 casó con> 
Doña María de Sessé, á quien debió la felicidad domés- 
tica y á quien consagró desde entonces los más delica- 
dos sones de su lira :. 

A TOS que* sois mi alegaría 
Que jamás no me dejáis 
Ver querella j^ 
y Vos que hacéis mi fautasía 

Alegre, sabiendo estáis 
^ Vos en ella. 



A vos, cordura y razón 
Os andan siempre llevando 

El cuerpo preso: 
Honestidad, discreción 
Andan siempre acompañando 
A vuestro seso. 

Lo que agradezco á ventura 
Es que me dio por mujer 
La hermosura y el valer, 
La riqueza y la cordura. 

Y el que con esto se halla 
Puede decir se libró - 

De Ja guerra 
D' este mundo, que es batalla, 

Y que Dios más bien le dio 
Que há en la tierra. 



Karos son los poetas, ni de nuestra literatura ni de 
las extrañas que han cantado á su mujer (salvo des-^ 
pues de muerta), y rarísimos los que han expresado 



PRÓLOGO CCiXV ' 

este puro y limpio afecto (tan difícil de tocar sin pro- 
fanación) con la plena sinceridad, con el noble candor, 
con la sana alegría, con la eíasión de alma con que lo 
hace el aristocrático trovador aragonés. Leyendo tales 
versos, lo mismo que los que dirigió á su madre, es im- 
posible dejar de estimar á tan excelente y honradísimo 
caballero. Sin que valgan contra esto, por ser fruta del 
tiempo, algunos desaguisados que cometió como ban- 
derizo, según vamos á ver. 

Hemos dicho que su padre no le había dejado más 
heredamiento que el de Trasmoz, que tras de no ser 
muy pingüe, le obligaba á residir en la aldea la mayor 
parte del año, lo cual en su mocedad debía de hacérsele 
muy cuesta arriba, según se inñere de una deisenfadada 
composición en que desahoga cómicamente su aburri- 
miento de la vida monótona ^e lugar: 

Nunca medréis vos, Aldea, 
' Y tan bien quien os fundó. 
¿Por qué tengo de estar JO 
Donde nadi Odiar desea? 
Que cualquiera que me vea. 
Dirá estoy más retraydo 
Que ninguno nunca ha sido 
De mi linaje de Urrea. 

Ir de collado en collado 
Siempre en monte como zorro, 
Juzgadlo vos, aldeorro, 
Si estaré yo descansado. 
Según me habéis enojado 
En ver esta cuesta arriba, 
Si fuérades cosa viva, 
Ya os. hubiera degollado. 

Pues andar siempre en la huerto 
Tras zarzales con el arco, 
Bien veis que tan poco abarco, % 



CCLXVI LÍRICOS CASTELLANOS 

Qu' es cosa poco despierta: 
Pues tal vida desconcierta 
El deleite más altivo, 
¿C;6mo puedo estar yo vivo 
Estando en la cosa muerta? 

¡Y que por tiempo de un aüo 
Me teng&is vos aqtií preso! 
¿Quién dirá que tengo seso 
' Haciendo yerro tamaño, 
Donde, ni seda ni paño 
lío vestiré, sino cuero, 
Pues que no soy caballero 
Con la vida de hermitaño? 

¡Cazar liebres ni conejos, 
Cuando va mucho á la larga! 
¡Es la vida muy amarga 
Ir tras grajas ni vencejos! 
Los que entienden mis arrejos 
Irán por alto volando. 
Sin holgar d' estar hablando, 
En la plaza, con los viejos... 



Sentíase capaz de grandes cosas, aspiraba á una vida 
de acción, pero los tiempos no se lo consintieron: 

Yo con muy gran intención 

Me muero aquí sepultado, 

Como en guerra el mal armado 

Con valiente corazón- 
Pensarán más de quinientos 

Por qué estoy yo retraído: 

¿Será baxo mi sentido? 

¿Pequeños mis pensamientos? 

Alguna parte, aunque secundaria, tomó en la política 
de Aragón. Consta su asistencia á las Cortes de 1502» 
en que fueron jurados los Archiduques D. Felipe el 
Hermoso y Doña Juana, Principes de Aragón y here- 



PRÓLOGO GCLXVII 

deros de la corona. Los bandos de la Edad Media vi- 
vían aún, aunque menos encarnizados que antes; y es 
sabido que en Aragón tuvieron un retoñar terrible á 
unes del siglo xvi con las turbulencias del Condado 
de Ribagorza, que abrieron caminó á los tumultos de 
Zaragoza y al allanamiento según unoá, reforma se^gún 
otros, que Felipe II hizo de una parte de la antigua 
constitución del reino. Pero mucho antes de esta for- 
midable explosión hubo chispazos de anarquía, asi en 
tiempos del Bey Católico como en los del Emperador. 
En una de estas contiendas domésticas, pequeña por 
su origen, pero que llegó á degenerar en guerra civil 
entre las casas de Aranda y de Bibagorza, intervino 
nuestro poeta, y no á la verdad con la moderación y 
parsimonia que de su carácter debiera esperarse; si 
bien ha de tenerse en cuenta que la relación más deta- 
llada que tenemos de estos acontecimientos, escrita por 
nn monje de Yeruela, és altamente sospechosa de par- 
cial, por proceder de una comunidad notoriamente in- 
teresada en el litigio y muy apasionada de los Duques 
de Villahermosa por el apoyo que entonces la presta- 
ron. De todos modos es tan curioso lo que refiere, que 
conviene extractarlo (1). 

«Moviéronse cuestiones entre Litago y Trasmoz en 
el mes de Marzo del año 1510, sobre el derecho de regar 



( I ) Escribió esta relación Fr. Atilano de Espina; y tomán- 
dola del tumbo ó Registro universal de todas las escrituras que se 
hallan en el Archivo de este santo y Real Monasterio de Veruela, 
la ha dado á conocer D. Martin Villar distinguido oatedr&tico 
de la Universidad de Zaragoza, en el curioso prólogo que an - 
tecede k la reimpresión del Cancionero de Urrea en la Biblioteca 
de Escritores Aragoneses. 



GCLXVIII LT|lIGOS CASTELLANOS 

las eras los de Litsgo con agua de Alara, y, usando más 
de su fortaleza que de la razón, D. Pedro de Urrea, 
señor de Trasmoz, hizo una compañía de gente y la 
envió armada á Litago, para que ofendiesen á los 
que encontrasen; los cuales hirieron cinco de nuestros 
vasallos que no pudieron guardarse de aquella tan in- 
tempestiva resolución: formaron éstos queja al Monas- 
terio, y temiendo no hiciese algún estrago el de Tras- 
moz, se hizo levantamiento de hasta quinientos hom-' 
bres por nuestra parte, para resistir al dicho D. Peidro 
de Urrea y defender nuestro lugar. . 

«Estando en esta disposición las materias, vino por 
parte del reyno á componerlas y asentar treguas el Viz- 
conde de Biota, diputado de Kobles, y las asentó por 
seis meses, y aunque vinieron en ello las dos partes, 
las quebrantó el dé Trasmoz, enviando su gente á Li- 
tago una noche, y, entrando en la casa de Juan Jaime, 
mataron un hijo de dicha casa, é hirieron á otro, el cual 
se les fué de entre las manos, y por temor de su aviso 
se volvieron á su lugar los agresores. 

»E1 Monasterio, viendo tal alevosía y que con sus 
fuerzas no lo podía remediar por ser hombre temerario 
el de Trasmoz, ordenó volverse á Dios, nuestro Señor, 
y maldecir aquella perversa gente públicamente en la 
iglesia, cantando el salmo de la maldición... 

»necha esta diligencia se dio noticia á S. M., y vien- 
do que tardaba el remedio y que D. Pedro de Urrea 
siempre proseguía en sus temeridades, se tomó iresoln-- 
ción de valemos del patrimonio del Sr. D. Alonso de 
Aragón, Conde de Eibagorza y señor de Pedrbla, para 
lo cual fué allá el Sr. Abad (lo era D. Fr. Pedro Ximé- 
nez de Embún) y le representó lo sucedido y el temor 



PRÓLOGO C€LX[X 

<ie lo qu^ había de suceder; y obligado este caballero, 
ofreció su vida y estado en defensa de tan justa queja: 
para lo cual despachó á Pedro de Erla, ciudadano de 
Borja, con cartas suyas al de Trasmoz, significándole 
estabs^n el Monasterio y todos sus lugares y vasallos 
debajo su protección, y que defendería con su estado y 
vida todas las vejaciones que les fuesen hechas. Escri- 
bió á más de esto á todos nuestros lugares para ani-' 
marlos, que á la verdad tenían hartos liobresaltos. 

»Los efectos de esta carta fueron el enviar á Anón 
quinientos hombres armados, acaso porque eran de 
nuestra parte, y les talaron las viñas porque habían 
regado con el agua sobrada, y Anón, viéndose agravia- 
do, se valió de nuestros vasallos y de los de Torrellas j 
y Los Fayos y Santa Cruz, y en despique talaron todo 
cuanto hab{a en Ips términos de Trasmoz... . 

»A 13 de Diciembre del mismo año vino á visitar al 
Sr. Abad y Convento el Sr. D. Alonso de Aragón, el 
cual hizo nuevos ofrecimientos en defensa del Monas- 
terio y Lugares, tomando por su cuenta los agravios 
hechos y los que se podían hacer; de lo cual, teniendo 
noticia el de Trasmoz, se fué á Epila, y dio cuenta al 
Conde de Aranda, el cual juntó todos sus deudos... 
Juntaron éstos 2.000 infantes y 250 de á caballo, los 
cuales, puestos en orden y gobernándolos el de Tras- 
moz, tomaron el camino de Pedrola á 1 9 de Febrero 
del año 1512, y luego que llegaron á una casa de re- 
creo que tienen los señores de dicha villa, cortaron dos 
pinos é hicieron fuegl para guisar la comida. 

»Dieron noticia del caso á nuestro D. Alonso, el cual 
envió un criado á saber qué es lo que buscaba aquella 
gente; el cual, llegando y preguntando quién era el ca- 



GGLXX LÍRICOS CASTELLANOS 

pitan para darle la embajada, respondió D. Pedro de 
Urrea: Dedd que soy yo que tomo satisfacción de la tala 
que, los de Añón^ Torrellas y Abadiado de Veruda hi- 
cieron en mi lugar de Trasmoz; y con esto se fueron. 

» Ofendido el Conde D. Alonso de este agravio junta 
su gente, al cual favoreció I). Francisco de Luna, Con> 
de de Kicla y señor de Muel y Villafeliz, y se juntaron 
3.000 infantes y 450 caballos, de los cuales estaban 
por Veruela 330 hombres armados y 1 6 caballos: los 120^ 
envió Anón, y los otros fueron vasallos del Convento. 

»Con esta prevención salió de Pedrola el Conde 
D. Alonso á 4 de Julio de 1512, y á título de haber 
quebrantado las paces y treguas el de Aranda, se fué 
á Epila á desafiarlo, y pasando por Lumpiaque, lugar 
de dicho Conde de Aranda, dieron sobre él y lo derro- 
taron : desde allí pasó á la fuente de Epila, y le envió 
un trompeta con recado de desafío, al cual respondió 
el de Aranda que no estaba dispuesto para salir, con 
lo cual se hubo de volver á Pedrola; pero D. Francis- 
co de Luna, que estaba en Calatorao con un trozo de 
gente, viendo que no había salido, por despicarse que- 
mó el lugar de Luceni y derrotó á Salillas, ambos lu- 
gares del de Aranda, y dio la vuelta con el resto de 
gente á Pedrola. 

^No quedó satisfecho con esto nuestro D. Alo^iso, y 
así estaba esperando que se previniese para batalla el 
Conde de Aranda, y habiendo aguardado hasta 8 de 
Julio, salió segunda vez y se puso entre Pedrola y 
Lumpiaque, desde donde con un trompeta envió se- 
gundo desafío al de Aranda, el cual respondió eritaba 
indispuesto, y con esta respuesta se volvió á su villa 
de Pedrola. 



PRÓLOGO GGLXXI 

.:»Oorrian estas materias tan sangrientas, que faé ne- 
cesaria )a autoridad del Reyno segunda vez, y la del 
mismo Rey, con lo cual se sosegaron y despidieron la 
gente de guerra que cada uno tenia prevenida. 

«Llevaba nuestro D. Alonso de Aragón un estan- 
darte pequeño de damasco naranjado y morado, en el 
cual llevaba, de famosa bordadura, á la una parte la 
imagen de Nuestra Señora de Veruela, y á la otra al 
glorioso patriarca San Josef, con las armas de su real 
estirpe, el cual se puso colgado en Ja capilla mayor de 
la Iglesia, y hoy se conserva, y se debe conservar para 
perpetua memoria de tan generosa acción. 

3» Erigióle el Monasterio, en señal de agradecimiento^ 
á este esforzado caballero, un suntuoso sepulcro de ala< 
bastro blanco, para si y para toda su familia, en el cual 
están grabadas sus armas, y lo puso en el segunda 
arco del presbiterio, hacia la parte de la Epístola. > . 

A pesar de lo que dice el cisterciense, Fernando el 
Católico dio la razón á los de ürrea. Zurita, que de- 
dica un capítulo entero (X — 80) á la relación de esto» 
porfiados bandos, nos informa que se terminaron por 
sentencia del Rey Católico dada en Buengrado á 6 de 
Octubre de 1513, declarándose en ella que el Conde 
de Ribagorza había sido el quebrantador de la tregua,, 
por lo cual se le condenó á destierro de todo el reino de 
Aragón, y á resarcir los daños que había causado. 

Aquel mismo año apareció de molde en Logroño el 
Cancionero de las obras de D, Pedro Manuel de Urrea^ 
bien contra la voluntad de su autor (cuyos escrúpulos 
conocemos ya), y sólo por maternal solicitud de la 
Condesa de Aranda, á quien debemos, por tanto, la^ 
conservación de las obras de uno de los poetas máa 



GGLXXfl LÍRICOS CASTELLANOS 

personales y simpáticos de las postrimerías de lalSdad 
Media (1). Pero es cierto que él se resistió hasta el fin 
¿ la divulgación de sus versos, presumiendo más de 
caballero que de trovador : «Bien conozco á mi manera 
no ser conforme el trovar tanto en cantidad, sino en 
calidad, porque yo necesidad no tengo de hacerme 
nombrar por muchas coplas, porque no es cosa que se 
allegue á las cosas de galán, sino una copla ó un mot^^ 
un villancico , una canción para entre caballeros, ó 
cuando hombre mu^cho se alarga, un romance, y esto 
que sea tan bien dicho, que ande entre caballeros, por- 
que^ los caballeros han de hacer un mote ó una cosa 
breve, que se diga no hay más que ser. Y cierto la 
otra prolijidad no conviene; que yo más debria usar 
de la gala del Palacio que del Arte de la Poesía; pues 
que de todo junto muy pocos pueden usar. Después de 
haber acabado el Caucionero,., conocí su voluntad (la 
de su madre) estar deseosa de publicaí: mis bajas obras 



(1) Cancionero \ de las obr<¡8 de \ do Pedro Máu \ el de Urrea. 

Colof. tFué la presente obfa emprentada en la muy noble y 
muy\leal ciudad de Logroño á costa y espesas de Arnao Gui-jllen 
de Brocar maestro de la emprenta en la dicha ciudad. \ E se aca- 
•¿ó en alabanza de la Santissima Trinidad á siete di \ as del mes 
de Julio. Ano del nascimiéto de^ nuestro Señor \ Jesucristo Mil y 
quinientos y treze anos. > Folio, letra gótica, 49 hojas foliadas, á 
■dos y tres columnas. Hermosamente impreco, como cuadraba 
& la condición aristocrática del poeta. 

A personas entendidas en libros he oído asegurar que existe 
otra edición antigua de este Cancionero; pero yo nunca he visto 
más qué ésta, que es, poi^ cierto, de gran rareza, como la mayor 
parte de los libros de su clase. 

Ha sido reimpreso en Zaragoza, 1878, formando pai*te de la 
Biblioteca de Escritores Aragoneses que, con grande utilidad de 
las letras y de la historia, publica años hace la Diputación Pro* 
vincial de Zaragoza. Éste es el verdadero y útil regionaUsmo. 



PRÓLOGO GGLXXIlí 

^or el arte de la emprenta; y como á mi en esta oca- 
•;8Íón acaeciese un voluntario desastre de una obrecilla 
que di á 'la emprenta, que era el Credo glosado, el cual 
con una carta enderezó á la señora Doña Catalina mi 
hermana; y cierto, señora, la obra no tiene tantas le- 
tras, cuantas yo veces me he arrepentido, aunque por 
ser cosa de Dios me queda consuelo dello. Agora mi- 
rando que con aquello poco debo escarmentar lo.mu- 
^ho, no solamente á todos, pero á ninguno querría 
mostrar nada.» 

Hay en este Cancionero una parte considerable que 
es labor de imitación y, por tanto, de muy relativo mó- 
rito. El autor, como modesto aficionado que era, se 
creyó obligado á seguir las huellas de los trovadores 
castellanos que tenían más crédito, y malgastó gran 
parte de su ingenio en composiciones alegóricas y di- 
dácticas, como el Peligro del Mundo, las Fiestas de 
Amor, la Sepultura de Amor y el Testamento ^de amo- 
res. Tampoco tienen mucho espíritu poético las coplas 
contra la seta de Mahometo, y, en general, todos sus 
versos á lo divino, tales como el Credo glosado y la tra- 
ducción del Stahat Mater, Son más bien ejercicios de 
piedad que de literatura, y lo que principalmente res- 
plandece en ellos es la robusta fe del poeta : 

Pues basta sola la fe 
Que tuve, tengo y tendré : 
Si mis días mal obraron, 
Como sombras se pasaron, 
Yo, como flor, me soqué. 

Pero lo que da originalidad y positivo valor al Can- 
-dañero de TJrrea son las poesías, casi familiares, pero 
-en el más noble sentido de la expresión, en que se 

Tomo VIT, 18 



CGLXXIV LÍRICOS CASTELLANOS 

deja llevar de la espontaneidad de su genio, y nos» 
maestra sin disfraz ni retórica sa alma entera, sencilla 
y buena, desinteresada y noble. Entonces es un poeta- 
natural, aunque nunca llegue á ser un gran poeta- 
Pero es tan raro encontrar en la fastidiosa y contrahe- 
cha lírica del siglo xv, en aquel erial de sentimientos- 
falsos y de frases hechas, en aquella hueca gimnasia 
de rimas, algún acento que brote del alma, que sólo- 
por haber reintegrado algunas, veces los derechos de- 
la verdad humana, es Urréa merecedor de grande es— 
tima. Ya hemos tenido ocasión de citar las mejores- 
entre estas composiciones, porque son páginas de la- 
vida moral de su autor : los versos á su mujer, los dei 
pleito de su hermano, los de la vida de la aldea, y aun- 
pueden añadirse otros, por ejemplo, las graves y sen- 
tenciosas coplas que dedicó á su madre con motivo"" del 
incendio de su castillo : 

Qae los pintados palacios 
Do est& la delectación, 
Do todos vicios despiertan... 
También les vendrá sazón 
Que en no nada se conviertan. 
• Que todo acaba en tristura : 

¡Qué placeres y dolores 
En pintados corredores! 
¿Qué se hará aquella pintura? 
¿Qué ha sido de los pintores? 

Por haber herido diestra y gentilmente esta cuer- 
da del sentimiento humano, D. Pedro de Urrea sus- 
cita desde luego el recuerdo de Jorge Manrique, pero 
es claro que la comparación tiene que serle desfavora^ 
ble. Urrea es poeta á largos intervalos, escribe con di- 



PRÓLOGO GCLXXV 

fusión y desaliño, no tiene el instinto de la forma períec» 
ta: ninguna de sus composiciones largas está inmune de 
caídas y prosaísmos; y carece, además, de la profunda 
melancolía, del inefable hechizo lírico que tienen las 
coplas del que bien podemos llamar su maestro. 

Lo fué también Juan del Enzina en otros géneros 
de poesía ligera, y es evidente que Urrea \p imita, no 
fiólo en sus disparates (que bien pudo haber puesto á 
un lado), sino en sus canciones, en sus villancicos y 
aun en sus romances. Estos son nueve, y á excepción 
de uno de asunto histórico (sobre la muerte del Condes- 
table de Navarra)^ todos pertenecen al género erótico- 
sentimental, según estilo de trovadores. Pero uno de 
ellos se abre con una introducción deliciosa (hasta por 
la mezcla de algún rasgo realista), introduccción que 
tienp todo el sabor del buen lirismo popular, que cuan- 
do describe lo hace de un modo rápido é intenso : 

En el placiente verano, 
Do 6on los días mayores, » i 

Acabaron mis placeres. 
Comenzaron mis dolores. 
Cuando la tierra da yerba, 

Y los árboles dan flores ; 
Cuando aves hacen nidos 

Y cantan los ruiseñores-, 
Cuando en la mar sosegada 
Entran los navegadores ; 
Cuando los lirios y rosas 
Nos dan los buenos olores ; 

Y cuaiido toda la gente 
Ocupados de calores 
Van aliviando la ropa 

Y buscando los frescores; 
Do son las mejores horas. 
Las noches y los albores. 



GGLXXVI LÍRICOS CASTELLANOS 

En este tiempo que digo 
Comenzaron mis amores... «, 

Los villancicos son lo más selecto del Cancionero de 
IJrrea. El poeta aragonés, qne era á la par músico, pa- 
rece haberles tenido especial predilección, y no sólo 
los multiplicó sin medida, sino qué hizo de ellos espe- 
cial ramillete para obsequiar á su hermana^ Doña Bea- 
triz, condesa de Fuentes. «Como se cantan (dice) pa- 
»rece que llevan consigo más placer y bullicio que nin- 
»guna de las otras obras. » Lo^ hay exquisitos.de gracia 
y soltura : la mayor parte son amatorios : alguno frisa 
. con lo picaresco, como el de las viudas de Zaragoza (1). 
Pero el más digno de citarse, por haber dado motivo á 
una célebre imitación, es el que principia 

Ayer vino un caballero 
Mi madre á m* enamorar : 
No lo puedo yo olvidar. 

Soy del servida y amada, 
É! es de mí muy amado, 
•w • Tan cortés y bien criado 

Que me tiene sojuzgada. 
Juró en la cruz de su espada 
Nunca jamás me dejar ; 
No lo puedo yo olvidar. 

Su vista ya me consuela 
Tanto cuanto me consuelo... 
Que viene con su vihuela 



(1) Madre, cuando enviudaré, 

A Zaragoza me iré. 

Allí las viudas holgadas, 
Mucho más que las casadas, 
Allí son muy visitadas 
De los que les tieneu fe-- 

Viuda huelga en Zaragoza 
Más que casada ni moza, 
Cada cual dellas retoza 
Oon mil cosillas que sé... 



PUÓLOUO GCI.XXV{I 

Cada noche aquí á cantar : 
No lo puedo yo olvidar. 

Es sabida que nuestro insigne bibliógrafo D. Bar- 
tolomé Gallardo, que sin presumir de poeta hizo á ve- 
ces apreciables versos, hábil remedo de lo mejor que 
en los libros antiguos encontraba, tuvo la suerte de 
acertar un día á componer una primorosa canción r<h 
mántica que tituló Blanca-flor, la cual no podrá sin 
injusticia ser omitida en ninguna colección selecta de 
nuestrq Parnaso. Pues bien, la planta (como diría Ga- 
llardo) de esta composición, ó á lo menos la primera 
idea de ella está tomada del citado villancico de Urrea, 
aunque el autor moderno le mejorase mucho : 

Yo me levantara un día 
Cuando canta el ruiseñor, 
EL mes era de las flores, 
Á regar las del balcón. 
^ Un caballero pasara, 
Y me dijo : «Blanca Flor», 
y de par en par abrila 
Las puertas del corazón. 



Otro día, á U alborada. 
Me cantara esta canción : 
«¿Dónde estás'la blanca niña, 
Blanco de mi corazón?» 
En laúd con cuerdas de oro, 
Y de regalado son, 
Que de par en par abrióme 
Las puertas del corazón.,. 



Hay finalmente en el Cancionero de Urrea, y no es 
la menor curiosidad de él, una versificación del primer 
acto de la Celestina^ tan fiel, tan ceñida al texto, que no 
discrepa de él en lo más mínimo, siendo una de las 



CCLXxviii líricos castellanos 

más relevantes pruebas, tanto de la popularidad, que 
ya lograba aquel insigne monumento de nuestra lite- 
ratura dramática, como de la rara pericia y destreza 
de versiñcador que tenia Urrea. Del encabezamiento 
de esta pieza, que lleva el título de égloga^ introducido 
por Juan del Enzina, se deduce que fué escrita para 
ser representada en dos veces, es decir, dividida en dos 
escenas ó pequeños actos (1). 



(1) Égloga de la Tragicomedia de Calixto y Melibea^ de prosa 
trovada en metrot por D, Pedro de UrreOt dirigida á la Condesa 
de Arando^ su madre. 

«Esta Égloga ha de ser hecha en dos veces : primeraxnente 
> entra Melibea, y Inego después Calixto, y pasan alU las raso- 
>ne8 qué aqui parecen ; y al cabo despide Melibea & Calixto 
»con enojo, y sálese él primero, y después luego se va Melibea, 
>y torna presto Calixto muy desesperado á buscar ¿ Sempronio 
>8U criado ; y los dos quedan hablando hasta que Sempronio 
» va á buscar á Celestina para dar remedio á su amo Calixto. 
>Y allí acaba : y por no quedar mal, vanse cantando el villau- 
>cico que está al cabo.» 

Hubo otros que intentaron dar forma poética á la Celestina, 
En el Registrum de D. Femando Colón se menciona una Farsa 
en coplas sobre la comedia de Calixto y Melibea, por Lope Ortiz 
de Stúñiga. Inc. 

Hi de sam, y qué floresta 
Y qué floridos pradales... 

Yo poseo un pliego suelto gótico que contiene un compendio 
«n verso de toda la famosa tragicomedia con este título : 

Romance nueuaméte hecho de Calisto y Melibea g. trata de to- 
'dos sus amores y de las desairadas muertes suyas y de la muerte 
de aquella desastrada mujer Celestina, intercessora en sus amores. 
Está en forma de relación de ciego y principia asi : 

Un caso muy señalado 
Quiero, señores, contar. 
Como se iba Calisto 
Fara la caza cazar : 
En huertas de Melibea 
Una garza vido estar... ^ 

El grabado que precede á las coplas está también en la Celes^ 



PRÓLOGO GGLXXIX 

No hemos visto más obra de D. Pedro de Urrea que 
su Cancionero; pero Brunet cita una Penitencia de 
amor (probablemente en verso), impresa en Burgos 
'en 1514, á la cual siguen diversas composiciones poé- 
ticas (1). ¿Será ésta una segunda edición ó un suple- 
mento del Cancionero? En el primitivo índice de la In- 
quisición se registra como prohibida otra obra de nues- 
tro autor Peregrinación á Iherusalem (Burgos, 1523). 
Es de suponer que Urrea hiciese en persona la pere- 
^inación que describe, del mismo modo que Juan del 
J]nzina hizo su Trivagia antes de narrarla. 

No se sabe la fecha precisa de la muerte de nuestro 
poeta, pero seguramente fué anterior á 1536, puesto 
-que en 17 de Noviembre de dicho año otorgó testa- 
mento su viuda Doña María de Sessé. 

Breve fué la vida de D. Pedro de Urrea, pero de 
ningún modo estéril, ni para la gloria de su linaje ni 
para la de las letras. Modestamente se contentaba eon 
que su Cancionero fuese una esperanza de ser algOy pero 
en verdad fué mucho más que eso, puesto que en él se 
manifestó y afirmó por vez primera el genio poético 
aragonés con algunos de sus esenciales caracteres. La 



4ina de Sevilla 1502, lo oual paede servir para fijar aproximada- 
mente la fecha de este pliego, qae está encuadernado con la 
Éffloga de Oristino y Febea, con el Romance de Gaiferos, etc., 
todos del mismo aspesto tipográfico. 

Finalmente, existe la Tragicomedia de Calixto y Melibea : 
nueuamente trabada y sacada de prosa en metro cistellano, por 
Juan Sedeño, vezino y natural de Arévalo (Salamanca, 1540), toda 
-en versos octosílabos. Barísimo libro. 

(1) Penitencia de amor copuesta por don Pedro de Urrea,,. 
Fué la presente obra emprétada en Burgos, á costa y espensas de 
Fadrique alemán de Basilea... a vliij dios del mes de Junio, año de,„ 
mili y quintetos y quatorze años. 4.^ gót., 8S hs. 



GGLXXX LÍIUGOS CASTELLANOS 

patria de Marcial y de Prudencio no había tenido voz: 
hasta entonces en el coro de las literaturas vulgares. 
La tuvo por primera vez con Urrea, que por la espon- 
tánea gravedad moral sin mezcla de dogmatismo pe- 
dantesco, por la rectitud de sus propósitos, por la 
franca y sana alegría, por la constante y honrada lla- 
neza de su estilo, por el predominio de la razón sobre 
la íantasia, fué digno intérprete del sentir y del que- 
rer de su pueblo, en la brillante corte literaria de lo»- 
Reyes Católicos. 

M. Mekendez t Pelato. 



JÜM DEL MZm 



IMITACIÓN DE LAS ÉGLOGAS DE VIRGILIO 



/ 



A LOS MUY ESCLARECIDOS 

Y SIEMPRE VITORIOSOS PRINCIPES 

DON HERNUNDO E DOÑA ISABEL 



C^omlen^a el prólogo de la translación 
de las «Bucólicas» de l^lrglllo por Juan 
del Enzlna. 

La grandeza de vuestras hazañas, digfnas de inmortali- 
dad, muy altos e muy poderosos reyes, despierta las len- 
guas de los dormidos corazones e no dexa tener sufri- 
miento para que puedan callar avn los que hablar no sa- 
ben; mas ¿quién será tan digno, por mucho saber que 
alcance, que deue tener confianza en su ingenio para 
dignamente llegar á contar el menor quilate de las exce- 
lencias de vuestra real majestad? Quanto más yo, que aun 
agora soy nueuo en las armas é muy flaco para nauegar 
por el gran mar de vuestras alabanzas? ¡O inuitíssimos 
príncipes! ¿quién supiese recontar las Vitorias e triunfos 
que en los reynos, por vuestra mano conquistados, hauéys 
recebido; (fue no solamente el reino de Granada, más 
avn, el vuestro de Castilla, casi todo ganastes con fuerza 
de armas, queriendo Dios ayudaros? e avnque aquesto 
Bgora nos parece mucho, es cierto después nos parecerá 
casi nada en comparación de las victorias que os están 
guardadas. ¿Pues qué diré de vuestra poderosa justicia, e 
«on quánta paz e sosiego vuestros reynos son regidos, ha- 



4 líricos castellanos 

liando como los hallastes tan estragado?, que, según el 
gran daño que en ellos estaua, no se espera ua remedio, e,. 
sobre todo nuestra fe, que ya estaua puesta en despeña- 
dero donde muchos deslizauan. Vosotros, cristianísimos 
reyes, la restaurastes y esclarecistes, que quiso Dios esco- 
geros para remedio <ie tantos males. Vosotros sois la cum- 
bre de todos los príncipes é reyes á donde la fe e la jus- 
ticia se conoce bien quien son, á donde la munificencia 
tiene su^ fuerzas enteras, soys la mesma libertad en las co- 
sas que lícitamente podéis usar della; no sé para qué me 
pongo en alabaros, pues entrar por este camino es querer 
agotar el mar, ni mi saber da lugar para ello. Mas como 
el desseo de seruir á vuestra alteza >sea mayor que el temor 
de descubrir mis defetos, avnque grandes, no quiero es- 
cusarme de salir á barrera y ensayarme primero en algún 
baxo estillo, más alto si en ello mostráis seruiros. E por- 
que mi desseo consiga effeto más concertado, acordé dedi' 
caros las Bucólicas de Virgilio, que es la primera de sus- 
obras, adonde habla de pastores, siguiendo, como dize el 
Donato, la orden de los mortales, cuyo exercicio primera- 
mente fué guardar ganados, manteniéndose de frutas sil- 
uestres; é después siguióle la agricultura, é andando má» ' 
el tiempo nacieron batallas. Y en esta manera el estilo del 
gran Homero mantuano en sus tres obras principales pro-^ 
cedió. De las quales, por agora, para entrada y prelu- 
dio de mi propósito, estas Bucólicas quise trasladar, tro- 
badas en estillo pastoril, aplicándolas á los muy loable% 
fechos de vuestro reynar, según parece en el argumenta 
de cada vna. E dexadas otras muchas razones que á ella 
me mouieron, parecióme ser deuda muy conocida általes 
príticipes é reyes, que tan gran primado y excelencia tie- 
nen sobre todos los otros, se ouiesse de consagrar é diri- 
gir obra de tan gran poeta, á quien el nuestro Quintiliana . 
da la palma entre los latinos, y esso mesmo Macrobio e- 
Seruio e todos los que se pusieren á cotejar los estilos- 



JUAN DEL ENZINA 5 

poéticos. E assí coma haziendo mención de poeta sin aña- 
dir otro nombre, entendemos de Virgilio por excelencia, 
assí es mucha razón que haziendo mención de reyes, por 
s^xcelencia entendamos de vuestra real corona. ¿Quién ouo 
que tan gran magostad de palabras alcangasse como Virgi- 
lio? ¿Qué sentencia ó que seta de fílósofos ouo que él no 
<;omprendiesse? No sin mérito, dize Cicerón auerle llama- 
do segunda esperanza de Roma cuando en su mocedad pro 
nunciaua ciertos versos en el teatro romano. No tengáis 
por mal, magnánimos príncipes, en dedicaros obras de 
pastores, pues que no ay nombre más conuenible al es- 
tado-real, del qual nuestro Redentor, que es el verdadero 
rey de los reyes, se precia mucho, según parece en mu- 
chos lugares de la Sagrada Escritura. E las alabanzas de 
la vida pastoril, no sólo Virgilio é otros poetas, más avn 
Plinio, grauíssimo autor, las pon^ en el décimo otauo libro 
de la natural hystoria, hablando muy largamente de la vida 
rústica e no menos de agricultura; e testigo es Catón el 
mayor en el libro De rebus rusticis, adonde dize que cuan- 
do antiguamente alabauan algún hombre, llamáuanle buen 
laborador. E avn los poetas é hombres doctos desseauan 
lugares apartados, assí como bosques e montes e otras 
siluas'e arboledas, e con este desseo dezía Virgilio : O qui 
me sütat in vallibus Hemi. Mas tornando en mí quiero saber 
quién me traxo en tan gran cuydado, que á reyes tan ex- 
celentes mi pluma osasse llenar nueuas de mi desseo; que 
no soy digno para ponerme en aplicar esta obra á vuestros 
tan altos primores. ¡O, quántas vezes me paro á pensar, 
de^sconfíando de mi ingenio, quién me puso en este traba- 
jo, auiendo otros muchos que muy mejor que yo lo pu- 
* dieran tomar! Mas consuéleme con aquello que dize Tulío 
en el libro De perfecto oratore á Marco Bruto, diciendo que 
^ninguno deue desesperar de trabajar on las letras, e si no 
pudiere llegar al más alto escalón, llegará al segundo ó 
tercero ó quarto; que en tiempo de Homero fueron otros, 



6 LÍRICOS GASTfil.LANOS 

avnque no tan notables, y esso mesmo quando Archiloeo 
e Sófocles e Píndaro florescleron, no faltaron otros que es' 
criuiessen, avnque no pudieron bolar tan alto, que ni el 
gran estilo de Platón espantó á Aristóteles, ni el mesmO'- 
Aristóteles e otros muchos sin cuento, ni Demóstenes, que* 
fué el más excellente orador de Grecia, espantó á otros al- 
gunos de su tiempo, e no solamente fué esto en las artes ex- 
celentes, más avn entre los maestros de otras obras, según 
parece en los pintores que avñ no pudieron imitar la her- 
mosura de vna ymagen que estaua en Rodas, ni ]a de Yenu» 
que estaua en la insola Coo, ni la de Júpiter Olímpico, no 
por esso dexaron de pintar. É assí yo, aunque mi obra no 
merezca ser muy alabada en perfección, á lo menos no de- 
xaré de tentar vados para ver si podré alcanzar algún poca 
de loor con esfuerzo de aquellas palabras que Virgilio 
dice : Tentanda via est qua me quogue possim toüere humo, 
victorgue virum volitare per ora. E muchas dificultades 
hallo en la tradución de aquesta obra por el gran defeta 
de vocablos que ay en la lengua castellana en compara- 
ción de la latina, de donde se causa en muchos lugares' 
no poderles dar la propia significación, quanto más que 
por razón del metro e consonantes será forjado algunas 
vezes de impropiar las palabras e acrecentar ó menguar, 
según fiziere á mi caso, e avn muchas razones aura que 
no se puedan traer al propósito; mas aquellas tales, según 
dice Seruio, auémoslas de tomar como razones pastoriles, 
assí simplemente dichas; e si fuese necesario vsar de* 
aquello que vsan los eclesiásticos, diziendo vn psalmo por 
vn solo verso que haze al caso de la fiesta. Mas en quanta 
yo pudiere e mi saber alcanzare, siempre procuraré se- 
guir la letra, aplicándola á vuestras más que reales perso- 
nas y enderezando parte dello al nuestro muy esclarecido 
príncipe D. Juan, vuestro bienauenturado hijo. E atribu- 
yendo cada cosa al que mejor se pudiere atribuyr. E 
avnque en los más de los lagares no hable sino de vno, 



JUAN DEL ENZINA 7 

será por más verdaderamente seguir al poeta, e porque^ 
son vuestras virtudes y excelencias tan pareadas e pues- 
tas en vnidad, que no se pueden tocar las del vno sin que 
suenen las del otro. E pues el grandíssimo desseo de seruir 
á vuestra alteza me puso en este cuydado, con aquella 
humildad e acatamiento que deuo, suplico á vuestra real 
magestad quiera recibir este pequeño presente de su sier- 
uo con aquellas manos triunphales e bulto sereno con 
que yllustra toda la monarchía de España e modera e rige 
la occidental región, e con que combida á su amistad, na 
solamente á los príncipes de la religión cristiana, mas 
avn á gran parte de la barbárica gente. 



Al MUY ESCLARECIDO 

Y BIEJÍAÜENTÜRADO PRÍNCIPE DON JUAN 



Comienza el prólog^o en la traslación de 
; las «Bucólicas» de Vlrg^ilio por Juan del 
Envina. 

Suelen aquellos que dqin obra á las letras, príncipe 
muy excelente, esperimentar sus ingenios en trasladar li- 
bros e autores griegos en lengua latina, e assí mesmo los 
hombres de nuestra nación procuran tomar experimento 
de su estudio, boluendp libros del latín en nuestra lengua 
castellana. Y no solaikíente los hombres de mediano saber, 
mas avn entre otros varones muy doctos no rehusó aqueste 
ejercicio Tulio, puesto en la cumbre de todos los ingenios, 
que boluió á la lengua latina muchas obras griegas ya 
perdiclas por negligencia de nuestros antecessores, princi- 
palmente aquellas muy altas oraciones de Esquines e Dé- 
mostenos, cuyo argumento parece; las quales nuevamente 
tirasladó Leonardo Aretino poco tiempo ha e la Ethica de 
Aristóteles que agora se lee, e otros libros de Platón e avn 
entre los santos doctores no dio pequeña gloria á San 
Hieronymo la interpretación é tradución de la Biblia; y 
en este trabajo se ocuparon^ Aquí la é Symaco, teodoción, 
Orígenes y Eusebio. E de los modernos, no solamente Leo- 
nardo e Filelpho se pusieron á trasladar de vna lengua en 
otra, mas también otros muchos gastaron parte de su tiem- 
po en semejantes exercicios, dedicando sus obras á quien 
Tomo VII. 19 



40 LÍRICOS CASTELLANOS 

SU desseo les aconsejaua. E como quiera que yo sea tan des- 
seoso del servicio de vuestra alteza como el que más, con 
aquella fee que á vuestros claríssímos padres, procurando 
mostrar algo de mi desseo, en las Bucólicas de Virgilio 
metí la pluma, temblando, con mucha razón, viendo el 
valer de vuestro gran merecimiento, e amonestado por 
Orado en el arte de poesía, donde dize los escriptores 
hauer de elegir materias yguales á las fuergas de sus in- 
genios. 

O bienauenturado príncipe; esperanza de las Españas; 
espejo e claridad de tantos rey nos e do otros muchos más 
merecedor, e quién será tan fuera de sentido, que qnanto 
más piense que sabe, tanto más no tema de escriuir obra 
de vuestro nombre? No con poco temor mili vezes boluiera 
las riendas si no me atajara Marcial, que en sus epigramas 
e título de baxas obras y entre sus procaces é desuer-^ 
gonzadas palabras entretexiera el noríibre áe Domiciano^ 
el más soberuio e vanaglorioso de todos los emperadores 
romanos. El qual pestífero vicio está muy alongado de la 
real magostad de vuestros padres e vuestra. 

Assí que con este esfuerzo, mi verdadero desseo é vues- 
tras muy claras virtudes me dieron atreuimíento para di- 
rigir e consagrar estas Bucólicas á nuestros muy poderosos 
reyes e aplicaros parte dellas. Porque creo que en vuestra 
tierna niñez os auréys exercitado en las obras de aqueste 
poeta, e porque fauorecéys tanto la sciencia andando 
acompañado de tantos e tan doctíssimos varones, que no 
menos dexaréys perdurable memoria de auer alargado y 
estendido los límites y terminas de la sciencia que los del 
imperio; mas por no engendrar fastidio á los lectores des- 
ta obra, acordé de la trobar en diuersos géneros de metro 
y en estilo rústico, por consonar con el poeta, que intro- 
duze personas pastoriles. Aunque debaxo de aquella cor- 
teza e rústica simplicidad puso sentencias muy altas e ale- 
góricos sentidos, y en esta obra se mostró no menos gra- 



JUAN DEL ENZIKA 11 



cioso que docto en la Geórgica e graue en la Eneyda. E no 
en poca estimación era tenida la vida rústica antiguamen- 
te, que de allí nacían e se engendrauan los varones e ca- 
pitanes fortíssimos, según dize Catón el Censorio en su 11- 
bro de agricultura; e aquesta fué la que dio nombre á las 
familias de los sabios Pisones, Cicerones e Léntulos, y eii 
este exercicio estaua ocupado Cincinato quando lo denun - 
ciaron de parte del Senado romano ser criado dictador; e 
aquesta agricultura sustentaua á Marco Régulo, cuyo ma- 
yordomo muerto quiso dexar la capitanía e hueste que en 
África gobernaua para venir á labrar sus tierras; mas el 
Senado e pueblo romano no ouo vergüenza de ser su ma- 
yordomo e labrarle las tierras. ¿Pues qué diré de aquel 
primer justo Abel, que guardando estaua ganado quando 
su hermano le mató? E Noé labrador era; e Abrahan e Isaac 
e Jacob con sus doce hijos pastores fueron; e Moysés en 
su vida pastoril estaua metido cuando vio aquella visión 
de la ^arga; » Dauid, siendo pastor e andando con sus ga- 
nados, exercitaua las fuergas matando ossos e leones e otros 
fieros animales, e de allí fué vngido por rey, del qual dixo 
Dios Inueni virum secundum cor meum. Y todos los más de 
los patriarcas e profetas beuieron en semejantes vidas. Ni 
t unieron por mal muchos grandes filósofos oradores e poe- 
tas escriuir de pastores e ornamento del campo; mas dexa- 
dos agora todos los otros, assí griegos como latinos, que en 
esta facultad escriuierón libros que á nuestras manos no han 
venido, yo hallo aquel Marco Varrón, á quien Sancto Agus- 
tino, en el tercero de La Cibdad de Dios llama el más enso- 
ñado de los romanos, auer escrito d'aqueste rústico exer- 
cicio, siendo de ochenta años, assí como él confíessa en el 
prohemio de vna obra que compuso, enseñando á su mu- 
ger cómo labrasse vna heredad que auía mercado, e tam- 
bién Tulio en el De Senactute faze mención de las alaban- 
gas de la rústica vida, e no menos Paladio ocupó su plu 
ma en semejante estilo; e assí mismo Plinio e Columela es- 



42 LÍRICOS CASTELLANOS 

criuieron largamente de agricultura, e, según ellos dizen, 
mochos culpan agora á la tierra, porque no dé tanto fruto 
como en otro tiempo, e dize que lo causa estar ya cansada 
de engendrar; mas estos dos claros varones dañan la tal 
opinión, e afirman ser la causa porque agora las hereda- 
des e tierras son labradas por manos de sieruos e hom- 
bres viles e de baxa suerte, e no dan tanto fruto como 
cuando las labraban aquellas manos que regían las rien- 
das de los carros triunphales; porque entonces, con aquel 
cuydado e diligencia que tratauan las guerras, con aquel 
labrauan el campo, e de aquí dauan las coronas cínicas mu- 
rales e obsidionales gran ornamento de la milicia, e aquí 
mandauan las leyes de Licurgo que se criasen los hijos de 
los espartanos fasta que fuessen para tomar las armas. E 
pues tan excelentes cosas se siguieron del campo e tan gran- 
des hombres amaron la agricultura e vida rdstica y escriuie- 
ron de ella, no deue ser despreciada mi obra por ser es- 
crita en estilo pastoril, e no dudo que mi trabajo sea iré 
prehendido de muchos por auerme puesto á trasladar con 
mi poco saber obra de tan gran poeta, mayormente atre- 
uiéndome á dedicarlo á los más altos principes del mun- 
do; mas los que maliciosos no fueren, no la obra, sino la 
voluntad e desseo deue juzgar, e consuéleme con esto que 
avn á Sant Hierónymo, en quien ninguna causa de re 
prehensión auía, no faltaron maldizientes y embidíosos 
que le reprendiessen, según él se quexa en diversos luga- 
res; ni menos careció Virgilio de quien le motejasse, e avn, 
según dize Quintiliano, no se pudo defender Cicerón, en 
cuyo ingenio las virtudes oratorias e retóricas se encerra- 
ron sin que detratores le tocassen. Mas si vuestra alteza 
mi baxo seruicio manda recibir por suyo, lo cual le su- 
plico con el temor e vergüenza que á príncipe tan escla- 
recido se deue, podrán muy poco dañarme quantos mal- 
dizientes biuen. 



ÉGLOGA PBIMEBA 



Aquí comienzan las Bucólicas de Virgilio, repartidas en 
diez églogas, bueltas del latín en nuestra lengus^ e troba- 
das en estilo pastoril por Juan del Enzina : dirigidas á los 
muy poderosos e cristianísimos reyes D. Fernando e Doña 
Isabel, principes de las Españas, reyes naturales y se- 
ñores nuestros, señores de las ynsulas de nuestro mar, 
etcétera. Van esso mismo algunas de las dedicadas al muy 
esclarecido y hienauenturado príncipe D. Juan, y en esta 
primera égloga se introduzen dos pastores, razonándose 
el vno con el otro como, que acaso se encontraron *. vno 
llamado Melibeo, que habla en persona de los cavalle- 
ros q ue fueron despojados de sus haziendas por ser re- 
beldes, conjurando con el rey de Portugal que de. Cas- 
tilla fué al gado e con él anduvieron amontados e corri- 
dos, perseuerando en su contumacia. Y el otro pastor, que 
Tytiro fué llamado, habla en nombre de los que en arre- 
pentimiento vinieron y fueron restituydos en sü prime- 
ro estado e ya tocando el tiempo que reynó el señor rey 
D. Enrrique quarto, comenzando su reynar con tanto ri- 
gor de justicia, que no -menos de temido que de pode- 
roso pudiera ser alabado; mas en el fin, atauiando su 
poder y afloxando su justicia, dio lugar á que los corazo- 
nes de sus súditos á vanderas desplegadas, vicios e ro- 
bos, se apoderassen, para cuyo remedio tan cathólico3 e 
tan excelentes príncipes Dios por su misericordia nos qui- 
so dar, e agora Tytiro por más lastimar á Melibeo, que era 
del vando contrario, muestra á quánta mejoría e excelen- 



44 LÍRICOS CASTELLANOS 

oía lleua la realeza deste nuestro muy victorioso rey á la 
de todos los otros, doliéndose porque tarde vino en el 
verdadero conocimiento e marauillándose en persona del 
poeta cómo tuuo atreuimiento para escriuir hazañas de tan 
alto príncipe, e dando gracias por las mercedes recebidas. 



Tptire tu paháe reeuboM sub tegminefagU efe. 

Melibeo. 

jTy tiro, quán sin cuydado 
Que te estás so aquesta haya, 
Bien tendido e rrellanado! 
Yo triste descarriado 
Ya no sé por do me vaya. 

;AyI Carillo, 
Tañes tú tu caramillo: 
No hay quien cordojo te traya. 

Yo lazerado, abcrrido, 
He dexado ya mi tierra; 
Ando acossado e huydo, 
Y tú estáste aquí tendido 
A sabor por esta tierra 

Canticando, 
Por las siluas retumbando; 
No tienes quien te dé guerra. 

Cantas dos mil cantilenas 
De Amarilis, tu adamada, 
Deslindándole tus penas, 
Tus prisiones é cadenas; 
Tienes la bien canticada 



JUAlr DEL EIVZINÁ 4 5 

Con reposo; 
A la sombra gasajoso 
No te das nada por nada. 

Tytiro. 

;0 buen zagal Melibeo, 
Quánto bien noa hizo Dios! 
Diónos rey de tal asseo 
Que todo nuestro desseo 
Se nos cumple, juro á nos; 

E le amamos ^ 

Tanto, que por él rezamos 
Primero que no por nos. 

El nos dexa andar paciendo 
Al ganado por do quiere, 
Bien assí como estás viendo, 

Y estar nos tanto tañendo 
Cuanto á nuestra gana fuere, 

E cantar, 
Cada cual de buen vagar. 
Cual cantar por bien tuuiere.' 

Melibeo, 

Embidia no te la tengo, 
Mas antes me marauillo; 
Que por todo allá do* vengo 
Tienen vn temblor muy luengo 

Y es muy fuerte el omezillo. 

Ay cuytado, 
Con este poco ganado 
Ando triste e amarillo. 



46 UBICOa CASTELLANOS 

Apenas puedo aballar 
Por los cerros ni los llanos; 
Desta .cabra he gran pesar. 
Que comienza de anaziar, 
No me doy con ella á manos; 

Que parió, 
E dos mielgos me dexó 
Entre aquellos auellanos. 

E pariólos hembra e macho 
Que era verlos marauilla, 
Do pudiera auer buen cacho 
Para campo sin empacho 
O para vender en villa. 

lAy cuan cruda, 
En vna peña desnuda 
Los parió que era manzilla! 

Muchas vezes he membranga 
Del cielo venir señales 
Que nos dauan íiguranga 
De la mal auenturanza 
De nuestras cuy tas é males. 

Digo hey 
¿Quién es ora aquesse rey 
De tan buenos temporales? 

Tytiro. 

O Melibeo, solía 
Yo de muy bouo pensar 
La que corte se decía 
Deste rey, que parezía 
Aqueste nuestro lugar, 
T en su corte 



JUAN DEL BUZINA - 17 

Que no auía más deporte 
Del que acá suelen tomar. 

For estos valles e cerros 
Do guardamos los pastores, 
Vemos perritos a perros, 
E á las madres los bezerros 
Semejar, avnque menores. 

Bien assí 
Al lugar en que nascí 
Comparaua á los mayores. 

Tan gran diferencia ya 
De otras villas e lugares 
Al lugar do el rey está. 
Todo te parecerá 
Qual el placer con pesares: 

Bien como es 
Con el viburno el ciprés. 
Que acá todos son casares. 

Melibeo, 

E dime qué te mouió 
O qué caso tan profundo 
Por ventura te acuntió 
Que en cariño te metió 
De ver corte e tan gran mundo? 

Por tu fe 
Que me digas cómo fué; 
Que de pasmo me perhundo. 

Tytiro, 

A la mi fé tú te sabe 
Que por verme en libertad, 



4^ • LÍRICOS CASTULLAROS 

Que es lo que más oy se alabé 
Y el libre do quiera cabe 
E le dan autoridad, 

He buscado 
Cómo me ver libertado, 
Fuera d^ catiuidad. 

Mas esta jibertad mía, 
Porque yo me emperezaua 
E mostraua cobardía, 
Vino algún poco tardía, 
Ya que la barua rapaua, 

E ha traydo 
Vn gasajo tan eomplido 
Quanto yo lo desseaua. 

Desque aqueste rey nos tiene 
E al otro señor dexamos, 
Mudio ganado nos viene 
E avn á Dios como conuiene 
Harto diezmo lo pagamos 

De buen peso. 
Ya podremos hazer-queso 
Para en villa que vendamos. 

Mas en el otro poder 
Libertad no se esperaua; 
No gozáuamos plazer, 
Nada osáuamos vender, 
Porque no se nos pagana; 

Las haziendas. 
Con trabajos e contiendas. 
Ninguno nos las labraua. 



X 



JUAN DEL BNZIICA 49 



Ti^tiro al rey. 

Marauillado me siento, . 
O gran rey, qué cosa fuesse 
Passarnie por pensamiento 
De tener atreuimierito 
Que en tus hechos yo escriuiesse. 

Tu justicia 
A todos pone codicia, 
Que en loarte nadie cesse. 

En tu virtud trasportado 
. Me paraua yo á pensar 
Que^estarías enojado 
En verme tan descuydado 
No escriuir de tu reynar, 

E aun asmaua 
Que tu gloría me llamaua 
Que la aprendiesse á contar. 

No sé para quién guardauas 
Que estas églogas trobasse, 
Según las obras obrauas 
Tal obra se te aplicasse. 

Juro á mí, 
T y tiro no estaua aqui 
Para que su fe mostrasse. 

Tytiro vía dezir 
Arboles, pinos e fuentes; 
Vía tanto reluzir 
La virtud de tu biuir 
Que alumbrabas td las gentes; 
No sabía 



so LÍRICOS CASTELLANOS 

Escriuir, avnque quería, 
Tus hechos muy excelentes. 

Mas agora ya que entiendo 
Algún poco deste oficio, 
Ya que voy más conosciendo, 
Fauor te pido siruendo, 
Porque luzia mi seruicio. 

Quien te quiere 
Símate como supiere, 
Que yo seruirte codicio. 

Tytifo á Melibeo. 

Aquí le vi, Melibeo, 
Este rey siendo zagal 
/ E cada mes le ofrendeo, 
Le rezo con buen desseo 
Que Dios le guarde de mal, 

E que vea, 
Tanto quanto bien dessoa 
Su persona muy real. 

Si mercedes le pedí 
Luego me las otorgó, 
Á otros mogos e á mí, 
Los ganados por aquí 
Como de antes nos dexó; 

E l&s vacas, 
Dexar hacer alharacas 
Con los toros nos mandó. 

Melibeo. 

Viejo bienauenturado, 
Luego tus tierras te tienes 



J'JAN DEL BNZINA * 21 

Que te las han ya tornado, 
Avnque son de mal labrado, 
Ya con ellas te sostienes; 

Mas yo triste, 
De quantos bienes me viste, 
No tengo ningunos bienes. 

Los pastos no acostumbrados 
Á las tus reses preñadas, 
Ni avn á todos tus ganados 
No los teman destemplados, 
Ni teman malas majadas; 

Ni maldad, 
De la res de vezindad 
Terna las tuyas dañadas. 

Bienauenturado viejo, ^ 

Entre estas fuentes e ríos, 
Estarás tu muy sobejo 
Tendido sin sobrecejo, 
Cogiendo los ayres fríos; 

Dormirás, 
Con los sones que oyrás 
De las auejas sordíos. 

El que cortare la rama 
Mientras duermes, cantará. 
Ni porque estés en tu cama, 
La que paloma se llama 
Entretanto dexará 

Los ronquidos, 
Ni la tórtola gemidos 
Desde el olmo cessará. 



22 LÍRICOS GÁSTEÍLLAXOS 

Tytiro. 

E avn por esse tal consuelo 
Primero podrán pacer, 
Los cieruos allá en el cielo, 
E el mar secarse en el suelo 

Y en seco los peces ver, 

Que yo pueda, 
De rey que tal fama queda, 
Partirme de le querer. 

Primero beoerá el Parto 
En Araris desterrado, \ 

Y el Germán primero harto 
Beuerá en el río quarto. 
Que fué deiparayso dado 

Que es el tygre, 
Primero que yo peligre 
De auer al rey oluidada. 

Melibeo, 

Ay que nosotros yremos 
Vnos por Lybia sedientos, 
E otros en Cytia daremos, 
E otros á Creta vernemos 
Por Oaxes con tormentos 

Muy perdidos, 
Por los britanos partidos, 
;Ay que grandes perdimentosl 

Algún tiempo por ventura 
Ya después de algún agosto, 
Si veré la labradura, 
La cabana é lindadura. 



JUAN DEL ENZINA 23 



De mi padre e mí regosto, 

• Yo bien creo, 
Ser asmado si lo veo, 
Fe por esta tierra abosto« 

¿El hombre darmas feroz 
Ha de auer estas labranzas, 
Y el extraño con su hoz 
Mis mieses siegue en su hoz? 
¡Ó que malas ordenanzas 

Que con guerra, 
Nos echen de nuestra tierra 
£ de nuestras heredan gasl 

Habla consigo, 

;Ay qué tierppos son ya tales! 
¡Mirad para quién sembramos! 
Melibeo, pon parrales, 
Enxiere agora perales 
Agora, agora medramos 

[Desdichadosl . 
Por nuestros malos pecados 
Ya nunca cabera algamos. 

Aballa, aballa, ganado, 
Andad, andad, mis cabritas. 
Que en algún tiempo passado 
Siendo yo más prosperado 
Fuystes vos otras benditas. 

No os veré r 

Por las peñas, ni estaré 
Ya tendido en belloritas. 

Ya no cantaré mis trobas, 
Ni tañeré caramillo. 



\ 



24 LÍaiGOS CASTELLANOS 

Ni vosotras cabras bouas 
Paceroys ya las escobas, 
Ni las flores del tomillo, 

Ni vereys 
Los salzes de que cortéis 
Con la boca algún ramillo. 

Fin, 

Si aquesta noche conmigo 
Aluergar á ti te plega, 
Daré te mi buen amigo, 
Manganas e pan de trigo, 
E avn miga cocha te cuega 

E avn castaña; , 
Vamonos á mí cabana, 
Que ya la noche se allega. 



ÉGLOGA SEGUNDA 



Argumento. 

AKlonde en persona del autor de aquesta presente obra» 
€íe introduze un pastor llamado Coridón, el cual, como 
desseasse cantar y escriuir las hazañas tan dignas de per- 
durable memoria de nuestro muy esclarecido rey D. Fer- 
nando, podiendo callar la grandeza de su fama que por 
todo el mundo da bozes e sacude sus alas con aquexado 
pensamiento e continuas vigilias se congoxaua temiendo 
su baxo saber para escriuir de tan alta magostad no sería 
fauorescido. Mas lidiando con él la fuerga del aficionado 
desseo, no pudo resistir la pluma sin entrar en el gran mar 
•de sus alabanzas, para las quales proseguir, inuoca e pide 
su fauor, suplicando no desprecie los seruicios pastoriles 
e protestando gastar todo el tiempo que biuiere en la cuen- 
ta de sus victorias. 



Formosum pastor Corydon ardebai Mexim, 

Coridón siendo pastor, 

Trobador, 
Muy aficionado al rey, 
Espejo de nuestra ley, 

Con amor 
Desseaua su fauor; 
Mas con mucha couardía, 

No creya 
De lo poder alcangar. 
Tomo Vn. 20 



26 LÍRICOS GASTELLáNOS 

Por los montes, se salía T 

Cada día 
Entre sí solo á pensar. 

Entre las hayas metido 

E tendido 
Por las sombras muy señera 
E sin ningún compañero; 

Con gemido, 
Aquexado é afligido, 
Cercado de pensamiento, 

Con tormento, 
Congoxado de passiones 
Echaua bozes al viento 

Muy sin tiento, 
Diziendo tales razones. 

Ó rey de reyes primor, 

E señor 
De las tierras e los mares, 
No curas de mis cantares 

Ni has dolor 
De aqueste tu seruidor; 
Dexasme triste morir 

E sufrir 
Por no me fauorecer, 
Para te auer de scruir 

Y escriuir 
Algo de tu merecer. 

Ora en estos temporales 

Tan mortales, 
Los ganados con calores 
Buscan sombras é frescores 

Muy frescales. 



JUAN DEL E.NZINA 27 

E los lagartos gargales, 
Ragoza en aqueste estío 

Tan crudio, 
Testiles coge Jas. rosas 
Por dar al segador frío 

É amorío, 
E otras yeruas olorosas. 

Mas por triste sin consuelo, 

Con recelo 
En ti mi memoria puesta 
Andome toda la fíesta 

Por mi duelo, 
E avn de noche me desuelo 
Porque fauor no posseo: 

Yo rodeo 
Las arboledas e parras. 
No veo lo que desseo. 

Antes veo 
Gomigo cantar cigarras. 

¿Piensas quigá por ventura, 

La escritura 
De los cantos pastoriles, 
Avnque en palabras más viles 

Te figura 
Que no requiere cordura? 
Avnque tu muy gran poder 

Deua ser 
Más loado, e más mereces, 
Doblarás con tu querer 

Mi saber. 
Si ttí, rey, me fauoreces. 

Ó gran rey de gran potencia 



28 LÍRICOS CASTELLANOS 

E prudencia, 
Por la color no te creay. 
Aunque ser pastor me veas, 

Tu excelencia 
Me dará gran elocuencia: 
Por ser rústico zagal 

E assi tal 
De ti desechado estoy, 
No hazes de mi caudal 

Por mi mal, 
Nunca preguntas quién soy. 

Quán rico soy de ganado 

E abastado 
De leche en todo tempero. 
Mil borregas he de apero 

Bien chapado, 
E todas á tu mandado*. 
Tengo te mucha afición. 

Con razón. 
Rey sobre todos los reyes; 
Canto la mesma canción 

Que Anfión 
Cuando llamaua sus greyes. 

Ni yo soy tan bouo afé. 

Que no sé 
Conocer menguas e sobras. 
Que no ha mucho que en mis obras 

Me agradé 
Sino me cegó la fe: 
Mas á ti para alabarte 

Sin errarte. 
Más é más sabef deuiera; 
Más no cesaré loarte 



JUAN DEL ENZINA 29 

De mi parte, 
Avnque me juzgue cualquiera. 

Plega á Dios que en nuestra aldea 

Yo te vea, 
Ver las obras de tus sieruos ' 
E andar á ca^a de ciemos, 

Porque sea 
Como mi gana dessea: 
Mira que Pan inuentó 

E ordeñó 
Los albogues tañedores, 
E ouejas apacentó 

Y el tomó 
La guarda de los pastores. 

^0 te deue de pesar 

Semejar 
Al nuestro Pan en cantares; 
Por las siluas e lugares 

Sin dudar . 

Me dexa de ti cantar; 
No recibas por enojo 

Ni cordojo 
Tocar nuestro caramillo; 
Que Amintas con gran antojo 

Abre el ojo , 
Por semejar pastorcillo. 

# 

Tengo una flauta muy buena, 

Que bien suena, 
De siete diverisas bozes, 
Para que tú della gozes 

Muy sin pena: 
Tañe cualquier cantilena. 



30 LÍBICOS CASTELLANOS 

Dametas cuando murió 

Me la dio, 
Porque mucho me quería, 
E avn Amintas que lo vio 

Rescibió 
Gran embidia en demasía. 

Dos cabritos buenos he, 

Que apañé 
Cn no muy seguro valle, 
Manchados e de buen talle 

Los hallé. 
Con ellos te seruiré: 
Nunca cessan de mamar 

Y engordar, 

Que ya por ellos me ruegan; 
Quigá los auré de dar 

Y endonar 

Si tus favores me niegan. 

Ven agora, rey precioso, 
' Poderoso, 
E á mis obras da fauores. 
Las ninfas, lirios é flores 

Con reposo. 
Te traen, o rey gracioso, 
Violetas amarillas 

E pardillas; 
Náyade la más luziente 
Dormideras marauillas 

De rodillas 
Te presenta por presente. 

Para ti coge la rosa 
Muy hermosa 
De aquel narciso color, 



JUAN DEL ENZINA 34 

Y el eneldo con su flor 

Olorosa 
E cassia muy virtuosa: 
Siempre piensa en contentarte 

E lleuarte 
Flores blandas e alagueras; 
Nunca cessa de ayuntarle 

E buscarte 
.Yeruas de dos mil maneras. 

Yo también con vna gana 

Muy vfana 
Para tu real corona 
Cogeré por mi persona 

La mangana. 
Con su flor e muy lozana. 
Cogeré del castañal 

Y enzinal 
Las bellotas e castañas, 
Pues tu fama es inmortal, 

Triumphal, 
Con Vitorias muy estrañas. 

E otras frutas más e más 

De mí auras, 
Dexándonos Dios beuir, 
Si con gana recebir 

Las querrás, 
Muy gran merced las harás: 
También os he de cortar 

E podar, 
O laureles e arrayhanes. 
Porque siempre soléis dar 

E mezclar 
Olores dulces galanes. 



32 LÍRICOS CASTELLANOS 

Habla consigo. 

No cura el rey de tu don, 

Coridón, 
Que eres rústico aldeano; 
Otro aura más cortesano 

De afición 
De quien haga más mención: 
;Ay mezquino, en qué cuydado 

Tan penado 
He puesto mi pensamiento! 
Mal he sido aconsejado, 

Lazerado, 
Yo mesmo busqué tormento. 

¡A quién huyes? ¿con qué guerras 

Te destierrasl 
Encubre, encubre tus faltaa 
E no escriuas cosas altas. 

Que lo yerras. 
Ni huyas de por las sierras: . 
Que los dioses no huyeron, 

Antes fueron 
De las siluas moradores; 
Los que á Páris conocieron 

Me dixeron 
Que vino con labradores. 

Palas, que torres labró 
E fundó. 
More en las torres pomposas, 
Y escriua las grandes cosas 

Quien buscó 
Gran saber e lo alean gó. 
Mas nosotros los villanos 



/ 



JDAN DBL BNZINA' 33 

Rusticanos 
Mpntes é siluas busquemos: ' 
Pongamos en fechos llanos 

Nuestras manos: 
De los grandes no curemos. 

La leona sigue al lobo j 

Por el robo, 

Y el lobo sigue á la cabra 
Porque la come e la labra '> 

De su adobo, 
La cabra al florido escobo: 
E á ti rey muy virtuoso 

Yo cuydoso 
Por escriuir tus arreos; 
Que en este mundo penoso 

Sin reposo 
Son dioersos los desseos. 

Mira que sufren colgados 
Los arados; 
Los toros el tiempo andando, 

Y el sol se va derrocando: 

Mis cuydados 
No los puedo ver domados: 
En mi penada passión 

E afición, 
¿Qué modo terne mezquino? 
¡Ay, Coridón, Coridón, 

Buen gargón,* 
Que locura que te vinol 

Fin. 

Agora ya comenzada 
V en lazada 



34 LÍRICOS CASTELLANOS 

Mi gana en tan gran dezir, 
Cúmpleme de proseguir 

La jomada 
E buscar fuerga esforzada. 
Hari cuanto más pudiere 

E supiere; 
Mostraré mi buena fe; 
Si con esto no compliere 

Ni sirviere, 
Otro modo buscaré. 



EGLOQA TERCEEA 



Argumento. 

En la qual se introduzen tres pastores^ Menalcas e Dá- 
melas e otro ñamado Palemón, que fué elegido por juez 
entre ellos, porque, después de auerse motejado e vitu- 
perado, vinieron en apuesta á cantar: mas Palemón, que- 
riendo complír con ambos, á ninguno quiso assignar me- 
joría. Esto se puede aplicar á los primados del señor rey 
D. Enrique e á muchos grandes que con envidia dellos e 
avn ellos mismos entre sí sembraron gran discordia en 
nue&tra Castilla; e algunos dellos tentaron algar por rey 
al príncipe D. Alfonso, su hermano, por poner en obra sus 
malos pensamientos:. de manera que el muy magnífico rey 
D. Enrique, andando ya acouardado e temeroso de aque- 
llos que temer le solían, no osaua ni curaua essecufar jus- 
ticia, ocupado en otros exercicíos, dexando á cada uno fa- 
cer lo que quería, e con esto las maldades tanto se multi- 
plicaron y enxambraron en este reyno, aque no solamente 
lo de la corona real, mas avn las' propias haciendas unos 
á otros se robaban, e como malos pastores ordeñaban aje- 
nas ouejas. Assí que al tiempo que nuestros muy podero- 
sos príncipes D. Fernando y Doña Isabel á suceder vinie- 
ron, tnuchos ouo que por malicia ó por mal conocimien- 
to ayudaron e fauorecieron al rey de Portugal dándolo 
entrada en Castilla adonde no poco peligrosa le fué des- 
pués la salida. E otros también auía que jugauan de dos 
manos, queriendo complir con vna parte e con otra : de 
suerte que en esta guerra cada qual, presumiendo de más 
sabio e poderoso, cantaua e alabaua su partido, fauore- 
ciendo sus reyes, mostrando priuar con ellos. 



36 líbicos castellanos 

Die mihi Dameta etiium pecuM <m Melibei, etc. 

Melibeo. 

Dime, Dametas mateo, 
¿Cuyo te es esse ganado? 
Soncas, soncas mal pecado, 
Quigá que es de Melibeo. 

Dametas, • 

Juro á diez que tal no creo; 
Antes es de Egon romacho, , 
Que por él lo pastoreo, 

Y él me lo dexó en oteo 

Ora aura no muy gran cachó. 

Menalcas, 

¡Ó ganado desualido. 
Quejas descarriadas! 
Él allá por las majadas 
Con nevera embouescido: 
De mi miedo amodorrido 
No osa desaprir della, 
Teme ser yo más querido 

Y él por no ser aborrido 
Todo aburre por querella. 

E aqueste ageno pastor 
Las ouejas empeora; 
Qué dos vezes cada hora 
Las ordeña sin temor; 
Desfloréales la flor 
Que el ganado no aproueche,. 



JUAN DEL BNZINA 37 

De boca siempre peor, , 

Los corderos sin sabor 
Ya descruzian de la leche. 

Dametas. 

Cata, cata, mira bien, 
Atempérate en \a llotro, 
E no desmalingres de otro, 
Que avn de ti sabemos quién... 
E por ser sabido ten 
De traués estar mirando, 
X-os cabronesspor desdén 
E las ninfas doiHe e^tén, 
Ellarán de ti burlado. 

Menalcas. 

Asmo que en aquellos días, 
Quando ^\ árbol de Micón 
Cortaste en el fegurón, 
E las vides no valías. 

Dametas. 

Ó quando con tus porfías 
El arco á Danés quebraras, 
Que las saetas le vías, 
E de enbidia te morías 
Si en algo no le dañaras. 

• 

Menalcas, 

. ¿Qué chufas se harán los amos 
Quando tal osa el collago? 



38 LÍBICOS CASTELLANOS 

1 f) no te vi lladrona^ 

Hurtar el cabrón digamos; 
Hizo nos que te oteamos 
La perra con su ladrido. 
Yo dixé: «guarda veamos, 
Do va aquél», e te haUamos 
Tras vna mata ascendida. 

Dámelas. 

i 

Lo que gané canticando 
No me lo auian de dar; 
Que á Damón gané á cantar 
£1 cabrón albogueando: 
Si no lo sabes, jurando > 
Te digo me lo deuía, 
Y él lo andaua confessando, 
Mas andáuase escusando 
Que dar no me lo podía. 

Menalcas. 

¿Tú venciste á Damonillo? 
Calla, calla, no te alabes, 
Que de albogues tú no sabes 
Ni menos de caramillo: 
No solías mogaluillo 
Aullar por los caminos 
Engrillando el cantarcillo, 
Llateoso é tristezíllo 
De aquellos llantos llorínos. 

Dámelas, 

Daca, daca, pues que estás 
En repuntas atufadas. 



JUAN DEt ERZINA M^ 

Gantiqüemós a vegadas, 
Veremos quién sabe más: 
Aposfemos si querrás 
Venir conmigo en desgarro, 
Tú dime lo que pomas; 
Que esta vaca ganarás 

Que dos veces viene al tarro. 

• ) 

Menalcas, 
• 
Del ganado no osaría 
Ninguna cosa apostarte, 
Avnque supiese ganarte, 
Nada yo no te pornía: 
Quel padre e madrasta mía 
Son, ahotas, tan caseros. 
Que dos vegadas al día 
Me cuentan en estrechía, 
El ganado e los corderos. 

Mas pues tú con desuarío 
Presumes de tai locura, - 

Yo te apostaré postura 
De mucho más valorío: 
Poner te he en el desafío 
Ta^^a de haya tapada, 
E de muy fuerte natío. 
Su labrangg e atauío 
Por Alcimedóñ labrada. 

Tiénete mili quellotran^as 
Alderredor añedidas, 
E vnas de yedra esparzidas ' 

Y en medio dos figurangas, 

Y el otro se me destella 



40 LÍRICOS CASTELLANOS 

Que escriuió las rodeangas, 
Los tiempos de las labranzas 
E avn nunca beuí por ella* 

Dametas, 

De essas ta^as dos posseo 
Que las hizo que es espanto, 
Alcimedón e de canto 
Las asas cercó en rodeo: 
Y en el medio puesto Orfeo 
E las siluas bien abondo, 
Ni por ellas beuer reo, 
Que las guardo e las asseo. 
Mas la vaca es más en hondo. 

Menalcas. 

No te puedes perllotrar 
Ni me puedes rehuyr; 
Yo te porné sin mentir 
Lo que querrás apostar: 
Quien viniere puede vsmar 
Nuestras repuntas e aqüestes; 
Bete Palemón andar, 
Yo te quiero escarmentar, 
«Que después con nadie apuestes. 

Dametas. 

¡He allál di, di, zagal, 
' Abune si tienes algo, 
Que yo sin tardar te salgo 
Á qualquiera bien ó mal: 
£ tu Palemón Pascual 



^(JAN DEL ENZINA / 44 

Descruziame deste loco, 
Con hemencia natural, 
Da sentencia general 
E no cuydes que es tan poco. 

Palemón. 

Si vos praz, carillos, he; 
¡Á ello jufo, á sant pravios! 

Y en este prado assentavos, 
Que yo me rellenaré: 

Que nunca tal año fué 

De flores e garatusas, 

Di, Dametas, algo que 

Tú, Mena]pas, tras él ve, 

Que aquesto quieren las musas. 

Dametas, 

Las musas tienen su ser 
De Júpiter y él lo es lodo: 
En mi cantilena e líiodo 
Él quiera gracia poner: 
Febo me tiene querer 

Y en sus dones me repinto. 
Son sus lauros mi plazer, 

E he gasajo de traer 
Belloritas de jacinto. 

/ Dámelas, 

Á mí la mi Galatea 
Con la mangana me da, 
E á los salzes se me va, 
E antes quiere que la vea: 
Tomo VII. 21 



4^ LÍBICOS CASTELLANOS 

Tanto, Amintas, me dessea, 
Que si quiero tras los cerros 
De su grado se me emplea, 
E avn más conoscida sea 
Que no Delia de mis perros. 

Menalcas. 

¿Con la mía tú la ayomas. 
Que las donas pernotadas,. 
Te le tengo aparejadas 
En vn nido de palomas? 

Dametas. 

¿E comigo tú te tomas, 
Que mi zagala embié 
Diez manganas sin carcomas? 
E avn por más que te carcomas, 
Más mañana embiaré. 

Dametas. 

\Ó quantas vezes qué cosas, 
Calatea me ha habladol 
Ó vientos, tened cuydado 
De llenar parte á las diosas. 

Menalcas, 

No me desprecias ni osas 
Negarme, Amintas, mercedes; 
Dasme las tan cariñpsas. 
Que tras cieruos no reposas 
Mientras yo guardo las redes. 



JUAN DEL ENZIN4 43 

Dametcts. 

k Filis me enbia lola 
Oy que hago mi natal, 
Mientras rezo al temporal, 
Por yenirte desmostola. 

Menalcas. 

Más que todas me empiola 
La mi Filis sin dudanga, 
Que en venir me se destrola, 
E al partir de mí tan sola, 
Chapóme gran saludanga. 

Dametas. 

• 

Lobo entrista la majada, 
E agua los frutos maduros, 
E árboles los vientos duros, 
E á mí Amarilis yrada. 

Menalcas. 

Dulce es agua á la sembrada, 
E las matas al cordero, 
E á cordera destetada, 

Y el salce á la res preñada 
E Amintas á mí señero. 

Dametas. 

Polio tiene gran amor 

Y en mi musa descordoja, 
Ó masas, cría vna anoja, ^ 
Aqueste vuestro lector. 



44 LÍRICOS CASTELLANOS 

Menalcas, 

Es Polio gran trobador 

Y en muy grandes /trobas lee, 
Criadle un toro á sabor, 
Que acornee sin temor 

Y en el arena cocee; 

Dámelas, 

Ó Polio, quien bien te quiere 
Venga do te goza ver, 
, Vea amonio e miel correr. 
Allí de ^ar^al que hiere. 

Mendcas, 

Quien á Bauio no aborriere, 
E ama, Meuio, tus versónos, 
Tras las raposas lazere. 
Por vnirlas desespere 
Y él ordeñe los cabrones. 

Dametas, 

Ó zagales que cortays 
Flores moras sin corrida, * 
Aballad que está metida 
Vna sierpe aquí do estáis.. 

Menalcas, 

Las ouejas no metays 
Á b^uer avnque ayan gana, 
En agua no os atreuays; 



JUAJS DEL ENZINA 45 

Que el carnero que oteays, 
Avn ora seca la lana. 

Dametas. 

Titiro, carea e vente, 
Quita las cabras del río; 
Que en siendo tiempo e natío, 
Yo las lauaré en la fuente. ^ 

Menalcas. 

Recoged muy prestamente, 
Zagales, esse ganado; 
Que en el estío valiente. 
Si viene tiempo caliente, 
No ordeñaremos bocado. 

Dametas. 

;Ay quan magro que desbarda 
Mi torillo en yeruos gruessosl 
Amor lo tiene en los huessos. 
Como el pastor que lo guarda. 

Menalcas, 

Yo te juro á santa albarda 
Que tal mal de amor no viene, 
Wi ganado se deslarda; 
No se qual ojo lo escarda. 
Que aojado me lo tiene. 

Dametas, 

Dime «gora, tú moQuelo, 
E serás mi gran Apolo, 



46 LÍBICOS CASTELLANOS 

¿Donde no verán tan solo 
Sino tres bragas del cielo? 



Menalcas. 

Dime qué tierra ó qué suelo 
Da en la flor escritos nombres 
De reyes, e sin recelo, 
De Filis auras consuelo, / 
Tú solo que no te asombres. 

Palemón. 

No me es dado deslindar 
Entre vos tanta alharaca, 
Tú meresces bien la vaca 
Y él también, pues sabe amar: 
E avn qualquiera del lugar 
Que sepa ser namorado, 
E del cariño gozar, 
Ó por lo gozar penar, 
Merece ser alabado. 



Fin. 

Ó lAogos, ya esto atordido. 
Cerrad los ríos en paz, 
Que ya los prados assaz 
Abondo tienen beuido: 
Bien os tengo per oydo 
Vuestras temas e pendencias. 
Harto aueys ya debatido. 
Deslindado e descutido. 
No passen más percundencias. 



ÉGLOGA CUAETA 



Arigameiito* 

En alabanza y loor de los muy vitoríosos e cristianísi- 
mos príncipes D. Fernando e Doña Isabel, reyes naturales 
y señores nuestros. Aplicada al nacimiento bienauentura- 
do del nuestro muy esclarecido principe D. Juan su hijo, 
adonde manifiestamente parece Sibila profetizar dellos; e 
Virgilio auer sentido de aqueste tan alto nacimiento, pues 
que después del en nuestros tiempos auemos gozado de 
tan crecidas Vitorias e triunfos e vemos la justicia ser no 
menos poderosa en el mayor que en el menor. Ya los me- 
nores no saben qué cosa es temer las sin razones e dema- 
sías que en otro tiempo los mayores les hazían, ya con la 
sancta inquisición han acendrado nuestra fe e cada día la 
van más esclareciendo. Ya no se sabe en sus señoríos e 
reinos qué cosa sean judíos; ya losypócrítas son conosci> 
dos e cada vno es tratado según biue. Las virtudes son por 
su prouidencia benigníssi mámente fauorescidas e los vi- 
cios severíssimamente castigados. Ya Dios nos da los tiem- 
pos á su causa como nosotros los desseamos* 



SiceUdes mtuae paulo maiora eanamus, etc. 

Musas de Sicilia, dexemos pastores, 
Alcemos las velas del nuestro dezir, 
Razón nos combida auer de escriuir 
Mysteríos más altos de cosas mayores; 
Ni á todos agradan los grandes primores 



48 LÍBICOS CASTELLANOS 

Ni á todos tampoco las cosas palpi^bles. 
Cantemos estilo notable á notables 
E suene el menor allá con menores 

Si siluas cantamos, las siluas merecen 
De rey tan notable gozarse e dar gloría, 
Pues reyna tal rey de tanta vitoria 
Los grandes triunfos á él se enderecen; 
Los bienes comiencan, los males fenecen. 
Según, que Sibila lo canta e lo reza, 
Gran orden comienza en su realeza. 
Los rey nos saturnios en él rebiuecen. 

La mesma justicia con él ha venido. 
Del cíelo nos vino tal generación. 
O Uírgen María tú da perfeción. 
' Al príncipe nuestro Don Juan ya nascido : 
Por ti le veamos muy fauorecido. 
Pues reyna en la tierra tan cristiano rey. 
Tal reyna, tan santa luz de nuestra ley. 
Que en todas sus obras es Dios muy seruido. 

Al rey e reyna. 

O rey Don Hernando e Doña Isabel; 
En vos comentaron los siglos dorados; 
Serán todo tiempo los tiempos nombrados 
Que fueron regidos por nuestro níuel; 
Tenéys él e vos e assí vos como él 
Con Dit)S tanta fe, que sus deseruicios 
Aueys destruydo e todos los vicios 
E alguno si queda daréys cabo del. 

Bíuáys muchos años acá en este suelo ; 
Reynando e saliendo con cuanto quisierdes, 



JUAN DEL ENZIN4 49 

Mas ya Dios queriendo después que partierdes 
Coronas de reyes auréys en el cíelo; 
Auréys con los santos su mismo consuelo 
Gozando. en presencia la vista de Dios, , 

Y el príncipe acá después ya de vos 
Los reyiios seguros terna sin recelo. 

Al principe. 

A vos, principado, por daros holgan(;a 
En vuestra niñez la tierra os dará 
Yedras e nardos e más mezclará 
, Acanto e más pilantas sin darle labranza; 
' Las cabras darán muy gran abundan^a, 
. Las tetas tendidas con leche á montones; 
No temerá nadie los grandes leones, 
Aura muchas flores en vuestra crian ga. 

Ninguna pongoña podrá pongoñar; 
Ninguna serpiente aura ponzoñosa; 
Será destruyda la yerua engañosa, . 
Podremos do quiera de amomo gozar; 
Después que mayor sabréys ya mirar 
Los hechos antiguos e de vuestro padre. 
La gran excelencia de vuestra gran madre 
Yeréys las virtudes, sabréys las obrar. 

Yréys poco á poco creciendo e mostrando 
Gordura, s^ber, virtud e bondad; 
Los campos darán de su voluntad 
Nascidos los panes creciendo e tostando, 
Las gargas y espinas, las vuas colgando 
De grandes razimos muy mucho cargadas, 
Maduras e dulces no siendo labradas. 
Los robles muy duros, las mieles sudando. 



50 LÍaiGOS CASTELLANOS 

Algunas pisadas del mal ya passado 
Podrá ser que queden de aquel siglo duro: 
Que manden lugares cercarse de muro 
E pongan las ñaues por mar en cuydado; 
E hagan hacer con reja e arado 
Los surcos hendidos por baxo de tierra 
Dó sereys ávido en esta tal guerra 
Por el gran Archiles a Troya embiado. 

Después que la edad más hombre os hiziere, 
Ni aura marinero ni ñaue ninguna; 
Tern^ cada tierra tan buena fortuna, 
Que tenga abundancia de quanto quisiere; 
Entonces la tierra, cualquiera que fuere, 
No aura menester de ser ya labrada, 
Ni viña ninguna de ser ya podada: 
Darán tan buen fruto qual hombre pidiere. 

Y entonces también qualquier labrador 
Soltará sus bueyes sin darles más pena, 
No aura menester el yugo é melena, 
Dexarlos ha libres de toda lauor; 
No aura ya tintura de ningún color, 
No aura menester teñirle de lana, 
El mesmo camero de púrpura e grana 
Tema vellocino teñido e con flor. 

También Ips corderos serán reuestidos 
De aquella color qual yerua pacieren, 
Color sandicino si sandís comieren 
De su natural sin tinta teñidos; 
Con firme concierto los hados mouidos 
Dixeron conformes las parcas fatales, 
Hilemos los siglos agora ya tales 
Que bueluan de nueuo dorados polidos. 



JUAN DEL BNZIN4 54 

O claro linaje, victoria escogida, 
Los grandes triunfos e nmcha alabanza 
Á vos que se deue se dé sin dudanga, 
Ya vienen los tiempos de gloria crecida; 
Mirad toda España que estaua perdida, 
Las tierras y el mar, la fe no constante, 
Alégrense todos por lo de adelante, 
Que el bien se nos viene con vuestra venida. 

O Dios, quién pudiesi^e biuir tantos días, 
Que bien vuestros hechos podiesse contar; 
Ni Orfeo ni Lino podría ygualar 
Gomigo tan dulces cantando armonías; 
Avnque sabemos de sus melodías 
E Orfeo ser hijo de Caliopea, 
E a Lino su padre Apolo le sea. 
En esto les puedo licuar mejorías. 

E aquel Pan Cilenio si quiere su vez 
Comigo apostar, yo tengo creydo 
Que el mismo á sí mesmo se de por vencido 
E avn siendo entre nos Arcadia juez; 
O niño gracioso, en vuestra niñez 
Riendo mostrad'plazer desde agora; 
Quitad los fastidios de vuestra señora, 
Pagadle el trabajo del parto e preñez. 

Fin, 

Mostralde comiendo de bienes extraños. 
Pues deuen los hijos gran deuda á las madres; 
Que á los que no ioman plazer con sus padres. 
Aquellos da Dios trabajos e daños; 
Comiencen verdades; fenezcan engaños; 
Fenezcan pesares; comienzen plazeres; 
O rey na tan santa, primor de mugeres, 
O rey excelente, biuays dos mil años. 



ÉGLOGA QUINTA 



Arigamento. 

Adonde se introducen des pastores muy amigos, el vno 
Menalcas y el otro llamado Mopso, los quales cantando 
lloran la muerte de Danés, pastor entre ellos muy nom- 
brado; en cuya persona podeínos entender la desastrada 
muerte del muy desdichado príncipe de Portugal, á quien 
la fortuna se quiso mostrar muy envidiosa eji su mayor 
prosperidad, ya que auia casado con la esclarecida infan- 
ta Doña Isabel, hija de nuestros muy poderosos reyes : 
princesa de Portugal, á cuya causa con mucha razón nos 
cupo gran parte de su dolor. 



Cur non Mopse boni quonias eowuenimus ambo, etc. 

Menalcas, 

¿Por qué no, mi buen carillo, 
Pues aquí nos perj untemos 
Tú á tañer tu caramillo, 
Yo á cantar vn cantarcillo 
Por aquí no nos tendemos 
Entre aquestos auellanos 

Muy lóganos 
Y á estos olmos nos sentemos ^ 
Porque más nos gasajemos 
E cantemos como hermanos? 



JUAN DEL BNZINA 53 

Mopso. 

Tú Menalcas mayoral 
Como quier que se te deua, 
Pues eres tan buen zagal 
Para bien ó para mal 
Por do quisieres me lleua; 
O nos vamos á la sombra, 

Tú lo nombra, 
O mira en aquella eueua 
Si quieres que yo me mueua 
Tú te aballa e te descombra. 

Menalcas. 

No hay en toda aquesta sierra, 
Júrete para Sant Polo, 
Ni por toda nuestra tierra, 
En cantar quien te dé guerra, 
Saluo si es Aminta solo. 

Mopso» 

Si él osa cantar comigo, 
Yo te digo 
Que se yguale con Apolo, 
Mas aquesse Amintas, do lo, 
Venga, venga aquí contigo. 

Menalcas, 

Comienza, carillo, luego 
Si sabes de amor passión 
De Filis é de su fuego, 
O si no di, yo te ruego. 



54 LÍRICOS CASTELLANOS 

I 

Las alaban gas de Alcón; 
Di de Codro las renzíllas 

Omezillas; 
Quel buen Titiro gargón, 
Mientras cantas algún son, 
Te guardará las cabrillas. 

Mopso, 

Antes otras cantilenas 
Te quiero agora cantar, 
Que cuydo que son muy buenas, 
Que avn agora, agora apenas 
Acabo de pernotar; 
Quiero te dezir lo que es 

E después. 
Si cuydares de ganar. 
Manda que venga apostar 
El tu Aniintas de traués. 

Menalcas, 

Tanta quanta diferencia 
Va de oliua á salce ser 
Rosal o mala eruolencía. 
Canta puja tu excelencia 
Sobre Amintas á mi ver; 
En la cueua nos entremos, 

Aballemos, 
Sin más razones poner 
Para cantar e tañer; 
Comienza, no nos tardemos. 

Mopso. 

Llora, ninphas, sin abrigo 
Cruel muerte de un moguelo 



JUAN DEL ENZIN4 55 

Á hotas que deys testigo 
Ríos e árboles comigo 
De Danés muerto en el suelo, 
Que su madre le lloraua 

E afora9aua, 
Dando bozes contra el cielo 
Con tan gran dolor e duelo, | 

Que á todos nos lastimaua. 

Lloraua su muerte tal ^ 
La triste Doña Isabel, 
Nuestra infanta principal, 
Princesa de Portugal, 
Porque era su mujer dól. 
Yo la vi tan dolorida 
Que en la vida 
Estaua más muerta que él, 
Haciendo llanto cruel < 

Por tal pérdida perdida. 

Ay Danés que en aquel día 
E avn después ya de tu muerte, 
Ningún animal pascía 
Ni de las aguas beuía 
Con nüeuas de mal tan fuerte; 
Los montes siluas e fieras 

Muy de veras, 
Por tan desdichado verte 
Llorauan tu mala suerte 
Con bozes muy lastimeras. 

Danés un zagal chapado 
Fuera de la palaciega. 
En todo muy pernotado 
Vn gargón tan repicado 



56 LÍBICOS CASTELLANOS 

Que en todo el mundo se entrega, 
Juro á diez gran alboroto 

To pernoto 
Que en su muerte se nos pega 
Hasta el alma nos allega, 
¡O qué zagal tan denoto! 

Soncas bien cómo florecen 
Los toros en el rebaño, 
Bien assí como parecen 
Las miesses quando más crecen 
Por las sembradas cada año, 
Como en el campo los panes 

Assí Danés 
Era de mirar extraño. 
Sin auer otro tamaño 
Entre garlones galanes. 

Desque tú, Danés, moriste 
Aburrió los campos Pales, 
E Apolo por ti muy triste 
Can tu muerte le heziste 
Dexar las cosas campales; 
Teruas'nos dauan maluadas 

Las sembradas 
En aquellos temporales; 
Traxo tu mal muchos males 
Con desdichas desdichadas. 

En lugar de trigo dauan 
Magarza, jollo e auena. 
Yemas que flores lleuauan, 
Cardos y espinas mostrauan 
Fruto de dolor e pena; 
O vaqueros ó pastores 



«» 



• 



JUiN OBL EKZINA 57 

Con dolores, 
Pues Danés assi lo ordena, 
Que por todo el mundo suena, 
Cercad. las fuentes de flores. 

Danés manda que hagáys 
Sus hoñrras e se[5ultura 
Según vosotros Ysáis, 
E alrededor que pongáys 
Estas letras y escritura: 
En las qoales letras diga 

Con fatiga, 
Con fatiga e con tristura: 
Yo soy Danés sin ventura, 
Ventura me fué enemiga. 

Yo soy Danés desdichado, 
Sin dicha triste nacido, 
En las siluas muy nombrado, 
Pastor de galán ganado, 
Yo galán muy más polido: 
Que con nú muerte percundo 

Todo el mundo. 
Con dolor muy dolorido 
Hasta el cielo conoscido. 
Sin tener par ni segundo. 

Menalcas. 

Tal ha sido tu cantar 
Para darme saborío, 
Qual es para descansar 
El dormir al trabajar,. 
En el tiempo del estío: 
Como quándo el muy sediento 
Tomo VII. 22 



5S LÍRICOS CASTELLANAS 

Que sin tiento, 
Mata la sed en buen río, 
Asdí contento e harlío 
Con tu canto yo me síenlo. 

Eres tan buen mo^aluillo, 
Tan chapado e tan diestro, 
Que no sólo en caramillo. 
Mas en la hoz é grítillo 
Yguales con tu maestro: 
Tú sos el más buen zagal 

Principal . 
De todo el terruño nuestro, 
E avn te quiero más que muestro 
Quo no te sienta tu ygual. 

Yo también quiero ayudarle 
Bien ó mal, como yo sé. 
Responder te e remedarte, 
E cantar hasta hartarte 
De Danés, pues ay perqué: 
Porque mejor le alabemos, 

Cantiquemos 
Boz en grito poT tu fe, 
Pues ya tan bien suyo fué. 
Con plegarias le ensalcemos. 

Mopso, 

Yo te juro a Sant Simón 
Que era él para ensalmar, 
Di tus trobas e canción 
Que avn agora Stimicón 
Te me acaba de alabar: 
Pues eres cantor valiente» 



JUAN DEl. ENZÍNA • 59 

Di pariente, 
No te quieras excusar, 
Canta, canta sin dudar, 
Pues cantas chapadamente. 

Menaicds, 

El cielo se marauilla 
E se muestra muy asmado 
De Danés nuestra manzilla 
Que ya tiene allá su silla 
Con los santos colfocado: 
Fué de virtudes tan bellas. 

Que por ellas. 
Para siempre está ensalgadv;, 
Ensalmado y assentado 
Sobre las nuues y estrellas. 

• 

Pues él goza de tal gloria, 
Siluas, campos, Pan, pastores, 
Todos canten su victoria, 
Las ninphas en su memoria 
Muestren plazer e fauores: 
E no cuyden hazer robos 

E álos lobos. 
Los lobos falsos traydorea 
Dexen de ser robadores. 
De robar ganados bouos; 

Los ciemos no teman ya 
De las redes e armaduras, 
Pues que arriba Danés ha, 
Gasajo de ver acá 
Las cosas todas seguras: 
Montes, tierras, arboledas, 



GO LÍRICOS CASTELLANOS 

Ya muy ledas, 
Alegrando las tristuras 
Resuenen por las verduras, 
Por los prados e veredas. 

Van mostrando el alegría 
Con mucho plazer e canto. 

Mopso. 

Menalcas, tenlo por santo, 
Que santo me parecía. 

Menalcas, 

Por tus sieruos e gañanes, 
Ó buen Danés, 
Á Dios ruega cada día, 
Ruega, ruega todauía, 
Por tus pastores e aldranes. 

Cata, cata aquí entre nos 
Quatro altares de notar, 
Para te offrendar los dos, 
Dos para seruir á Dios, 
Por mejor assolazar: 
E dos barreños de leche 

Que aproueche 
Para tus honras honrrar, 
E azeyte te quiero dar, 
Dos tagas con que te peche. 

En tu memoria yo quiero 
Hazerte cada año fiesta, 



JUAN I>BL ENZÍNA: Gl 

Combidar muy plazentero, 
Tras fuego en frío tempero, 
E á la sombra sí haze fíesta: 
E de dulces vinos buenos, 

Vasos llenos 
Verteré con fe muy presta, 
Prestamente sin requosta, 
E antes de más que de menos. 

Allí Dametas mateo 
Ahotas que cantará, 
E avn Egon con buen desseo 
Y el pastor Alfesibeo 
Sátiro semejará: 
Siempre aquestos prometemos 

Te daremos, 
E cada año assí será. 
Que á las nínphas se dará 
Quando los campos cerquemos. 

Mientra el jaualin crudío 
Ha cariño del collado. 
Mientra el pece quiere el río, 
E las cigarras rocío. 
Por el rastrojo y el prado: 
Mientra pacen las ouejas 

Tominejas, 
Siempre tú serás loado, 
Muy loado e alabado. 
Con que gocen tus orejas. 

Loado siempre serás: 
Assí como Baco e Ceres, 
Jus votos recibirás. 
Cada año te offrendarás 



62 LÍBICOS CASTELLANOS 

De los hombres e mageres: 
Daránte los labradores 

Mili loores, 
Con sus haziendas e aueres, 
Para te dar más plazeres, 
Plazeres mucho mayores. 



¿Que donas te endonaré 
Por tu buen cantar contento? 
Que te juro e jurare 
Que más gasajo tomé, 
Que con siluo de buen viento: 
Ni suenan tan plazenteras 

Las riberas, 
Quando el río correr siento 
Por peñascos muy.sin tiento, 
Entre valles é pedreras. 

UtíM!i\a\ca&. 

Mas yo te quiero endonar 
Mí caramillo gracioso 
Con que yo aprendí á cantar 
El cantar e canticar 
De aquel Condón hermoso: 
Y el cantar de Melibeo 

Según creo. 
Que suena muy gasajoso, 
Oasajoso e deleytoso, 
Que me pone gran desseo. 

1%!». 

E tú tona mi cayado» 
Oaes lo iMJor de nos bienes» 



JUAN DEL BKZIN4 63 

Bien ñudoso e bien herrado, ' 
Que avoque me fué demandado 
No me lo sacó Antigenes: 
Cn tiempo que con gran fe 

Yo le amé; 
Más si tú gana lo tienen, 
Menalcas^ por él no penes, 
Que luego te lo daré. 



ÉGLOGA SEXTA 



Argumento. 

I 

Donde se contiene la seta de los filósofos epicúreos que 
creyeron ser los elementos criados de los átomos que en 
Ja raya del sol parecen, e por consiguiente de Tos elemen- 
tos todas las otras cosas. Contiene esso mismo muchas fá- 
bulas e historias diuersas. Va aplicada á nuestro bienauen- 
turado príncipe D. Joan; porque los pr/ncipes e reyes de- 
uen ser en su mocedad instrutos en la filosofía y en las» 
hazañas e ystorias de sus antepasados, para que sepan 
apartar de sí lo malo y echar la mano á lo' bueno según 
en los muy excelentes reyes sus padres se puede tomar 
exemplo. 



Prima shraeurío dignata est ludere versu, etc. 

Mi primer musa Talía 
Ha gasajo e alegría 
Á Teócrito imitar, 
E por las siluas morar 
Sin empacho e medrosía: 
Mas quando cantar quería 
De batallas e de royes, 
Á Febo no le plazía, 
Antes luego me dezía: 
Tyro, guarda tus greyes, 
Tus ouejas e tus bueyes. 



JUAN DEL BKZINA <)5 

Dezía: guarda el ganado, 
Tenlo gordo e bien guardado, 
Canta cantos pastoriles, 
Dexa las cosas sotiles, 
Descruzía de tal cuydado: 
Assí que por su mandado 
Con el mí son pastoril 
Cantaré y^o de buen grado, 
Tú Don Juan serás loado 
Por otros, después cien mil, . 
En otro estilo gentil. 

Si alguno mirar querrá, i 

Avn los bosques hallará 
Llenos de tus cantilenas, 
Porque canto en que tú suenas 
Á Dios le contentará: 
E más gradosa será 
La carta de tu nombrar,- 
Más e más le agradará 
Que cuantas acá verá, / 

Mas por más te gasajar 
Agora quiero cantar. 

Leuantad vuestro saber^ 
Ó Musas para poder 
Cantar en mi baxo estilo, 
Quando Cromes e Mnasilo 
Fueron á Sileno auen 
Que ellas le uieron yazer 
En vna cueua tendido, 
Perturbado el entender, 
Con el contino beuer 
Del mucho vino beuido, 
Con gran sueño amodorrido.-. 



<»6 LÍlfOOS CÁSTELLASOS 

Las guirnaldas por el suelo. 
Desgreñado todo el pelo, 
Dormiendo de tal manera. 
El jarro á la cabecera 
Por dormir con más consuelo: 
T entraron aynqne á recelo 
Los zagales do dormía, 
E con sus befas sin duelo 
Ataron al vegeznelo 
Que borlan de él cada día, 
Diziendo que cantaría. 

Con estos dos mozaluillos 
Temerosos e amarillos, 
Egle se juntó adesoras, 
E al viejo con muchas moras 
Pintóle frente e carrillos: 
Desque comentó á sentiUos, 
Díxoles: ¿qué me posistes. 
Qué cadenas ó qué grillo.*^? 
Desatadme ya, carillos. 
Pues me atastes e prendístcs, 
Que bien basta que me vistes. 

Los cantares que queréys 
Escuchad e oyr los hey», 
Mas á la Musa maluada 
Otra será su soldada, 
Soncas porque no penséis: 
Dicho lo que oydo haueys 
Comentó el viejo su canto, 
Allí entonces ¿qué díréys? 
Fieras é Faunos verevs, 
E robles gozarse tanto, 
Que era vna cosa de espanto. 



JUAN DEL BNZINA 67 



/ 



Nunca vio tal gasajado 
Aquel Parnasio collado 
Con el su Phebo Cirreo, 
Ni fué tanto con Orpheo, 
Ismaro y Rodope asmado: 
Que no fué jamás halli\do • 
PIa2er de plazer tan lleno, 
Quando el mundo fué gozado 
En aquel tiempo passado 
Con el canto de Sileno, 
Cantador muy más que bueno. 

Cantaua de qué manera 
De los átomos saliera, 
Al criar del mundo luego 
Tierra, e aire, e agua, e fuego. 
En la criación primera; 
E también de cómo fuera 
Hecho destos elementos, 
Quanto después se hizif^ra 
Y el mundo cómo creciera 
Desde sus tiernos cimientos 
En mayores fundamentos. 

Cantaua de cómo el mar 
Se quiso luego apartar, 
E dexar la tierra aparte; 
Cada cosa por tal arte 
Su forma quiso tomar: 
El sol comentó á alumbrar 
Las tierras que se espantauan, 
E las nuues á nublar, 
Á llouer, á llouiznar, 
Á montes se leuantauan 
Por do animales andauan. 



6$ LÍRICOS CASTELLANOS 

E después también cantó 
Las piedras que Pirra echó, 
É las aves Caucáseas 
É las flamas prometeas 
Que Prometeo hurtó: 
E con esto perjuntó 
Cómo los nautas llamaban 
Á Hylas que se perdió 

Y en una fuente cayó: 

, Las riberas resonaban, 
Hylas, Hylas retumbaban. 

E Pasife ser dichosa, 
Si no supiera qué cosa 
Fuera amor de blanco toro. 
¡Ó muger digna de lloro, 
Desdichada e dolorosal ' 
Que avnque por Juno sañosa 
Las Proetides bramaron, 
Ninguna fué desseosa 
Ni do toros amorosa j < 
Avnque vacas se euydaron 
E los cuernos se atentaron^ 

E tú, muger desdichada, 
Andas por montes errada 
Tras un toro por le ver, 

Y él no dexa de pacer 
Ni por ti no se da nada : 
Tú, triste, descarriada, 

Y él por las yeruas tendido 
So el enzina que le agrada, 
Buscando buena majada 
Por el jacinto florido 

Ó con vacas encendido. 



JüAN DEL E.NZINA 60 

TÚ. dando, bozes tras él, 
Más amarga que la hiél 
Por los boscages corriendo, 
<(Ninphas Diteas, diziendo, 
En cerrad me esse cruel : 
Si algunas pisadas del 
Hallo á casso desastrado, 
Rastreando por niuel 
Lo veré en algún tropel 
De vacas encariñado 
Ó paciendo en algún prado.» ' 

E también, también caniaua 
Cómo se marauillaua 
La moQa muy corredera 
De las ínanganns que viera 
Que, al correr, Venus echaua, 
E cantó cómo cercaua 
Las hermanas de Fetón 
El vello que encima estaua 
De corteza que amargaua 
Cantaua su conuersión 
Las que en olmos bueltas son. 

Cantaua con amorío • 

Dñ Galo que cabe el río 
De Par miso fué tomado 
E de vna Musa lleuado 
Con todo su poderío : 
Por los montes en desuío 
En Aonia lo lleuó 
Donde el Febeo gentío 
Le cantaua señorío. 
Que todo se leuantó 
Al tiempo quando él llegó. 



7(^ líricos castellanos 

C cantó como un pastor, ' 
' Las crines llenas de flor 
E de apio coronado, 
Tal cantar ha comentado 
Comentando en tal tenor : 
Las ninfas con mucho amor 
Estos albogues te dan 
Con que cantes á sabor, 
Tú los toma sin temor, 
Que muy bien se sonarán; 
Su sonido es muy galán. 

Aquestos don los que creo 
Que dieron al viejo Ascreo 
Conque de antes él tañía 
E por los montes solfa 
Cantando poner desseo, 
E con ójstos, según veo, 
Ternas comiendo e Vitoria 
De aquel boscage Grineo 
Que no aura soto Febeo 
Donde Apollo en su memoria 
Goze más que aquí de gloria. 

¿Qué diré que ya no siento 
Quien deuina tanto cuento 
Quanto Sileno contó? 
La Cila también mentó 
La de Niso y su tormento, 
La que se ciñe sin tiento 
De perros e cosas feas, 
La que causa perdimiento, 
Gran temor e pensamiento 
Á las ñaues e galeras 
Que quebró las vlixeas. 



JUAN DEL C.XZfNá 

También se puso á contar 
La mudanza y el mudar 
De los miembros de Teseo, 
Y el cruel manjar yteo 
Que le dieron á cenar, 
Hizo se lo aparejar 
La triste de Filomena, 
B cantaua en qué lugar 
La cuñada fué forjar 
Que en aue mudó su estrena 
Andando volando en pena. 

Aquel bienauen turado 
Que Eurotas fué llamado, 
Todo aquesto bien oyó. 
Lo que Febo ressonó 
En otro tiempo passado : 
E mandó por su mandado 
Los laureles aprender. 
Aprenderlo pernotado. 
Lo cantado e canticado 
Para conoscér e ver 
El saber de su saber. 

Fin. . 

Quando Sileno cantaua 
En los valles retumbaua, ' 
Cantando por este modo 
Hasta que el ganado todo 
Ya recoger lo mandaua : 
E por cuento se contaua 
Ya que la noche venía; 
Mas el cielo que escuchaua 
Aquel dulzor que sonaua, 
Muy forgado se partía 
Porque el día fenecía. 



EGLO&A SÉPTIMA 



Arg^umento* 

En la qual tres pastores se introducen, Melibeo e Cori- 
dón e otro llamado Tyrses : de aquestos dos postreros, 
cada qual, presumiendo de más sabio, cantauan muy á 
porfía; e Melibeo, andando en busca de su ganado, se de- 
tuuo á escuchar el canto por mandado de otro pastor que 
se llamaua Danés. Esto se puede aplicar, entendiendo por 
Danés á nuestro muy esclarecido príncipe D. Juan, que 
goza e quiere que todos gozemos de ver las excelencias 
que de sus padres, no sin méritos, los poetas e oradores 
cantan, los quales, procurando unos á otros exceder en 
esta égloga, muestran el gran gozo e alegría que tiene 
cada reyno e señorío de aqu/BStos muy poderosos reyes 
quando ellos en él están : e la soledad e tristeza que sien- 
ten quando se parten : e Coridón„ en persona del autor de 
aquesta obra, canta la soledad que Castilla sentía quando 
los reyes iban á Aragón : e Tyrses, en nombre de los ara- 
goneses, muestra quán-deseados allá los tenían, de mane- 
ra que cada qual presume de tenerles más amor. 



Forte sub argüía eonstderat iUce DaphniSj etc. 

Melibeo, 

Vino á caso e á sazón 
Que estava Danés sentado 
So una enzina de buen son, 
Que Tyrses e Coridón 
Recogeron su ganado : 



V jiUAN DEL ENZr^íA 73 

Tyrses chapadas ouejas, 
Coridón cabras luzientes, 
Ambos mogos ñorecientes 

Y en cantar boze's parejas 
Gomo Arcados respondientes. 

Estando por aquí yo 
Mis arrayhanes cubriendo, 
Vn cabrón se me perdió, 
£ Danés como' úíie vio, 
Luego me llamó dizíendo: 
<(0 Melibeo, anda acá 
Si vagar tienes de veras, 
Vente á estas solombreras; 
Que no se te perderá 
El cabrón ni las corderas. 

Porque aquí por estos prados 
Suelen venir á beuer, 
Á beuer, acodiciados, 
Los nouillos e ganados 
Desque hartos de pacer, 
E aquí Mincio verderío 
Tiene riberas tendidas 
Con cañas tiernas texidas 
E anejas suenan sordío 
En sacro roble metidas.» 

Con esto que me decía 
No sabía que hiciesse, 
Alcípe me fallecía, . 
Filis ajlá no tenía 
Que los corderos cogesse : 

Y estaua de fuerte modo 
Coridón por apostar 

Tomo Vil. 23 



74 LÍRICOS CASTELLANOS 

Con Tyrses sobre cantar; 
Yo dexé el ganado todo 
Con cariño de escuchar. 

Comenzaron luego allí 
Ambos sus trobas cantadas^ 
Cada qual su vez por sí; 
Que á las musas place assí 
Cantar el canto á vegadas; 
Aquestos versos cantaua 
Coridón muy á plaziente 
E otros Tyrses otramente 
En orden le replicaua • 
Por este modo siguiente : 

Coridón. 

O vos, ninphas, nuestro abrigo 
De la fuente de Lybetros, 
Repartid tal don comigo, 
Que, como Codro, mi amigo, 
Sepa yo trobar los metros; 
Que tan buenos versos haze, 
Que ya Febo no le cede; 
Mas si alcanzar no se puede, 
Esta mi nauta me plaze 
Que en este pino se os quede. 

Tyrses» 

O vos acá. Dios pastores, 
Ornad mis nueuos cantares 
Con yedra, me dad fauores. 
Porque Codro con rencores I 

Rebiente por los yjares. 



JUAN DEL ENZINA 75 

Si SU lengua maldiziente 
Con color de me alabar 
Ouísiere de mi burlar, 
Poned bácare en mi frente, 
Que no me puedan aojar. 

Coridón, 

Del jaualin que cacamos 
Auras, Delia, de Micón 
La cabera, e de los gamos 
Los cuernos llenos de ramos 
Si me otorgas este don : 
De mármol te alabaré 
Á las marauilias mil, 
E buen borzeguí gentil 
En las piernas te porné 
De color de buen brasil. 

Tyrses. 

O Priapo,. ten por cierto * 

Vn tarro bueno de leche 
Cada año sin desconcierto, 
Pues guardas mi pobre huerto 
Y esto basta que te peche : 
Tu vulto tengo labrado 
De buen mármol por agora; 
Mas si mi caudal mejora, 
Haréte todo dorado 
Queriendo Dios en buen hora. 

Coridón, 

Dulce me eres, Galathea, 
Más que miel de tomillar. 



76 LÍBICOS CÁSTKLLASOS 

Blanca más qae el cisne sea. 
Más hermosura te assea 
Que á cualquiera yedra aluar. 
Si por yo penar por ti 
Se te pega algún cuydado 
Al repastar el ganado, 
Vente, vente para mí 
Coridón tú enamorado. 



Tyrses. 

Yo te parezca" en tus ojos 
Más amargo que el tomisco, 
De más ásperos cordojos 
Que las hortigas é abrojos - 
Horribles de gran arrisco, 
E de más poca valía 
Que la yema más cuy dada 
Si no siento más tardada 
Que de un año en este día, 
Yd bueyes, id ya á majada. 

Coridón. 

Vosotras, fuentes limosas, 
Yerua más muelle que sueño, 
Arboledas muy vmbrosas, 
Quitad siestas calurosas 
Á mi ganado estremeño : 
Que ya viene á más andar 
El estío muy tostado, 
Las parras con gasajado 
Comienzan de rebentar 
Las gomas que ya han echado. 



JUAN DEL ENZINA 

Tyrses, 

Aquí tengo en mis hogares 
Gruessas teas e gran fuego, 
Siempre los postes e llares 
De muy gruessos hollinares 
Cargados, juro á sant Eego, 
Es mi cuydado tamaño 
En curar del cierno frío, 
Como el lobo muy hambrío 
Suele curar del rebaño 
E de riberas el río. 

Coridón, 

Téngole yo muy ahondo 
Peruétanos e castañas 
Esparzidas en redondo 
De los árboles que ascondo 
En mis erencias estrañas : 
Agora en gran alegría 
Todas las cosas estáh; 
Mas si Alexis muy galán 
Destos montes se desuía, 
Los ríos se secarán. 

Tyrses, 

La tierra seca, perdida, 
La yerua de sed se pierde^ 
La viña toda marrida; 
Mas Filis con su venida 
Todo lo tornará verde, 
Buen Viento decenderá 
Con agua muy gasajosa, 



78 LÍBICOS CASTELLANOS 

Toda cosa virtuosa 
Con su venida verná 
Que del bien no falte cosa. 

Condón. 

El álamo agrada Alcides, 
E á Venus el arrayhán, 
E á Baco parras e vides, 
E al buen Febo e Perionides 
Los laureles plazer dan : 
E á Filis quien bien mirare 
Los auellanos dan gloria 

Y ellos leuan la vitoria 
Mientra que ella los amare; 
De los otros no ay memoria. 

Tyrses, 

En siluas, fresno es hermoso, 
C por los huertos el pino, 

Y en ríos oltno gracioso, 
E abíes muy gasajoso 

Por los montes de contino. 
Si tú, Lycida, querrás 
Yerme con ojos despiertos. 
En las siluas y en los huertos 
Fresno e pino vencerás: 
Mis seruicios tienes ciertos. 

Fin. 

Melibeo. 

Estas cánticas oí, 
Según cada qual cantaua, 



JNAN DEL BNZ1N4 79 

E vencido á Tyrses vi ^ 

Y en su canto conocí 
Que por demás apostaua: 
Desde allí quedé agradado, 
Que Coridón, Goridón 
Me semeja buen garlón; 
Porque canta repicado 
Le tengo mucho afíición. 



ÉGLOGA OCTAVA 



Argumento. 

Dirigida á nuestro bienauenturado príncipe D. Juan, en 
la que- se introducen dos pastores, uno llamado Damón, 
que cantando quexa los grandes tormentos e passiones que 
sufría por amores de su amiga Nísa, la qual le posseya 
otro pastor que llamauan Mopso, siendo muy feo e sin nin- 
gún merecimiento. Esto se puede aplicar al muy crecido 
amor que nuestro cristianísimo rey D. Hernando tenía con 
la conquista del rey no de Granada, por lo sojuzgar e traer 
al yogo de nuestra verdadera ley, penando muy sin me- 
dida en verlo de paganos ocupado, señoreándolo rey es- 
tranjero de nuestra fe, e muestra cómo luego en principio 
desta guerra, pasados ya quasi doce años de su reinar en 
Castilla, después que Alhama se tomó, estando muy ena- 
morado de seguir la tal empresa, la primera vez que asen- 
tó real sobre Loxa allí dexó parte de la flor de su gente^ 
donde murió el maestre de Calatraua e otros algunos con 
él: lo qual en su corazón puso tan penado desseo por ven 
gar aquellas muertes e acrecentar nuestra fe, que fasta 
conseguir entera vitoría de todo el reyno no cessó de con- 
quistar. El otro pastor, llamado Alfesibeo, cantaua unas 
hechicerías y encantaciones que hazfa una mugor para 
traer á sí á Danés, otro pastor enamorado suyo, pensando 
que la tenía olvidada, lo qual podemos entender por el 
gran tiempo que auía que el reyno de Granada esperaba 
á nuestro muy victorioso rey Don Fernando e las hechizo- 
rías que le hacía para más le acodiciar, permitiendo Dios 
algunos furtunios e avn casos desastrados; assí como en 



JUAN DEL ENZINA 81 

las Lomas de Málaga, donde faé preso el conde de Cifuen- 
tes e otros muchos caualleros é señores: e agora Granada, 
viéndose inficionada de aquella maluada seta, cuenta de 
cómo Mahoma le enseñó todos aquellos hechizos, porque 
los moros dan fe mucho al exercício de la mágica sciencia. 



Pastorum Muawn Damonis et Alphesibet, etc. 

Del cantar áe los pastores 
Alfesibeo e Damón 
La nuuilla se embagaua 
Asmada de sus dulzores, 
Oteando su canción, 
De pacer se le oluidaba: 
Á las fieras espan'taua, 
E á los ríos en" oteo 
Sin correr hazía estar 
El sonido que sonaua 
De Damón e Alfesibeo, 
De lo qual quiero cantar. 

Tú, príncipe principado, 
Hijo de reyes tan altos 
Quanto jamás nunca fueron 
Reyes de bien acabado, 
Muy per fetos, nunca faltos, 
Nunca tales dos so vieron. 
-Pues tal príncipe nos dieron. 
Siempre quiero ser tu esclauo; 
Con. fe más que verdadera 
Sírvante quantos nascieron, 
Avn que vayas á Timauo 
E á la Ylírica ribera. 



82 LÍaiGOl^ GA8TKLLAHOS 

Si aqael día ya yiniesse 
Que tos hazañas contasse . 
E tus hechos e Vitorias; 
Si en tal edad ya te viesse, 
Juro á diez, yo pregonasse 
Por todo el mundo tus glorías: 
Dígote que tus hystorías 
Serán dinas de cantar 
Por estilo sofocleo; 
Cosas dinas de memorias 
En ti quiero comentar 
Porque goce mi desseo. 

• 

Reciba mi voluntad 
Tu poderoso poder, 
Tu perfeción y excelencia; 
Confiando en tu bondad. 
Quiere mi poco saber 
Que te escriua con hemencia; 
Toma de mi poca sciencia 
Estos versos, e perdone 
El primor de tus primores; 
Déxame, con tu licencia, 
Que de yedra te corone 
Entre lauros vencedores. 

Apenas la sombra fría 
De la noche se apartaua, 
Quando el alúa se alteraua 
Ya quel rocío caía 
Que á las reses agradaua 
En la yerua pacedera: 
Entonces, entonces era 
Quando aquel Damón nombrado 
Sus cantilenas cantó. 



JUAN DEL BNZINA 83 

Bien assí desta manera 
Sobre un bordón arrimado 
Boz en grito comengó. 

Damón, 

Nasce, nasce ya, lucero, 
Venga presto tu venida, 
Mientras mi querer se quexa 
.Del amor crudío e fiero 
De Nisa la mi querida > 

Que sosegar no me dexa, 
Pues mortalmente me aquexa: 
A Dios quiero dar clamor, 
Finalmente, que me ayude 
E la acerque si se alexa, 
E le ponga tal temor 
Que á querer me se trasmude. 
Tú, mi caramillo empieza 

Á decir como yo digo 

Versos menalios comigo. 

Menalo tiene lugares 
De boscages que resuenan, 
E pinos que buen son dan; 
Oye siempre los cantares 
De los pastores que penan 
Y enamorados están: 
Oye también siempre á Pan, 
El que en Arcadia inventó 
Primero que en otra parte 
El caramillo galán. 
Aquel que no sintió 
Los albogues ser sin arte. 
Tú, mi caramillo, empieza 

A dezir como yo, etc. 



84 LÍRICOS GASTBLLAKOS 

' A Mopso Nisa fué dada; 

^ ¿Qué razón pudo juntallos? 
¿Amadores, qué esperamos; 
La contrariedad juntada. 
Los grifos con los cauallos, 
E con los perros los gamos? 
¡O MopQo! corta, veamos, 
Las hachas nueuas de tea; 
Pues cobraste tal niuger, 
Esparce nueces: digamos 
Que ya el Héspero dessea 
Yrse tras Eta á poner. 

Tú, mi caramillo, empieza 
Á dezir como, etc. 

O mal empleada Nisa; 
Tal varón meresces tú, 
Pues que desprecias á todos. 
Pues aburres por tal guisa: 
Por quien no sabes quién fu 
Desamparaste los godos; 
Mis caramillos e modos 
No te agradan de buen rejo; 
Con mis cabras tienes yra; 
Menosprecias más que lodos 
Mis baruas e sobre cejo: 
Cuydas que Dios no lo mira. 
Tú, mi caramillo, empiega 

A decir como, etc. 

En nuestros huertos un día, 
Tú, pequeña niña siendo. 
Con tu madre yo te vi, 
E avn era yo vuestra guía; 
Andando fruta cogiendo 



JUiN DEL EMZINA S5 

De la más fresca te di: 
E luego sentí de mi, 
Avnque mogo de doze años 
Que los ramos yo alcan^aua, 
Cómo en verte me prendí 
Con amores muy estraños: 
Errado e perdido andaua. 
Tú, mi caramillo, etc. 

Agora sé qué es amor: 
Vn gargón fiero en desseo 
Contra los buenos amantes; 
O criaron tal rigor 
\ Yismaro e Rodope, creo, 
O los duros garamantes: 
Yo no sé si fueron antes 
De ponzoñoso potage 
Sus galardones tan llenos; 
Sus engañosos semblantes 
No son de nuestro linage 
Ni de nuestra sangre menos. 
Tú, mi caramillo, empie9a 
Á dezir como, etc. 

El amor cruel mostró 
La madre ensuziar las manos 
Con la sangre filial; 
De la madre lo tomó 
Ser sus hechos inhumanos. 
Que eres tú su madre tal: 
De vosotros no sé quál 
« Juzgue ser el más cruel, 
Tú su madre y él tu hijo. 
Él es crudo e muy mortal, 
Tú también menos que él: 



86 líricos castellanos 

Ambos soys de mal litijo. 
Tú, mi caramillo, empieza 
Á dezir como, etc. 

Pues qae á Mopso Nisa quiso. 
Corran ouejas á lobos, 
Huyan de sus propias ganas, 

Y el olmo lleue narciso, 
Suden ámbar los escobos, 
Echen los robles manganas, 
E las vlulas búfanas 
Como cisnes quieran ser, 

E Tytiro como Orfeo, 
Orfeo en siluas lozanas, 

Y entre delfines tañer 
Arión nombrado veo. 

Tú, mi caramillo, etc. 

Ya todo se torne mar, 
Ya, siluas, quedar con Dios, 
Nise, ya dexaros quiero. 
Que en el mar me quiero echar: 
Lo que passa aquí entre nos 
Tomadlo por don postrero, 
Que de amores yo me muero; 
Ya mi muerte e omecillo 
Viene por modos diuersos, 
Que ya casi desespero: 
Dexa ya, mi caramillo, 
Dexa los menalios versos. 

Esto todo ya contado t 

Quanto darriba aueys vido 
Es lo que dixo Damón, 
Yn zagal bien repicado, 



JUAN DEL ENZINA 87 

Muy penado y encendido 
De enamorada passión; 
E pues Dios tal perfeción 
En vosotras, musas, puso, 
Recontad por dulce modo 
La respuesta e la razón 
Que Alfesibeo repuso: 
No todos podemos todo. 

Alfesibeo. 

Trae, trae agua luego 
E ciñe con tocas buenas \ 

Todos aquestos altares, 
Y enciende con biuo fuego 
Enciensos machos, verbenas, 
Las que más gruesas hallares: 
Anda presto, no te pares. 
Que quiero esperimentar 
Ynos hechizos que sé; 
No faltan sino cantares 
Para la fe. trastornar 
Del que no me tiene fe. 
Vosotras, encantaciones, 

Á Danés acá me dad; ^ 

Sacadle de la ciudad. 

Los cantos pueden traer 
Desde los cielos primeros 
Á la luna prestamente; 
Con cantos mudó su ser 
Circes á los compañeros 
De aquel Ulixes prudente, 
E cantando, la serpiente 
Vencer se dexa en los prados 



S8 LÍRICOS CASTELLANOS 

De qualquier encantador; 
E assí, por el consiguiente, 
Los que son desamorados 
Se vencerán del amor. 

Vosotras, encantaciones, 
Á Danés, etc. 

Primeramente comiendo. 
Porque vayan por más arte 
Mis hechizos e mejores, 
Estos tres lizos de liento; 
Agora quiero cercarte 
Con tfes diuersas colores: 
Y, en nombre de mis amores. 
Con esta ymagen rodeo 
Tres vezes estos altares; 
Que Dios goza más loores 
E cumpla más el desseo 
Con los números impares. 

Vosotras, encantaciones, etc. 



Amarilis, toma e ata 
Aquestas colores tres 
Con tres ñudos bien atados; 
Ata presto, mira e cata 
Que en atarlos no te estés, 
E vayan muy añudados; 
Aguza bien tus cuydados 
En atarlos bien assí, 
E no te tardes gran rato, 
E antes que estén apretados 
Aquestas palabras di: 
Cadenas de Venus ato. 

Vosotras, encantaciones, etc. 






JUAN DEL ENZINA 89 

Como aqueste barro endura 
E se ablanda aquesta cera 
£ todo con una lumbre, 
Assí Danés con mesura 
Ablanda e por mí se muera 
£ con otras nunca en3umbre: 
Derrama como es costumbre 
Harina e sal con gran tema, 

Y enciende mucho laurel 

Con betumen porque ahimbre. 
Pues Danés á mí me quema, 
Yo quiero lauros por él. 
Vosotras, encantaciones, 
Á Danos acá, etc. 

Tal amor vencido tenga 
/ A Danés por mi querer 
Que me quiera á marauilla 

Y él mismo á buscarme venga, 
Yo no cure de le ver 

Ni quererle auer mánzilla : 
Ande como la nouilla 
Cuando algún nóuillo busc.a 
Por los bosques, muy cansada, 
Que de cansada arrodilla 
E avnque la noche se enfosca 
No cura buscar majada. 
Vosotras, encantaciones, 
A Danés acá, etc. 

Aquel muy desamorado 
Me dexó aquestos despojos. 
Prendas quél mucho estímaua 
Quedaron de lo passado 
E ora yo con los enojos 
Tomo Vn. 24 



90 LÍBICOS CASTELLANOS 

So el vmbral las soterraua .- 
Pu^s él tanto las amaua 
Ellas me darán á Danés 
Si las quisier recobrar, 
Mas ya mucho retardaua; 
Que aquestas guerras e afane» 
Ya deurían acabar. 

Vosotras, encantaciones, 
A Danés acá, etc. 

Estas yeruas que me dieron 
Son ponzoña todas ellas: 
Aquel Meris me las dio, 
E para mí se cogieron 
En Ponto, que nacen dellas 
Más que nadie nunca vio : 
E vi muchas^ vezes yo 
Con estas lobo tornarse 
Meris por siluas e sierras, 
E biuir quien ya murió, 
E las sembradas mudarse 
De vna tierra en otras tierras. 
Vosotras, encantaciones^ 

A Danés acá, etc. 

Amaríllis, Ueua á fuera 
Para que á Danés empega 
Esta encina caliente, 
Y héohala de tal manera 
Por detrás de la cabega 
En algún río corriente : 
Has de ser tan diligente 
Que mirar atrás no oses 
Porque venga sus porfía»; 
Que se siente tan valiente 



JUAN DEL ENZINA 91 

Que no cura de mis dioses 
Ni de mis hechízerías. 
* Vosotras, encantacionesi 
A Danés acá, etc. 

Fin, 

Mira que aquesta ceniza 
Mientras llenar se tardó 
Vna llama algo mortal 
De suyo que me eneriza 
Que los altares ardió, 
No sé si es buena señal : 
Hilas ladra en el vmbral, 
Creo que, alguno está allí, 
O me míente el corazón, 
O los que de amor han mal 
Fingen sueños ser assí 
De las cosas que no son. 
Vosotras, encantaciones, 

A mi Dañes, etc. 



ÉGLOGA NOVENA 



Adonde se introducen dos pastores moros que camino 
de Granada se encontraron. El vno, moro de allende que 
Lycida se llamaua, el qual como que no supiera los triun- 
fos e Vitorias de nuestros reyes, comenzó de preguntar al 
otro que le dixesse para dónde caminaua, y el otro, llama- 
do Meris, en cuya persona podemos entender el mesmo 
Mahoma, como muy lastimado e triste, le respondió ser su 
camino para la ciudad de Granada, pdr lleuar algún ser- 
uício h reconoscimiento de seruidumbre á nuestros muy 
poderosos príncipes D. Fernando e Doña Isabel, que ya 
dentro de la ciudad estauan apoderados. E Lycida mués- 
trase muy marauillado de tales nueuas, porque auía oído 
dezir de muchos tiempos antiguos que Menalcas, otro pas- 
tor, señoreaba toda aquella tierra; por el qual se entiende 
el rey moro de Granada que en todos los reinos de allen- 
de solía ser muy nombrado, de manera que Lycida no 
puede creer auer hombre tan poderoso que á Menalcas 
vencer pudiesse ; mas Meris, auiendo visto muchas seña- 
les e agüeros de su perdición, temiendo que aquestos cris- 
tianísimos reyes han de sojuzgar todos los reinos de su 
seta, duélese en ver sus términos tan cercanos de los 
nuestros, e querría e á siquiera tener cierto le dexaría un 
solo lugar donde su seta quedasse. En fin, que Lycida, 
después de auer auísado á Tytira'^astor como á rey más 
comarcano de los de allende, para que procure seruir e 
no enojar á nuestro rey D. Fernando, con mucha importu- 
nación ruega á Meris que cantando le cuente las hazañas 
del su rey de Granada con el nuestro de Castilla. 



JUAN DEL ENZINA 93 



Quo te Meris pedes ; an quo vía ducü in vrbem. 



-Lydda, 

¿A dónde aballas la pata 
Meris, dime la verdad, 

Dónde vas? 
¿Dónde vas, di meló, cata? 
¿Vas de cara la ciudad? 
Di verás. 

Meris. 

O Lycida, ¿qué diré? 
Quantas herencias me viste 

Siendo biuo, 
Quanto en mi vida gané 
Me tomaron, e avn yo triste 

Soy catino. 

¡Qué cosa tan mala e fea 
Cosa que nunca temimos 

Ni pensamos. 
Que vn estrangero possea 
Lo que nosotros hezimos 
'E ganamosl 

Que vn estrangero nos diga: 
Botad, viejos labradores, 

Botad presto; 
Que nos hephe con fatiga, 
Nos diga siendo señores: 

Mío es esto. 



94 LiaiCOS CASTELLANOS 

Agora tristes, malditos, 
Vencidos que assí nos vemos 

En tal mal, 
Lleuamos estos cabritos ; 
En mal hora se los demos 

E avn en tal : 
Pues á la fortuna plaze, 
Que buelue todas las cosas 

Con su rueda, 
De fazer lo que ella ha2e, 
Contra sus fuergas forzosas 

No hay quien pueda. 

Lycida. 

Cierto ya yo aufa oydo 
Todos aquestos lugares 

Hasta el mar, 
Vuestro Menalcas sabido 
Regirlos con sus cantares 

E guardar, 
Desde donde los collados 
Cuesta abaxo me semeja 

Cómo va ; 
Todos eran sus guardados 
Hasta aquella haya vieja 

Que allí está. 

Yo bien creo que lo oyesses, 
Tal fama solía ser, 

Mas agora 
Verías si bien supiesses 
Que en nosotros tal poder 



\ 



JUiN Í>EL B.NZINA 95 

, Ya no mora : 
Y^ nuestro cantar si oteas. 
Tal valor Lycida tiene 

Con carcomas, 
Entre las marcias peleas 
<}ual tienen sí aquila vi^ne, 

Las palomas. 
Lo qual si no me anisara 
Desde la cóncaua encina 

La corneja, 
<}ue á la siniestra volara, 
Tuuiéramos más mezquina 

La pelleja : 
<Jue si yo no conoscíera 
£1 fin de las nueuas guerras 

Según yua 
Menalcas e avn yo muriera, ' 
Sin quedar en estas tierras 

Cosa biua. 

\, . 

Lycida, 

¡O qué mal tan fiero e crudo, 
O qué desdicha tan fuerte 

Que pudiesse 
Auer hombre tan sañudo 
Que á Menalcas dar la muerte 

Se atreuiesel 
¡O Menalcas mi dulgori 
¡Que te pueda mal hazer 

Ningún hombre! 
Quien matasse tal pastor 
Robaua nos tu plazer 

Con tu nombre. 



96 LÍRICOS CASTELLANOS 

¿Quién ouiera que cantara 
Ninfas e regara yflores 

Florecientes, 
Quién ouiera que plantara 
Sombras verdes e frescores 

Por las fuentes : 
Quién ouiera que escriuiera 
Los versos que te apañé 

Poco auía, 
Quando te partías fuera 
Para Amarilis su fe 

E avn la mía? 

Tytlro, mientras yo vengo. 
Las cabras Ileua á pacer, 

No te tardes; 
Que mi camino no es luengo, 
E dales luego á beuer, 

Mas no aguardes : 
E procura entre éstas y éstos 
Seruir al fuerte varón 

Sin dentera; 
Huye de estar en requestas. 
Trátale de muy buen son, 

No te hiera. 

Meris, 

Mas dime quién cantaría 
Avn los versos que él canta ua 

No limados, 
Los que Menalcas hazía, 
Estos que á Varro mostraua 

No acabados : 
Yerro si á Mantua me das» 
Cisnes te pornán corona 



JUAN DEL ENZINA 97 

Hasta el cielo; • ' 

¡GHay de ti Mantua que estás 
Tan vezina de Creraona, 

Que te he duelol 

Lycida, 

Assí huyan tus abejas 
Los texos porque aproueche. 

Su buen pasto, 
Assí tus vacas e ouejas 
Con cítiso den la leche 

Muy abasto : 
Que comiences sin falseta 
Si de tus cantares vsas 

« 

A cantar; ' 

Que yo también soy poeta 
Que me mostraron las musas 

A trobar. 

E avn algunos versos hago 
E me llaman los pastores 

Trobfedor, 
Mas yo dellos no me pago , 
Que bien se de los menores 

Soy menor : 
Que avn agora no son dinas 
Mis trobas ni dan descanso 

Que no se, 
Para con Varro ni Ciñas; 
Mas como cisnes con ganso 

Gaznaré. 

Meris, 

Harto trabajo comigo, 
Lycida, por me nembrar 



98 LÍRICOS CASTELLANOS. 

Algún canto, 
De Menalcas nuestro abrigo; 
Mas no puedo acordar 

Que era espanto : 
«Aquí te ven, Galatea, 
Que en mar cosas plazenteras 

No has de ver; 
Ya el verano vermegea, 
Que aquí verás las riberas 

Florecer. 

Aquí está vn álamo blanco . 
En una cueua parrada 

Muy sombría, 
Vente aquí de tranco en tranco. 
Que en el mar no gozas nada 

De alegría : 
Dexa ya las brauas ondas, 
Hieran riberas del mar 

E tú vente, 
Que allá gasa jo no abondas 
E aquí te podrás holgar 

Reziamente.» 

Lycida. 

¿Que dizes que no te acuerdas? 
No creo que tales versos 

Los olvidas, 
O tienes las mientas lerdas 
O por lugares diuersos 

Repartidas : 
Pues avn yo, que soy más lerdo, 
De vna noche clara e buena 

Que cantauas. 



JÜA^ DEL ENZINA '99 

Del estío bien me acuerdo, 
Pero no la cantilena 

S f 

Que lleuauaSi 

Al principe. 

Danés, que te estás mirando 
en las antiguas hazañas, 

Mira acá, 
Las del Cesar Don Fernando 
Rey de todas las Españas 

Estas ha : 
Estas son cosas de ver 
Con que gozan los labrados 

De las miesses, 
E las vnas dan plazér 
En los abrigos collados 

Si las viesses. 

Enxere, Danés, perales 
Que tus nietos^ gozarán 

De las peras, 
E serán tantos e tales, 
Quel mundo sojuzgarán 

Muy de veras : 
Enxere ya sin temor 
En la hystoria de tu madre 

Tus hystorias, 
Comienga á ser vencedor 
Que semeges á tu padre 

Con Vitorias. 

Meris á Lycida. 

Todo lo quita la edad. 
Que ya estoy desmemorado; 



too LÍBICOS CASTELLANOS 

Mira quanto 
. Que te juró en mi verdad 
Mil cantares he oluidado, 
• Ya no canto: 

Quando zagal yo solía 
Repicarte dos mil trobas 

Muy de grado, 
Hasta que el sol se ponía^ 
Algunos lobos ó lobas 

Me han aojado. ^ 

Mas conténtate con esto, 
Bien basta lo que has oydo; 

Juro á diez 
No me acuerdo más de presto. 
Yo estaré mejor prouido 

Otra vez: 
A Menalcas oyrás, 
Muchas vezes te dirá 

Mil cantares, 
Muchas vezes le verás, 
Mucho te contentará 

Si escuchares. 

Lycida. 

¿Por qué te estás excusando, 
Dilatando el dessear • , 

Que desseo 
Gozar de estar escuchando 
Tu cantar e resonar 

Ques asseo? 
Hora que está sosegada 
La marea e todo. el mar 

Sin rumor, 



JUÁX DEL .ENZIRA fOt 

De aquí es la media jornada; 
Ya parece el monumento 

De Bianor. 

• 

Aquí que los labi;adores 
Cortan rama, demos gritos 

E cantemos, 
Pues somos buenos cantores; 
Tú pon aquí tus cabritos, 

Y empecemos: 
Si temes agua venir 
Que nos tome antes de rato, 

No temamos: 
Cantando podemos ir, 
Yo te llenaré tu hato 

Porque vamos. 

Que si cantando entre nos 
Caminamos con gasajo 

De contino, 
Yremos ambos á dos 
Sin que sintamos trabajo 

Del camino: 
E si en aquesta arboleda 
Quisieres por tu bondad 

Que paremos. 
Después harto tiempo queda 
Para yr á la ciudati; 

Descansemos. 

Fin. 

Meris. 

Déxate desso, zagal, 
Déxate de más querer , 



t02 LÍRICOS CASTELLANOS 

Que tardamos, 
Y en aqaeste temporal. 
En lo que es más menester 

Entendamos: 
Los cantares muy mejor 
Cantará quien biuo fuere 

Si lo otea 
Más aplazer e á sabor 
Desque Menalcas yiniere, 

E-assí sea. 



V 



ÉGLOGA DECIMA Y FINAL 



Argfumento* 

En la qual se cuentan vnos amores muy apassionados 
que tenía el poeta Galo con su amiga Licoris, á cuya causa 
él estaua tan triste e tan perdido, que ningún consuelo le 
aprouechaua; los quales amores se pueden aplicar á la 
más que aficionada fe que con nuestra esclarecida reyna 
tienen los que están catiuos entre los moros de allende, 
esperando ser redimidos con el poder de sus victorias e 
que ella mesma en persona, assi como hizo sobre Málaga 
e Granada, juntamente con el rey ha de.passar allá, po- 
niendo esfuerzo á su gente con tanta diligencia e oracio- 
nes, que con ayuda.de Dios su vencer será el rescate de 
quantos catiuos allá están. Mas agora Galo, como en per- 
sona dellos, muéstrase muy desconsolado porque se sonaua 
e tenían por cierto que con algún rey no de acá se les atra- 
uessaría guerra que su libertad retardasse, assí que Gala 
combatido de aquexados pensamientos, unas veces como 
muy desesperado se quexa mostrando que quisiera ser de 
tan baxa suerte e condición que amor de tan altos reyes 
no le traxera á ponerse donde le pudieran catiuar, e otras 
veces se muestra con tan crecida esperanza que, aunque 
lo teme, no puede creer ninguna guerra de acá pueda es- 
tornar la conquista de allende> antes se le antoja que ya 
libertado goza de triunphos e Vitorias con mucho plazer e 
alegría. E otras veces parece que se le torna amortiguar su 
esperanza, la qual espero yo en Dios veremos presto com- 
plída. 



404 ÚRICOS CASTELLANOS 

Extremum htine Arethusa mihi concede labore m, 

TÚ me concede, Arethusa, 
Aqueste postrer trabajo 
Porque escriua con gasajo 
De Galo que amores vsa. 
Licoris la que él dessea 

Porque lea 
Mi cantar ya no se excusa, 
Que en Galo muy bien se emplea. 

Allí Dios te dexe andar 
Quando corras e te as^condas 
Debaxo sicanas hondas 
Sin Doris se te mezclar. 
Sin mezclar amargor malo; 

Que de Galo 
Comiences cantar su amar, 
Cantemos sin ínter uallo. 

Cantemos de sus amores 
Mientras mis cabras chapadas 
Las narizes arrufadas 
Pacen las yeruas e flores: 
Pues que no á sordos cantamos 

Si miramos 
Las siluas e los verdores 
Responderán si sonamos. 

¿Qué boscajes e qué sierras, 
Ó ninfas, os han tenido 
Que jamás no aueys venido 
Ni assomado en estas tierras? 
¿No venís á consolar 
E ayudar 



JUAN DBL ENZINÁ 405 



Á Galo, que tiene guerras 
Con amor de gran penar? 

Ni os detuuo aquel collado 
Del monte parnasio lindo, 
Ni os hizo tardar el Pindó 
Ni Aganipe os ha tardado: 
Los lauros e las yniestas 
Muy más prestas 
De manzillas le han llorado 
A botas con tristes gestas. 

Ménalo lleno de pinos, 
Miefe, tstmbién le lloró 
So vna peña que le hallo 
Con tormentos muy continos; 
Los peñascos de Liceo 

También creo 
Llorando con lloros finos 
\ Por amor de su desseo. 

Las ouejas te rodean, 
'O poeta deuinal, 
No te pese de lo tal, 
Pues ellas verte dessean: 
Adonis galante vio. 
Mas guardó 
Ouejas que no le afean 
E al río las pascentó. 

^ Viniéronte auer pastores, 

Los pastores e vaqueros. 
Los vaqueros e porqueros, 
E otros más consoladores: 
E Menalcas muy abotas 
Tomo VIL 25 



406 LÍBICOS CASTELLANOS 

Con bellotas, 
E .todos de tusfdolpres 
Preguntándote mil notas. 

Apolo te vino á ver 
E te dixo manzilioso; 
Galo, ¿por qué estás penoso. 
Por qué quieres padecer? 
Que Licoris tu cuydado 

Te ha oluidado; 
Sigue á otro su querer 
Por las nieues muy de gradou 

También te vino Siluano 
Con campesina corona, 
Sacudiendo su persona 
Cañas lirios en la mano: 
Pan arcadio más bermejo 

Del consejo 
Vino^ dixo muy lozano: 
¿Qué aprouecha aquí consejo? 

¿Qué aprouecha consolar? 
Que el amor es tan cruel 
Que al más más sujeto á él 
Jamás harta de llorar: 
Ni jamás yerua se enoja 

Do se moja, 
Ni abejas en tomillar 
Ni cabras en pacer hoja. 

Dixo el triste Galo allí: 
Arcadíos, pues soys cantores, 
Cantaréys estos amoi^s 
En vuestrcs montes de mí; 



J 



N 



r. 



,JtJAN D8L EKZIN4 407 

Que si vuestra flauta suena 
" Mi gran pena 
Haréys mis huessos assí 
Que sientan holgura buena. 

E avn pluguiera á Dios que fuera, 
Como vosotros, vaquero, 
O pastor ó viñadero, 
Que cierto ii^s me pluguiera, 
O con Filis amador 
Con fauor, <? 
O con Aminta siquiena, 
O con otro algún amor. 

Porque Amintas siendo Éiiía, 
Por muy negra que ella fuesse. 
Doquiera que yo estuuiesse, 
Ya oomígo la temía; 
Bien parecen las violetas 

Aunque prietas. 
Filis befas me daría 
£ Amintas mil chanconetas. 

Aquí están fuentes muy frías, 
Lycores, y muelles prados, 
£ buenos bosques chapados. 
Ven e acaba aquí mis días: 
Agora que el amorío 
Muy crudío iy 
En armas fieras crudías 
Me detiene sin desuío. V 

Tú lexos de aquesta tierra 
E avn no lo puedo creer 
Que sin mí te puedas ver 



408 LÍBICOS GAST1U.LAK0S 

Passando níeues de sierra: 
jAy que los fríos del Reno 

Temo e peno 
No temperan e den guerraf 
¡Ay quel yelo no tes buenol 

Iré yo que cantaré 
Mis versos en tu seruicio 
E por estilQ teocricio 
Con la flauta tañeré 
De aquel síeulo pastor; 

Con heruor 
Cierto yo padeceré 
Entre fieras sin temor. 

E mis amores porné 
Con los árboles más bellos: 
Irán creciendo con ellos 
Los amores e la fé; 

Y entre tanto por los cerros 

Con mis perros 
Jaualines cacaré 
Cercando yermos destierros. 

Que ya me semeja que ando 
Por los bosques^ á cagar 
E he gasajo ya de andar 
Con arco parto tirando: 
Bien como si á mi tristura 

Fuesse cura 
O si el amor fuesse blando. 

Y en él ouiesse cordura. 

Ya las ninphas no me plaze 
Ni tampoco los cantares, 



J'JIN DEL EXZINA 409 

Según pesan mis pesares, 
Ni siluas me satisfazen 
Mis trabajos trabajar 

E penar, 
Mas ninguna mella hazen 
Ni pueden amor mudar. 

Ni avnque el Ebro yo gustase 
Con fríos muy trabajosos 
Y en los yuiernos Huwiosos 
).as nieves tracias passasse: 
Ni avnque el ganado boluiesse 

Donde fuesse 
Quando la vid se secasse, 
Yo librar no me pudiesse. 

Todo lo vence el amor 
Que en qualquier lugar está, 
E á mí de fuerca me va 
De tenerle por señor: 
Que es forgíado obedecer 

E querer, 
Pues se esfuerza mí dolor 
Dar lugar á su poder. 

Musas bienauen turadas, 
Basta ya lo que ha cantado 
Vuestro poeta sentado; 
Texé cesticas chapadas, 
Vosotras á gala hareys 

Si quereys 
Estas cosas ser nombradas 
E las engrandeceréys. 

Daréys á Galo esperanza. 
Cuyo amor siempre en mí mora. 



440 LÍRCCOS CASTELLANOS 

E tanto crece cada hora 
Quanto aquexa la tardanza: 
Su creer es muy búfano, 

No liuiano, 
Tanto crece e se abalanza 
Como el olmo en el verano. 

\ 

Fin, 

Ya me quiero leuantar, 
Que la sombra es enfadosa 
£ suele ser graue C9sa ^ 
A los que suelen cantar: 
Ni á mieses proueeho tiene, 

Ni conuiene; 
Andad, cabras, al lugar, 
Que ya la noche se viene. 



índice 



* 



PAGINAS 



I.—Jaan del Enzina. i 

II. — La poesía castellana en Portugal. — Los 
poetas bilinfi:(les del Cancionero de Be- 
sende, .* ci 

III.— Gil Vicente clxiii 

IV. — La poesía castellana en los^reinos de la 
Corona de Aragón. — Poetas bilingües 
en Valencia y Cataluña. — Poetas ara- 
goneses. — El Cancionero de Urrea. . . . ccxxvi 

Imitación de las Églogas de Virgilio por Juan 
del Enzina . . . ; S